¡Olé!, Paco

Paco de Lucía en su última presentación el Cuba, octubre, teatro Karl Marx, La Habana, 2013

Seguramente la tierra algecireña amaneció con la certeza de que algo le falta, de que algún pedazo suyo ha quedado desunido, ausente.  Seguramente supo, antes que nadie, que hoy, de todos los hijos que soltó al mundo con el mismo nombre: Francisco; el que se nombraba Paco de Lucía, por su madre, por su barrio, y por su lugar de entre mares ya no estará más. 

En un rincón la guitarra, la suya, la que siempre le escuchó las palabras que a nadie más decía, ni se dejaba sacar de la boca por periodistas o admiradores; probará un rasgueo en solitario, como si la mano de uñas duras, pulidas con cuidado, todavía la provocara con su apremio flamenco.

Y en los tablaos el taconeo sonará más rencoroso. La madera volverá a recoger el sudor hijo de un flamenco bien tocado y mejor bailado, cuando de invocar al hermano ausente se trata. Porque Paco estuvo desde niño encaramado en esas tarimas, se las sabía de memoria y en ellas aprendió  a  sacarle a la guitarra su voz profunda, a sacudirle todo el tiempo sus ardores de gitana indomable, los mismos suyos.

Por Cuba anduvo en el 2013. Hacía casi 26 años que había estado. Pero regresó. Nadie intuyó que esa noche de octubre en el Karl Marx, invitado especialísimo de Leo Brouwer, sería su despedida cubana. Allí también estuvo apasionado y silencioso, su manera de ser; soltando al aire su vehemencia en cada ¡Olé! Esa y no otra era el santo y seña de su invitación. Y no había otra cosa que hacer más que seguirlo.

Tomado de La Jiribilla

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Ismael Serrano: Todo empieza y todo acaba en La Habana

Tomado de El Diablo Ilustrado

Yo sabía que mi gente no fallaba. Un abarrotado teatro de Bellas Artes emprendió un intenso vuelo espiritual de más de dos horas y media en el primer concierto en Cuba de Ismael Serrano. Muchos quedaron sin poder entrar, no bastante a que llenaron hasta los pasillos (yo me “acomodé” en un pedazo de peldaño de escalerita gracias a la gestión de Frank Delgado y Mildrey, quienes obtuvieron para mí una invitación —argumentando la promoción que había hecho).
La movida hacia Bellas Artes demostró que crece la conexión con la canción de autor auténtica underground, lo cual me llena de regocijo. Creo firmemente en los jóvenes nuestros (inmensa mayoría del público que asistió) y su capacidad para buscar una poética que rompa con la pobreza que impera en el contaminado medioambiente sonoro.
Ayer nos confabulamos los soñadores (con el alborozo de saber que no somos pocos) a pesar la hiperdeficiente promoción, ya instaurada como toda una tradición en Cuba. Sabemos que la canción de autor no está de moda en los grandes circuitos del mercado, sin embargo vivimos tiempos de un movimiento de la canción pensante, especialmente en América, muy fuerte, que lógicamente es “clandestino”, como todo arte auténtico que se respeta. Harto sabido es que los dueños de los grandes circuitos de la información y la divulgación en el mundo son enemigos, por naturaleza de la cultura de los pueblos. Lo increíble e inaceptable es que en nuestro país, impere ese entreguismo mimético a los cánones que establecen los enemigos del espíritu humano: seguimos arrastrando la maldición de Malinche.  Cualquier mequetrefe de la seudocultura banal es seguido por nuestros medios con ignorante entusiasmo. A ver, aflojemos un poco, cualquier cantante comercial, desde que desembarca en el país, dígase, por ejemplo el Juanes aquel de la bobería de la camisa negra, protagonista del tristemente célebre (según mi visión —confieso que extremista) “Concierto por la paz”, o la Beyonce (¿se escribirá así? Soy un ignorante mediático) la que seguramente tiene grandes méritos gran-mysticos y supongo que buena voz… En fin, ya desde los legendarios Festivales de Varadero padecemos de esa promoción de pasarela que siempre se va por los fuegos fatuos, de tal manera que podían estar (y esto es un suponiendo, basado en hechos reales) un Djavan, un Milton Nacimento, o el mismísimo Chico Buarque en Cuba, y las cámaras perseguir (se podría decir que hasta con saña) a un Dyango o un Peret.
Pero bien, nada de eso impide que Chico sea Chico, o que Luis Eduardo Aute (uno de los autores más importantes de la lengua hispana —quien pasó inadvertido en el concierto de la Plaza del millón de personas—) sigan su paso por el tiempo, y hasta creciendo en él, mientras los cantorzuelos de atrezzo pasan al olvido.

Pero ¡Suéltenme penas añejadas, que la cosa está buena!: Llega Ismael Serrano y casi a base de correitos se riega la bola, por el boca a boca, y la juventud toma el Teatro de Bellas Artes. Ismael habrá comenzado sobre las 7 y 15 minutos, y yo miré el reloj al salir, y eran las 9:52 pm. Quitando el tiempo que quedamos como flotando tras el final, debe haber cantando al menos 2 horas y media.
Ocho cálidas lámparas como única escenografía le daban un toque de sala hogareña al escenario, lo que se ajusta exactamente a la idea de presentación del cantautor español. Desde que salió a escena, Ismael Serrano fue el viejo amigo que llega a casa y con acumulada ternura y toques de humor te cuenta cómo le ha ido, cómo va el mundo, los romances y decepciones que ha vivido, los sueños que quiere abrazar ante un sistema en crisis que no deja vivir, ni abrazar, ni amar. Canciones y charla hicieron pasar el tiempo en complicidad absoluta; uno sentía lágrimas ante un verso, sonrisas ante otros, cantos susurrados en muchas de las canciones, palmas cuando el momento lo pedía, un silencio religioso ante cada expresión del cantor. Me asombró que en el público fueran tan conocidas no solo las canciones del disco Atrapados en azul, sino también las de su disco más reciente Todo empieza y todo acaba en ti. Si tenemos en cuenta que en los medios masivos nuestros es bien baja la cuota de cantautores que se difunden (increíble, pero especialmente Latinoamérica, se vive un momento de revolución musical en la canción poética al que vivimos casi de espaldas), no puedo menos que aplaudir con toda la admiración y optimismo del alma, lo que ocurrió anoche entre Ismael Serrano y el público tan joven que desbordó la sala. Uno se pregunta: ¿qué habría sido, cuántos jóvenes más, habrían aprovechado esa presentación, si se promoviera la cultura como se debe —y más en un país como el nuestro, en el que los medios no obedecen (o no deben obedecer) a operaciones mercantiles, sino al crecimiento cultural de la población? ¡Suéltame ya, criticón!
Ismael Serrano: íntimo, sin artificios, acompañado de su guitarra y un tecladista que con su maquina de sonido, es una sutil orquesta, hurgando en el acontecer social, en los días que vivimos desde pasajes cotidianos, desde un momento de soledad, desde una duda o desaliento, desde esa mujer que soñamos o que perdemos en la angustia cotidiana de un paro laboral. Sigue leyendo

Planeta planetario: el mundo de Diana Fuentes

Será sol, es el primer sencillo que promocionará el nuevo disco de Diana Fuentes.

Será sol, es el primer sencillo que promocionará el nuevo disco de Diana Fuentes.

Por estos días Diana Fuentes está enfrascada en los toques finales de su nueva producción discográfica Planeta Planetario. Esta entrevista es un fragmento de la conversación que sostuvimos en La Habana el año pasado y que salió publicada en el no. 51 de la revista La Calle del Medio.

La cantante Diana Fuentes lleva un tiempo sin presentarse en los escenarios cubanos. Aún así su música sigue estando en la banda sonora que escuchan diariamente muchos de sus seguidores.

En este tiempo de ausencia la artista ha probado su talento como actriz en el filme ecuatoriano-cubano “Criaturas abandonadas” y se enfrascó en la preparación de una nueva producción musical.

Lo que a la altura de febrero todavía era un proyecto en ciernes, hoy es una realidad. Con su nuevo trabajo discográfico, Diana Fuentes vuelve sobre algunos de los temas que ha abordado a lo largo de su carrera y a la vez presta atención a elementos identitarios de las culturas cubana y latinoamericana, para sumarlos a su forma de expresarse y de entender la música.

En este sentido, el nuevo disco, al decir de la artista, es un reflejo de la etapa vital que está viviendo en estos momentos.

En febrero anunciabas que estabas preparando un nuevo disco. A seis meses de esa declaración, ¿qué noticias nos puedes dar al respecto?

-Estoy terminando el disco, que ha tomado un año de realización. Nos hemos dedicado a ser bastante minuciosos, detallistas, por el itinerario de trabajo de Eduardo, que es bien apretado. Pero nosotros, en vez de ir al cine, de salir y de ir a fiestas, nos quedamos trabajando en la casa. Ha sido superinteresante. El disco se va a llamar Planeta planetario.

¿Por qué Planeta planetario?

-Yo estoy compartiendo mi vida y mi tiempo en dos islas. Dos islas que se parecen muchísimo, porque la gente es similar y me encanta estar rodeada por agua. Creo que nunca pudiera estar en un lugar por más de 20 días sin ver el mar o sin que lo pueda oler al menos. Creo que me daría un ataque de claustrofobia.

Siento mucho a Cuba en Puerto Rico. Entonces, ¿por qué Planeta planetario? Porque a pesar de todo esto, que es tan maravilloso, también está la cuestión de que yo estuve alejada de aquí un tiempo, alejada de mis padres, de mi familia, de mi país, alejada también un poco de mi música, y me he dado cuenta de que no importa dónde estés si tú te tienes a ti, si tienes tus cosas bien fuertes, arraigadas. No hay nada que a mí me quite el amor a mi país, ni el amor a mis padres, dondequiera que esté. Cuando estuve en Puerto Rico, que está a dos horas y tanto de aquí, tuve momentos de pensar que no podría estar allá, y me decía: qué yo hago aquí, me quiero ir. Y me creé este «planeta planetario» que lo forman mi música, toda la gente que yo amo, el amor que me da mi esposo, millones de cosas que me inventé, todo un mundo. Ese es mi “planeta planetario”.

¿Cuántos temas tiene el disco?

-El disco tiene diez cortes musicales, con una introducción, un interludio y un autro. Eso yo no lo había hecho en mi primer disco, va a ser bien interesante porque lo queremos comenzar narrando qué es el Planeta planetario. También los planetarios pueden ser estos personajes que me pudieron habitar en algún momento para escribir las canciones, o sabrá Dios si es un ángel guardián que me cuida cuando estoy sola. No sé. Pero también queremos que sea medio mágico, fantasioso, onírico, que tenga estos elementos. Entonces de eso sería la intro. El autro es un tema que tenemos medio armado, medio vocalizado. Realmente el disco es un planeta, no estamos trabajando un solo género como tal.

En una ocasión mencionaste que componer canciones es una tarea ardua. ¿En este disco vuelves a probarte como compositora?

-Hay un tema de Carlos Varela, que para mí es un compositor que toda la vida tendré en mis proyectos musicales porque amo su trabajo, amo su música, amo las imágenes que me dan sus letras y entiendo perfectamente todo lo que él quiere decir. Hay una canción de Kelvis Ochoa, que es la primera vez que lo interpreto, y todo lo demás ha sido coautoría, con William Vivanco, con el compositor argentino Vati, que conocí en Puerto Rico y que me deja un tema que quizás le da un giro completo al disco y es como una especie de tango sin serlo, porque tiene un bandoneón. Es un tema bien particular. Me he puesto a escribir mucho. Yo creo que nunca va a dejar de ser un trabajo complicado. De hecho tú ves que los escritores están a punto de terminar su libro y lo vuelven a repasar, a quitar y a poner cosas. Esto de escribir letras es bien complicado, porque estás hablando, estás diciendo, son palabras que van a quedar plasmadas ahí para siempre. Sí cuesta, pero he fluido un poco más.

¿Cuáles son los temas de los que hablas en esta nueva producción discográfica?

-Hablo del amor, porque para mí el amor lo mueve todo. También hay una sátira a los chismosos, a las malas lenguas, y lo digo así: “qué escucho, una ráfaga de intrusos, que arrastran por debajo“, como si fuera muy poético; pero al final lo que estoy es diciéndoles: “compadre, métete en tu vida”. El disco va también sobre el poder de la mujer, de nosotras. Creo que es un tema al que se le está dando fuerza aquí y yo no me quería quedar tampoco con el deseo de hacerlo. Hablo sobre adónde podemos llegar en todos los aspectos, de ir sin miedo. Es verdad que siempre estamos acompañadas por ellos, nos encantan, los disfrutamos, pero nosotras tenemos todo para hacer lo que queramos solas. Este tema va abierto, lo puedes cantar tú misma, te lo puedes adjudicar a ti que eres la reina de tu casa, la reina de tu vida, la reina de tu espacio, con toda tu sensualidad, con toda tu inteligencia, pues lo tienes todo y lo das todo. Vas dejando flores por todas partes. Tengo una conga y hay unas ideas bien interesantes con el video que queremos hacer con ella. Son temas sociales, porque es lo que siento ahora. Estoy escribiendo un tema más, que queremos incluir y sería el diez. Me senté a hablar sobre estos días que son complicados, en los que de momento puede cambiar una vida por una decisión, una forma de verla, y porque a veces para molestar a los otros haces algo, y no, porque después de un día nublado va a venir uno soleado; es como el dicho este que dice que después de la tormenta siempre sale el sol y viene la calma. Pues es más o menos eso.

¿Planeta planetario tendrá un concierto de presentación?

-Sí. Queremos organizar una serie de conciertos, porque yo nunca he hecho una gira nacional. Nunca he tocado fuera de La Habana, salvo en Matanzas. El disco debe de estar saliendo entre septiembre y octubre, con un sencillo que vamos a sacar primero con un video, y esperamos que se pueda rotar en la radio de la Isla. Entonces organizaremos esta gira nacional que debe estar comenzando a principios del año que viene. Empezaríamos por el oriente del país y terminaríamos en La Habana, para hacer el lanzamiento del disco.

¿Cómo crees que reciba el público esta nueva propuesta que le vas a ofrecer?

-Creo, con toda modestia, que les va a encantar. A mí me encanta. Hemos hecho la prueba con mi familia, que para mí es el mejor público, el más crítico que yo tengo. Hemos hecho también como unos ejercicios de audición con algunos amigos y todo el mundo está supercontento. Yo estoy feliz y confío en que si yo me siento cómoda y me siento bien con lo que estoy haciendo, a la gente le guste también. Sé que va a funcionar. Obvio, tengo un refrán de mi abuela que no olvido nunca: “No todo el mundo es dulce de guayaba para gustarle a la gente”. Hay a quienes les gusta más la mermelada de mango, entonces, ¿qué vas a hacer? Estoy segura de que sí va a gustar, de que le va a ir bien y el primer single va a ser Planeta planetario, un tema bien interesante.

Publicado originalmente en Cubahora

Un regalo para Ella

Google celebra hoy los 96 años que cumpliría la Ella Fitzgerald. La primera dama del Jazz.

Google celebra hoy los 96 años que cumpliría la Ella Fitzgerald. La primera dama del Jazz.

Iroko Alejo acaba de compartir en su página de FB: Ella, the First Lady of Jazz. A la que no puedo separar del gran Louis Armstrong. Tan grande la Ella, que se llevó un Grammy a casa tras olvidar, en Berlín, la letra de Mack the Knife e improvisar un mítico scat.
Mi tema preferido de la Ella: su versión de “I can’t give you anything but love”. Ese en el cual se trastoca de Ella en cantante chic y en el mismísimo Satchmo. Una gozancia musical completa.

Gracias a él me entero del cumpleaños de Ella, de que su voz cumple 96 años. Y me empieza a revolotear en la cabeza Blue Moon, esa canción que todavía no he podido escuchar en la azotea de cualquier edificio, cualquier madrugada de estas, pero cuyo influjo me persigue por los días. A Ella le he escrito un poema y un cuento pequeño. Todavía no es tiempo de ofrecer a la luz la poesía, pero el cuento se los regalo.

Ella y Louis

Soy Ella. Ese es mi nombre, y se pronuncia “Ela”, aunque nadie nunca sepa cómo hacerlo y yo tenga que estar rectificando a todos el santo día. No entiendo por qué puede ser tan complejo alargar un poquito una ele o encontrar que una niña tiene un nombre distinto a Yunaisi o Yenifer.

Muchos que se creen chistosos me dicen tercera persona del singular. En la anterior escuela donde estuve me llamaban así: Tercera persona del singular. Sin dudas era más fácil decir mi nombre, pero cuando se quiere ser cruel cualquier ahorro puede sonar a avaricia.

Yo hubiera preferido otro nombre pero mi madre no tuvo en cuenta mi opinión y me nombró como una  cantante norteamericana que se llama Ella Fitzgerald y canta jazz como si acariciara la piel de alguien muy querido. Yo heredé su nombre pero no su voz.

Esa era la música que mi mamá escuchaba siempre. La escuchó todo el tiempo mientras estuvo embarazada de mí. A todas horas, era su antojo. No salí de su barriga haciendo el famoso scat de Ella porque ese no era el don que habría de acompañarme. Aunque hubiera sido bueno poder poner de pie un escenario como ella lo hacía cada vez que cantaba.

Cuando mi mamá la escucha entra en un estado como de trance. Y no es exageración. Se pone los audífonos y se va a ese lugar que nombran las canciones. Se va de mi lado y yo que nunca he sido buena para seguir el rastro de nadie, ni como pionera exploradora, peor es si tengo que buscarla entre negritas y corcheas. Me pierdo llamándola, y la voz se me vuelve bajita y delgada. Es un desastre. Y odio mi nombre y a la mujer que lo llevó antes de mí, porque nunca he sido más poderosa que Ella, que me prestó el nombre y se roba a mi madre. Sigue leyendo

Deseos y bienvenidas

Esta canción se la regalé hace algún tiempo a la Nube, cuando había tristezas rondando su alivio. No sé si logré disiparlas, pero era el más cercano conjuro que tenía para ofrecerle.  Hoy supe que Soy la Isla se recupera de una dolencia física, de esos malestares con los que el cuerpo nos sume obligatoriamente a un reposo no deseado, y que le ha nacido un nuevo retoño a la blogosfera cubana, Causas y azares, el nuevo hijo de Leticia Martínez. Con este parto el árbol de nuestros decires se vuelve más frondoso. Creo que son buenos motivos para regalar esta canción de un casi desconocido Augusto Blanca, compartida con Silvio Rodríguez.
El tercer deseo
Voy a irte a buscar allí,
al pedazo de noche en que
tropezaron de pronto,
tus ojos, mis ojos,
tan llenos de igual soledad… allí.

Voy a irte a buscar allí,
a tratar de retroceder,
transitar por el tiempo
y volverte a encontrar
en el mismo lugar que te vi… allí.

Voy a irte a buscar
al instante preciso
en que nuestros rumbos
se unieron en la multitud.

Voy a irte a buscar
al tumulto de pasos,
de rostros, de voces y luces
donde te perdí;
voy a volver, regresaré,
ve tú también.

Voy a irte a buscar allí,
a acampar para siempre en ti,
y esta vez no habrá fuerza posible
capaz de evitar este encuentro
que presentí.

Voy a irte a buscar allí,
hace un siglo te conocí,
y esta vez no te vas a esfumar
la marea te trajo por fin
hasta mi país.

Voy a irte a buscar
aunque en ello me juegue
mi tercer deseo,
mi última oportunidad.

Voy a irte a buscar
a través de las miles de vidas
que distan de ti
desde ayer a las diez;
voy a volver,
regresaré,
ve tú también
y espérame…
ayer…
allí…

(1985)

Cómo

Cómo aceptar la falta
de savia
de perfume
de agua
de aire.
Cómo.

Preguntas, preguntas, preguntas. Necesidad de que haya algo más vibrando agazapado. Esperando listo para catapultearte a las estrellas. Haciendo que este sea un mediodía feliz oyendo a Chet Baker y Bill Evans, porque había que escucharlos después de que dos personas diferentes los nombraran, con un día de por medio. Y luego de eso saber que también I talk to the trees o salir a  a acariciar alguna hoja mustia, lanzada a la acera con la violencia del viento de invierno. Y no saber de dónde traer el consuelo porque no encontramos ni savia, ni perfume, ni agua, ni aire, allí donde prometieron que iba a haber tanto.   Lo dejamos pasar, permitimos la celebración de los rituales heredados, de la futilidad de ciertas poses y discursos. Vamos recogiendo disciplinadamente las migas de pan que alguien dejó antes de nosotros.

Idea Vilariño sabía hacerse estas preguntas inmensas. Las dejó escondidas entre sílabas de longitud precaria y sospechosa. Porque las cosas importantes se dicen brevemente, pero se dicen. No se quedan en la estacada, no se esconden debajo de las tablas del piso. Hay que tener valor para preguntarse y para responderse, si no

Felices los normales, esos seres extraños,
Los que no tuvieron una madre loca, un padre borracho, un hijo delincuente,
Una casa en ninguna parte, una enfermedad desconocida,
Los que no han sido calcinados por un amor devorante,
Los que vivieron los diecisiete rostros de la sonrisa y un poco más,
Los llenos de zapatos, los arcángeles con sombreros,
Los satisfechos, los gordos, los lindos,
Los rintintín y sus secuaces, los que cómo no, por aquí,
Los que ganan, los que son queridos hasta la empuñadura,
Los flautistas acompañados por ratones,
Los vendedores y sus compradores,
Los caballeros ligeramente sobrehumanos,
Los hombres vestidos de truenos y las mujeres de relámpagos,
Los delicados, los sensatos, los finos,
Los amables, los dulces, los comestibles y los bebestibles.
Felices las aves, el estiércol, las piedras.

Pero que den paso a los que hacen los mundos y los sueños,
Las ilusiones, las sinfonías, las palabras que nos desbaratan
Y nos construyen, los más locos que sus madres, los más borrachos
Que sus padres y más delincuentes que sus hijos
Y más devorados por amores calcinantes.
Que les dejen su sitio en el infierno, y basta.

Amén y gracias a Retamar por venir a auxiliarme en este día disperso y extraño.               

 

 

Viñetas en un día gris

 

Por los barrios de la ciudad se pasean gigantes. Vienen vestidos con ropas de colores, montados sobre zancos de madera, tocando la trompeta, cantando y recitando poesías. Nadie les teme, al contrario, los niños, sus padres, los vecinos de los lugares adonde llegan se van tras ellos al ritmo de sus cabriolas y sus bailes.

Ellos son el grupo de teatro callejero Gigantería, unos cuantos amigos, todos artistas autodidactas, que se han juntado para ayudar a alimentar el espíritu de las comunidades que visitan, para ayudar a preservar sus valores identitarios, haciendo teatro en plena calle o en cualquier otro espacio que requiera de su presencia.

Llevan 12 años juntando voluntades, forman parte de la labor que realiza la Oficina del Historiador de la Ciudad en la parte más antigua de la Habana, allí también ayudan a mantener vital el patrimonio intangible de esta zona, la riqueza espiritual de sus habitantes.

Te puedes encontrar con ellos en cualquier calle mientras paseas por la Habana Vieja. Aparecen de la nada, en algunas ocasiones vienen precedidos por la risa de los niños y el sonido de una trompeta china que anuncian que se acercan los gigantes. Después llegan ellos ataviados con sus ropas llamativas, con sus piernas de madera, dispuestos a hacerte feliz por el rato que te decidas acompañarlos.

 

Bajan al río con sus atados de ropa dos o tres veces a la semana. Es como si se pusieran de acuerdo. Van llegando de a poco y se acomodan en las orillas del río que quedan casi al lado del mar. Es tiempo de sequía y el río Turquino parece solo un charco de agua cristalina, muy fría. Cada una escoge el mejor lugar para lavar, a la sombra, debajo del puente, donde mejor llega la brisa que baja desde la montaña.

Yo las vi a mediados del mes de julio cuando el día iba llegando a su mitad, sentadas apaleando la ropa, con las latas de hervir acomodadas sobre fogatas que prenden sin trabajo alguno. Las sábanas blancas extendidas sobre las piedras.

Aunque muchas tienen lavadoras en sus casas prefieren bajar al río y sentarse sobre las chinas pelonas, y gritar de una orilla a la otra las noticias, los comadreos del barrio, y dejarse retratar por los forasteros que se hospedan en el campismo La Mula, que van a subir hasta lo más alto del Pico Turquino. Les da risa cómo se le quedan mirando la gente que viene de la ciudad. Sus caras de asombro.