Huevo y porcelana

Para R

Andaban distraídos por el mundo. Ocupaban lugares distintos en la geografía que componen los días. Nunca habían coincidido sus lenguajes. Tampoco sabían de las maneras en que sus cuerpos reflejaban la luz, la atrapaban. Útiles los dos, vulnerables, rompibles, blancos, recipientes de vida. Vinieron a tropezar en una misma fotografía. Sus pieles tan duras y tan frágiles a un tiempo, siempre pendientes de la necesidad del equilibrio, de mantenerse a salvo de cualquier precipicio, del más pequeño. Y se hablaron. Sorprendidos conocieron que provenían de fuegos similares, de interiores crepitantes, de gestación, de parto. Y allí quedaron para siempre, inmóviles, más cercanos. A veces las diferencias son solo aparentes. Tiene un poco de magia el instante en que se reconoce el punto a donde llegan dos caminos extraños, la marca a partir de la que los pasos se juntan y empiezan, dos que andaban desconocidos, a completar las escalas de un solo mapa.   

Arder

Belén Gopegui es una autora que siempre estoy trayendo a estas páginas. Hoy sábado la anduve buscando con tan buena suerte que me tropecé con este texto.

Por Belén Gopegui

Contraincendioonline.com, página argentina para uso de bomberos y rescatistas, podría ser una página literaria o política pues tiene versos involuntarios: “La puerta cerrada de un cuarto, nuestro último escudo” o “Incendio estructural: combate en compartimentos interiores”, y tiene un curso de incendios estructurales como los de este tiempo.

Llegué a ella buscando información sobre fuegos subterráneos, sobre la acción de arder sin llama. Porque a veces parece que los procesos sólo existen cuando despiertan o cuando se reparten por el terreno con sus resplandores y su libre combustión. Y a veces hay preguntas que traen angustia, desánimo o reproche cuando dicen: ¿de aquellas llamas, qué se hizo? ¿dónde están los resplandores?

Hay tres etapas progresivas en la combustión de un incendio: incipiente o inicial, de combustión libre y de arder sin llama. Hoy, junto a llamaradas que seguirán vivas –escraches con botes de luciérnagas que se convierten en pegatinas de luz, marchas, acciones, huelgas–, ha empezado la etapa, quizá ni siquiera buscada, de arder sin llama y si nos preguntáis en dónde estamos, deberemos decir: sucede. Cuando las llamas dejan de existir en mayor o menor medida dependiendo de la hermeticidad del recinto, “todo el ambiente tiene la suficiente presión como para dejar escapar esa presión por las pequeñas aberturas que queden”. ¿Acaso no sentís cómo escapa la presión, acaso no la veis?

El fuego seguirá en estado latente y aumentará la temperatura por arriba del punto de ignición. Quienes miren desde lejos pensarán que no ocurre casi nada, que todo está más o menos controlado, que el aguante es elástico, y la ventaja de la clase dominante, demasiado grande para que pueda acortarse en meses, ni siquiera en años. Si miran desde lejos. Pero si bajan al terreno, si lo pisan, notarán cómo quema.

Todo incendio estructural genera una descarga disruptiva o escalada cataclísmica del fuego a los distintos materiales combustibles. Hace ya mucho que Rilke escribiera: “Querían florecer y florecer es ser bellos; pero nosotros queremos madurar, y madurar significa ser oscuros, y esforzarse”. Hace menos tiempo, en Panfleto para seguir viviendo, Fernando Díaz decía: “Oxidarse violentamente es arder”. Tal vez la mayoría de no­sotros y de nosotras prefiriéramos madurar y no oxidarnos violentamente, pero a veces no basta con preferir no hacerlo.

Tomado de Rebelión

Mayo 23

la tarde a veces se muere de esta manera, en este lugar. Foto: Sheyla Valladares

la tarde a veces se muere de esta manera, en este lugar. Foto: Sheyla Valladares

Rosana Berjaga amaneció regalando barcos, amarres, el mar, y yo que estaba desde hace días intentado anclar alguna palabra me quedé rondando estas imágenes.  Y recordando esta otra fotografía que una tarde ya lejana le robé al Malecón de La Habana, salió este poema que ha venido a equilibrar el jueves.

Mayo 23

Hay quien sale a pescar

al borde del mar,

sin otra suerte

que la de marchar solo

a encontrar lo inesperado

o precisamente

lo que sabía detenido

esperando el tropiezo.  

Y a la certidumbre

de cargar

a una misma hora

con el necio, el ruin y el benevolente,

se une el miedo

por ser devorado

antes de resarcir las deudas,  

coserse la piel,

eructar un puñado de palabras difíciles e

impostergables.

Y el mar lo mira a uno

en su aparente docilidad,

acechante,

con los abismos listos para engullirnos,

con una tumba que no llevará nuestro nombre.  

Así, quién arriesgue un día recordarnos

solo tendrá que mirar el horizonte

y creer que siempre se vuelve,

que ningún destino está la suficientemente lejos.  

©Sheyla Valladares

Planeta planetario: el mundo de Diana Fuentes

Será sol, es el primer sencillo que promocionará el nuevo disco de Diana Fuentes.

Será sol, es el primer sencillo que promocionará el nuevo disco de Diana Fuentes.

Por estos días Diana Fuentes está enfrascada en los toques finales de su nueva producción discográfica Planeta Planetario. Esta entrevista es un fragmento de la conversación que sostuvimos en La Habana el año pasado y que salió publicada en el no. 51 de la revista La Calle del Medio.

La cantante Diana Fuentes lleva un tiempo sin presentarse en los escenarios cubanos. Aún así su música sigue estando en la banda sonora que escuchan diariamente muchos de sus seguidores.

En este tiempo de ausencia la artista ha probado su talento como actriz en el filme ecuatoriano-cubano “Criaturas abandonadas” y se enfrascó en la preparación de una nueva producción musical.

Lo que a la altura de febrero todavía era un proyecto en ciernes, hoy es una realidad. Con su nuevo trabajo discográfico, Diana Fuentes vuelve sobre algunos de los temas que ha abordado a lo largo de su carrera y a la vez presta atención a elementos identitarios de las culturas cubana y latinoamericana, para sumarlos a su forma de expresarse y de entender la música.

En este sentido, el nuevo disco, al decir de la artista, es un reflejo de la etapa vital que está viviendo en estos momentos.

En febrero anunciabas que estabas preparando un nuevo disco. A seis meses de esa declaración, ¿qué noticias nos puedes dar al respecto?

-Estoy terminando el disco, que ha tomado un año de realización. Nos hemos dedicado a ser bastante minuciosos, detallistas, por el itinerario de trabajo de Eduardo, que es bien apretado. Pero nosotros, en vez de ir al cine, de salir y de ir a fiestas, nos quedamos trabajando en la casa. Ha sido superinteresante. El disco se va a llamar Planeta planetario.

¿Por qué Planeta planetario?

-Yo estoy compartiendo mi vida y mi tiempo en dos islas. Dos islas que se parecen muchísimo, porque la gente es similar y me encanta estar rodeada por agua. Creo que nunca pudiera estar en un lugar por más de 20 días sin ver el mar o sin que lo pueda oler al menos. Creo que me daría un ataque de claustrofobia.

Siento mucho a Cuba en Puerto Rico. Entonces, ¿por qué Planeta planetario? Porque a pesar de todo esto, que es tan maravilloso, también está la cuestión de que yo estuve alejada de aquí un tiempo, alejada de mis padres, de mi familia, de mi país, alejada también un poco de mi música, y me he dado cuenta de que no importa dónde estés si tú te tienes a ti, si tienes tus cosas bien fuertes, arraigadas. No hay nada que a mí me quite el amor a mi país, ni el amor a mis padres, dondequiera que esté. Cuando estuve en Puerto Rico, que está a dos horas y tanto de aquí, tuve momentos de pensar que no podría estar allá, y me decía: qué yo hago aquí, me quiero ir. Y me creé este «planeta planetario» que lo forman mi música, toda la gente que yo amo, el amor que me da mi esposo, millones de cosas que me inventé, todo un mundo. Ese es mi “planeta planetario”.

¿Cuántos temas tiene el disco?

-El disco tiene diez cortes musicales, con una introducción, un interludio y un autro. Eso yo no lo había hecho en mi primer disco, va a ser bien interesante porque lo queremos comenzar narrando qué es el Planeta planetario. También los planetarios pueden ser estos personajes que me pudieron habitar en algún momento para escribir las canciones, o sabrá Dios si es un ángel guardián que me cuida cuando estoy sola. No sé. Pero también queremos que sea medio mágico, fantasioso, onírico, que tenga estos elementos. Entonces de eso sería la intro. El autro es un tema que tenemos medio armado, medio vocalizado. Realmente el disco es un planeta, no estamos trabajando un solo género como tal.

En una ocasión mencionaste que componer canciones es una tarea ardua. ¿En este disco vuelves a probarte como compositora?

-Hay un tema de Carlos Varela, que para mí es un compositor que toda la vida tendré en mis proyectos musicales porque amo su trabajo, amo su música, amo las imágenes que me dan sus letras y entiendo perfectamente todo lo que él quiere decir. Hay una canción de Kelvis Ochoa, que es la primera vez que lo interpreto, y todo lo demás ha sido coautoría, con William Vivanco, con el compositor argentino Vati, que conocí en Puerto Rico y que me deja un tema que quizás le da un giro completo al disco y es como una especie de tango sin serlo, porque tiene un bandoneón. Es un tema bien particular. Me he puesto a escribir mucho. Yo creo que nunca va a dejar de ser un trabajo complicado. De hecho tú ves que los escritores están a punto de terminar su libro y lo vuelven a repasar, a quitar y a poner cosas. Esto de escribir letras es bien complicado, porque estás hablando, estás diciendo, son palabras que van a quedar plasmadas ahí para siempre. Sí cuesta, pero he fluido un poco más.

¿Cuáles son los temas de los que hablas en esta nueva producción discográfica?

-Hablo del amor, porque para mí el amor lo mueve todo. También hay una sátira a los chismosos, a las malas lenguas, y lo digo así: “qué escucho, una ráfaga de intrusos, que arrastran por debajo“, como si fuera muy poético; pero al final lo que estoy es diciéndoles: “compadre, métete en tu vida”. El disco va también sobre el poder de la mujer, de nosotras. Creo que es un tema al que se le está dando fuerza aquí y yo no me quería quedar tampoco con el deseo de hacerlo. Hablo sobre adónde podemos llegar en todos los aspectos, de ir sin miedo. Es verdad que siempre estamos acompañadas por ellos, nos encantan, los disfrutamos, pero nosotras tenemos todo para hacer lo que queramos solas. Este tema va abierto, lo puedes cantar tú misma, te lo puedes adjudicar a ti que eres la reina de tu casa, la reina de tu vida, la reina de tu espacio, con toda tu sensualidad, con toda tu inteligencia, pues lo tienes todo y lo das todo. Vas dejando flores por todas partes. Tengo una conga y hay unas ideas bien interesantes con el video que queremos hacer con ella. Son temas sociales, porque es lo que siento ahora. Estoy escribiendo un tema más, que queremos incluir y sería el diez. Me senté a hablar sobre estos días que son complicados, en los que de momento puede cambiar una vida por una decisión, una forma de verla, y porque a veces para molestar a los otros haces algo, y no, porque después de un día nublado va a venir uno soleado; es como el dicho este que dice que después de la tormenta siempre sale el sol y viene la calma. Pues es más o menos eso.

¿Planeta planetario tendrá un concierto de presentación?

-Sí. Queremos organizar una serie de conciertos, porque yo nunca he hecho una gira nacional. Nunca he tocado fuera de La Habana, salvo en Matanzas. El disco debe de estar saliendo entre septiembre y octubre, con un sencillo que vamos a sacar primero con un video, y esperamos que se pueda rotar en la radio de la Isla. Entonces organizaremos esta gira nacional que debe estar comenzando a principios del año que viene. Empezaríamos por el oriente del país y terminaríamos en La Habana, para hacer el lanzamiento del disco.

¿Cómo crees que reciba el público esta nueva propuesta que le vas a ofrecer?

-Creo, con toda modestia, que les va a encantar. A mí me encanta. Hemos hecho la prueba con mi familia, que para mí es el mejor público, el más crítico que yo tengo. Hemos hecho también como unos ejercicios de audición con algunos amigos y todo el mundo está supercontento. Yo estoy feliz y confío en que si yo me siento cómoda y me siento bien con lo que estoy haciendo, a la gente le guste también. Sé que va a funcionar. Obvio, tengo un refrán de mi abuela que no olvido nunca: “No todo el mundo es dulce de guayaba para gustarle a la gente”. Hay a quienes les gusta más la mermelada de mango, entonces, ¿qué vas a hacer? Estoy segura de que sí va a gustar, de que le va a ir bien y el primer single va a ser Planeta planetario, un tema bien interesante.

Publicado originalmente en Cubahora

Lunes

Los lunes a la ciudad la secuestran de sí misma. La cancelan como la puerta del cuarto del loco que cada familia intenta esconder en vano. Y obedientemente va aletargada a dormirse temprano, con todos los deseos febriles puestos en espera, titilando en intermitentes fogonazos de luz hasta que, quizás en la madrugada en la que hace entrada el lujurioso martes, echen a andar nuevamente. El ladrón que venía a marcar algún cuello con su cuchillo pospuso el ultraje, ni siquiera el mismo entendió el temblor de su mano, la opresión que sintió en el pecho, ni siquiera la posibilidad del grito expandido por el silencio prematuro de la noche lo sedujo lo suficiente.

Mucho menos armoniza con las calles vacías el camino previsible de una mujer que va desnuda a ofrecer los ropajes con los que ha salido a la vida este día. Los árboles que el ligero aire bambolea apenas, callan, nada hablan a la luz mortecina de la noche segunda de la semana. Dos mujeres y un hombre entre alcohol y el lenguaje duro de las once de la noche intentan ponerle un sabor prohibido a este lunes agreste, pero lo único que consiguen es que algo bien adentro se empoce denso, sin desviaciones. No hay risas que expulsen de su trono al domador de la ciudad vestida de lunes. Voy a morirme un día así, tantos como hay en los calendarios venideros, y quizás nadie me extrañe demasiado.

Miguel Barnet escondió la arena en un reloj

Por Marilyn Bobes

Si algo he admirado siempre a Miguel Barnet es esa capacidad de convertir en poesía cada instante de su vida, por muy insignificante que parezca. Lo que podríamos llamar su “inspiración” parece inagotable.

Es muy poco el tiempo que media entre cada colección de sus poemas, de modo que en la última Feria del Libro, la editorial holguinera Ático presentó a los lectores el más reciente libro de este autor: Reloj de arena, un ejemplo innegable de cómo un autor dotado de sensibilidad y talento no necesita más que ojo acucioso e imaginación para transformar en literatura lo que le rodea.

Como bien afirma Eugenio Marrón en su breve pero exquisito prólogo, resalta en Barnet «una singularidad que bien puede ser tomada como santo y seña de su biografía en clave de poeta, al entender el desempeño de tal condición […] como el más hondo de los ríos en el cuerpo abierto de la vida».

Dos secciones tituladas Graffiti I y Grafitti II, además de una tercera que da título también al volumen, se regodean en constantes homenajes a escritores frecuentados, pero siempre interpretados de manera muy personal por el poeta, quien busca de ellos, más que una apoyatura formal o conceptual, una esencia que trasciende el referente para devenir particular apropiación, trascendiendo tanto lo temporal como lo espacial en el nuevo texto, siempre iluminador.

El procedimiento puede advertirse ya en el poema que da inicio al volumen, “Moscas”, bajo la advocación de Charles Bukowsky, peculiarísimo, tanto en su factura, como en el poder de sugerencia y la polisemia, que se desprende de ese futuro en el que los amantes tendrán «un jardín con una fuente de aguas iridiscentes» desde donde da rienda suelta a su erotismo.

Severo Sarduy o Juana Borrero son otros de los escritores utilizados por Barnet en estos primeros Grafittis, textos en que bien sea por la vía de la identificación o de la reinterpretación se consigue una suerte de reescritura dominada por una nostalgia que muy bien pudiera ser la del futuro, cuya referencia hizo alguna vez Ernesto Cardenal.

Si comparamos este con los numerosos cuadernos anteriores del autor, advertiremos que, sin perder la cualidad de su poder comunicativo, hay en Reloj de arena un tono mucho más enigmático.

El poeta se encuentra en un momento donde «todo es más real y más efímero, donde el deseo es un huésped lejano, donde el rostro de la noche aparece a diario como un fantasma» y no cuenta más que con un reloj de arena para conjurar sus paradojas y sus certezas.

Hay en este libro poemas antológicos, como el titulado “De todos los días” o el ya citado antes, pero no hay un solo texto en el que no sobresalga esa limpieza y ese poder de síntesis y captación que caracterizan toda la obra de Barnet.

Como bien afirma el autor: «se trata también de respirar en la roca más alta», fusionando toda la alta cultura universal y nacional con lo cotidiano, con las obsesiones interiores y las inquietudes socioculturales del escritor.

Las “Confesiones de Miguel Barnet” que sirven de colofón al volumen, constituyen sabias lecciones escritas con mano maestra. Ya se quieran considerar otro poema o simplemente prosa, la calidad artística de la escritura puede obviar las clasificaciones genéricas como siempre ha sucedido con toda la obra del creador de Biografía de un Cimarrón.

Mucha razón hay en esta conclusión: «El poeta es, al final, un resultado. Y nadie es tan original. Desandamos los días sobre las huellas de los demás. Y lo mejor es no mentir, después de todo nunca vamos a quedar bien con nadie, ni siquiera con nosotros mismos».

Después de tamaña lectura me he encontrado plena —como muy pocas veces me sucede— frente a un poeta que cumple con los presupuestos que, considero, deben estar presentes en cualquier obra literaria: la autenticidad. Y de nada valdría si ella no viene asociada, más que con el oficio, con ese raro don que la gente suele llamar talento.

(Tomado de Cubaliteraria)

“Moscas”

Para Charles Bukowsky

Este cuarto está lleno de moscas,

aquí no podemos quedarnos,

pero yo vi tus muslos pulposos

y pensé que era el momento

aun con las moscas y el olor a esencia dulzona

No solo era el momento sino que te abracé

para decirte algo que no ibas a entender

y me fumé un cigarro

porque tú solo veías moscas

Algún día será diferente

y no me sentiré culpable

Algún día no habrá moscas

y será como celebrar un cumpleaños

en un jardían con una fuente de aguas iridiscentes

Algún día no habrá moscas…

 

 

Hilos

Mi mamá y yo hemos crecido juntas, como si fuéramos hermanas y otra mujer invisible fuera nuestra madre. Creo que nos hemos esquivocado el mismo número de veces, hechuras imperfectas como somos. Nos hemos sostenido, protegido. Nos hemos amado sin mezquindad. Si hubiéramos habitado solas cualquier planeta, ese nos hubiera parecido el más hermoso porque siempre nos ha bastado la mutua compañía para saber que todo ocupa el lugar predestinado. En el cuerpo de mi madre se concentra la fuerza con que nacen los retoños de los árboles, con la que alumbra la estrella más pequeña y brillante, con la que algunos peces remontan los ríos. Y con esa fuerza ella ha alejado de mí cuánto ha podido lo terrible, aunque ese trozo de dolor le haya golpeado con saña a ella. Y yo que no sé cómo llenarle las manos por todo lo que me ha dado, solo le puedo escribir poemas como este y verla feliz.

Hilos

Le pido a mi madre rescatar el tiempo.

Ella vuelve sobre sus pasos,

se le agrandan los ojos,

y  se le pierde la risa detrás de la última guardarraya.

Finalmente recoge la jaba

que dejó colgando

en la mata de mangos,

que existió allá lejos.

Desfilan las historias

de un puñado de gente desconocida

que ella quiso,

testigos, jueces y verdugos de su vida.

Su voz llena de tiempo  

es el hilo que me va  atar definitivamente a ella.

No se me va a perder nunca más,

ella, que soy yo,

 y las mujeres anteriores,

las que no pudo o no quiso ser.

Todo estará aquí,  en mí

y en las otras mujeres

que después de mi serán.

No olvidaremos nada.

Todo estará ardiendo en nuestra sangre,

constantemente.

(Fotos tomadas de Cubahora)