De cuando Benedicto XVI estuvo en Cuba o la vida misma

Estuve en Santiago de Cuba viviendo in situ la visita de Benedicto XVI, el segundo Papa que visita este chispazo de tierra en el mar, y lo que vi allí, así como lo ocurrido en la Habana, más que la liturgia, que el colorido de las sotanas, que el rito, que la aglomeración, que si la Iglesia debe existir o no, me sorprendió el sentimiento dibujado en los rostros de las personas, los gestos de los cuerpos, los caminos que abrieron las manos. Pero yo no podría ponerlo en palabras, apenas alcanzo a vislumbrarlo. Por eso dejo que Cintio Vitier nos lo explique.

Lo que mejor nos identifica, nuestra más creadora identidad, no puede ser únicamente un catálogo de “logros”, de realizaciones, de paradigmas. La identidad está más cerca de la utopía que de la consagración. La  identidad no es un hecho consumado.

Ese es el proyecto: una luz desconocida. Allí podemos estrenar todos los días una décima de El Cucalambé y un pensamiento de Sócrates, la intensidad reminiscente de una danza de Lecuona y … lo que gustéis, Las raíces, en lo oscuro. La flor, inesperada. El fruto, quién sabe hasta dónde. El tambor batá dialoga con la guitarra de mi hijo, y eso es  algo más que mestizaje, algo más que sincretismo, cajitas conceptuales cuyo contenido se está agotando: eso es identidad como espiral, como esperanza. Saquemos al país de ese teatro en que todos somos extranjeros, de la vergüenza del falso guateque, del museo en que hasta el goterón sobre la hojaza de la mañana ocupa una tarjeta.

Que no se pierda eso que Lezama llamó “lo maravilloso natural” donde sobrenada la cultura, el diálogo riente de los dioses y con ellos. No definir: iluminar. Y ser iluminados.

yo diría que nuestra identidad, religiosamente hablando, es de la loma, pero canta en el llano, y vuelve a la loma, y sólo se insinúa, es un secreto. Los secretos no se revelan, ni se entregan. Se defienden con la vida, porque son la vida misma.         

“La religión y la identidad cubana”, de Cintio Vitier

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Josefina Martínez Otaño: “Vivir es eso, perder y ganar”

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Josefina Martínez Otaño no va a estar más entre nosotros. La noticia de su ausencia para siempre me llegó con demora pero no por ello la tristeza fue menor. Conversar con ella una tarde de febrero de 2008 ha sido uno de los regalos buenos que la vida me ha hecho. Sentadas delante de nuestras tazas de café en la sala de su casa, custodiadas por su perro dálmata, es la fotografía que de ese día atesoro para siempre en mi memoria.

Josefina tuvo una abuela a la que llamaban Nieve, la mantuana; una especie de Doña Bárbara caribeña, con fincas, caballos y pistola a la cintura. La nieta escritora no heredó la reciedumbre de carácter ni la fuerza de su antecesora, escogió para quedar en el recuerdo la dulzura, el gusto por contar historias de amor y la luz  de los que aprendieron a tiempo a vivir en paz consigo mismos y con los demás.

No era de las autoras radiales más prolíficas en su opinión pero cada relato suyo, cuento, teatro o novela, hizo un viaje directo desde el papel donde fue concebido hasta el corazón de quien lo escuchó. Esa fue su cualidad esencial, despertar la emoción, desentumecer los sentimientos, ofrecer la posibilidad de soñar.

Hábleme de sus primeros pasos en los medios…

Yo comencé a los 14 años en Pinar del Río porque yo soy de Minas de   Matahambre, un lugar que adoro. Empecé en la CMAB, lo que es ahora Radio Guamá. Comencé de recepcionista, discotecaria, de lleva y trae y de todo lo que había, cobrando muy poco. Después comencé a trabajar en un cuadro de comedia que había allí. Empezamos a hacer La Guantanamera con unos cantantes, los domingos hacíamos una cosa en vivo y así hasta el triunfo de la Revolución que vine para la Habana. Aquí empecé a tomar un curso de instructores de arte y en el examen final me pusieron como actriz en la Brigada Covarrubias que se estaba formando. Después pasé al grupo de teatro Rita Montaner. A Iris Dávila le protagonicé su primera obra de teatro, “El pie para el escándalo”, y le gustó mucho.

Entonces, cuando Iris pasa para el ICR, me llamó para que fuera con ella para allá. Empiezo allí como actriz. Luego en el 68 me fui para Santiago de Cuba por dos años como actriz y locutora en el incipiente Tele Rebelde. En el 70 regreso a  la Habana y salgo para Moscú por dos años. Allá estuve 10 años trabajando como locutora internacional, lo que me convirtió en la locutora que más tiempo ha estado trabajando fuera. Cuando regresé seguí laborando como locutora y actriz, aunque  más en la radio que en la televisión porque ya no tenía ganas de andar maquillándome tanto.

¿Cómo se inicia en la escritura radial?

A la escritura llego porque a los cuarenta y tantos años de mi vida me enamoré de alguien como una adolescente. Así fui redescubriendo el amor y lo que era estar enamorada, con susto en el pecho y todos esos trajines. Me casé y duró unos años. A mí la felicidad nunca me acompaña por mucho tiempo, yo creo que a casi nadie. Un día descubrí que ya no debíamos seguir y me quedé muy descentrada,  como muy perdida. Una mujer que en ese tiempo era mi amiga me dijo que cuando ella perdió a su esposo, le había hecho mucho bien escribir.

Un día me busqué una máquina de escribir viejísima, que me dio no sé quien en el ICRT, y puse una hoja. Todo el tiempo me preguntaba, cómo voy a escribir, qué escribo y de pronto empecé y  nadie me pudo detener hasta que la terminé.  Fue una novela que rompió en los ochenta y pico con el mensaje de aquella época. En ese tiempo la gente se casaba vestida de miliciana y esos trajines. Entonces, esa era una novela de puro amor, aunque estaba explícito e implícito el entorno. El caso es que enganchó. Un día me llaman y me dicen que estaban llegando cartas de toda Cuba, de todas partes llegaban cartas sobre la novela “La corona de mariposas”. Esa fue la primera que escribí, después vinieron cuentos y teatros. Yo he tenido mucha suerte como escritora. Si me pongo a ver no tengo esa cantidad de novelas escritas, pera cada una de ellas ha sido un éxito.  Sigue leyendo

Karla Suárez: “La escritura para mí ha sido un territorio donde yo estoy sola”

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Una de las tantas alegrías que trajo la última Feria Internacional del Libro fue la presencia en La Habana de la escritora Karla Suárez. Entre las cosas que hizo estuvo la presentación de su libro de cuentos Carrozas para actores en la UNEAC de la mano de la periodista, poeta y narradora Marilyn Bobes.  

Me moría de ganas de conocerla, de escucharla y llevarle para que me lo firmara el ejemplar que compré en la librería más hermosa que tiene la calle Obispo, y no hablo de La moderna poesía, sino de la Fayad Jamís; que como dice una amiga parece que es en divisa pero no. Ella sabrá por qué lo dice… y yo también. Pero no tuve oportunidad, porque a veces una se deja entretener y va perdiendo el rastro de las cosas verdaderamente importantes. Aún así conservo la esperanza de tropezar con ella cualquier día de estos, todas las calles y parques son propicios.

Mientras llega el día feliz les dejo una entrevista que me concedió recientemente vía Internet, que es de la manera en que los humanos burlamos los desencuentros geográficos, de usos horarios y hasta los del corazón:    

Siempre se piensa que conversar con un escritor al que se admira supone uno de los sueños más arduos de lograr. A veces porque los tiempos de vida no son los mismos -y la máquina del tiempo todavía no se inventa-; a veces porque la fatalidad geográfica e institucional impide que espacialmente autores y lectores coincidan o porque sé es esencialmente tímido y es preferible seguir admirando a los escritores en silencio, humildemente aunque los tengamos a menos de tres pasos.

Pero si un sueño de este tipo yo tenía era conocer a la escritora cubana Karla Suárez desde el instante en que leí el primer cuento de su libro Espuma. Con el tiempo Karla Suárez escribió nuevos libros, ganó importantes premios, vivió en Roma, en París, se mudó a Portugal; siguió dando clases de informática, ha sido jurado de numerosos concursos y se hizo un sitio web en Internet.  Gracias a esto último conversar con ella no siguió siendo un deseo postergado. Tras el primer intento y un corto cuestionario las respuestas regresaron a vuelta de correo electrónico.

¿En estos momentos cómo se encuentra la acogida de literatura cubana en Europa, sigue constituyendo una moda o ha encontrado otra manera de hacerse visible?

Creo que la moda de hace algunos años ya pasó, como suele suceder con todas las modas. Además, en general, Europa no está en un buen momento, hay una gran crisis y ya sabemos que, desgraciadamente, en las crisis lo primero que se resiente es la cultura. Salvan a los bancos, nunca a los libros.

¿Ha corrido el riesgo de ser encasillada y de caer en la trampa de escribir “lo interesante” en un momento en que ser mujer, escribir y tener menos de cuarenta años constituían cartas credenciales oportunas?

Ser encasillada, seguro, siempre alguien te encasilla, hay una enorme manía de clasificarlo todo como productos de supermercado. En cuanto a caer en la trampa de escribir “lo interesante”, pues mira, ojalá y de vez en cuando alguien me dijera qué es “lo interesante” (me río). La verdad es que desde que empecé a escribir, siendo una niña, la escritura para mí ha sido un territorio donde yo estoy sola, rodeada de personajes de ficción, viviendo vidas paralelas, lejos de todo ser viviente que no se parezca a un gato o a una planta. Es mi medicina y mi espacio de absoluta libertad. Y por supuesto que me encanta si a alguien le parece interesante lo que escribo, pero no escribo para que resulte interesante, porque cuando escribo soy el ser más egoísta del mundo, sólo existimos mi ficción y yo. Eso es lo que me divierte y me apasiona.    Sigue leyendo

Cuando eres Robinson Crusoe por un día

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Los pilluelos”, cuadro de la artista cubana Juana Borrero (1896).

El día que conocí Armandito era viernes. Tenía un largo viaje ante mí y mucha incertidumbre, aburrimiento. Todo ello compartiéndolo con el vacío del asiento contiguo, hasta que apareció él con su humanidad de cinco años.

Al verlo, lo primero que hubo fue sospecha. El mecanismo de defensa más útil que conozco. Siempre desconfío de mi posible éxito con enanos que no llegan a un decente metro y cincuenta. Y este tendría que empinarse mucho antes de alcanzar una estatura de confianza.

Después, para mi desconcierto me sentí como Robinson Crusoe a quién le había tocado un Viernes en suerte. Me iba a rescatar de la desidia y la locura. Nunca al revés como han pretendido hacer creer algunos con manías colonizadoras, aun en pleno siglo XXI.

Armandito llegó en pleno ataque de rabia por un ipod que se negaban a darle. El ómnibus tenía disponibles tres asientos. Su tía y su mami, de seguro ocuparían dos, pues a los grandes les toca llevar sobre sus regazos a los más pequeños, pero en mi historia ellas escogieron los asientos más convenientes y Armandito sustituyó mi mochila en el asiento 41 de un elefante azul, es decir, de una guagua marca Yutong.   Sigue leyendo

El mundo conocido, cercano, íntimo de cada cual está en peligro

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El árbol de la vida de la Sala Che Guevara de Casa de las Américas de la Habana, testigo de tantos alumbramientos de hermandad, de poesía, de resistencias, este 14 de marzo volvió a abrigar un nuevo parto: la presentación del libro Fidel Castro con los intelectuales. Nuestro deber es luchar.   

Lo presentaron al mundo Roberto Fernández Retamar, presidente de Casa, Osvaldo Martínez, Director del Centro de estudios de la Economía Mundial y Gisela Alonso, Presidenta de la Asociación Ambiental de Cuba.

Al mismo tiempo algo similar estaba ocurriendo en Washington, Ciudad de México, Caracas, San Juan, Kingston, La Paz, Madrid y Berlín. Todo aquel que quisiera presenciar este llamado de atención al mundo sobre su propio futuro podía acceder a cualquiera de estas presentaciones por los canales de cada una de ellas en Justin.TV,  a través de Internet.

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Las páginas de libro descubren una de las mayores angustias de Fidel Castro, el destino humano. Y la cita de la Habana, el pasado 10 de febrero con 69 intelectuales del mundo invitados a la Feria Internacional del Libro de Cuba, fue el momento exacto para convocarlos a trabajar urgentemente para garantizar la sobrevivencia del hombre.

Porque como mismo él confesó ese día de diálogo impostergable “si uno supiera que el mundo va a durar 10 años, está en el deber de luchar para hacer algo en esos 10 años”.

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Ayer fue 14 de marzo, día de la prensa cubana. Yo estaba en medio de aquella sala abarrotada de gente, como periodista, cerca del Árbol de la vida, mirando a cada momento el cuadro donde se podía leer la palabra Nosotros, del pintor cubano Raúl Martínez, que adorna la sala y que al final se me terminó convirtiendo en un llamado insoslayable como un letrero lumínico. Los nosotros presentes allí, teníamos que hacer, tareas urgentes que realizar desde cada una de nuestras pequeñas atalayas. Nos volvían a avisar. El mundo  conocido, cercano, íntimo de cada cual está en peligro, sino por qué la inexistencia del invierno, de la lluvia, de lo verde. Por qué los drones sustituyen a los pájaros del cielo, por qué canjeamos bombas y no regalamos la alegría.  

 

 

 

Una mujer como yo, por ejemplo.

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Una mujer como yo, por ejemplo.

Una mujer
no merece
su tiempo
para dedicarse
a las cosas que le interesan.

Porque…
¿Es que las cosas que le interesan a una mujer
no son interesantes?
O que…
¿Una mujer no demuestra el suficiente interés
en lo que le interesa como para que a los demás
le resulte interesante y le den su tiempo?
O es que…
¿Lo interesante que ella haga es lo que al otro no le resulta interesante hacer?

Todas estas preguntas
se las hace una mujer…
Una mujer como yo, por ejemplo
cuando tiene un tiempo breve
para hacer algo que le interesa.

Y mientras transcurre su tiempo
se pregunta
¿Era esto lo que quería hacer?
¿Preguntarme acerca de estos temas?
¿Desperdiciar esta hora que me han permitido tener
en pensar en esto que ni siquiera sé si es en lo que quiero pensar?
¿En realidad merece una mujer
ese tiempo para hacer lo que ella quiere hacer
si en realidad ella no sabe lo que quiere hacer?
¿Ella merece tiempo para creer
que quiere hacer algo?
¿Tiene sentido seguir pensando en esto?
No importa,
ese tiempo perdido es ser una mujer.
Una mujer como yo,
por ejemplo.

Así es y así debe y no debe ser.

Cuando una ser humano mujer se piensa
piensa
si realmente es un ser humano o no.
Una mujer cree que es tan lista
que por eso no sabe lo que quiere.
Una mujer cree que tiene que ser tan lista
que los demás se tienen que convencer de que es una estúpida
porque en el fondo cree que cuanto mas dejada de lado sea
mas libre y feliz será,
en el lado de la vida dejado de lado por la productividad.
El fabuloso lado donde se haya todo lo ingobernable,
todo lo inaprensible,
como la vida y la muerte,
el tiempo, el amor, lo misterioso,
la belleza, lo intuitivo,
el universo (con todo lo contenido en él),
lo simple, lo sin importancia…
entre otras “cosas”.

O algo así… Creo.
Bueno…es muy difícil terminar un poema
y darle un sentido determinado.
Pero venía bien ¿No?
Una mujer es alguien como yo, por ejemplo.

Este es un poema de Fernanda Laguna, a quien encontré mientras leí a otra poeta entrañable para mí, Nara Mansur, por su traducción de lo cotidiano, por su alquimia. Entonces me traje a Fernanda, un feliz hallazgo, la doble voz que todas las mujeres solemos tener cuando miramos sin mirar una nube o a la desconocida del espejo. 

Ernesto García Peña es otra criatura entrañable, por sus trazos, por los seres que crea en cada lienzo, por su magia traslúcida. 

Por eso los uno, los traigo, hago mi declaración en voz alta por mi mujer, por las mujeres que antes de mí han sido, las que son y las que vendrán fulgurando por los caminos.

 

La vida según Galeano: “Mujeres” (II Parte)

Esta es la segunda parte del capítulo Mujeres con el que inicia la serie “La vida según Galeano” del canal Encuentro.
Es un sueño viejo que se ve cumplido hoy. Compartir estas palabras, reconocer en ellas un ensayo otro de la ceguera con que históricamente muchos hombres se han relacionado con las mujeres de sus tiempos.
En este capítulo Galeano pone ante nosotros las vidas de Teresa, Juana de Arco, Olimpia, mujeres todas irreverentes, transgresoras de los cánones patriarcales y víctimas de su poder en sociedades donde éstos eran inamovibles aunque quisieran demostrar lo contrario.
!Qué lo disfruten!