Concierto para trompeta

 

"Mi vida entera, mi alma entera, mi alcohol entero es soplar ese instrumento", Louis Armstrong

“Mi vida entera, mi alma entera, mi alcohol entero es soplar ese instrumento”, Louis Armstrong Foto: Sheyla Valladares

La Habana tiene su propia música, sus zonas de silencio y de exceso de ruidos. Pasos, bocinas, trinos, gritos, sirenas de barcos, cañonazo en la noche, golpes sobre la madera, pregones, voces, el mar arremetiendo contra un muro viejo, conversaciones, música estentórea saliendo por cualquier agujero de cualquier casa, automóvil,  teléfono celular, bocas. Portazos, martillos neumáticos agujereando avenidas y calles discretas, sierras mecánicas,  el sonido del aserrín cayendo inevitablemente sobre el suelo, los panes horneándose, la hierba creciendo en un solar yermo, el silbido del tren, su traqueteo indeciso y lento sobre los rieles cuando se aleja o regresa a la ciudad. Una lengua de fuego saliendo de una torre, incendiando el cielo.

Día tras día, minuto tras minuto, esta es la sinfonía urbana.  Unos sonidos superponiéndose a otros, doblegándolos. Y así hasta que termina el día y la rueda del tiempo sigue girando sin detenerse nunca, sin pensar que no puede detenerse nunca.

A ese concierto llegas con tu trompeta. Nadie te ha invitado pero tú asumes que tienes un puesto asignado junto a esa puerta. Te calas bien las gafas. Todo sale mejor si resguardas una parte de ti, un pedazo que no vas a entregar, que no es moneda de cambio. Desenfundas la trompeta, la miras con odio y a la vez con cierta ternura, la acaricias por algunos segundos, los necesarios para que sepa que están allí trabajando, ganándose el pan y no en un acto de mera autocomplacencia. Esos tiempos han pasado. Los recuerdas, tal vez,  con nostalgia. Dejas el estuche abierto sobre la calle como una mano de cuero demandante. Ensayas un sonido. Te detienes, miras sin ver los pistones, recuerdas la melodía. Te vas a meter de lleno en este concierto. Vas a quitarle un pedazo de sonido a la ciudad y vas a imponer el tuyo. La mañana avanza hacia el mediodía, un grupo de extranjeros tiran fotos al convento, te van a sorprender en tu faena, quizás dejen caer algunas monedas. Yo solo estoy detenida tras la cámara esperando que me hagas escuchar tu versión de la historia, de este momento en que la vida nos puso frente a frente.

 

Buena Fe y Andrés Suárez en concierto

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Ayer en conferencia de prensa Israel Rojas, director de Buena Fe, dijo algo que me gustó mucho. Para él un concierto no es algo que pueda premeditarse mucho, ni hacer como un plan de vuelo sin tener en cuenta las tormentas que puedan aparecer, por el contrario los conciertos son organismos vivos, que tienen su ritmo, su respiración, y a medida que van sucediendo deciden el rumbo que deben tomar.   

Algo así es lo que tienen planeado hacer el sábado 2 y domingo 3 de junio en el Teatro Astral. El concierto se llamará “Buena Fe presenta a Andrés Suárez“, porque la cita no es sino para eso, para presentarnos a los cubanos este músico español, con el que comparten filiación estética y que no es muy conocido por estos lares.

Andrés y Buena Fe intercambiarán canciones. Ellos le prestarán sus voces para entonar los temas del más reciente disco del invitado  “Cuando vuelva la marea”, y el  español hará suyas canciones tan conocidas de los cubanos como No juegues con mi soledad, Tras tus pies, Cada país, Despedida, entre otras. Aseguraron sorprendernos en el cierre del encuentro.

Por lo tanto este sábado me iré al Astral para dejarme sorprender por la propuesta de los muchachos de Buena Fe y de Andrés Suárez.

No hay nada mejor como ese viaje de reconocimiento entre la música y el alma.