Premio Literario Casa de las Américas: ganadores de su 58 edición

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Novela: Incendiamos las yeguas en la madrugada, de Ernesto Carrión (Ecuador)

El jurado integrado por Rey Andújar, de República Dominicana; Juan Cárdenas, de Colombia; Milton Fornaro, de Uruguay; Ana García Bergua, de México, y Ahmel Echevarría, de Cuba, consideró lo siguiente:

Incendiamos las yeguas en la madrugada, de Ernesto Carrión (Ecuador), “ofrece un crudo y vibrante retrato social cuya intención no es solo sondear un paisaje urbano estratificado y violento, donde el desencanto y la pesadilla son las constantes de una ecuación de vida, sino que consigue otorgarle al relato un peso literario específico que logra aunar una estructura dinámica, con zonas de suspenso bien administradas, personajes verosímiles y conflictos que, lejos de circunscribirse a un contexto específico, arrojan luces sobre una situación humana observable en todo el continente”.

Mención: La pérdida, de Karina Puentes (Argentina)

Poesía: Esto es un disco de vinilo donde hay canciones rusas para escuchar en inglés y viceversa, de Reynaldo García Blanco (Cuba)

El jurado integrado por Leonel Alvarado, de Honduras; Eduardo Langagne, de México; Selena Millares, de España; Freddy Ñáñez, de Venezuela, y Sigfredo Ariel, de Cuba, consideró lo siguiente:

Esto es un disco de vinilo donde hay canciones rusas para escuchar en inglés y viceversa
, de Reynaldo García Blanco (Cuba), posee una “expresiva claridad de exposición y […] presenta poemas de escritura depurada no desprovistos de un delineado humor y una serena ironía. Con mirada incisiva, el poemario refiere personajes y situaciones de la cultura contemporánea sin extraviarse del verso libre o del poema en prosa. Contiene un doble diálogo con la inmediatez y la tradición, donde lo literario no es una realidad libresca sino natural y cercana”.

Mención: Carta de las mujeres de este país, de Fredy Yezzed López (Colombia)

Ensayo de tema histórico-social: 
América pintoresca y otros relatos ecfrásticos de América Latina, de Pedro Agudelo Rondón (Colombia)

El jurado integrado por Pablo Mella, de República Dominicana; Berenice Ramírez López, de México, y Aurelio Alonso, de Cuba, consideró lo siguiente:

América pintoresca y otros relatos ecfrásticos de América Latina, de Pedro Agudelo Rondón (Colombia), “reinterpreta el concepto de imaginario, con el propósito de pensar creativamente a la América Latina en diálogo con la tradición cultural en sus múltiples expresiones. Con interlocutores teóricos como Castoriadis y Gilbert Durand, a quienes recrea a partir del análisis crítico del discurso, de la hermenéutica filosófica y de la pragmática lingüística, Agudelo Rondón navega por diversas expresiones culturales latinoamericanas sugiriendo pistas de construcción de la identidad nuestroamericana para el siglo XXI. En una prosa clara y elegante teje expresiones de la literatura latinoamericana con iniciativas de la denominada comunicación para el cambio social y con relatos de viajeros europeos del siglo XIX; así como convoca la fotografía periodística, expresiones de las artes plásticas contemporáneas que se intersecan con lo precolombino, y con la creatividad popular vehiculada en el lenguaje ordinario”.

Mención: Los movimientos sociales y la izquierda en México. 150 años de lucha, de Baloy Mayo (México),

Literatura testimonial: Lloverá siempre, de Liliana Villanueva (Argentina)

El jurado integrado por Stella Calloni, de Argentina; Alberto Salcedo Ramos, de Colombia, y Arístides Vega Chapú, de Cuba, consideró lo siguiente:

Lloverá siempre, de Liliana Villanueva (Argentina) es “una larga entrevista con la periodista y escritora uruguaya María Esther Giglio, quien coincidentemente obtuvo el Premio Casa de las Américas en testimonio en 1970, la primera vez que fue convocado el género. Manejada con originalidad, sin preguntas, posee un atrapante lenguaje coloquial, abierto, sincero, y una voz única, cálida, con momentos conmovedores y otros que surgen del humor inteligente que caracterizaba a esta ‘leyenda histórica’ de su país, cuya obra dio una nueva dimensión a los géneros periodísticos y literarios. Su vida, contada sin prejuicios, nos revela a una mujer que fue abogada de los primeros presos políticos del movimiento Tupamaros, y ella misma perseguida y luego exiliada. Las huellas magistralmente registradas nos llevan a revivir momentos inolvidables, como si no se tratara de una lectura sino de una escena teatral o cinematográfica.”

Mención: Charlas en el mosaico, de Yoe Suárez (Cuba)

Literatura brasileña: Outros cantos (novela), de Maria Valéria Rezende

El jurado integrado por Lúcia Bettencourt, Adriana Lisboa y Guiomar de Grammont consideró lo siguiente:

Outros cantos, de Maria Valéria Rezende, está “construida a partir de memorias de viajes, la narradora rememora sus elecciones y sacrificios personales cuando trabajó en la alfabetización de adultos en el nordeste de Brasil. Una narrativa lírica y de gran riqueza metafórica permite componer un mosaico de tipos. La obra reflexiona sobre la sustitución de valores éticos y humanos por el simulacro de una sociedad consumista que sofoca manifestaciones populares y tradicionales. En los meandros de sus recuerdos, recorremos regiones en las que impera la pobreza pero donde hay un impulso vital y una sabiduría tradicional que muchas veces hacen de la profesora, una aprendiz. Nociones arraigadas de un poder patriarcal, incorporadas por la comunidad, la desafían y la hacen cuestionar su papel de educadora. Sin embargo, las dificultades reafirman el sentido de su lucha, a pesar del rumbo sombrío tomado por la política en Brasil.”

Mención: Rol (poesía), de Armando Freitas Filho

Premio de estudios sobre la presencia negra en la América y el Caribe contemporáneos: Una suave, tierna línea de montañas azules, de Emilio Jorge Rodríguez (Cuba)

El jurado, integrado por João José Reis, de Brasil; Silvio Torres-Saillant, de República Dominicana, y Gloria Rolando, de Cuba, consideró lo siguiente:

Una suave, tierna línea de montañas azules, de Emilio Jorge Rodríguez (Cuba), “rastrea capítulos importantes de la historia de intercambios entre Cuba y Haití a través del estudio de las relaciones de Nicolás Guillén con escritores, artistas e intelectuales de la sociedad haitiana. Además de esbozar la presencia de Haití en las letras cubanas y la de Cuba en la literatura haitiana, el autor documenta la visita de Guillén de ese país, con una rigurosa investigación, riqueza bibliográfica y un uso minucioso de recursos de archivos nunca antes considerados. La obra muestra un camino para futuros estudios “trans-caribeños” poniendo énfasis en la necesidad de profundizar en la historia de conflictos, colaboración, interdependencia y solidaridad intra-regional, área que hasta ahora ha privilegiado la relación transnacional del Caribe con Europa y los Estados Unidos. Una suave, tierna línea de montañas azules se inserta en la crónica de esa historia en la que cubanos y haitianos, asediados por amenazas comunes, se han reconocido en la visión de un destino común.”
Premio de poesía José Lezama LimaMística del tabernario, de Raúl Vallejo (Ecuador)

Explora en sus versos una materia proteica que transita cómodamente de la gravedad al humor, atenta lo mismo a los grandes acontecimientos que a los pequeños sucesos de la vida cotidiana.

Premio de ensayo Ezequiel Martínez Estrada
Cuestiones y horizontes: De la dependencia histórico-estructural a la colonialidad/descolonialidad del poder, de Aníbal Quijano (Perú). (Selección y prólogo de Danilo Assis Clímaco)

“Antología esencial” de uno de los grandes pensadores latinoamericanos de las últimas décadas, que ha contribuido como pocos a la comprensión de los desafíos más apremiantes de nuestras sociedades.

Premio de narrativa José María ArguedasTríptico de la infamia, de Pablo Montoya (Colombia)

“Construye una fascinante, peculiar y polifónica historia de los tiempos de la conquista de América, y a algunos de los singulares personajes que tomaron parte en ella, con una prosa cuidada y subyugante”.

Tomado de La Ventana. Portal Informativo de Casa de las Américas

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Casa de las Américas en La Habana

 

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From Becerra, Cuba

Yoel Pérez Cutiño, segundo delegado directo de Cuba al XVIII Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes.

Tunie hace muchos días que no alimenta su Nube, aunque somos muchos los que esperamos ansiosos cada letra suya, la manera que ella tiene de contar el mundo y sus entuertos, el mundo y sus colores.

Pero a falta de nuevos post, ella escribe para el periódico del lugar donde vive. Y yo me pregunto si los camagüeyanos tienen conciencia de su suerte, de tenerla con el corazón listo para dar la pelea por lo que sabe justo y necesario. Tunie escribe noticias de reuniones, de actos, de vaquerías -que en otros lugares más encumbrados suenan a cantinela o lugar de hastío-  con sus pulsaciones.

Por eso hoy me he traído este trabajo suyo como agradecimiento. Aunque extraño su blog me place leerla así.

De Becerra a Ecuador … ! sufre Arredondo!

Por María Antonieta Colunga

Tomado de Adelante

¿Qué van a saber en Ecuador dónde está Becerra? … creo que ni siquiera el camagüeyano promedio puede acertar con su dedo en un mapa local si le preguntan.

Yo me imagino en ese Festival a alguien mentando a Yoel, tan Pérez Cutiño y tan guajirito, “from Becerra, Cuba” y cuando más los de habla hispana figurándose un lugar que les suene a vacas.

Son las cosas increíbles de este país, las que ayudan a sostener la fe: un humilde operador de combinada cañera de modelo KTP2 M, vecino de un batey sureño perdido a 600 kilómetros de La Habana y con acaso algo más de 400 habitantes, es el segundo cubano elegido para representar a la islita en la cita mundial de los jóvenes y estudiantes.

Su suerte se decidió por voto directo de los trabajadores de la santacruceña Cooperativa de Producción Agropecuaria Horacio Cobiellas, gente que se conoce entre sí por lo importante: por el esfuerzo y la honra, y que en una mayoría numérica arrolladora apostó por el muchacho chiquitico que salió a recoger su diploma secándose las lágrimas.

Mientras dos grandotes lo cargaban en peso, yo me atreví a dudar en su rostro duro los menos de 35 años que dicen que hay que tener para ser joven; pero la vida del campo es así como su rostro, y Yoel ya lleva quince de sus 33 cortando caña para este país.

El anuncio y los festejos fueron en el círculo social de la comunidad, adornado con sui géneris serpentinas trenzadas de racimos de coco, plátano y yucas. Allí estaba Becerra en pleno dando brincos de alegría y coreándole y aplaudiendo y el revuelo fue mayúsculo también porque por primera vez en 20 años trajeron al caserío 30 tinas de helado industrial para la fiesta, y cerveza de la Tínima esa chiquitica que es la bomba, y “Arlequín” y “Florecita y Cebollita” y todo ese cuento.

El pueblo estaba de fiesta de verdad, no pa’ las fotos. Será porque de repente la gente de ese monte ve a uno de los suyos más nuevos bendecido con un viaje noble, que no es de ir a buscar los pulóveres y los vestidos del trapicheo y la necesidad, sino de conocer y disfrutar, como premio al sudor decoroso del trabajo honrado. Pasa poco, compadre, pero pasa…

En diciembre Yoel viajará fuera de Cuba por primera vez. Él, que nació en Macuto 2- otra comunidad tan borrosa como Becerra-, podrá volar a Quito y contar a otros de su edad cómo es la vida de un joven campesino cubano; cómo en los días de zafra se levanta a las cuatro de la madrugada y se pega a cortar y alzar cañas hasta a veces las nueve o diez de la noche, con la fe de que, si se esfuerza mucho, ese año pueda llegar a ser millonario.

Y le explicará a los amigos que conozca que ser millonario en los campos de Cuba no significa tener un millón de pesos en un banco. Significa, como ha sido tres veces su caso, haber cortado un millón de toneladas de caña en una zafra y haberlas entregado a la economía nacional. Como el areté de los griegos, algo así.

Esas historias contará Yoel, y las de sus campeonatos como pítcher en la liga intermunicipal de pelota donde está Becerra en el lugar segundo, y las de la cicatriz de patada de mula en la cabeza de Yoandry, el mayor de sus dos hijos, y las de cómo se las ingenian en su pueblo para seguir siendo, acaparando millones con máquinas que se inventaron en una extinta Unión Soviética  hace ya rato.

O puede que no cuente tanto, porque Yoel es más bien un tipo de pocas palabras. Pero por mí está bien, que vaya y vea y regrese- que por suerte los guajiros tienen esa manía honesta de siempre regresar a su matica de tilo-, que se tire muchas fotos y le traiga algo bien lindo a su Yarisbel y a sus niños, y que por esta vez haga turismo político uno que de verdad se lo merece.

¡Ah!, y lo del título es por César Arredondo, el locutor de Radio Rebelde y de la Televisión Cubana, que era también de este caserío remoto de Haití y cuando triunfó en el éter capitalino terminó publicando un libro con las peripecias de cómo fue a dar “De Becerra a La Rampa”. Yoel parece que lo tumbó del podio.

El salto definitivo

No hemos perdido la fe y las ganas. Esa frase me la repetí a lo largo de este fin de semana, cada vez que algún colega de la prensa cubana intervenía en la sesiones finales del 9no Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba. Allí estábamos afanados en devolverle al periodismo cubano la viveza, el color, la intrepidez de años más gloriosos o la justa correspondencia con los días que vivimos, de reubicar las relaciones entre todos los componentes de la cadena informativa, desde el escenario político hasta el comunicacional, de asumir cada cual  la parte de responsabilidad que nos toca si hoy nuestros relatos de la realidad son inexactos, grises o hablan de un país intangible y apenas creíble.

Nos reunimos los más experimentados artesanos de la palabra, que han asumido como un sacerdocio el compromiso de ofrecerle a sus conciudadanos las claves para decodificar su momento en el mundo y poder actuar en consonancia o disonancia; y  también los que apenas iniciamos el camino, los que a trompicones intentamos encontrar maneras propias y válidas para aportar a la historia alucinante y a contracorriente que todos los días fundamos los cubanos.

Todos compartimos una misma certeza: el periodismo cubano ha de responder con inteligencia, belleza, exactitud, inmediatez, oportunidad, ante los desafíos de la cotidianidad o no ser, al no poder responder con lealtad a sus públicos. Y no es cuestión de esperar por la formulación de leyes y decretos -necesarios pero no impresncidibles- que respalden la labor periodística, es cuestión de ser periodistas y no meros amanuenses.

En lo que vamos reconquistando el terreno, les dejo la intervención del profesor de la Universidad de Comunicación Social de La Habana, Raúl Garcés, con la que se inició el debate y que es la mejor de las provocaciones.

Siete tesis sobre la prensa cubana*

1. La prensa y el socialismo. ¿Alguien sabe cómo se construye el socialismo? Y por extensión, ¿sobre qué pilares debiera erigirse la prensa socialista? Lo mejor que tiene formularnos esas preguntas hoy es que, por lo menos, ya sabemos que no hay respuestas únicas y cerradas. El llamado socialismo real pretendió levantarse sobre “leyes objetivas”, normas aparentemente inviolables y manuales que presumían de preverlo todo.

Al socialismo en el siglo XXI, en cambio, no le ha quedado más remedio que establecerse sobre la falta de certezas y proponerse, en consecuencia, construirlas colectivamente. La prensa socialista tiene el desafío de arropar con ideas la nueva época, interpretar creativamente el discurso político, alimentarlo con argumentos, demostraciones, ejemplos concretos y un permanente debate público.

Si lo anterior es válido para la experiencia latinoamericana, lo es también –y especialmente ahora- para Cuba. La dirección de la Revolución nos ha subido la parada con el rumbo de un socialismo próspero y sostenible. A pesar de los bloqueos y las adversidades de las últimas décadas, Cuba apuesta a una práctica socialista que sea fuente de felicidad, de vida digna, de realización personal y tranquilidad económica, de articulación entre el proyecto personal y las metas generales de la sociedad. Pero, ¿creemos acaso que esos significados se comprenden, procesan y comparten por igual en la cabeza de todos los cubanos? ¿Cómo haremos para comunicarlos eficientemente? ¿Cómo les daremos sentido y los convertiremos en hechos que se toquen, historias que se vivan, caminos que se intuyan?

¿Cuánta importancia tiene para la batalla política del país no solo trabajar el ámbito de la realidad, sino también el de las percepciones? ¿Cómo complementaremos, en suma, la actualización del modelo con una percepción renovada en torno a todo lo que se está actualizando?

2. La prensa y la realidad. Parte de la opinión pública nos acusa de mirar el mundo con el mismo catalejo de la canción de Buena Fe: somos eficientes en fotografiar lo que está lejos: lo investigamos, lo desmenuzamos, lo descomponemos frente a los ojos de las audiencias e incluso lo criticamos severamente. Lo que está cerca, sin embargo, suele abordarse con timidez, o con una abstracción infinita, o con estilo timorato, o con simplonerías. Por las razones que sean, hemos ido conformando un modelo de construcción de la realidad que contrapone el supuesto “infierno foráneo” al presunto “paraíso doméstico”. Hemos suplido, frecuentemente, el juicio razonado por la propaganda, la interpretación por las cifras, la noticia por los eventos, el argumento por el adjetivo, la riqueza de los procesos por la síntesis caricaturesca de sus resultados.

El problema anterior no es nuevo, pero se agudiza dentro de una sociedad cada vez más polifónica y con una alta cultura política. Es muy evidente el contraste entre nuestro tono monocorde y lo que pasa allá afuera. La distancia infinita entre una cuenta bancaria de 250 mil CUC y un salario de 250 pesos no es solo objetiva, sino también subjetiva y, entre ambos extremos, sobrevive un espectro amplísimo de modos de pensar y relacionarse con el país. Si el actual proceso de transformaciones ha entrado en un periodo de mayor complejidad, deberíamos asegurarnos de crear las condiciones para que la prensa y los periodistas contemos las historias con mayor complejidad: no solo las certezas, sino también las dudas; no solo las soluciones, sino también las contradicciones.

Claro que sería injusto de mi parte atribuirle únicamente a los periodistas –atribuirnos- la responsabilidad por estos pesares. El propio Presidente Raúl Castro, al criticar el triunfalismo, la estridencia, el formalismo y la falta de debate público en nuestra prensa para abordar la realidad, durante el VI Congreso del Partido, decía: “a pesar de los acuerdos adoptados por el Partido sobre la política informativa, la mayoría de las veces los periodistas no cuentan con el acceso oportuno a la información ni el contacto frecuente con los cuadros y especialistas responsabilizados de las temáticas en cuestión”. Aquí hay dos caminos: o resolvemos el problema entre todos de una vez o colapsarán la credibilidad y el poder persuasivo de los medios.

3. La prensa y la ley. Comprendo la expectativa que ha generado en el gremio –e incluso más allá de sus fronteras- la posibilidad de una ley de prensa. Ella dotaría de respaldo jurídico el desempeño profesional de los periodistas, reivindicaría a la información como derecho público y articularía de modo más orgánico las relaciones con las fuentes, entre otras ventajas. Pero, alerto, no será la solución de todos nuestros problemas. Varias orientaciones del Partido y el Buró Político precedentes, que, aun sin fuerza legal, tienen la fuerza moral de las instituciones que las originaron, han sido sometidas por las fuentes a la vieja práctica de “se acata, pero no se cumple”.

La necesidad de comunicar no puede imponerse únicamente por decreto, tiene que ser una fuerza natural, un movimiento, una demanda que le nazca a la sociedad de sus entrañas.

En lo que llegan las normativas jurídicas, algunas acciones prácticas podrían ir allanando el camino: ¿se imaginan que los ministerios del país ofrecieran sistemáticamente conferencias de prensa? ¿se imaginan que todas las instituciones públicas dispusieran de directivos, cuadros intermedios o funcionarios accesibles, con información y sentido de responsabilidad para comunicar? ¿se imaginan que pudiéramos analizar frecuentemente, con nombres y apellidos, las fuentes aferradas al secretismo y educarlas –educarnos- en una cultura de la información y la transparencia? Si nos lo proponemos, lo que he dicho estará a la vuelta de la esquina.

La guerra contra el secretismo no pertenece solo a la prensa, sino a toda la sociedad. Hay que atajar lo mismo las consecuencias que las causas, porque un secretista no viene al mundo genéticamente mudo. Enmudece gradualmente, como resultado, a veces, de la desinformación, o la falta de preparación para enfrentar los medios, o la ignorancia, o los regaños, o la defensa enmascarada del beneficio personal, o lo que interpreta como su sentido de la responsabilidad.

4. La prensa y los cuadros. En las semanas precedentes hemos escuchado una y otra vez dos cifras inquietantes. Casi el 50% de nuestros cuadros de prensa no tienen formación periodística, y ese número supera el 60% en el caso de la radio cubana. Las cifras, más allá de que sean exactas o no, ilustran que el problema existe y nos ponen a las puertas de un dilema mayúsculo: ¿podríamos acometer los cambios sin el capital humano suficiente para conducirlos y encauzarlos? Y si un cuadro se equivoca, ¿vamos a corregir su error con más regulaciones excesivas y prácticas verticalistas en la dirección de la prensa? ¿No sería ese, acaso, un error mayor? ¿Cómo haremos para asegurarnos de que los cuadros de la prensa identifiquen, organicen y alinien una vanguardia periodística que marque el paso, abra la brecha, perfile el camino que debería seguir nuestro sistema de medios?

En esto, como en muchas otras cosas, Ernesto Che Guevara constituye un excelente punto de partida. Lo cito: “el denominador común es la claridad política. Esta no consiste en el apoyo incondicional a los postulados de la Revolución, sino en un apoyo razonado, en una gran capacidad de sacrifico y en una capacidad dialéctica de análisis que permita hacer continuos aportes, a todos los niveles, a la rica teoría y práctica de la Revolución. Estos compañeros deben seleccionarse de las masas, aplicando el principio único de que el mejor sobresalga y que al mejor se le den las mayores oportunidades de desarrollo”.

No voy a usurpar, en la discusión sobre este tema, el lugar que seguramente ocuparán valiosos colegas, incluso valiosos cuadros, de muchísima más autoridad que yo para abordarlo. Permítanme solo referirme a una verdad general, casi de perogrullo: un cuadro de la prensa requiere conocimientos de economía, política, ciencias sociales, pero necesita también de una fina intuición, de un sexto sentido, de una capacidad indefinible en palabras para ver el mundo, imaginarlo y proyectarlo a corto, mediano y largo plazo. Hablo de algo que nace de la vida y de la relación con la práctica, que se llama liderazgo.

Necesitamos aguzar el oído y afinar el olfato para dotar a la prensa de los mejores cuadros, comprometerlos con la tarea de dirigir, crearles las condiciones para que dirijan con valentía y soltura, fomentar que se conviertan en verdaderos agentes de cambio y no en poleas trasmisoras de las orientaciones de arriba.

5. La prensa y el consenso. A lo mejor han creído hasta aquí que estoy hablando de la prensa, pero en realidad estoy hablando del consenso revolucionario, que ha sostenido nuestra resistencia aún en las condiciones más adversas. ¿Cómo puede la prensa del siglo XXI contribuir a consolidar ese consenso? ¿De la misma manera que en el siglo XX? ¿Y si los jóvenes no leyeran los periódicos, o no escucharan la radio, serán la radio y los periódicos los mejores vehículos para articular en ellos el consenso? ¿Qué mecanismos tenemos a fin de inducir y fomentar el consenso a través de las redes sociales? ¿O de los celulares, los videojuegos, la música, el cine, las telenovelas, la producción simbólica de la sociedad?

Ya que somos marxistas, comprenderemos que los cambios económicos implican, al mismo tiempo, profundas transformaciones en la subjetividad social. No es posible que emerjan nuevas relaciones económicas, sin que emerja, en una cadena simultánea de acciones y reacciones, una nueva configuración de las relaciones sociales. Hablo de la tensión entre lo avanzado y lo retrógrado, lo rápido y lo lento, lo recto y lo zigzagueante, la vieja y la nueva mentalidad. O la prensa cubana se convierte en la plaza pública por excelencia para visibilizar, dar forma y alentar el consenso en torno al cambio de mentalidad, o asumiremos el costo de que parte de esos consensos se articulen progresivamente al margen de nuestros medios.

6. La prensa y la UPEC. Los periodistas nunca quedaremos bien con todo el mundo. Estamos a medio camino entre la opinión pública y las fuentes. Defender a una parte, casi siempre implica cuestionar la otra. Podríamos admitir incluso que nos califiquen como “profesionales incómodos” porque, en cierta medida, lo somos. De un lado, nuestro compromiso con la época y el proyecto político son irrenunciables. De otro, ese compromiso se realiza completamente si auscultamos la sociedad con sentido crítico, si le palpamos sus dolencias, si alertamos de los males más graves y ayudamos a sanarlos. Allí donde la sociedad enferme y no aparezca a tiempo el diagnóstico, será, entre otros factores, porque la prensa no ha jugado su papel.

José Martí definió nuestro encargo social en muy pocas palabras: Permítanme recordarlas: “la prensa debe ser coqueta para seducir, catedrática para explicar, filósofa para mejorar, pilluelo para penetrar, guerrero para combatir. Debe ser útil, sana, elegante, oportuna, valiente en cada artículo. Debe verse la mano enguantada que lo escribe y los labios sin manchas que lo dictan. No hay cetro mejor que un buen periódico”.

¿Nos hemos detenido suficientemente en esa frase de Martí”. Reitero solo los adjetivos: coqueta, catedrática, filósofa, pilluelo, guerrero, útil, sana, elegante, oportuna, valiente”. A mi juicio, el mayor desafío que tendrá la UPEC, en medio de la complejidad de los próximos años, será pelear con uñas y dientes para consagrar en el periodismo cubano estas virtudes, que nadie nos va a regalar. Tenemos la ventaja de 8 congresos precedentes y decenas de documentos escritos con orientaciones claras en torno a lo que, entre todos, insisto, debiéramos hacer.

7. La prensa y la profesionalidad. No hablé de profesionalidad hasta ahora, pero ojalá nos hayamos dado cuenta de que, en realidad, lo estoy haciendo desde el principio. La profesionalidad, ciertamente, depende de nosotros mismos, pero depende también de un ambiente de libertad editorial y creativa que desate la posibilidad de ser profesionales. El periodismo no es un décalogo de reglas instrumentales para hablar o escribir bien frente a los ojos de la opinión pública. Al menos, no en el siglo XXI. Ser profesionales pasa por disponer de las claves políticas, económicas y culturales para ver el mundo complejamente y luego representarlo con belleza, con una hondura que fluya de forma natural, como si la complejidad fuera invisible.

Es un camino que toma toda la vida, cuyo motor de arranque podría estar en las universidades y luego se va puliendo con el estilo, con la fuerza de la opinión, con la osadía personal, la experimentación, la voluntad de riesgo, y también, por supuesto, con un contexto que permita equivocarse y sacar lecciones, porque el error, entre nosotros, no puede ser motivo de vergüenza.

Colegas:
Estamos llamados a dar un salto definitivo y eso, a mi juicio, es posible hoy como nunca antes: nuestro socialismo se actualiza con paso firme, hay conciencia de que la comunicación y el Periodismo también deben actualizarse; cientos de profesionales han salido de las aulas universitarias listos para dar la pelea, la UPEC cumple 50 años y este tiempo le ha servido no solo para mapear los problemas, sino para consolidar su autoridad moral en función de discutir las soluciones; y hemos llegado a un punto de madurez en la sociedad que nos permite ver las cosas como son -sin eufemismos ni medias tintas.

Lo que haya que hacer, de conjunto con el Partido, las fuentes, los investigadores, los medios, las universidades, los estudiantes de Periodismo y los periodistas, hagámoslo. Cualquier piedra en el camino será infinitamente menor que el precio a pagar por esperar otro medio siglo para tener una prensa que se parezca a nosotros mismos.

*Ponencia introductoria al debate del Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) el 13 de julio de 2013.

 

Liza Josefina Porcelli: “El hábito lector se contagia”

Liza Josefina Porcelli, escritora argentina autora de varios álbumes para pre-lectores, como Colash, Purapanza y Ni se te ocurra, así como otros libros ilustrados: Letra por letra, Lo que sé de mis monstruos, ATP (H)Arta para Todo Público, Peligro de extinción y otros cuentos incómodos y Más letras que no sé qué... Foto: La Jiribilla

Liza Josefina Porcelli, escritora argentina autora de varios álbumes para pre-lectores, como Colash, Purapanza y Ni se te ocurra, así como otros libros ilustrados: Letra por letra, Lo que sé de mis monstruos, ATP (H)Arta para Todo Público, Peligro de extinción y otros cuentos incómodos y Más letras que no sé qué… Foto: La Jiribilla

Por Enrique Pérez Díaz

Tomado de La Jiribilla

Liza Josefina Porcelli ya antes había publicado en Argentina varios álbumes para pre-lectores, como Colash, Purapanza y Ni se te ocurra, así como otros libros ilustrados: Letra por letra, Lo que sé de mis monstruos, ATP (H)Arta para Todo Público, Peligro de extinción y otros cuentos incómodos y Más letras que no sé qué, este último coescrito con una vieja conocida del lector cubano: Silvia Graciella Schujer, ganadora del Premio Casa de las Américas por Cuentos y Chinventos y ya divulgada por la Editorial Gente Nueva con sus obras: La cámara oculta (2009) y La abuela electrónica (2010).

En realidad, no debe ser nada fácil para un joven autor argentino como ella darse a conocer, porque se trata de un país con una fuerte tradición literario-editorial y, sobre todo, en la esfera del quehacer para niños y jóvenes destacan firmas ya muy competitivas y de alta calidad como Laura Devetach, Gustavo Roldán, Mempo Giardinelli, Graciela Beatriz Cabal, Ana María Ramb, José Murillo, Alma Maritano, Ricardo Mariño, Graciela Montes, Adela Bach y, más recientemente, Liliana Bodoc, Graciela Bialet, Sandra Comino, Ema Wolff, Alicia Barbieris, María Cristina Ramos (candidata de este año al Premio Andersen 2014), Carlos Marianidis (Premio Casa de las Américas 2002) y la premio Hans Christian Andersen 2012 María Teresa Andruetto, ya publicada en Cuba por la editorial Gente Nueva con sus libros El caballo de Chuang Tzu (2009) y Benjamino (2013). No se debe olvidar tampoco que, como mismo en Suecia generaciones de niños y autores crecieron leyendo o viendo filmes de Astrid Lindgren y en Cuba todos nos criamos con el títere Pelusín del Monte y otras criaturas de nuestra Dora Alonso, en Argentina cada autor ha bebido en su infancia de la savia de una María Elena Walsh, cuyos libros, poemas y canciones trascendieron las fronteras de su tierra y el continente.

En medio de los avatares del Premio Casa y durante la presentación de su libro, mientras me lo dedicaba con unas enfáticas palabras, Liza y yo hablamos de la posibilidad de esta entrevista y de darse a conocer con otros libros en Cuba. Estas son algunas de sus razones para dedicarse a oficio tan hermoso, como a veces incomprendido.

¿Existe para ti una literatura infantil? ¿Una LITERATURA?, o simplemente, ¿Literatura para personas?

Existe una literatura infantil y juvenil que comparte con la literatura “más amplia” el poder transformador del lenguaje que la constituye, el placer estético de quien se acerca a ella, la reproducción gratuita —no utilitaria— de mundos imaginarios y la presencia de un lector-receptor que completa la obra literaria otorgándole sentido, resignificándola desde su propia cosmovisión. Por ello es que, a veces, me tienta decir que una obra es literatura “infantil”, así con comillas, dejando entrever que todos, grandes y chicos pueden disfrutarla porque a ambos cuestiona y moviliza. Dado que la literatura infantil y juvenil es escrita en especial para que acceda a ella un sujeto en formación, que momentáneamente no posee la maduración afectiva y las competencias de vocabulario, sintaxis y cultura general del lector adulto, hay algo evidente que la distingue.

¿Qué piensas de la infancia?

La infancia es el tiempo en el que un ser humano menos miedo tiene a equivocarse. Por eso, los chicos son naturalmente creativos y originales. Pienso en la infancia como una esponja con un poder de absorción inmenso; pienso en una tierra muy pero muy fértil, tan fértil que lo que allí plantes va a crecer. Pienso que es un periodo esencial en el que los potenciales y virtudes que cada chico trae pueden tomar forma y hacerse visibles —para él mismo y para el resto—, dependiendo de lo estimulante y promotor que sea el contexto. Por eso, creo que en la infancia se ven los primeros indicios vocacionales de una persona. Pienso en mi infancia y allí encuentro mi esencia. Pienso en mi adolescencia y allí encuentro muchas de mis verdades que hoy reactualizo.

En tu concepto, ¿los niñ@s leen hoy más o menos que antes?

En principio, creo que hoy esa es una pregunta retórica. Ya haciendo este planteo, se insinúa que los chicos leen menos que antes. Pero yo prefiero no contribuir a la creencia de que “todo pasado fue mejor”. Porque, además de no llevarme a nada, si enarbolamos los cambios tecnológicos y socio-comunicacionales (Internet en general, redes sociales, videojuegos, etc.) como lo que ahora capta la atención de los chicos, nos vamos a terminar conformando y resignando a ese nuevo esquema de realidad. A mí me gustaría cambiar entonces la pregunta y que esta sea: “¿Vos creés que antes los chicos tenían más apertura hacia la lectura o eran más permeables a la literatura?”

Y mi respuesta sería: “No, no lo creo”. “¿Creés que si en la familia o en la escuela de un chico no se promueve el disfrute de la literatura, el chico encontrará a mano más opciones que antes con las que ‘suplir’ ese hueco?” Sí, por supuesto.

Hoy como ayer los chicos se “enganchan” de la misma manera cuando llegan a un buen libro. Claro que si nadie les alcanza ese libro, en el camino hacia él hallarán muchos más “entretenedores” que antes. Pero no es que hoy los chicos lean menos que antes; los que “cambiaron” sus intereses no son ellos, sino los adultos. Los adultos somos la base de información más directa que los chicos tienen para construir sus propios hábitos y encontrar placeres. ¿Y qué pasa si el chico ve que los adultos solo pasan su tiempo frente a la computadora, la tele, o jugando videojuegos o ausentes mirando el celular? La motivación por la que un chico o un adulto lee ficción no ha cambiado. Nos sentimos atrapados por la literatura porque muchas veces nos ayuda a comprender mejor el mundo, y a nosotros mismos, a través de lo que les pasa a los personajes, lo que los personajes sienten frente a sucesos que quizá nunca llegaremos a vivir. Este fenómeno no cambia aunque pasen los años. De los adultos depende que hoy los chicos —que luego serán adolescentes— lean más o menos que antes. Si los chicos ven que los adultos disfrutan de la lectura, es imposible que eso no les genere interés, curiosidad. ¿Acaso no es casi “instintivo” espiar qué es lo que hace el de al lado que se lo ve tan entretenido? El hábito lector se contagia, no hay vuelta que darle. Encima, hoy estamos en un momento glorioso para ese contagio, porque cuando yo era chica, no había ni un décimo de la oferta literaria infantil y juvenil que hay ahora.

Mi hermano llegó de otro planeta un día de mucho viento, libro ganador del Premio Casa de las Américas 2012 en el apartado de literatura para niños y jóvenes. Foto: La Jiribilla

Mi hermano llegó de otro planeta un día de mucho viento, libro ganador del Premio Casa de las Américas 2012 en el apartado de literatura para niños y jóvenes. Foto: La Jiribilla

¿Qué piensas del tono que deben tener las historias para niñ@s?

Más que hablar del que deben tener, hablaría del que no deben tener. El tono moralizante me parece una trampa para el chico o el joven. Un engaño del tipo “me aprovecho de que estás leyendo para, de paso, bajarte línea de cómo deben ser las cosas y cómo deberías comportarte y pensar”. Ahí no hay lugar para que un receptor libre interactúe con una obra. Eso subestima al lector niño que normalmente abandonará ese libro salvo que —como suele ocurrir— sea de “lectura obligatoria” en el colegio. Por otra parte, la voz y el tono de una obra van de la mano para moldear “la promesa” que como escritora le hago al lector sobre lo que va a leer. Si esa “pintura literaria” que utiliza el autor se esfuerza por ser atractiva para el público juvenil (cayendo en jergas coloquiales que emulen la comunicación de los jóvenes, incluyendo email, mensaje de texto, etc.) entonces, el tono general de la obra me resulta demagógico y poco enriquecedor en cuanto a la creación de mundos literarios.

¿Te pareces a alguno de los personajes de tu obra?

Es llamativo que la mayoría de mis personajes son nenes u hombres. A mí misma me sorprende, más que nada porque elegir un personaje masculino me surge de manera espontánea, y luego disfruto mucho su creación, me siento cómoda allí. Debe tener que ver con que los personajes masculinos por un lado me desafían —es otro mundo del que aprendo a diario— y, además, porque a pesar de que siempre hay algo de una puesto en ese hombre o ese nene, elegirlos me permite alejarme de mí. Todavía hay mucho de mi “biografía sicológica” que no se ha trasmutado ni sublimado a través de la escritura. Por eso, cada vez que escribo desde un personaje mujer, aún se pone en juego demasiada carga íntima, al punto de agotarme o perturbarme.

¿Cómo concibes idealmente a un autor para niñ@s?

Para responder, imagino el autor para niños que me gustaría leer a mí —por las obras que intuyo podría escribir—. Sería alguien con mucho sentido del humor y mucha sensibilidad —al humor y a la sensibilidad le sumaría, por supuesto, la habilidad narrativa—. Sería alguien de espíritu libre, un tanto rebelde quizá. Y, por sobre todo, alguien que en su vida cotidiana no le hable a los chicos con diminutivos. Por el contrario, que respete ideológicamente a los chicos, a su discernimiento y a sus capacidades como lectores. Sigue leyendo

Planeta planetario: el mundo de Diana Fuentes

Será sol, es el primer sencillo que promocionará el nuevo disco de Diana Fuentes.

Será sol, es el primer sencillo que promocionará el nuevo disco de Diana Fuentes.

Por estos días Diana Fuentes está enfrascada en los toques finales de su nueva producción discográfica Planeta Planetario. Esta entrevista es un fragmento de la conversación que sostuvimos en La Habana el año pasado y que salió publicada en el no. 51 de la revista La Calle del Medio.

La cantante Diana Fuentes lleva un tiempo sin presentarse en los escenarios cubanos. Aún así su música sigue estando en la banda sonora que escuchan diariamente muchos de sus seguidores.

En este tiempo de ausencia la artista ha probado su talento como actriz en el filme ecuatoriano-cubano “Criaturas abandonadas” y se enfrascó en la preparación de una nueva producción musical.

Lo que a la altura de febrero todavía era un proyecto en ciernes, hoy es una realidad. Con su nuevo trabajo discográfico, Diana Fuentes vuelve sobre algunos de los temas que ha abordado a lo largo de su carrera y a la vez presta atención a elementos identitarios de las culturas cubana y latinoamericana, para sumarlos a su forma de expresarse y de entender la música.

En este sentido, el nuevo disco, al decir de la artista, es un reflejo de la etapa vital que está viviendo en estos momentos.

En febrero anunciabas que estabas preparando un nuevo disco. A seis meses de esa declaración, ¿qué noticias nos puedes dar al respecto?

-Estoy terminando el disco, que ha tomado un año de realización. Nos hemos dedicado a ser bastante minuciosos, detallistas, por el itinerario de trabajo de Eduardo, que es bien apretado. Pero nosotros, en vez de ir al cine, de salir y de ir a fiestas, nos quedamos trabajando en la casa. Ha sido superinteresante. El disco se va a llamar Planeta planetario.

¿Por qué Planeta planetario?

-Yo estoy compartiendo mi vida y mi tiempo en dos islas. Dos islas que se parecen muchísimo, porque la gente es similar y me encanta estar rodeada por agua. Creo que nunca pudiera estar en un lugar por más de 20 días sin ver el mar o sin que lo pueda oler al menos. Creo que me daría un ataque de claustrofobia.

Siento mucho a Cuba en Puerto Rico. Entonces, ¿por qué Planeta planetario? Porque a pesar de todo esto, que es tan maravilloso, también está la cuestión de que yo estuve alejada de aquí un tiempo, alejada de mis padres, de mi familia, de mi país, alejada también un poco de mi música, y me he dado cuenta de que no importa dónde estés si tú te tienes a ti, si tienes tus cosas bien fuertes, arraigadas. No hay nada que a mí me quite el amor a mi país, ni el amor a mis padres, dondequiera que esté. Cuando estuve en Puerto Rico, que está a dos horas y tanto de aquí, tuve momentos de pensar que no podría estar allá, y me decía: qué yo hago aquí, me quiero ir. Y me creé este «planeta planetario» que lo forman mi música, toda la gente que yo amo, el amor que me da mi esposo, millones de cosas que me inventé, todo un mundo. Ese es mi “planeta planetario”.

¿Cuántos temas tiene el disco?

-El disco tiene diez cortes musicales, con una introducción, un interludio y un autro. Eso yo no lo había hecho en mi primer disco, va a ser bien interesante porque lo queremos comenzar narrando qué es el Planeta planetario. También los planetarios pueden ser estos personajes que me pudieron habitar en algún momento para escribir las canciones, o sabrá Dios si es un ángel guardián que me cuida cuando estoy sola. No sé. Pero también queremos que sea medio mágico, fantasioso, onírico, que tenga estos elementos. Entonces de eso sería la intro. El autro es un tema que tenemos medio armado, medio vocalizado. Realmente el disco es un planeta, no estamos trabajando un solo género como tal.

En una ocasión mencionaste que componer canciones es una tarea ardua. ¿En este disco vuelves a probarte como compositora?

-Hay un tema de Carlos Varela, que para mí es un compositor que toda la vida tendré en mis proyectos musicales porque amo su trabajo, amo su música, amo las imágenes que me dan sus letras y entiendo perfectamente todo lo que él quiere decir. Hay una canción de Kelvis Ochoa, que es la primera vez que lo interpreto, y todo lo demás ha sido coautoría, con William Vivanco, con el compositor argentino Vati, que conocí en Puerto Rico y que me deja un tema que quizás le da un giro completo al disco y es como una especie de tango sin serlo, porque tiene un bandoneón. Es un tema bien particular. Me he puesto a escribir mucho. Yo creo que nunca va a dejar de ser un trabajo complicado. De hecho tú ves que los escritores están a punto de terminar su libro y lo vuelven a repasar, a quitar y a poner cosas. Esto de escribir letras es bien complicado, porque estás hablando, estás diciendo, son palabras que van a quedar plasmadas ahí para siempre. Sí cuesta, pero he fluido un poco más.

¿Cuáles son los temas de los que hablas en esta nueva producción discográfica?

-Hablo del amor, porque para mí el amor lo mueve todo. También hay una sátira a los chismosos, a las malas lenguas, y lo digo así: “qué escucho, una ráfaga de intrusos, que arrastran por debajo“, como si fuera muy poético; pero al final lo que estoy es diciéndoles: “compadre, métete en tu vida”. El disco va también sobre el poder de la mujer, de nosotras. Creo que es un tema al que se le está dando fuerza aquí y yo no me quería quedar tampoco con el deseo de hacerlo. Hablo sobre adónde podemos llegar en todos los aspectos, de ir sin miedo. Es verdad que siempre estamos acompañadas por ellos, nos encantan, los disfrutamos, pero nosotras tenemos todo para hacer lo que queramos solas. Este tema va abierto, lo puedes cantar tú misma, te lo puedes adjudicar a ti que eres la reina de tu casa, la reina de tu vida, la reina de tu espacio, con toda tu sensualidad, con toda tu inteligencia, pues lo tienes todo y lo das todo. Vas dejando flores por todas partes. Tengo una conga y hay unas ideas bien interesantes con el video que queremos hacer con ella. Son temas sociales, porque es lo que siento ahora. Estoy escribiendo un tema más, que queremos incluir y sería el diez. Me senté a hablar sobre estos días que son complicados, en los que de momento puede cambiar una vida por una decisión, una forma de verla, y porque a veces para molestar a los otros haces algo, y no, porque después de un día nublado va a venir uno soleado; es como el dicho este que dice que después de la tormenta siempre sale el sol y viene la calma. Pues es más o menos eso.

¿Planeta planetario tendrá un concierto de presentación?

-Sí. Queremos organizar una serie de conciertos, porque yo nunca he hecho una gira nacional. Nunca he tocado fuera de La Habana, salvo en Matanzas. El disco debe de estar saliendo entre septiembre y octubre, con un sencillo que vamos a sacar primero con un video, y esperamos que se pueda rotar en la radio de la Isla. Entonces organizaremos esta gira nacional que debe estar comenzando a principios del año que viene. Empezaríamos por el oriente del país y terminaríamos en La Habana, para hacer el lanzamiento del disco.

¿Cómo crees que reciba el público esta nueva propuesta que le vas a ofrecer?

-Creo, con toda modestia, que les va a encantar. A mí me encanta. Hemos hecho la prueba con mi familia, que para mí es el mejor público, el más crítico que yo tengo. Hemos hecho también como unos ejercicios de audición con algunos amigos y todo el mundo está supercontento. Yo estoy feliz y confío en que si yo me siento cómoda y me siento bien con lo que estoy haciendo, a la gente le guste también. Sé que va a funcionar. Obvio, tengo un refrán de mi abuela que no olvido nunca: “No todo el mundo es dulce de guayaba para gustarle a la gente”. Hay a quienes les gusta más la mermelada de mango, entonces, ¿qué vas a hacer? Estoy segura de que sí va a gustar, de que le va a ir bien y el primer single va a ser Planeta planetario, un tema bien interesante.

Publicado originalmente en Cubahora

Deseos y bienvenidas

Esta canción se la regalé hace algún tiempo a la Nube, cuando había tristezas rondando su alivio. No sé si logré disiparlas, pero era el más cercano conjuro que tenía para ofrecerle.  Hoy supe que Soy la Isla se recupera de una dolencia física, de esos malestares con los que el cuerpo nos sume obligatoriamente a un reposo no deseado, y que le ha nacido un nuevo retoño a la blogosfera cubana, Causas y azares, el nuevo hijo de Leticia Martínez. Con este parto el árbol de nuestros decires se vuelve más frondoso. Creo que son buenos motivos para regalar esta canción de un casi desconocido Augusto Blanca, compartida con Silvio Rodríguez.
El tercer deseo
Voy a irte a buscar allí,
al pedazo de noche en que
tropezaron de pronto,
tus ojos, mis ojos,
tan llenos de igual soledad… allí.

Voy a irte a buscar allí,
a tratar de retroceder,
transitar por el tiempo
y volverte a encontrar
en el mismo lugar que te vi… allí.

Voy a irte a buscar
al instante preciso
en que nuestros rumbos
se unieron en la multitud.

Voy a irte a buscar
al tumulto de pasos,
de rostros, de voces y luces
donde te perdí;
voy a volver, regresaré,
ve tú también.

Voy a irte a buscar allí,
a acampar para siempre en ti,
y esta vez no habrá fuerza posible
capaz de evitar este encuentro
que presentí.

Voy a irte a buscar allí,
hace un siglo te conocí,
y esta vez no te vas a esfumar
la marea te trajo por fin
hasta mi país.

Voy a irte a buscar
aunque en ello me juegue
mi tercer deseo,
mi última oportunidad.

Voy a irte a buscar
a través de las miles de vidas
que distan de ti
desde ayer a las diez;
voy a volver,
regresaré,
ve tú también
y espérame…
ayer…
allí…

(1985)

Un arcoiris para el sol

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Ahora mismo desde La Habana si miras al sol descubres que lo rodea, en un círculo perfecto, un arcoiris. Y no me interesa saber el nombre científico de la magia -halo solar-, ni de las causas que trajeron este milagro raro que nos hace mirar al cielo con una persistencia mayor que la habitual -refracción de la luz del sol provocada por  cristales de hielo en suspensión en la Troposfera-, ni de que este es un lugar raro para que ocurra este tipo de hechos – no estamos en Alaska- como si esta ciudad y sus gentes no se merecieran la oportunidad, la algarabía, la risa cómplice por las cosas pequeñas, los presagios de cosas venturosas para todos.

Y no es el fin del mundo, ni es un ovni sobrevolando la ciudad con su estómago lleno de criaturas extrañas listas para colonizarnos. Son cristales de hielo, es el sol alumbrando una ciudad con una compañía inusual, es la magia, casi el milagro, el misterio. A veces sobran las explicaciones y las advertencias. A veces basta salir a mirar el arcoiris que rodea el sol, antes de sea algo que otros te cuenten, salir a mirar el sol y quedarte ciego, porque eso es lo que hace la belleza, cegarnos un poco, dejarnos con la duda de que si todo lo que vimos pudimos llevarlo en las pupilas, con nosotros, para cuando nos haga falta ponerlo de escudo contra lo horrible.

Fotos tomadas de Cubahora