Isaily Pérez: “La poesía no salva de nada, solo acompaña”

Isaily Pérez, poetisa cubana

“No dudes tú de mí

e intenta no olvidarme cuando la noche caiga

(aunque en cosas tan móviles solo un dios tenga

certeza)

la impermanencia es difícil prueba.”

Regreso a Knole House

Supe un día ya lejano y sin marcas en ningún calendario que en Santa Clara tejía con versos su existencia una poeta de nombre Isaily Pérez. Con una pequeña muestra de su obra, encontrada en Queredlas cual las hacéis, antología de jóvenes poetisas cubanas del siglo XXI,  anduve buscando el modo de conversar con su hacedora hasta que vino la oportunidad.

A veces en una entrevista no importan mucho las interrogantes sino la disposición del interlocutor a ofrecerse sin ambages, a creer oportuna la mirada que lo inquiere y útil o interesante la suya propia sobre los diarios acontecimientos.  Hay espacios en el tiempo en que se echan fuera determinadas confesiones, apenas si se menciona una palabra a modo de contraseña.

Las preguntas se armaron desobedeciendo reglas, no buscaban lo absoluto o redundante, solo abrir una hendija y dejar pasar, como si de un soplo se tratara, a Isaily.

Por eso no hablamos de su trabajo como editora en la villaclareña Sed de Belleza, ni de su libro Una tela sobre el bosque, premiado en el Calendario de 2006, tampoco de La vida en otra parte, volumen publicado por Ediciones Aldabón en el 2009. Nada de premios, antologías, apariciones públicas, menos de las maneras de concebir la poesía, pues hay procesos que no se develan ni explican, solo se ponen delante de los ojos, y apenas alcanza uno a comprender el estremecimiento que los ha provocado. 

¿Qué título de otro autor te hubiera gustado para un libro tuyo?

 “El cielo protector”, en inglés, tan bellamente sonoro, “The shelterin sky”. Es un libro de Paul Bowles y luego una película de Bertoluci.  Lo hice mío al usarlo como título de un poema.

Sabemos que las palabras tienen su propia sonoridad, su propio ritmo, pero hay quienes al convocarlas intentan seducirlas o hacerlas acompañar  con alguna armonía. En tu caso, ¿qué música escuchas cuando escribes?

Nada, solo silencio.

La urdimbre de la escritura se espesa o alarga de acuerdo con cada escritor. No podríamos dictaminar una fórmula, pues no existe. Solo queda como sabes, escribirlo todo, todo el tiempo. En este sentido, ¿dónde escribes, a qué hora, cuánto tiempo?

Nunca a diario. Generalmente en la noche, por la tranquilidad. Escribo todo el tiempo que el poema necesite. A veces he levantado la vista y han pasado cuatro o cinco horas que parecieron cinco minutos.

¿Cuáles visiones y fatigas están siendo escritas en estos momentos?

Termino, sin saber cuándo se termina, un libro que contiene poemas a las cosas sencillas, a las que acompañan desde siempre: las tazas, los muebles, las lucetas.

Hay quien desdeña leer cualquier tipo de libro mientras vive en pleno acto creativo por el deseo –a veces ingenuo- de preservar la escritura de posibles influencias, ¿en estos momentos lees algo?

Lamentablemente nada glamoroso: la Norma Editorial, que se me ha olvidado un poco. Hace unos días terminé La carretera de Cormac McCarthy, el libro mejor y más terrible que he leído en años, y ojalá no lo hubiera hecho. 

¿Qué verso nunca has olvidado?

Y sin embargo sé que son tinieblas// las luces del hogar a que me aferro, // me agarro a una mampara, a un hondo hierro// y sin embargo sé que son tinieblas. Fina García Marruz.

¿Cómo te salva la poesía de los escollos diarios?

No salva de nada, solo acompaña.

Hay lugares tan inusuales para leer como lectores existen, aunque en muchos casos la cama, como mejor sitio de lectura, gana por mayor número de adeptos,  ¿qué libro consideras ideal para leer en el baño?

Algunos prefieren leer en el baño, yo leo en la cama casi siempre.

Supongo que como filóloga y escritora tienes una relación significativa con las palabras, pero si tuvieras que elegir ¿cuál sería tu palabra favorita?

No soy muy buena con el cuestionario de Bernard Pivot, me viene a la mente “resurrección”.       

Y en caso contrario, ¿cuál es la palabra cuya connotación provoca que la quieras desaparecer del mundo?

Angustia, odio como suena y lo que significa.

Entre tantas historias leídas con denuedo o displicencia, ¿qué libro recomiendas leer y por qué?

La Biblia: tan humana, maravillosamente sobrenatural, y termina bien. ¿Qué más se puede pedir?

Con el séptimo arte, textos otros que “leemos” y nos “leen”, también establecemos relaciones de singular dependencia. Si tuvieras ahora mismo que organizar la programación de un cine,  ¿cuáles serían las películas elegidas?

Comedias. Estaba viendo anoche Lo mejor del show de Benny Hill. El que tenga más de 38 años sabrá de qué hablo.


En estos tiempos en que vivimos tan saturados sonoramente, ¿qué música recomiendas escuchar?

La que a cada cual le guste. Yo escucho de todo, omnívoramente.

¿Qué hace a un día un buen día?

Eso nadie lo sabe. Uno se levanta bien o mal y ya está. No depende de uno, pero un buen café en un lugar tranquilo puede arreglar muchas cosas.

Si pudieras compartir un buen recuerdo.

Me recuerdo de niña, en la playa, recogiendo algo en una orilla llena de piedrecitas, y de pequeños animalillos que se movían, les llamaban “agujones”. El sol calentaba tibiamente, la mañana solo estaba empezando, y todo estaba lleno de promesas.

 Publicado originalmente en la revista La calle del Medio, # 63

Perspectiva

Los remos de Kcho, sostenidos por el Malecón…

Cualquiera puede buscar el oleaje que precisa

o quedarse en la orilla, pulir los remos,

imaginar la huella líquida en la madera virgen y sedienta,

los límites del agua

la posible profundidad, el cálculo erróneo.

Las redes se tejen en tierra

pero van al mar para probar su consistencia

su validez de trampa y de arrepentimiento,

el pretexto de su urdimbre.

La quietud  y la zozobra desde lo firme

tienen distinta corporeidad.

Mayo 23

la tarde a veces se muere de esta manera, en este lugar. Foto: Sheyla Valladares

la tarde a veces se muere de esta manera, en este lugar. Foto: Sheyla Valladares

Rosana Berjaga amaneció regalando barcos, amarres, el mar, y yo que estaba desde hace días intentado anclar alguna palabra me quedé rondando estas imágenes.  Y recordando esta otra fotografía que una tarde ya lejana le robé al Malecón de La Habana, salió este poema que ha venido a equilibrar el jueves.

Mayo 23

Hay quien sale a pescar

al borde del mar,

sin otra suerte

que la de marchar solo

a encontrar lo inesperado

o precisamente

lo que sabía detenido

esperando el tropiezo.  

Y a la certidumbre

de cargar

a una misma hora

con el necio, el ruin y el benevolente,

se une el miedo

por ser devorado

antes de resarcir las deudas,  

coserse la piel,

eructar un puñado de palabras difíciles e

impostergables.

Y el mar lo mira a uno

en su aparente docilidad,

acechante,

con los abismos listos para engullirnos,

con una tumba que no llevará nuestro nombre.  

Así, quién arriesgue un día recordarnos

solo tendrá que mirar el horizonte

y creer que siempre se vuelve,

que ningún destino está la suficientemente lejos.  

©Sheyla Valladares

Madrugada

"Abajo estoy despierta", obra de Cirenaica Moreira

“Abajo estoy despierta”, obra de Cirenaica Moreira

La madrugada no vuelve a ser igual después de que has escuchado a un hombre golpear a una mujer. No vuelve a ser igual cuando comprendes que ella no tiene las fuerzas precisas para abandonarlo, denunciarlo, romper el lazo. No vuelve a ser igual cuando sabes que las marcas del cuerpo se borrarán para que en ese mismo lugar, vuelvan a crecer nuevas y más profundas formas de la violencia contra ella, que en el peor de los casos confundirá con amor o creerá que la tiene merecida, porque una mujer le pertenece a su hombre y por lo tanto está bien el castigo. Luego de este dolor que sentía mío, solo pude escribir esto.

Cómo será el sonido de lo que dentro queda roto para siempre, desacido de su centro,

huérfano de los lazos que antes lo mantuvieron sujeto a algún lugar, que tuvo su nombre y su alegría.

Cómo será el color de esas zonas donde el espanto es mascullado entre pezados de piel,

buches de sangre, algún diente colgante, la nariz rota,

el estómago adolorido.

Cómo de grande es la distancia para llegar a la protección,

para sacarte de encima un cuerpo conocido hasta un segundo antes,

para empuñar el cuchillo, la rabia,

para dar el portazo definitivo, para que la madrugada sea el tajo por el que se escapa al fin

a la vida.

Cómo se sobrevive a la humillación, al desfiguramiento del rostro

y de los pedazos danzantes que el alma tuvo en algún momento de paz, de lucidez.

Cómo se pide ayuda, cómo uno se eleva por encima de dolor y puede permanecer intacta,

mirar de frente, ofrecer al otro día una mujer completamente nueva, que cerró el círculo,

que no se dejó vencer, que encadenó para siempre el puño que la mancilló.

 

Poesirespirando

Hoy atardecí con ganas de poesía por eso les dejo un pequeño poema que escribí hace algún tiempo. Fue escrito en una época fecunda. Nació en la sala de espera de una oficina, en las páginas finales de mi agenda, el lugar preferido para estos partos intempestivos y febriles. También les regalo la Gymnopédie No.1 de Erik Satie , para que si gustan acompañen los versos con las notas de este piano que en ciertas tardes me trae mucha paz.

Blindness

Delante de mí

puede haber ahora mismo

un faro

una larga constelación

de Perseidas

un tigre de Bengala

con las fauces listas para mi carne

y  no vería nada.

 

Delante de mí

cien puertas abiertas

una  ventana en clausura

el huso y la rueca

un gorrión muerto

los designios de Elegguá

el torrente.

 

Y nada será dicho antes de tiempo.

Nadie me mirará a los ojos

y  descubrirá para mí el camino.

Hadas

Hay días en que una salgo a la calle con buen pie, definitivamente, aunque cuando abro lo ojos y  me levanto, sé en el segundo siguiente que voy a extrañar  el calor de las sábanas que acabo de dejar.  Hay días  en los que  estoy sentada en la oficina y el sol brilla afuera y centellea sobre alguna piedra en la calle y oigo el ruido de la ciudad a lo lejos y quisiera estar por ahí caminando despeinada con el airecito que sopla esta mañana. Hay días para sorprenderse, para alegrarse con esta canción que alguien compartió en fb y no imaginó el regalo que me estaba haciendo.

Yo también tengo un hada en mi casa
Sobre los canalones chorreantes
La encontré sobre un tejado
Con la cola del vestido ardiendo
Era por la mañana, se olía el café
Todo estaba cubierto de escarcha
Ella se escondió bajo un libro
Y la luna terminaba borracha

Yo también tengo un hada en mi casa
Y la cola de su vestido está quemada
Ella debe sabe que no puede
Que no podrá nunca jamás volar
Otras lo han intentado antes que ella
Antes que tú hubo otra
La encontré replegada bajo sus alas
Y creí que tenía frío

Yo también tengo un hada en mi casa
Desde mis estanterías mira hacia arriba
A la televisión pensando
Que fuera está la guerra
Lee periódicos diversos
Y se queda en casa
En la ventana, contando las horas
En la ventana, contando las horas

Yo también tengo un hada en mi casa
Y mientras come
Hace ruido con sus alas quemadas
Y sé que no está bien
Pero yo prefiero darle un beso
O sujetarla entre mis dedos
Yo también tengo un hada en mi casa
Que querría volar, pero no puede…

Esta canción no la conocía hasta este sábado en que supe que en el mundo habitaba Zaz…

Gleyvis Coro Montanet o la atropellada música de las palabras

Gleyvis Coro Montanet, poeta y narradora cubana.

Gleyvis Coro Montanet, poeta y narradora cubana.

Primero le agradecí -chat mediante-  su libro de poesías Jaulas, después le pedí me contestara una preguntas locas que tomé de varios lugares. Lo que sigue es resultado de ese día de encuentro en facebook.

¿Qué título de otro autor te hubiera gustado para un libro tuyo?

“Caída y decadencia de casi todo el mundo”

¿Qué música escuchas cuando escribes?

La atropellada música de las palabras generándose, descascarándose de mi cabeza, chocando y compitiendo unas con otras.

¿Dónde escribes, a qué hora, cuánto tiempo?

Donde puedo, a la hora que puedo, todo el tiempo que puedo. Lo que al final, nunca es mucho y jamás suficiente.

¿Qué escribes en estos momentos?

Poesía y teatro poético.

¿Qué lees en estos momentos?

Mamotretos para mi tesis.

¿Qué libro es ideal para leer en el baño?

Ninguno. El baño es un lugar muy incómodo para leer:  frío, húmedo, encuevado. Mejor transitar rápidamente por él, acabar pronto y leer en mejores condiciones.

¿Cuál es el lugar de tu casa que más te gusta?

La computadora.

¿Cuál es tu palabra favorita?

No tengo palabra favorita.

¿Cuál es la palabra que más odias?

No odio ninguna palabra. Quizás alguna que se utilice demasiado en un comentario o ámbito, me puede resultar algo impertinente, pero es culpa del abuso del dialogante, o de la influencia del contexto, no de la palabra misma y tampoco de su significado.

¿Qué libro recomiendas leer y por qué?

La guerra del fin del mundo. Porque es el mejor libro del mundo.

¿Qué película recomiendas ver y por qué?

“El lector”. Porque ayuda a comprender que nada -ni nadie- es malo. Y que leer es una terapia.

 ¿Qué música recomiendas escuchar y por qué?

Toda música es recomendable, hasta -y bien mirado- el reguetón.

¿Qué hace a un día un buen día?

El logro absoluto y favorable de los objetivos propuestos para el día.

¿Si pudieras compartir un buen recuerdo?

Es más bien una anécdota. Desde pequeña, incluso antes de la edad escolar, me obsesionaban los significados de las palabras escritas. me la pasaba pregutándole a mi bisabuela -la persona mayor que más tenía a mi alcance entonces- qué decía en  aquel y aquel y aquel otro cartel. Debí agobiarla bastante con mi letrada curiosidad. Mi bisabuela solía decir que había visto a pocas personas más necesitadas de aprender a leer.

La poesía de Gleyvis es de esas que martilla sin pudor sobre las cosas torcidas y sobre la manera torcida que a veces los seres humanos nos empeñamos en ver las cosas. Acá les dejo dos de los poemas que prefiero de su libro Jaulas.

No eras tan malo

Eras nocivo como el líquido
del veneno en el frasco ámbar,
claramente nocivo como el rótulo: veneno,
en letra capital de imprenta antigua.
Eras agudo como la punta
de la espada de mango decimonónico.
Quemante como la letra encendida
que se hundía en la piel de la bestia rolliza

de un colono bondadoso.
Tenías la gravedad del canto de la uña
que nos hiere, de soslayo,
cuando persigue otra cosa.
Eras letal a la usanza difunta,
a la manera noble que quizás anunciaba
que me ibas a morder en una zona un segundo.
Pero no eras ninguna de estas bocas  modernas
que desgarran y se van.
Nunca una estridencia, jamás un insulto.
Eras dañino de un modo
sosegado y romántico.
Y no eras peor que eso.

 

************

Poema político

Este es el poema donde
combato
la incapacidad de mi jefe
para comprender la poesía,
más el rechazo de mis
jefes anteriores
hacia la poesía de cualquier tipo.

Este es el poema de una
política
hacia la poesía que
sintetizo
en la figura de mi jefe
actual y combato
desde poses muy calmadas
como terminar pronto el
poema
porque a la larga son los
jefes
y no por humillarlos en
público
van a comprender la
poesía.

**************

Nunca le pidas que se quede

Nunca le pidas que se
quede
Pedirlo así: no me
abandones,
suena tan mal.
A estas alturas
de la historia del mundo,
a esta edad: no me
abandones.
Pedirlo con la voz rajada
o altiva, con el énfasis
y el brillo en los ojos,
con frases como quédate o
regresa,
o con gestos sinónimos,
luce tan mal sobre el
tapiz estrujado de ese
día en que te dejan,
(donde además está
negro porque te dejan).
Luce tan feo que mejor
no lo dices, o todo se
pondrá ridículo, y triste,
y más negro de lo que
estaba y él se irá de
todas formas.

************

El amor propio

Pobre de quien perdió la
cuenta de las veces que
lo abandonaron y ahora
sólo le pesa lo vago –la
huella inexacta– de
aquel error sin número
que no dejó de doler u
ocurrir porque lo dejara
de contar. Dichoso el
que conservó su
elegancia, manejó sin
titubeos la nave de la
vida y ahora nada le
pesa, sino que lo cuenta,
con impetuoso
entusiasmo, al círculo de
sus parientes. Yo no fui
como ellos. Me
abandonaron y
abandoné en
proporciones idénticas.
Choqué contra otras
naves la nave de la vida,
y si el daño no fue
recíproco y me hirieron
más, no me quejo,
porque todo lo que me
pegó con saña, le hizo
bien a mi poesía.


Gleyvis Coro Montanet (Pinar del Río, 1974). Poeta, narradora y ensayista. Graduada en Estomatología. Tiene publicados el cuaderno de narrativa Con los pies en las nubes y los poemarios Cantares de Novo-hem, Escribir en la piedra, Poemas Briosos y Aguardando al guardabosque. Recibió el Premio UNEAC 2006 con su novela La burbuja.

 

Óscar Wao quiere estar menos solo

Junot Díaz, escritor Junot Díaz es mitad dominicano y mitad norteamericano o es dos tercio lo uno y no lo otro, pero pensándolo bien eso no es lo importante. Lo verdaderamente revelador es que Junot Díaz nunca se ha olvidado de su pertenencia a la parte dominicana de esa isla bicéfala que está clavada en el Caribe.  Es escritor. Y ha escrito la novela La breve y maravillosa vida de Óscar Wao. Un libro que leí y perdí por culpa de la costumbre de extender los círculos de influencia de un libro. Como inaginarán nunca retornó a mis manos. Pero creo valió el esfuerzo con tal de que Óscar y su padre Junot o su hermano, fueran  conocidos. Aunque no lo digo en voz alta, pienso que más temprano que tarde me lo devolverán o en última instancia lo volveré a comprar (dos ejemplares) para mí y para un amigo que lo quiere leer. Extendiendo los círculos, ya ven.

Hace un rato vi un video en el que Junot hablaba precisamente de Óscar, el gordito nerd, virgen, loco por la ciencia ficción, fan número uno de Tolkien. Y me impresionó como logró condensar en una sola frase todo el universo que integra su novela, donde habita tanta gente, tanta historia, el Trujillato y su horror, Cuba, las relaciones familiares, el realismo mágico de estas tierras, la defensa de la identidad de género, y solo dijo: Óscar lo único que quiere es escapar de la soledad.   Así, tan limpio y tan claro.

Y mientras pensaba en esto que quería escribirles, recordé la frase de Junot y también un poema de Idea Vilariño, mi poesía de cabecera junto a la de Dulce María Loynaz. Vilariño escribió un día que murió una persona muy querida:

Uno siempre está solo

pero

a veces

está más solo

Tal vez Junot nunca leyó estos versos, pero Óscar sentía precisamente esto: la soledad eterna a la estamos confinados los humanos y lo único por lo que luchaba denodadamente, a su manera y con sus recursos,  era para estar menos solo, para construir un puente por el cual  caminar hasta encontrar alguna mano que le hiciera sentir  la soledad menos densa. De ahí los lazos con su madre, con su hermana, con su abuela, con la tierra dominicana y las maldiciones y conjuros que gravitan en su aire.

Pero esto lo supe después. Primero fue saber de la existencia de Junot Díaz, ganador del Pulitzer,  de Óscar Wao y su breve y maravillosa vida por medio de una reseña, de esas invitaciones francas que no te permiten dormir esa noche sin el libro que recomiendan, que aún cuando pasen  meses de andadura estéril por las librerías de la ciudad,  llegado el día de gracia, te brinque el corazón porque encontraste el libro y porque lo vas a leer.

Así debiera suceder siempre. Si no es un libro que un amigo te pone delante de los ojos, al menos que alguien, sobre todo los que debieran hacerlo por su trabajo y preparación te lo indique, sin circunloquios o tecnicismos porque de lo que se trata es de provocar, de azuzar la curiosidad, el apetito lector. Y así nutrirnos.

Artículos relacionados:

Reseña La maravillosa novela “breve” de Junot Díaz, publicada por La Ventana, portal informativo de la Casa de las Américas, institución que publicó la edición cubana de la obra.

Mujer negra

Nancy Morejón, poeta cubana, Premio Nacional de Literatura 2001

Nancy Morejón, poeta cubana, Premio Nacional de Literatura 2001

La tarde ya no podía irse sin que yo dejara estos dos poemas de la cubana Nancy Morejón en este lugar. Su poesía de los ayeres que guardan el cuerpo y la memoria; los pilares de tierra sobre los que hemos levantado nuestra humanidad incompleta y agreste. Me debía este placer, este encuentro primero con la palabra de una mujer de hablar pausado, que se preocupa por los altos pensamientos y al mismo tiempo y sin vergüenza, también encuentra resonancias allí donde pudiera parecer que no existen materias inspiradoras del verso. Una mujer que levantó su raíz y su credo y los puso a vibrar para que todos los que pasáramos por su lado los oyéramos.

AMO A MI AMO

Amo a mi amo.
Recojo la leña para encender su fuego cotidiano.
Amo sus ojos claros.
Mansa cual cordero
esparzo gotas de miel por sus orejas.
Amo sus manos
que me depositaron sobre un lecho de hierbas:
Mi amo muerde y subyuga.
Me cuenta historias sigilosas mientras
abanico su cuerpo cundido de llagas y balazos,
de días de sol y guerra de rapiña.
Amo sus pies que piratearon y rodaron
por tierras ajenas.
Los froto con los polvos más finos
que encontré, una mañana,
saliendo de la vega.
Tañó la vihuela y de su garganta salían
coplas sonoras, como nacidas de la garganta de Manrique.
Yo quería haber oído una marímbula sonar.
Amo su boca roja, fina,
desde donde van saliendo palabras
que no alcanzo a descifrar
todavía. Mi lengua para él ya no es la suya.

Y la seda del tiempo hecha trizas.

Oyendo hablar a los viejos guardieros, supe
que mi amor
da latigazos en las calderas del ingenio,
como si fueran un infierno, el de aquel Señor Dios
de quien me hablaba sin cesar.

¿Qué me dirá?
¿Por qué vivo en la morada ideal para un murciélago?
¿Por qué le sirvo?
¿Adonde va en su espléndido coche
tirado por caballos más felices que yo?
Mi amor es como la maleza que cubre la dotación,
única posesión inexpugnable mía.

Maldigo

esta bata de muselina que me ha impuesto;
estos encajes vanos que despiadado me endilgó;
estos quehaceres para mí en el atardecer sin girasoles;
esta lengua abigarradamente hostil que no mastico;
estos senos de piedra que no pueden siquiera amamantarlo;
este vientre rajado por su látigo inmemorial;
este maldito corazón.

Amo a mi amo pero todas las noches,
cuando atravieso la vereda florida hacia el cañaveral
donde a hurtadillas hemos hecho el amor,
me veo cuchillo en mano, desollándole como a una res
sin culpa.

Ensordecedores toques de tambor ya no me dejan
oír sus quebrantos, ni sus quejas.
Las campanas me llaman…

***********

MUJER NEGRA

Todavía huelo la espuma del mar que me hicieron atravesar.
La noche, no puedo recordarla.
Ni el mismo océano podría recordarla.
Pero no olvido el primer alcatraz que divisé.
Altas, las nubes, como inocentes testigos presenciales.
Acaso no he olvidado ni mi costa perdida, ni mi lengua ancestral
Me dejaron aquí y aquí he vivido.
Y porque trabajé como una bestia,
aquí volví a nacer.
A cuanta epopeya mandinga intenté recurrir.

                        Me rebelé.
Su Merced me compró en una plaza.
Bordé la casaca de su Merced y un hijo macho le parí.
Mi hijo no tuvo nombre.
Y su Merced murió a manos de un impecable lord inglés.

                        Anduve.
Esta es la tierra donde padecí bocabajos y azotes.
Bogué a lo largo de todos sus ríos.
Bajo su sol sembré, recolecté y las cosechas no comí.
Por casa tuve un barracón.
Yo misma traje piedras para edificarlo,
pero canté al natural compás de los pájaros nacionales.

                        Me sublevé.
En esta tierra toqué la sangre húmeda
y los huesos podridos de muchos otros,
traídos a ella, o no, igual que yo.
Ya nunca más imaginé el camin a Guinea.
¿Era a Guinea? ¿A Benín? ¿Era a
Madagascar? ¿O a Cabo Verde?
Trabajé mucho más.
Fundé mejor mi canto milenario y mi esperanza.
Aquí construí mi mundo.

                        Me fui al monte.
Mi real independencia fue el palenque
y cabalgué entre las tropas de Maceo.
Sólo un siglo más tarde,
junto a mis descendientes,
desde una azul montaña.

                        Bajé de la Sierra
Para acabar con capitales y usureros,
con generales y burgueses.
Ahora soy: sólo hoy tenemos y creamos.
Nada nos es ajeno.
Nuestra la tierra.
Nuestros el mar y el cielo.
Nuestras la magia y la quimera.
Iguales míos, aquí los veo bailar
alrededor del árbol que plantamos para el comunismo.
Su pródiga madera ya resuena.