A cada quién su cine

 

El Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano llega cada diciembre a La Habana

El Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano llega cada diciembre a La Habana

Diciembre es sinónimo de cine en la Habana. La vida se vuelca al espacio íntimo de las salas oscuras de los cines. Y uno aprende a respirar, a emocionarse, a compartir quejidos, suspiros, risas y el hastío también, junto a decenas de personas que ensayan los mismos gestos en la oscuridad. Dentro del cine nace un animal colectivo, que siente al unísono muchas veces, que aprende a moverse en la misma dirección con sus cientos de piernas y brazos y su corazón agigantado. Tus ojos son cien ojos más, tu codo cobra nueva extensión de butaca en butaca, todo se multiplica bajo el influjo de ese espacio cerrado, que al mismo tiempo se abre en diversas constelaciones cuando cada quién sale a buscar su propia historia a partir de la trama que propone el filme de turno.

Y no se habla de otra cosa en la ciudad. Durante el tiempo que dura el Festival Internacional de Cine Latinoamericano de La Habana casi puedes adivinar, con certeza, hacia donde van esa mujer y ese hombre que corren tomados de la mano, sorteando a los transeúntes que caminan sin prisas. Van en busca de su historia. En cualquier cine, si tienen suerte, van a encontrar la emoción,  van a guardar una escena en la memoria y van a recurrir a ella siempre que quieran volver a sentirse como en ese instante en que quedaron expuestos y sangrantes en medio de la oscuridad una sala de cine.

En diciembre todos nos conocemos. Se aparta la timidez, el andar ensimismado, para preguntar qué tal las películas, cuál de ellas es la más recomendable. Todavía quedan aventureros que no quieren a ningún agorero, y se lanzan al cine, con el pecho descubierto y las manos temblonas. Van  en pos de su propio hallazgo, listos para decapitar a la serpiente o tan solo convencer a la princesa de que abandone la torre y los vestidos pasados de época para irse por las calles, tras los gorriones y una canción.

Fito Páez: La Habana a tus pies (y viceversa)

Fito Páez en La Habana. Foto: Abel Ernesto/ AIN

Fito Páez en La Habana. Foto: Abel Ernesto/ AIN 

No pude ir al concierto. Me quedé con una ganas enormes, tan enormes que no me cabían en el cuerpo, no cabían en la casa. A la hora del concierto parecía perro con pulgas y solo atinaba a repetir como un  mantra: “ahora Fito debe estar cantando, debe estar cantando, cantandooo…”

Las notas de prensa que se publicaron al día siguiente ninguna me supo decir lo que había sucedido en el concierto. Yo no había estado, pero sí sabía que lo que decían esos escritos no fue lo que realmente pasó la noche del miércoles 5 de diciembre en el Karl Marx. Los redactores se quedaron dormidos o entregaron cuánto poseían en el teatro y se quedaron después sin recursos para contar la magia. Esa era la explicación que se me ocurría para tanta palabra descolorida, sin latido.

La paz me volvió al cuerpo cuando encontré las impresiones de El diablo ilustrado. Ese era el concierto real. El que yo desde la distancia presentía, casi adivinaba. Se los dejo para que ustedes también asistan.

por  El Diablo Ilustrado

Y hablo de países y de esperanzas/ Y hablo por la vida, hablo por La Habana/Y hablo de cambiar esta nuestra casa/De cambiarla por cambiar nomás

No tengo manera de apresar la dimensión de lo que acaba de ocurrir en el teatro Karl Marx con Fito Páez. Debería acostarme (1.00.am) ya, pero esta vez no quiero dejar reposar las ideas que se arremolinan, me parece pecado no comunicar en el acto, al menos a los amigos, el suceso que acaba de vivirse en La Habana.

(Publico estas notas con la fatiga de una fuerte carga emocional y con una foto de archivo, pues aun no me han llegado las imágenes. Cuando lleguen actualizaré.)

Acudo a los apuntes, y amplío un poquitín en algunos momentos que marqué:

Para los que no han estado aquí, el Karl Marx es “monstruoso” (platea baja, platea alta y dos balcones) capacidad 5 mil personas. Creo que, además hubo puerta libre al empezar,  pues los pasillos se fueron llenando, por lo que el cálculo es cerca de 6 mil. Si bien hubo público variado, la gran mayoría eran jóvenes.

Previsto para las 8.30 pm., desde una hora antes ya estaba muy bueno el ambiente en las calles 1ra. y 10 de Miramar. Saludos y abrazos al entrar. Las expectativas son grandes, los muchachos me preguntan, hablo de aquel encuentro histórico allí mismo, año 86 u 87, aun caliente el disco “Giros”.  Luego otras visitas, entra ellas la que hizo por su concierto en la Plaza de la Revolución, donde estuvieron también Joaquín Sabina y otros grandes de la canción. Uno de los muchachos me dice que pensaba que el “Concierto por la paz” era el primero. ¡Sacrilegio! El de verdad, el duro, fue aquel. Dejando un margen al Benny Moré que fue el primero que cantó allí, del que solo he visto unas imágenes de segundos (alguien debería testimoniar o investigar tan importantes suceso ocurrido en 1959 o 60).

Segundos después de las 9.00 pm., sin apagar siquiera las luces, entra corriendo el mismísimo Fito al escenario, sin que nadie lo anuncie. La gente primero se sorprende. La algarabía es inmensa ¡Está loco! Ni el menor glamour, como si fuera el flaco que conversa con uno en la cocina, mientras se prepara el café. Desconcertamente natural nos dice cómo va la cosa: se pasa el DVD que será como un concierto y luego, si la gente tiene ganas, echa unos temas al piano. “El que quiera portarse mal y cantar o bailar, que lo haga”. Silbidos y aplausos. Se va y nos deja con su reciente concierto: Estreno mundial de “El amor después del amor 20 años después”.

Comienza el documental. Fito dice: el amor es lo más importante, te hace comprender al otro, no juzgarlo. El montaje cinematográfico es impresionante, la calidad del sonido ayuda a que la gente se crea que ya está en concierto “El amor después del amor” es cantado y hasta bailado por el público presente, agregándose al del concierto en Buenos Aires. “Un vestido y un amor” es ya el coro perfecto.

Aquella banda suena muy fuerte, comienza a preocuparme que luego salga Fito solo a piano (ya me había fijado, claro, en el montaje escenográfico) ¿Cómo se las puede arreglar el flaco para subir la parada tras este conciertazo roquero?

Pues acabó el video, con los créditos, la gente aplaude de pie. Sale nuestro

Fito y sin más se sienta al piano y comienza, como si nada el concierto:

1.  “11 y 6” —y todos cantando con él.

2. “Ambar violeta”.

3. “Giros”. Ya está estremecido, dice “estoy aquí en mi Habana”. Cuando en el tema dice “Suena un bandoneón…”, en lugar de “parece de otro tipo” dice: “parece de Piazolla pero soy yo…” y la ovación es cerrada.

4. Habla de sus recuerdos en Cuba, en el teatro Karl Marx donde cantó hace miles de años, pero que están vivos esos recuerdos. Llama a un gran cantautor italiano que dará el sábado próximo su concierto en La Habana, Zucchero, y cantan juntos “Desde que te vi”.

5. Habla de sus noches y trasnoches en La  Habana, intensas en estos pocos días que lleva aquí y llama a Robertico Carcasses, cantamos todos “El breve espacio en que no estás” de Pablo Milanés.

6. El público le pide canciones, Fito dice: Debo estar viejo y choto, porque me emociono mucho. Habla del gran Charly García y recibe ovaciones. Dice Paez que no le gusta hablar de cumbres pero que sin dudas “Arma y desangra” es una de esas canciones más allá de todo, y él, con su voz lo demuestra. Aquí apunto también su ejecución painística, de alto vuelo.

7. Menciona de nuevo las noches habaneras y su encuentro con otro gran cantautor, Santiago Feliú. Hacen jnuntos (con coro de público) “Cable a tierra”.

8. Le siguen pidiendo canciones, él dice, pícaro, que vio como todos cantaron “Un vestido y un amor” mientras veían el DVD, y ¿por qué no repetirla ahora en vivo?: Delirio general. Deja que sea el público quien la cante y exclama: “¡Qué lindo suena, me lo voy a llevar la banda! Nos vamos todos… no sé, para Malasia” y la grabamos allí. Risas.

9. Fue amor.

10. Hace un comentario sobre las palabras, que suelen ser una maquinaria diabólica, que prefiere un beso, un abrazo, pero que bueno hay palabras que intentan expresar lo que somos, y dice que le gusta estar “Al lado del camino”. Casi la está diciendo y las más de 5 mil personas quedan roncas cantando con él.

11. “Ciudad de pobres corazones”.  Preciosa noche, es una noche inolvidable, confiesa conmovido.

12. “Dar y dar”

13. Mariposa tecnicolor”

Todas esas en un coro común con el público.

Se levanta como para irse, el público grita, dice que hará un par de ellas más, y bromea con que lo hemos disfrutado doble (aludiendo al concierto primero en el DVD).

Se sienta al piano y empieza a tararear jugando con la palabra “Habáname” de  la canción de Carlos Varela, viaja su teclado y de pronto sorprende cantando la primera estrofa de “Sueño con serpientes” de Silvio Rodríguez y entra de lleno en “Habana a tus pies” como quien da por entero su amor a nuestra ciudad.

El público de pie, se encienden las luces, muchos se abalanzan hasta los límites del escenario y ocurre lo que rebasa todo límite espiritual posible, se acerca a la gente y dice que quiere despedirse cantando a capela. No solo sin el piano, sino también sin micrófono. Muchos subimos al escenario y lo rodeamos, dejándole apenas un círculo de un par de metros. No me explico cómo pero aquellas casi 6 mil personas hicieron un silencio absoluto y todo el teatro le escuchó ese himno de Nuestra América, o de la humanidad Nuestra que es “Yo vengo a ofrecer mi corazón”. Por instantes un coro susurrante le hacía como un eco; la voz desgarrada de Fito, sacó lágrimas, o era acaso una eterna lágrima de amor. En medio del clamor desapareció.

Muchos se resistían a salir del teatro, todos repetían la grandeza de esas horas vividas. Y nos quedamos repitiéndonos las últimas frases de su canto:

Y hablo de países y de esperanzas

Y hablo por la vida, hablo por La Habana

Y hablo de cambiar esta nuestra casa

De cambiarla por cambiar nomás

Quién dijo que todo está perdido

Yo vengo a ofrecer mi corazón