Intensidades poéticas

Poemario publicado por la Editorial Sed de Belleza, Villa Clara, Cuba, 2014.

Poemario publicado por la Editorial Sed de Belleza, Villa Clara, Cuba, 2014.

Reseña escrita por Laidi Fernández de Juan:

Sheyla Valladares Quevedo (1982), periodista y egresada del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, promete como una de las voces más auténticas que emergen (y permanecerán) en nuestro panorama literario. Ganadora del Premio Pinos Nuevos con el poemario Lo que se me olvida (lanzado en la Feria Internacional del Libro de La Habana, 2015), adelanta su estreno como miembro del corpus poético de la Isla con La intensidad de las cosas cotidianas (Sed de belleza, 2014), presentado en el salón de mayo del Pabellón Cuba.

Aunque ya conocíamos algunos de sus poemas, publicados en el suplemento El Tintero, este libro, cuidado con el esmero de la editorial santaclareña, sobresale, como su título anuncia, por la intensidad, en términos del estremecimiento que provoca, la valentía de su argumento, y la mirada fresca, desprejuiciada y veraz, con particular énfasis hacia la mujer.

Fragmentado en dos grandes secciones: “La intensidad de las cosas cotidianas” y “La extensión de la desgarradura”, el poemario fluye, sin embargo, como una larga confesión, un reclamo ininterrumpido y una denuncia velada, como si fuera un ángel quien susurra, esta vez bien definido en cuanto a su condición sexual. Ya se sabe que la poesía, a diferencia de la narrativa y de la ensayística, es el género literario que más juventud exige, el reino autónomo por excelencia, y que tiene un fuerte arraigo en nuestro país. De ahí que complazca tanto la existencia del ramillete de versos de Sheyla sin pretensiones de vanguardismo, de impactos, o de recursos efectistas.

Se trata de una hechura poética nacida de la autenticidad, que no oculta (ni sobrevalora) su condición de mujer utilizada, vejada, víctima de manipulaciones tradicionales («…quieres lanzarte a peregrinar por los caminos, simulando sed para pedir agua en cada fuente a la samaritana de turno», nos dice enLa última cena”, y «El hombre viejo aguzó la mirada y trató de vislumbrar mi sexo bajo la falda» en “El viejo, mi sonido y yo”, y enRituales” sube la parada con «Venimos a abrirnos de piernas, a abrirnos de alma, venimos a danzar, a mover las caderas, a volvernos líquidas, a provocar espasmos» ), y al mismo tiempo, también con sutileza, sin posicionarse en una tribuna abiertamente batalladora, deja plasmada la postura de la mujer en cuanto al sitio que ha ido alcanzando, pese al régimen falocéntrico que nos domina (todavía).

El poema “Revelaciones de las hijas de Eva”, quizá el que mejor explicita la liberación de ataduras tabúes, bien merecería ser incluido en una antología de textos feministas: «Las mujeres [….] ya no le tememos a los castigos, a los insultos, a que amemos a otra mujer u otro hombre, a ser felices, aunque nos hayan dicho toda la vida que la felicidad no existe».

Son varios los tópicos que aborda el libro, inteligentemente ordenado para no concentrarse en el asunto de la mujer como órbita esencial, y entre sus páginas también está la ruptura de la familia; la muerte, presencia dolorosa e inevitable; el amor real y el fingido; pasajes del campo como telón de fondo, y una tristeza casi visceral, orgánicamente estructurada.

La intensidad de las cosas cotidianas, desgarrador poemario, anuncia la fuerte voz de una joven, cuyos futuros cuadernos, para decirlo con palabra de bardo, a partir de ahora, estoy segura, veremos arder.

Publicado originalmente en la revista cubana La Jiribilla 

Datos de la autora de la reseña:

Laidi Fernández de Juan (La Habana 1961, Cuba) Médico y narradora cubana. Miembro de la UNEAC. Entre sus publicaciones se encuentran: Dolly y otros cuentos africanos (1994); Clemencia bajo el sol (Gran Premio Cecilia Valdés, 1996), Oh vida (Premio UNEAC, cuento, 1998), La Hija de Darío (Premio Alejo Carpentier 2005), Nadie es profeta, Ediciones Unión (2006), La vida tomada de María E, Ediciones UNIÓN, (2008), Jugada en G, Ediciones Unión, (2014). En 2004 recibió la Distinción por la Cultura Nacional.

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From Becerra, Cuba

Yoel Pérez Cutiño, segundo delegado directo de Cuba al XVIII Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes.

Tunie hace muchos días que no alimenta su Nube, aunque somos muchos los que esperamos ansiosos cada letra suya, la manera que ella tiene de contar el mundo y sus entuertos, el mundo y sus colores.

Pero a falta de nuevos post, ella escribe para el periódico del lugar donde vive. Y yo me pregunto si los camagüeyanos tienen conciencia de su suerte, de tenerla con el corazón listo para dar la pelea por lo que sabe justo y necesario. Tunie escribe noticias de reuniones, de actos, de vaquerías -que en otros lugares más encumbrados suenan a cantinela o lugar de hastío-  con sus pulsaciones.

Por eso hoy me he traído este trabajo suyo como agradecimiento. Aunque extraño su blog me place leerla así.

De Becerra a Ecuador … ! sufre Arredondo!

Por María Antonieta Colunga

Tomado de Adelante

¿Qué van a saber en Ecuador dónde está Becerra? … creo que ni siquiera el camagüeyano promedio puede acertar con su dedo en un mapa local si le preguntan.

Yo me imagino en ese Festival a alguien mentando a Yoel, tan Pérez Cutiño y tan guajirito, “from Becerra, Cuba” y cuando más los de habla hispana figurándose un lugar que les suene a vacas.

Son las cosas increíbles de este país, las que ayudan a sostener la fe: un humilde operador de combinada cañera de modelo KTP2 M, vecino de un batey sureño perdido a 600 kilómetros de La Habana y con acaso algo más de 400 habitantes, es el segundo cubano elegido para representar a la islita en la cita mundial de los jóvenes y estudiantes.

Su suerte se decidió por voto directo de los trabajadores de la santacruceña Cooperativa de Producción Agropecuaria Horacio Cobiellas, gente que se conoce entre sí por lo importante: por el esfuerzo y la honra, y que en una mayoría numérica arrolladora apostó por el muchacho chiquitico que salió a recoger su diploma secándose las lágrimas.

Mientras dos grandotes lo cargaban en peso, yo me atreví a dudar en su rostro duro los menos de 35 años que dicen que hay que tener para ser joven; pero la vida del campo es así como su rostro, y Yoel ya lleva quince de sus 33 cortando caña para este país.

El anuncio y los festejos fueron en el círculo social de la comunidad, adornado con sui géneris serpentinas trenzadas de racimos de coco, plátano y yucas. Allí estaba Becerra en pleno dando brincos de alegría y coreándole y aplaudiendo y el revuelo fue mayúsculo también porque por primera vez en 20 años trajeron al caserío 30 tinas de helado industrial para la fiesta, y cerveza de la Tínima esa chiquitica que es la bomba, y “Arlequín” y “Florecita y Cebollita” y todo ese cuento.

El pueblo estaba de fiesta de verdad, no pa’ las fotos. Será porque de repente la gente de ese monte ve a uno de los suyos más nuevos bendecido con un viaje noble, que no es de ir a buscar los pulóveres y los vestidos del trapicheo y la necesidad, sino de conocer y disfrutar, como premio al sudor decoroso del trabajo honrado. Pasa poco, compadre, pero pasa…

En diciembre Yoel viajará fuera de Cuba por primera vez. Él, que nació en Macuto 2- otra comunidad tan borrosa como Becerra-, podrá volar a Quito y contar a otros de su edad cómo es la vida de un joven campesino cubano; cómo en los días de zafra se levanta a las cuatro de la madrugada y se pega a cortar y alzar cañas hasta a veces las nueve o diez de la noche, con la fe de que, si se esfuerza mucho, ese año pueda llegar a ser millonario.

Y le explicará a los amigos que conozca que ser millonario en los campos de Cuba no significa tener un millón de pesos en un banco. Significa, como ha sido tres veces su caso, haber cortado un millón de toneladas de caña en una zafra y haberlas entregado a la economía nacional. Como el areté de los griegos, algo así.

Esas historias contará Yoel, y las de sus campeonatos como pítcher en la liga intermunicipal de pelota donde está Becerra en el lugar segundo, y las de la cicatriz de patada de mula en la cabeza de Yoandry, el mayor de sus dos hijos, y las de cómo se las ingenian en su pueblo para seguir siendo, acaparando millones con máquinas que se inventaron en una extinta Unión Soviética  hace ya rato.

O puede que no cuente tanto, porque Yoel es más bien un tipo de pocas palabras. Pero por mí está bien, que vaya y vea y regrese- que por suerte los guajiros tienen esa manía honesta de siempre regresar a su matica de tilo-, que se tire muchas fotos y le traiga algo bien lindo a su Yarisbel y a sus niños, y que por esta vez haga turismo político uno que de verdad se lo merece.

¡Ah!, y lo del título es por César Arredondo, el locutor de Radio Rebelde y de la Televisión Cubana, que era también de este caserío remoto de Haití y cuando triunfó en el éter capitalino terminó publicando un libro con las peripecias de cómo fue a dar “De Becerra a La Rampa”. Yoel parece que lo tumbó del podio.

Liza Josefina Porcelli: “El hábito lector se contagia”

Liza Josefina Porcelli, escritora argentina autora de varios álbumes para pre-lectores, como Colash, Purapanza y Ni se te ocurra, así como otros libros ilustrados: Letra por letra, Lo que sé de mis monstruos, ATP (H)Arta para Todo Público, Peligro de extinción y otros cuentos incómodos y Más letras que no sé qué... Foto: La Jiribilla

Liza Josefina Porcelli, escritora argentina autora de varios álbumes para pre-lectores, como Colash, Purapanza y Ni se te ocurra, así como otros libros ilustrados: Letra por letra, Lo que sé de mis monstruos, ATP (H)Arta para Todo Público, Peligro de extinción y otros cuentos incómodos y Más letras que no sé qué… Foto: La Jiribilla

Por Enrique Pérez Díaz

Tomado de La Jiribilla

Liza Josefina Porcelli ya antes había publicado en Argentina varios álbumes para pre-lectores, como Colash, Purapanza y Ni se te ocurra, así como otros libros ilustrados: Letra por letra, Lo que sé de mis monstruos, ATP (H)Arta para Todo Público, Peligro de extinción y otros cuentos incómodos y Más letras que no sé qué, este último coescrito con una vieja conocida del lector cubano: Silvia Graciella Schujer, ganadora del Premio Casa de las Américas por Cuentos y Chinventos y ya divulgada por la Editorial Gente Nueva con sus obras: La cámara oculta (2009) y La abuela electrónica (2010).

En realidad, no debe ser nada fácil para un joven autor argentino como ella darse a conocer, porque se trata de un país con una fuerte tradición literario-editorial y, sobre todo, en la esfera del quehacer para niños y jóvenes destacan firmas ya muy competitivas y de alta calidad como Laura Devetach, Gustavo Roldán, Mempo Giardinelli, Graciela Beatriz Cabal, Ana María Ramb, José Murillo, Alma Maritano, Ricardo Mariño, Graciela Montes, Adela Bach y, más recientemente, Liliana Bodoc, Graciela Bialet, Sandra Comino, Ema Wolff, Alicia Barbieris, María Cristina Ramos (candidata de este año al Premio Andersen 2014), Carlos Marianidis (Premio Casa de las Américas 2002) y la premio Hans Christian Andersen 2012 María Teresa Andruetto, ya publicada en Cuba por la editorial Gente Nueva con sus libros El caballo de Chuang Tzu (2009) y Benjamino (2013). No se debe olvidar tampoco que, como mismo en Suecia generaciones de niños y autores crecieron leyendo o viendo filmes de Astrid Lindgren y en Cuba todos nos criamos con el títere Pelusín del Monte y otras criaturas de nuestra Dora Alonso, en Argentina cada autor ha bebido en su infancia de la savia de una María Elena Walsh, cuyos libros, poemas y canciones trascendieron las fronteras de su tierra y el continente.

En medio de los avatares del Premio Casa y durante la presentación de su libro, mientras me lo dedicaba con unas enfáticas palabras, Liza y yo hablamos de la posibilidad de esta entrevista y de darse a conocer con otros libros en Cuba. Estas son algunas de sus razones para dedicarse a oficio tan hermoso, como a veces incomprendido.

¿Existe para ti una literatura infantil? ¿Una LITERATURA?, o simplemente, ¿Literatura para personas?

Existe una literatura infantil y juvenil que comparte con la literatura “más amplia” el poder transformador del lenguaje que la constituye, el placer estético de quien se acerca a ella, la reproducción gratuita —no utilitaria— de mundos imaginarios y la presencia de un lector-receptor que completa la obra literaria otorgándole sentido, resignificándola desde su propia cosmovisión. Por ello es que, a veces, me tienta decir que una obra es literatura “infantil”, así con comillas, dejando entrever que todos, grandes y chicos pueden disfrutarla porque a ambos cuestiona y moviliza. Dado que la literatura infantil y juvenil es escrita en especial para que acceda a ella un sujeto en formación, que momentáneamente no posee la maduración afectiva y las competencias de vocabulario, sintaxis y cultura general del lector adulto, hay algo evidente que la distingue.

¿Qué piensas de la infancia?

La infancia es el tiempo en el que un ser humano menos miedo tiene a equivocarse. Por eso, los chicos son naturalmente creativos y originales. Pienso en la infancia como una esponja con un poder de absorción inmenso; pienso en una tierra muy pero muy fértil, tan fértil que lo que allí plantes va a crecer. Pienso que es un periodo esencial en el que los potenciales y virtudes que cada chico trae pueden tomar forma y hacerse visibles —para él mismo y para el resto—, dependiendo de lo estimulante y promotor que sea el contexto. Por eso, creo que en la infancia se ven los primeros indicios vocacionales de una persona. Pienso en mi infancia y allí encuentro mi esencia. Pienso en mi adolescencia y allí encuentro muchas de mis verdades que hoy reactualizo.

En tu concepto, ¿los niñ@s leen hoy más o menos que antes?

En principio, creo que hoy esa es una pregunta retórica. Ya haciendo este planteo, se insinúa que los chicos leen menos que antes. Pero yo prefiero no contribuir a la creencia de que “todo pasado fue mejor”. Porque, además de no llevarme a nada, si enarbolamos los cambios tecnológicos y socio-comunicacionales (Internet en general, redes sociales, videojuegos, etc.) como lo que ahora capta la atención de los chicos, nos vamos a terminar conformando y resignando a ese nuevo esquema de realidad. A mí me gustaría cambiar entonces la pregunta y que esta sea: “¿Vos creés que antes los chicos tenían más apertura hacia la lectura o eran más permeables a la literatura?”

Y mi respuesta sería: “No, no lo creo”. “¿Creés que si en la familia o en la escuela de un chico no se promueve el disfrute de la literatura, el chico encontrará a mano más opciones que antes con las que ‘suplir’ ese hueco?” Sí, por supuesto.

Hoy como ayer los chicos se “enganchan” de la misma manera cuando llegan a un buen libro. Claro que si nadie les alcanza ese libro, en el camino hacia él hallarán muchos más “entretenedores” que antes. Pero no es que hoy los chicos lean menos que antes; los que “cambiaron” sus intereses no son ellos, sino los adultos. Los adultos somos la base de información más directa que los chicos tienen para construir sus propios hábitos y encontrar placeres. ¿Y qué pasa si el chico ve que los adultos solo pasan su tiempo frente a la computadora, la tele, o jugando videojuegos o ausentes mirando el celular? La motivación por la que un chico o un adulto lee ficción no ha cambiado. Nos sentimos atrapados por la literatura porque muchas veces nos ayuda a comprender mejor el mundo, y a nosotros mismos, a través de lo que les pasa a los personajes, lo que los personajes sienten frente a sucesos que quizá nunca llegaremos a vivir. Este fenómeno no cambia aunque pasen los años. De los adultos depende que hoy los chicos —que luego serán adolescentes— lean más o menos que antes. Si los chicos ven que los adultos disfrutan de la lectura, es imposible que eso no les genere interés, curiosidad. ¿Acaso no es casi “instintivo” espiar qué es lo que hace el de al lado que se lo ve tan entretenido? El hábito lector se contagia, no hay vuelta que darle. Encima, hoy estamos en un momento glorioso para ese contagio, porque cuando yo era chica, no había ni un décimo de la oferta literaria infantil y juvenil que hay ahora.

Mi hermano llegó de otro planeta un día de mucho viento, libro ganador del Premio Casa de las Américas 2012 en el apartado de literatura para niños y jóvenes. Foto: La Jiribilla

Mi hermano llegó de otro planeta un día de mucho viento, libro ganador del Premio Casa de las Américas 2012 en el apartado de literatura para niños y jóvenes. Foto: La Jiribilla

¿Qué piensas del tono que deben tener las historias para niñ@s?

Más que hablar del que deben tener, hablaría del que no deben tener. El tono moralizante me parece una trampa para el chico o el joven. Un engaño del tipo “me aprovecho de que estás leyendo para, de paso, bajarte línea de cómo deben ser las cosas y cómo deberías comportarte y pensar”. Ahí no hay lugar para que un receptor libre interactúe con una obra. Eso subestima al lector niño que normalmente abandonará ese libro salvo que —como suele ocurrir— sea de “lectura obligatoria” en el colegio. Por otra parte, la voz y el tono de una obra van de la mano para moldear “la promesa” que como escritora le hago al lector sobre lo que va a leer. Si esa “pintura literaria” que utiliza el autor se esfuerza por ser atractiva para el público juvenil (cayendo en jergas coloquiales que emulen la comunicación de los jóvenes, incluyendo email, mensaje de texto, etc.) entonces, el tono general de la obra me resulta demagógico y poco enriquecedor en cuanto a la creación de mundos literarios.

¿Te pareces a alguno de los personajes de tu obra?

Es llamativo que la mayoría de mis personajes son nenes u hombres. A mí misma me sorprende, más que nada porque elegir un personaje masculino me surge de manera espontánea, y luego disfruto mucho su creación, me siento cómoda allí. Debe tener que ver con que los personajes masculinos por un lado me desafían —es otro mundo del que aprendo a diario— y, además, porque a pesar de que siempre hay algo de una puesto en ese hombre o ese nene, elegirlos me permite alejarme de mí. Todavía hay mucho de mi “biografía sicológica” que no se ha trasmutado ni sublimado a través de la escritura. Por eso, cada vez que escribo desde un personaje mujer, aún se pone en juego demasiada carga íntima, al punto de agotarme o perturbarme.

¿Cómo concibes idealmente a un autor para niñ@s?

Para responder, imagino el autor para niños que me gustaría leer a mí —por las obras que intuyo podría escribir—. Sería alguien con mucho sentido del humor y mucha sensibilidad —al humor y a la sensibilidad le sumaría, por supuesto, la habilidad narrativa—. Sería alguien de espíritu libre, un tanto rebelde quizá. Y, por sobre todo, alguien que en su vida cotidiana no le hable a los chicos con diminutivos. Por el contrario, que respete ideológicamente a los chicos, a su discernimiento y a sus capacidades como lectores. Sigue leyendo

Ismael Serrano: Todo empieza y todo acaba en La Habana

Tomado de El Diablo Ilustrado

Yo sabía que mi gente no fallaba. Un abarrotado teatro de Bellas Artes emprendió un intenso vuelo espiritual de más de dos horas y media en el primer concierto en Cuba de Ismael Serrano. Muchos quedaron sin poder entrar, no bastante a que llenaron hasta los pasillos (yo me “acomodé” en un pedazo de peldaño de escalerita gracias a la gestión de Frank Delgado y Mildrey, quienes obtuvieron para mí una invitación —argumentando la promoción que había hecho).
La movida hacia Bellas Artes demostró que crece la conexión con la canción de autor auténtica underground, lo cual me llena de regocijo. Creo firmemente en los jóvenes nuestros (inmensa mayoría del público que asistió) y su capacidad para buscar una poética que rompa con la pobreza que impera en el contaminado medioambiente sonoro.
Ayer nos confabulamos los soñadores (con el alborozo de saber que no somos pocos) a pesar la hiperdeficiente promoción, ya instaurada como toda una tradición en Cuba. Sabemos que la canción de autor no está de moda en los grandes circuitos del mercado, sin embargo vivimos tiempos de un movimiento de la canción pensante, especialmente en América, muy fuerte, que lógicamente es “clandestino”, como todo arte auténtico que se respeta. Harto sabido es que los dueños de los grandes circuitos de la información y la divulgación en el mundo son enemigos, por naturaleza de la cultura de los pueblos. Lo increíble e inaceptable es que en nuestro país, impere ese entreguismo mimético a los cánones que establecen los enemigos del espíritu humano: seguimos arrastrando la maldición de Malinche.  Cualquier mequetrefe de la seudocultura banal es seguido por nuestros medios con ignorante entusiasmo. A ver, aflojemos un poco, cualquier cantante comercial, desde que desembarca en el país, dígase, por ejemplo el Juanes aquel de la bobería de la camisa negra, protagonista del tristemente célebre (según mi visión —confieso que extremista) “Concierto por la paz”, o la Beyonce (¿se escribirá así? Soy un ignorante mediático) la que seguramente tiene grandes méritos gran-mysticos y supongo que buena voz… En fin, ya desde los legendarios Festivales de Varadero padecemos de esa promoción de pasarela que siempre se va por los fuegos fatuos, de tal manera que podían estar (y esto es un suponiendo, basado en hechos reales) un Djavan, un Milton Nacimento, o el mismísimo Chico Buarque en Cuba, y las cámaras perseguir (se podría decir que hasta con saña) a un Dyango o un Peret.
Pero bien, nada de eso impide que Chico sea Chico, o que Luis Eduardo Aute (uno de los autores más importantes de la lengua hispana —quien pasó inadvertido en el concierto de la Plaza del millón de personas—) sigan su paso por el tiempo, y hasta creciendo en él, mientras los cantorzuelos de atrezzo pasan al olvido.

Pero ¡Suéltenme penas añejadas, que la cosa está buena!: Llega Ismael Serrano y casi a base de correitos se riega la bola, por el boca a boca, y la juventud toma el Teatro de Bellas Artes. Ismael habrá comenzado sobre las 7 y 15 minutos, y yo miré el reloj al salir, y eran las 9:52 pm. Quitando el tiempo que quedamos como flotando tras el final, debe haber cantando al menos 2 horas y media.
Ocho cálidas lámparas como única escenografía le daban un toque de sala hogareña al escenario, lo que se ajusta exactamente a la idea de presentación del cantautor español. Desde que salió a escena, Ismael Serrano fue el viejo amigo que llega a casa y con acumulada ternura y toques de humor te cuenta cómo le ha ido, cómo va el mundo, los romances y decepciones que ha vivido, los sueños que quiere abrazar ante un sistema en crisis que no deja vivir, ni abrazar, ni amar. Canciones y charla hicieron pasar el tiempo en complicidad absoluta; uno sentía lágrimas ante un verso, sonrisas ante otros, cantos susurrados en muchas de las canciones, palmas cuando el momento lo pedía, un silencio religioso ante cada expresión del cantor. Me asombró que en el público fueran tan conocidas no solo las canciones del disco Atrapados en azul, sino también las de su disco más reciente Todo empieza y todo acaba en ti. Si tenemos en cuenta que en los medios masivos nuestros es bien baja la cuota de cantautores que se difunden (increíble, pero especialmente Latinoamérica, se vive un momento de revolución musical en la canción poética al que vivimos casi de espaldas), no puedo menos que aplaudir con toda la admiración y optimismo del alma, lo que ocurrió anoche entre Ismael Serrano y el público tan joven que desbordó la sala. Uno se pregunta: ¿qué habría sido, cuántos jóvenes más, habrían aprovechado esa presentación, si se promoviera la cultura como se debe —y más en un país como el nuestro, en el que los medios no obedecen (o no deben obedecer) a operaciones mercantiles, sino al crecimiento cultural de la población? ¡Suéltame ya, criticón!
Ismael Serrano: íntimo, sin artificios, acompañado de su guitarra y un tecladista que con su maquina de sonido, es una sutil orquesta, hurgando en el acontecer social, en los días que vivimos desde pasajes cotidianos, desde un momento de soledad, desde una duda o desaliento, desde esa mujer que soñamos o que perdemos en la angustia cotidiana de un paro laboral. Sigue leyendo

Deseos y bienvenidas

Esta canción se la regalé hace algún tiempo a la Nube, cuando había tristezas rondando su alivio. No sé si logré disiparlas, pero era el más cercano conjuro que tenía para ofrecerle.  Hoy supe que Soy la Isla se recupera de una dolencia física, de esos malestares con los que el cuerpo nos sume obligatoriamente a un reposo no deseado, y que le ha nacido un nuevo retoño a la blogosfera cubana, Causas y azares, el nuevo hijo de Leticia Martínez. Con este parto el árbol de nuestros decires se vuelve más frondoso. Creo que son buenos motivos para regalar esta canción de un casi desconocido Augusto Blanca, compartida con Silvio Rodríguez.
El tercer deseo
Voy a irte a buscar allí,
al pedazo de noche en que
tropezaron de pronto,
tus ojos, mis ojos,
tan llenos de igual soledad… allí.

Voy a irte a buscar allí,
a tratar de retroceder,
transitar por el tiempo
y volverte a encontrar
en el mismo lugar que te vi… allí.

Voy a irte a buscar
al instante preciso
en que nuestros rumbos
se unieron en la multitud.

Voy a irte a buscar
al tumulto de pasos,
de rostros, de voces y luces
donde te perdí;
voy a volver, regresaré,
ve tú también.

Voy a irte a buscar allí,
a acampar para siempre en ti,
y esta vez no habrá fuerza posible
capaz de evitar este encuentro
que presentí.

Voy a irte a buscar allí,
hace un siglo te conocí,
y esta vez no te vas a esfumar
la marea te trajo por fin
hasta mi país.

Voy a irte a buscar
aunque en ello me juegue
mi tercer deseo,
mi última oportunidad.

Voy a irte a buscar
a través de las miles de vidas
que distan de ti
desde ayer a las diez;
voy a volver,
regresaré,
ve tú también
y espérame…
ayer…
allí…

(1985)

Días de libros

Tenemos Feria del Libro en la Habana desde el 14 hasta el 24 de febrero. Aunque ya los lectores no somos tantos como en otros años, seguimos alentando el placer de la lectura. Porque no hay mayor aventura que la que proponen las páginas de un libro querido.

“Quiero quedarme en medio de los libros. En ellos he aprendido a dar mis pasos, a convivir con mañas y soplidos vitales, a comprender lo que crearon otros y a ser, por fin, este poco que soy”.
Mario Benedetti

“El verbo leer, como el verbo amar y el verbo soñar, no soporta “el modo imperativo”. Yo siempre aconsejé a mis estudiantes que si un libro les aburre lo dejen. Que no lo lean porque es famoso o porque es moderno o porque es antiguo. La lectura debe ser una de las formas de la felicidad y no se puede obligar a nadie a ser feliz”.
Jorge Luis Borges