¡Olé!, Paco

Paco de Lucía en su última presentación el Cuba, octubre, teatro Karl Marx, La Habana, 2013

Seguramente la tierra algecireña amaneció con la certeza de que algo le falta, de que algún pedazo suyo ha quedado desunido, ausente.  Seguramente supo, antes que nadie, que hoy, de todos los hijos que soltó al mundo con el mismo nombre: Francisco; el que se nombraba Paco de Lucía, por su madre, por su barrio, y por su lugar de entre mares ya no estará más. 

En un rincón la guitarra, la suya, la que siempre le escuchó las palabras que a nadie más decía, ni se dejaba sacar de la boca por periodistas o admiradores; probará un rasgueo en solitario, como si la mano de uñas duras, pulidas con cuidado, todavía la provocara con su apremio flamenco.

Y en los tablaos el taconeo sonará más rencoroso. La madera volverá a recoger el sudor hijo de un flamenco bien tocado y mejor bailado, cuando de invocar al hermano ausente se trata. Porque Paco estuvo desde niño encaramado en esas tarimas, se las sabía de memoria y en ellas aprendió  a  sacarle a la guitarra su voz profunda, a sacudirle todo el tiempo sus ardores de gitana indomable, los mismos suyos.

Por Cuba anduvo en el 2013. Hacía casi 26 años que había estado. Pero regresó. Nadie intuyó que esa noche de octubre en el Karl Marx, invitado especialísimo de Leo Brouwer, sería su despedida cubana. Allí también estuvo apasionado y silencioso, su manera de ser; soltando al aire su vehemencia en cada ¡Olé! Esa y no otra era el santo y seña de su invitación. Y no había otra cosa que hacer más que seguirlo.

Tomado de La Jiribilla

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Teresa Parodi: “Mi canción tiene que ver con la historia de mi país”

La cantautora Teresa Parodi

Teresa Parodi ha regresado a Cuba para cantar, aunque en Cuba no todos puedan aquilatar en su justa medida el tamaño de la suerte de tenerla otra vez entre nosotros. Es una de las voces imprescindibles del cancionero argentino y latinoamericano, pero pasa por alto los honores y solo reconoce la fiesta que es estar aquí, ahora.

“Me da mucho placer estar con ustedes, de verdad. Es muy emocionante para mí por todo lo que representa Cuba para los sueños y los ideales de tantos latinoamericanos, para la gente de mi generación en especial, en Argentina, que se hermanó con este pensamiento, con este modo de ver el mundo.

“He tenido una relación muy linda, siempre que he venido a Cuba, con la gente que me ha escuchado. He tenido una relación muy hermosa con Sara González, compartimos el escenario varias veces en Argentina y también aquí en La Habana, en el teatro Carlos Marx, hace muchos años.

“Para cualquier cantor popular, cantautor como lo soy yo, este país es una meta que tenemos en el corazón. Es muy importante para nosotros cantar aquí, para los que tenemos esta forma de hacer la canción latinoamericana. Así que estoy muy feliz. Agradezco enormemente la posibilidad de que yo pueda estar aquí, cantando para ustedes y con ustedes”.

Ha vuelto en noviembre, justo para formar parte del júbilo por los tres lustros de andadura de uno de los proyectos esenciales del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, A guitarra limpia; cuyos promotores han querido dedicarlo o lo que es lo mismo poner bajo la tutela -ya de otro mundo y por eso más necesaria- de la cantora mayor Teresita Fernández.

“Es extraordinario lo que hacen acá. Sabía por otros colegas argentinos de lo maravilloso que era el Centro Pablo, pero ahora me enteré de toda esta otra parte que me parece increíble. Me parece que el camino mejor que puede elegir un centro cultural es fomentar y abrir oportunidades a las nuevas generaciones y de estar en permanente contacto con los jóvenes. Ese es el fin último y el primero de un centro cultural que se precie, que tenga conciencia de lo que genera cuando se abre. Estoy feliz de compartir, de poder ser parte de estos festejos”.

Hermanada en este sentir Teresa Parodi, cantora popular por decisión propia,  llega otra vez a Cuba para intentar «zurcir» también este pedazo de tierra, como le gusta decir cuando se refiere a su manera de reconocer -hasta con los ojos cerrados- a su país; por llevar recorriéndolo cantando/aprendiendo sin detenerse, 30 largos años. Y nos habla de su Argentina, de este momento de construcción colectiva, donde la canción de autor, poética y hereje también es una pequeña revolución, con la que se puede defender la vida y lo justo.

“Es un tiempo increíble el que estamos viviendo en la Argentina. De todas maneras es tremendamente difícil porque el enemigo es absolutamente poderoso y tiene las herramientas -que sabemos que tienen- y las viejas mañas como para tratar todo el tiempo de abortar este proceso extraordinario de construcción colectiva.

“La Ley de Medios y la Ley de la Música que hemos logrado en este espacio de gobierno nacional y popular -como no podía ser de otra manera- son una herramienta imprescindible para poder desarrollar los espacios que hasta ahora estaban totalmente en manos de los medios concentrados. Por lo tanto era solo una musiquita la que se escuchaba, pero la diversidad de voces existía lo mismo y se amañaban en el interior y en todas partes del país, aun en la misma Buenos Aires, por abrir espacios alternativos donde poder seguir desarrollando la música porque esto nunca muere. Por eso este país, nuestro país, no está desaparecido, porque su cultura jamás ha sido vencida.

“Quisieron que desapareciera, hicieron todo lo posible en estos últimos diez años de banalización, hicieron todo lo posible con políticas concretas para que despareciera esa cultura, pero es imposible porque tiene historia, porque hay un pueblo que se siente representado en ella y sigue trabajando en sí mismo, en su propia cultura. Los cantautores y toda la gente que emerge de estos espacios de la Argentina profunda van a tener mucha más visibilidad a partir de esa Ley de Medios y de la Ley de la Música que va a fomentar la actividad. Vamos a poder –voy a utilizar una palabra horrible pero necesaria en un país donde el mercado es lo que está vigente, sus leyes- vamos a tener cómo competir, es decir, vamos a poder ser vistos y escuchados y no como ahora que estamos realmente desaparecidos de los medios concentrados.

“Así que le veo un futuro extraordinario porque además hay un semillero. Yo recorro el país palmo a palmo, lo zurzo, lo conozco de arriba abajo, son 30 años que lo camino sin parar, desde que gané Cosquín, ese festival importante que me permitió nacionalizar mi canción y a partir de ahí no dejé de viajar nunca. Lo conozco profundamente y sé el movimiento extraordinario de músicos, de actores, de cineastas, que ha dado este país. El instituto de cine ha fomentando enormemente esa actividad, gracias a que existe esa ley que defiende la industria nacional, y esperamos que lo mismo pase con el instituto nacional de la música, que ahora creó esta ley y que justamente se pone en marcha con el gobierno de Néstor y Cristina”.

A esta época increíble, como también la califica y de la que se siente parte, se contrapone otra más oscura que la cantautora tuvo que sufrir junto a sus compañeros: el horror de la dictadura, donde hacer la canción también fue su manera de resistir, de ofrecerla como un hombro en el que apoyarse.

“En los años de la dictadura, del horror, yo era desconocida. Yo soy hija de esta democracia. Mi canción es hija de esta democracia, porque a pesar de que ya hacía mi  canción, la hacía en las catacumbas. Mi canción ve la luz en los años de la democracia. Antes estuvo sumergida, es libre con la democracia que vuelve en 1983 y yo gano Cosquín en 1984, con estas canciones que hablaban de todo lo que le pasaba a mi pueblo en los años de horror. Entonces, no fue casual. Yo creo que mi canción vio la luz ahí, y pudo salir de la oscuridad y del boca a boca, a escondidas casi, justamente porque la democracia volvió a la Argentina.

“En los años del menemismo que fueron años de bastardeo absoluto, de componendas con el imperialismo, yo me bajé de los grandes escenarios y me fui otra vez a las catacumbas, y me resistí desde ahí hasta que volvieron Néstor y Cristina. Mi canción tiene que ver con la historia de mi país, no podría hacer la canción de otro modo”.

Teresa Parodi estará entonces en Trinidad con el dúo Cofradía, en Santa Clara con los asiduos habitantes del Mejunje, los muchachos de la Trovuntivitis, en Matanzas con los jóvenes Lien y Rey, quienes han ganado este año la beca de creación Sindo Garay que otorga el Centro Pablo.

Pero Teresa no se irá de Cuba sin antes cumplir un sueño viejo que viene amasando desde hace quizá demasiado tiempo. Cantará con Silvio, en uno de sus conciertos por los barrios. Y a ella que se fue a dar clases al campo argentino y les ha regalado conciertos a los maestros en huelga le ha parecido la ocasión ideal para encontrarse con Silvio en un escenario. No hubiera podido ser de otra manera.

“Tengo la posibilidad de cantar con él, juntarme aquí por primera vez. Nunca cantamos juntos. Nos conocemos y nos hemos visto en muchos conciertos que él ha dado en la Argentina, compartimos el escenario pero nunca yo en un concierto de él o él en un concierto mío. Así que es una emoción extraordinaria más para vivir, inolvidable para mí compartir con Silvio, tan querido. Toda la gente que se enteró en la Argentina de que iba a tener esta posibilidad de estar con él, fue impresionante lo que pasó, la alegría de la gente de que nos hermanemos con Silvio en un concierto aquí y en esa barriada que creo es también muy representativa del cubano.

“Para mí es muy importante por lo que admiro a Silvio, que ha sido un referente, como un maestro. Él tiene casi mi edad, así que nos es una cuestión de edad sino de su arte que tiene una belleza y un desarrollo extraordinario. Yo creo que cuando uno canta la canción de otro, se mete en los laberintos de la canción de otro, en las formas musicales que usó, en las armonías, en la forma en que la música se pega con la palabra, que la palabra tiene música; y uno aprende. Por eso también canto canciones de otros, aprendo de ellos y de Silvio he aprendido mucho. No sé si seré buena alumna, pero he aprendido”.

Después, en el Centro Pablo y bajo la yagruma, que ha sido testigo de tantos partos felices, volverá a cantar para los cubanos, esta mujer que se  niega a olvidar las raíces de su canto, las pulsaciones que le avivaron el decir, los nombres de Astor Piazzola, Mercedes Sosa o Atahualpa Yupanqui. Por eso se ha traído el micrófono de La Negra, con él vino a cantar a Cuba para de alguna manera invocarla y convidarla a que la acompañe. Teresa Parodi los ha mantenido vivos a todos a lo largo de sus 30 discos, y este 30 de noviembre los traerá otra vez ante nuestra presencia apenas pronuncie un verso o rasgue las cuerdas de su guitarra. Y nadie tiene permiso para perderse este regalo.

“Pertenezco a una generación de cantautores que se nutrió mucho de la música latinoamericana. Tuve el privilegio de haber nacido en la época de Violeta Parra, Chabuca (Granda), (Alfredo) Zitarrosa, (Daniel) Viglietti, (Atahualpa) Yupanqui, por supuesto, Chico Buarque, en fin autores que influyeron muchísimo en la formación de los músicos argentinos, en esos años, en los 60, que fueron gloriosos para nuestra música. Mercedes Sosa, por supuesto, fue la gran voz que nos unió a todos, la gran madre. Es más, he traído un tesoro. Voy a cantar con el micrófono que era de Mercedes y que me regaló su hijo. Para mí es muy importante traerlo a Cuba porque es como traer un poquito de Mercedes, que nos abrió la huella ancha de la canción latinoamericana. Ella no fue autora o compositora pero fue la voz de todos nosotros y después grabó las canciones de todos nosotros. Así como, por supuesto, las canciones de Silvio y de Pablo que tienen tanto que ver con nosotros, que fueron como hermanos de generación y también nos marcaron profundamente. Recibíamos los casetes de ellos a escondidas como decíamos allá, clandestinamente, pero todos los jóvenes sabíamos cantar esas canciones.

“Atahualpa Yupanqui es el padre para nosotros. Este año se cumple los 50 años del Movimiento del Nuevo Cancionero al que él se adhirió. Estamos de celebración en celebración. Tomamos ese manifiesto como bandera una vez más, para reivindicarlo todo el tiempo y agruparnos a su alrededor, profundizar esa huella. Yupanqui es uno de los primeros que se adhieren al manifiesto que escribe Armando Tejada Gómez, que genera este movimiento de jóvenes preocupados justamente por el destino de la canción, y que miran al continente además. Yupanqui para nosotros es el padre de la música argentina, es el padre de la canción de autor, y su trabajo sigue siendo para nosotros fuente de formación y de inspiración. Su poética es extraordinaria porque con palabras cotidianas supo describir absolutamente, con una profundidad increíble, al hombre y a sus asuntos en mi país”.

Entonces, a uno se le ocurre que puede salir a buscar a Teresa Parodi a los años en que todo estaba por pasar, cuando todavía el ritmo chamamacero no se le había metido en el cuerpo para servirle de acicate, para hacerle implorar por una guitarra que la abuela –siempre las abuelas- le compraría, y todavía no era la autora de más de 500 canciones, apenas intuía la fuerza con que puede impulsarnos hacia delante una canción.

“De niña tomé esa decisión, vaya usted a saber por qué. Dice mi madre que a los 9  años ya tenía la guitarra, afiné de oído y la empecé a tocar y a cantar, a escribir canciones muy feas. Sentía que yo quería decir también. Además de aprender de los maestros, yo quería decir lo que veía a los demás.

“He visto bailar a la gente del interior de mi provincia, en el campo mismo, los he visto transformándose con la música popular de mi lugar. Yo quería ser alguien que hiciera eso en la gente, que a través de la música les pudiera transformar los rostros que a veces tenían de preocupación y cansancio. Cuando oían la música se convertían en otras personas y yo los miraba embelesada y miraba a los músicos y veía que esa cosa mágica la hacían ellos y yo quería hacer eso. Quizá ahí estuvo el comienzo de mi vocación”.

Ismael Serrano: Todo empieza y todo acaba en La Habana

Tomado de El Diablo Ilustrado

Yo sabía que mi gente no fallaba. Un abarrotado teatro de Bellas Artes emprendió un intenso vuelo espiritual de más de dos horas y media en el primer concierto en Cuba de Ismael Serrano. Muchos quedaron sin poder entrar, no bastante a que llenaron hasta los pasillos (yo me “acomodé” en un pedazo de peldaño de escalerita gracias a la gestión de Frank Delgado y Mildrey, quienes obtuvieron para mí una invitación —argumentando la promoción que había hecho).
La movida hacia Bellas Artes demostró que crece la conexión con la canción de autor auténtica underground, lo cual me llena de regocijo. Creo firmemente en los jóvenes nuestros (inmensa mayoría del público que asistió) y su capacidad para buscar una poética que rompa con la pobreza que impera en el contaminado medioambiente sonoro.
Ayer nos confabulamos los soñadores (con el alborozo de saber que no somos pocos) a pesar la hiperdeficiente promoción, ya instaurada como toda una tradición en Cuba. Sabemos que la canción de autor no está de moda en los grandes circuitos del mercado, sin embargo vivimos tiempos de un movimiento de la canción pensante, especialmente en América, muy fuerte, que lógicamente es “clandestino”, como todo arte auténtico que se respeta. Harto sabido es que los dueños de los grandes circuitos de la información y la divulgación en el mundo son enemigos, por naturaleza de la cultura de los pueblos. Lo increíble e inaceptable es que en nuestro país, impere ese entreguismo mimético a los cánones que establecen los enemigos del espíritu humano: seguimos arrastrando la maldición de Malinche.  Cualquier mequetrefe de la seudocultura banal es seguido por nuestros medios con ignorante entusiasmo. A ver, aflojemos un poco, cualquier cantante comercial, desde que desembarca en el país, dígase, por ejemplo el Juanes aquel de la bobería de la camisa negra, protagonista del tristemente célebre (según mi visión —confieso que extremista) “Concierto por la paz”, o la Beyonce (¿se escribirá así? Soy un ignorante mediático) la que seguramente tiene grandes méritos gran-mysticos y supongo que buena voz… En fin, ya desde los legendarios Festivales de Varadero padecemos de esa promoción de pasarela que siempre se va por los fuegos fatuos, de tal manera que podían estar (y esto es un suponiendo, basado en hechos reales) un Djavan, un Milton Nacimento, o el mismísimo Chico Buarque en Cuba, y las cámaras perseguir (se podría decir que hasta con saña) a un Dyango o un Peret.
Pero bien, nada de eso impide que Chico sea Chico, o que Luis Eduardo Aute (uno de los autores más importantes de la lengua hispana —quien pasó inadvertido en el concierto de la Plaza del millón de personas—) sigan su paso por el tiempo, y hasta creciendo en él, mientras los cantorzuelos de atrezzo pasan al olvido.

Pero ¡Suéltenme penas añejadas, que la cosa está buena!: Llega Ismael Serrano y casi a base de correitos se riega la bola, por el boca a boca, y la juventud toma el Teatro de Bellas Artes. Ismael habrá comenzado sobre las 7 y 15 minutos, y yo miré el reloj al salir, y eran las 9:52 pm. Quitando el tiempo que quedamos como flotando tras el final, debe haber cantando al menos 2 horas y media.
Ocho cálidas lámparas como única escenografía le daban un toque de sala hogareña al escenario, lo que se ajusta exactamente a la idea de presentación del cantautor español. Desde que salió a escena, Ismael Serrano fue el viejo amigo que llega a casa y con acumulada ternura y toques de humor te cuenta cómo le ha ido, cómo va el mundo, los romances y decepciones que ha vivido, los sueños que quiere abrazar ante un sistema en crisis que no deja vivir, ni abrazar, ni amar. Canciones y charla hicieron pasar el tiempo en complicidad absoluta; uno sentía lágrimas ante un verso, sonrisas ante otros, cantos susurrados en muchas de las canciones, palmas cuando el momento lo pedía, un silencio religioso ante cada expresión del cantor. Me asombró que en el público fueran tan conocidas no solo las canciones del disco Atrapados en azul, sino también las de su disco más reciente Todo empieza y todo acaba en ti. Si tenemos en cuenta que en los medios masivos nuestros es bien baja la cuota de cantautores que se difunden (increíble, pero especialmente Latinoamérica, se vive un momento de revolución musical en la canción poética al que vivimos casi de espaldas), no puedo menos que aplaudir con toda la admiración y optimismo del alma, lo que ocurrió anoche entre Ismael Serrano y el público tan joven que desbordó la sala. Uno se pregunta: ¿qué habría sido, cuántos jóvenes más, habrían aprovechado esa presentación, si se promoviera la cultura como se debe —y más en un país como el nuestro, en el que los medios no obedecen (o no deben obedecer) a operaciones mercantiles, sino al crecimiento cultural de la población? ¡Suéltame ya, criticón!
Ismael Serrano: íntimo, sin artificios, acompañado de su guitarra y un tecladista que con su maquina de sonido, es una sutil orquesta, hurgando en el acontecer social, en los días que vivimos desde pasajes cotidianos, desde un momento de soledad, desde una duda o desaliento, desde esa mujer que soñamos o que perdemos en la angustia cotidiana de un paro laboral. Sigue leyendo

Planeta planetario: el mundo de Diana Fuentes

Será sol, es el primer sencillo que promocionará el nuevo disco de Diana Fuentes.

Será sol, es el primer sencillo que promocionará el nuevo disco de Diana Fuentes.

Por estos días Diana Fuentes está enfrascada en los toques finales de su nueva producción discográfica Planeta Planetario. Esta entrevista es un fragmento de la conversación que sostuvimos en La Habana el año pasado y que salió publicada en el no. 51 de la revista La Calle del Medio.

La cantante Diana Fuentes lleva un tiempo sin presentarse en los escenarios cubanos. Aún así su música sigue estando en la banda sonora que escuchan diariamente muchos de sus seguidores.

En este tiempo de ausencia la artista ha probado su talento como actriz en el filme ecuatoriano-cubano “Criaturas abandonadas” y se enfrascó en la preparación de una nueva producción musical.

Lo que a la altura de febrero todavía era un proyecto en ciernes, hoy es una realidad. Con su nuevo trabajo discográfico, Diana Fuentes vuelve sobre algunos de los temas que ha abordado a lo largo de su carrera y a la vez presta atención a elementos identitarios de las culturas cubana y latinoamericana, para sumarlos a su forma de expresarse y de entender la música.

En este sentido, el nuevo disco, al decir de la artista, es un reflejo de la etapa vital que está viviendo en estos momentos.

En febrero anunciabas que estabas preparando un nuevo disco. A seis meses de esa declaración, ¿qué noticias nos puedes dar al respecto?

-Estoy terminando el disco, que ha tomado un año de realización. Nos hemos dedicado a ser bastante minuciosos, detallistas, por el itinerario de trabajo de Eduardo, que es bien apretado. Pero nosotros, en vez de ir al cine, de salir y de ir a fiestas, nos quedamos trabajando en la casa. Ha sido superinteresante. El disco se va a llamar Planeta planetario.

¿Por qué Planeta planetario?

-Yo estoy compartiendo mi vida y mi tiempo en dos islas. Dos islas que se parecen muchísimo, porque la gente es similar y me encanta estar rodeada por agua. Creo que nunca pudiera estar en un lugar por más de 20 días sin ver el mar o sin que lo pueda oler al menos. Creo que me daría un ataque de claustrofobia.

Siento mucho a Cuba en Puerto Rico. Entonces, ¿por qué Planeta planetario? Porque a pesar de todo esto, que es tan maravilloso, también está la cuestión de que yo estuve alejada de aquí un tiempo, alejada de mis padres, de mi familia, de mi país, alejada también un poco de mi música, y me he dado cuenta de que no importa dónde estés si tú te tienes a ti, si tienes tus cosas bien fuertes, arraigadas. No hay nada que a mí me quite el amor a mi país, ni el amor a mis padres, dondequiera que esté. Cuando estuve en Puerto Rico, que está a dos horas y tanto de aquí, tuve momentos de pensar que no podría estar allá, y me decía: qué yo hago aquí, me quiero ir. Y me creé este «planeta planetario» que lo forman mi música, toda la gente que yo amo, el amor que me da mi esposo, millones de cosas que me inventé, todo un mundo. Ese es mi “planeta planetario”.

¿Cuántos temas tiene el disco?

-El disco tiene diez cortes musicales, con una introducción, un interludio y un autro. Eso yo no lo había hecho en mi primer disco, va a ser bien interesante porque lo queremos comenzar narrando qué es el Planeta planetario. También los planetarios pueden ser estos personajes que me pudieron habitar en algún momento para escribir las canciones, o sabrá Dios si es un ángel guardián que me cuida cuando estoy sola. No sé. Pero también queremos que sea medio mágico, fantasioso, onírico, que tenga estos elementos. Entonces de eso sería la intro. El autro es un tema que tenemos medio armado, medio vocalizado. Realmente el disco es un planeta, no estamos trabajando un solo género como tal.

En una ocasión mencionaste que componer canciones es una tarea ardua. ¿En este disco vuelves a probarte como compositora?

-Hay un tema de Carlos Varela, que para mí es un compositor que toda la vida tendré en mis proyectos musicales porque amo su trabajo, amo su música, amo las imágenes que me dan sus letras y entiendo perfectamente todo lo que él quiere decir. Hay una canción de Kelvis Ochoa, que es la primera vez que lo interpreto, y todo lo demás ha sido coautoría, con William Vivanco, con el compositor argentino Vati, que conocí en Puerto Rico y que me deja un tema que quizás le da un giro completo al disco y es como una especie de tango sin serlo, porque tiene un bandoneón. Es un tema bien particular. Me he puesto a escribir mucho. Yo creo que nunca va a dejar de ser un trabajo complicado. De hecho tú ves que los escritores están a punto de terminar su libro y lo vuelven a repasar, a quitar y a poner cosas. Esto de escribir letras es bien complicado, porque estás hablando, estás diciendo, son palabras que van a quedar plasmadas ahí para siempre. Sí cuesta, pero he fluido un poco más.

¿Cuáles son los temas de los que hablas en esta nueva producción discográfica?

-Hablo del amor, porque para mí el amor lo mueve todo. También hay una sátira a los chismosos, a las malas lenguas, y lo digo así: “qué escucho, una ráfaga de intrusos, que arrastran por debajo“, como si fuera muy poético; pero al final lo que estoy es diciéndoles: “compadre, métete en tu vida”. El disco va también sobre el poder de la mujer, de nosotras. Creo que es un tema al que se le está dando fuerza aquí y yo no me quería quedar tampoco con el deseo de hacerlo. Hablo sobre adónde podemos llegar en todos los aspectos, de ir sin miedo. Es verdad que siempre estamos acompañadas por ellos, nos encantan, los disfrutamos, pero nosotras tenemos todo para hacer lo que queramos solas. Este tema va abierto, lo puedes cantar tú misma, te lo puedes adjudicar a ti que eres la reina de tu casa, la reina de tu vida, la reina de tu espacio, con toda tu sensualidad, con toda tu inteligencia, pues lo tienes todo y lo das todo. Vas dejando flores por todas partes. Tengo una conga y hay unas ideas bien interesantes con el video que queremos hacer con ella. Son temas sociales, porque es lo que siento ahora. Estoy escribiendo un tema más, que queremos incluir y sería el diez. Me senté a hablar sobre estos días que son complicados, en los que de momento puede cambiar una vida por una decisión, una forma de verla, y porque a veces para molestar a los otros haces algo, y no, porque después de un día nublado va a venir uno soleado; es como el dicho este que dice que después de la tormenta siempre sale el sol y viene la calma. Pues es más o menos eso.

¿Planeta planetario tendrá un concierto de presentación?

-Sí. Queremos organizar una serie de conciertos, porque yo nunca he hecho una gira nacional. Nunca he tocado fuera de La Habana, salvo en Matanzas. El disco debe de estar saliendo entre septiembre y octubre, con un sencillo que vamos a sacar primero con un video, y esperamos que se pueda rotar en la radio de la Isla. Entonces organizaremos esta gira nacional que debe estar comenzando a principios del año que viene. Empezaríamos por el oriente del país y terminaríamos en La Habana, para hacer el lanzamiento del disco.

¿Cómo crees que reciba el público esta nueva propuesta que le vas a ofrecer?

-Creo, con toda modestia, que les va a encantar. A mí me encanta. Hemos hecho la prueba con mi familia, que para mí es el mejor público, el más crítico que yo tengo. Hemos hecho también como unos ejercicios de audición con algunos amigos y todo el mundo está supercontento. Yo estoy feliz y confío en que si yo me siento cómoda y me siento bien con lo que estoy haciendo, a la gente le guste también. Sé que va a funcionar. Obvio, tengo un refrán de mi abuela que no olvido nunca: “No todo el mundo es dulce de guayaba para gustarle a la gente”. Hay a quienes les gusta más la mermelada de mango, entonces, ¿qué vas a hacer? Estoy segura de que sí va a gustar, de que le va a ir bien y el primer single va a ser Planeta planetario, un tema bien interesante.

Publicado originalmente en Cubahora

Un regalo para Ella

Google celebra hoy los 96 años que cumpliría la Ella Fitzgerald. La primera dama del Jazz.

Google celebra hoy los 96 años que cumpliría la Ella Fitzgerald. La primera dama del Jazz.

Iroko Alejo acaba de compartir en su página de FB: Ella, the First Lady of Jazz. A la que no puedo separar del gran Louis Armstrong. Tan grande la Ella, que se llevó un Grammy a casa tras olvidar, en Berlín, la letra de Mack the Knife e improvisar un mítico scat.
Mi tema preferido de la Ella: su versión de “I can’t give you anything but love”. Ese en el cual se trastoca de Ella en cantante chic y en el mismísimo Satchmo. Una gozancia musical completa.

Gracias a él me entero del cumpleaños de Ella, de que su voz cumple 96 años. Y me empieza a revolotear en la cabeza Blue Moon, esa canción que todavía no he podido escuchar en la azotea de cualquier edificio, cualquier madrugada de estas, pero cuyo influjo me persigue por los días. A Ella le he escrito un poema y un cuento pequeño. Todavía no es tiempo de ofrecer a la luz la poesía, pero el cuento se los regalo.

Ella y Louis

Soy Ella. Ese es mi nombre, y se pronuncia “Ela”, aunque nadie nunca sepa cómo hacerlo y yo tenga que estar rectificando a todos el santo día. No entiendo por qué puede ser tan complejo alargar un poquito una ele o encontrar que una niña tiene un nombre distinto a Yunaisi o Yenifer.

Muchos que se creen chistosos me dicen tercera persona del singular. En la anterior escuela donde estuve me llamaban así: Tercera persona del singular. Sin dudas era más fácil decir mi nombre, pero cuando se quiere ser cruel cualquier ahorro puede sonar a avaricia.

Yo hubiera preferido otro nombre pero mi madre no tuvo en cuenta mi opinión y me nombró como una  cantante norteamericana que se llama Ella Fitzgerald y canta jazz como si acariciara la piel de alguien muy querido. Yo heredé su nombre pero no su voz.

Esa era la música que mi mamá escuchaba siempre. La escuchó todo el tiempo mientras estuvo embarazada de mí. A todas horas, era su antojo. No salí de su barriga haciendo el famoso scat de Ella porque ese no era el don que habría de acompañarme. Aunque hubiera sido bueno poder poner de pie un escenario como ella lo hacía cada vez que cantaba.

Cuando mi mamá la escucha entra en un estado como de trance. Y no es exageración. Se pone los audífonos y se va a ese lugar que nombran las canciones. Se va de mi lado y yo que nunca he sido buena para seguir el rastro de nadie, ni como pionera exploradora, peor es si tengo que buscarla entre negritas y corcheas. Me pierdo llamándola, y la voz se me vuelve bajita y delgada. Es un desastre. Y odio mi nombre y a la mujer que lo llevó antes de mí, porque nunca he sido más poderosa que Ella, que me prestó el nombre y se roba a mi madre. Sigue leyendo

Deseos y bienvenidas

Esta canción se la regalé hace algún tiempo a la Nube, cuando había tristezas rondando su alivio. No sé si logré disiparlas, pero era el más cercano conjuro que tenía para ofrecerle.  Hoy supe que Soy la Isla se recupera de una dolencia física, de esos malestares con los que el cuerpo nos sume obligatoriamente a un reposo no deseado, y que le ha nacido un nuevo retoño a la blogosfera cubana, Causas y azares, el nuevo hijo de Leticia Martínez. Con este parto el árbol de nuestros decires se vuelve más frondoso. Creo que son buenos motivos para regalar esta canción de un casi desconocido Augusto Blanca, compartida con Silvio Rodríguez.
El tercer deseo
Voy a irte a buscar allí,
al pedazo de noche en que
tropezaron de pronto,
tus ojos, mis ojos,
tan llenos de igual soledad… allí.

Voy a irte a buscar allí,
a tratar de retroceder,
transitar por el tiempo
y volverte a encontrar
en el mismo lugar que te vi… allí.

Voy a irte a buscar
al instante preciso
en que nuestros rumbos
se unieron en la multitud.

Voy a irte a buscar
al tumulto de pasos,
de rostros, de voces y luces
donde te perdí;
voy a volver, regresaré,
ve tú también.

Voy a irte a buscar allí,
a acampar para siempre en ti,
y esta vez no habrá fuerza posible
capaz de evitar este encuentro
que presentí.

Voy a irte a buscar allí,
hace un siglo te conocí,
y esta vez no te vas a esfumar
la marea te trajo por fin
hasta mi país.

Voy a irte a buscar
aunque en ello me juegue
mi tercer deseo,
mi última oportunidad.

Voy a irte a buscar
a través de las miles de vidas
que distan de ti
desde ayer a las diez;
voy a volver,
regresaré,
ve tú también
y espérame…
ayer…
allí…

(1985)

!Evohé! !Evohé!

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El glíglico es el lenguaje creado por Julio Cortázar en el capítulo 68 de  Rayuela, que evoca una escena erótica. Se trata de un lenguaje musical que se interpreta como un juego, además de ser un lenguaje exclusivo, compartido por los enamorados, que los aísla del resto del mundo. Cuando leo el glíglico de Cortázar me remito directamente a las imágenes de Ernesto García Peña, otro creador de lenguajes pictóricos que ya ha sido presentado en este blog. Creen sus propias variantes del glíglico, mientras les dejo la muestra de las invenciones deliciosas del cronopio mayor. Paladéenlo, gócenlo y creen sus propias palabras para amar.

Capítulo 68

   Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente su orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, las esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentía balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.

Si esto no fuera suficiente, escuchen este pasaje en las palabras de su creador.