¿Poesía de la intemperie?

Gansos salvajes

Mary Oliver (1935, Ohio)

No tienes que ser bueno.

No tienes que caminar cien kilómetros

de rodillas a través del desierto, arrepentido.

Sólo tienes que dejar que el animal suave de tu cuerpo

         ame lo que ama.

Háblame de la desesperación, de la tuya,

y yo te hablaré de la mía.

Mientras tanto el mundo sigue.

Mientras tanto el sol y los claros

guijarros de la lluvia

se mueven a través del paisaje,

sobre las praderas y los árboles profundos,

las montañas y los ríos.

Mientras tanto los gansos salvajes,

altos en el aire limpio y azul,

se dirigen a casa otra vez.

Quienquiera que seas, no importa que estés solo,

el mismo mundo se ofrece a tu imaginación,

te llama como los gansos salvajes, áspero y excitante,

una y otra vez anunciando tu lugar

en la familia de las cosas.

****

Quién

Jane Kenyon (Michigan, 1947-1995)

Estas líneas son escritas

por un animal, un ángel,

un extraño sentado en mi silla;

alguien que ya sabe

cómo vivir sin preocupación

entre libros, y sartenes y ollas…

 

¿Quién es el que me pide encontrar

el lenguaje por el sonido

que una pezuña de oveja hace cuando rasca

una piedra? ¿Y quién dice

las palabras que son mi alimento?

Intensidades poéticas

Poemario publicado por la Editorial Sed de Belleza, Villa Clara, Cuba, 2014.

Poemario publicado por la Editorial Sed de Belleza, Villa Clara, Cuba, 2014.

Reseña escrita por Laidi Fernández de Juan:

Sheyla Valladares Quevedo (1982), periodista y egresada del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, promete como una de las voces más auténticas que emergen (y permanecerán) en nuestro panorama literario. Ganadora del Premio Pinos Nuevos con el poemario Lo que se me olvida (lanzado en la Feria Internacional del Libro de La Habana, 2015), adelanta su estreno como miembro del corpus poético de la Isla con La intensidad de las cosas cotidianas (Sed de belleza, 2014), presentado en el salón de mayo del Pabellón Cuba.

Aunque ya conocíamos algunos de sus poemas, publicados en el suplemento El Tintero, este libro, cuidado con el esmero de la editorial santaclareña, sobresale, como su título anuncia, por la intensidad, en términos del estremecimiento que provoca, la valentía de su argumento, y la mirada fresca, desprejuiciada y veraz, con particular énfasis hacia la mujer.

Fragmentado en dos grandes secciones: “La intensidad de las cosas cotidianas” y “La extensión de la desgarradura”, el poemario fluye, sin embargo, como una larga confesión, un reclamo ininterrumpido y una denuncia velada, como si fuera un ángel quien susurra, esta vez bien definido en cuanto a su condición sexual. Ya se sabe que la poesía, a diferencia de la narrativa y de la ensayística, es el género literario que más juventud exige, el reino autónomo por excelencia, y que tiene un fuerte arraigo en nuestro país. De ahí que complazca tanto la existencia del ramillete de versos de Sheyla sin pretensiones de vanguardismo, de impactos, o de recursos efectistas.

Se trata de una hechura poética nacida de la autenticidad, que no oculta (ni sobrevalora) su condición de mujer utilizada, vejada, víctima de manipulaciones tradicionales («…quieres lanzarte a peregrinar por los caminos, simulando sed para pedir agua en cada fuente a la samaritana de turno», nos dice enLa última cena”, y «El hombre viejo aguzó la mirada y trató de vislumbrar mi sexo bajo la falda» en “El viejo, mi sonido y yo”, y enRituales” sube la parada con «Venimos a abrirnos de piernas, a abrirnos de alma, venimos a danzar, a mover las caderas, a volvernos líquidas, a provocar espasmos» ), y al mismo tiempo, también con sutileza, sin posicionarse en una tribuna abiertamente batalladora, deja plasmada la postura de la mujer en cuanto al sitio que ha ido alcanzando, pese al régimen falocéntrico que nos domina (todavía).

El poema “Revelaciones de las hijas de Eva”, quizá el que mejor explicita la liberación de ataduras tabúes, bien merecería ser incluido en una antología de textos feministas: «Las mujeres [….] ya no le tememos a los castigos, a los insultos, a que amemos a otra mujer u otro hombre, a ser felices, aunque nos hayan dicho toda la vida que la felicidad no existe».

Son varios los tópicos que aborda el libro, inteligentemente ordenado para no concentrarse en el asunto de la mujer como órbita esencial, y entre sus páginas también está la ruptura de la familia; la muerte, presencia dolorosa e inevitable; el amor real y el fingido; pasajes del campo como telón de fondo, y una tristeza casi visceral, orgánicamente estructurada.

La intensidad de las cosas cotidianas, desgarrador poemario, anuncia la fuerte voz de una joven, cuyos futuros cuadernos, para decirlo con palabra de bardo, a partir de ahora, estoy segura, veremos arder.

Publicado originalmente en la revista cubana La Jiribilla 

Datos de la autora de la reseña:

Laidi Fernández de Juan (La Habana 1961, Cuba) Médico y narradora cubana. Miembro de la UNEAC. Entre sus publicaciones se encuentran: Dolly y otros cuentos africanos (1994); Clemencia bajo el sol (Gran Premio Cecilia Valdés, 1996), Oh vida (Premio UNEAC, cuento, 1998), La Hija de Darío (Premio Alejo Carpentier 2005), Nadie es profeta, Ediciones Unión (2006), La vida tomada de María E, Ediciones UNIÓN, (2008), Jugada en G, Ediciones Unión, (2014). En 2004 recibió la Distinción por la Cultura Nacional.

“Estás herida por flores de papel…”

Día Naranja, NO a la violencia contra las mujeres y las niñas

Día Naranja, NO a la violencia contra las mujeres y las niñas

“Lotte Hat Blaue Augen”.

Estás herida por las hojas, por las ramas que caen.

Estás herida por los brazos ásperos del bosque
que el caballero no ha de apartar para llegar hasta tu sueño.
Estás herida por flores de papel, por rostros extraños,
por gestos, por sonrisas, por muecas sonámbulas.
Estás herida por una ciudad nocturna y por los pasos de sus hombres ebrios.
Estás herida por los doctores, por la sagrada familia, por los pastores y los ángeles.
Estás herida por los niños, por los hermanitos,
Por la mano inocente que apenas sabe empuñar un lápiz,
por las abejas, por las mariposas, por los cansados gatos.
Estás herida por las risas que suenan en tus sueños
mientras caes por un canasto sin fondo al mundo de Alicia.
No dormida: soñando. Soñando sueños espinosos y ásperos como ramas.
Caminando por las calles imposibles de una ciudad nevada.
Abriendo en el libro un pozo, hallando en el pozo el mar, buscando en el mar la perla.
Como un leming pisando tierras nómadas. (Los lagos se han helado, tienes frío)

Raúl Hernández Novás

 

Isaily Pérez: “La poesía no salva de nada, solo acompaña”

Isaily Pérez, poetisa cubana

“No dudes tú de mí

e intenta no olvidarme cuando la noche caiga

(aunque en cosas tan móviles solo un dios tenga

certeza)

la impermanencia es difícil prueba.”

Regreso a Knole House

Supe un día ya lejano y sin marcas en ningún calendario que en Santa Clara tejía con versos su existencia una poeta de nombre Isaily Pérez. Con una pequeña muestra de su obra, encontrada en Queredlas cual las hacéis, antología de jóvenes poetisas cubanas del siglo XXI,  anduve buscando el modo de conversar con su hacedora hasta que vino la oportunidad.

A veces en una entrevista no importan mucho las interrogantes sino la disposición del interlocutor a ofrecerse sin ambages, a creer oportuna la mirada que lo inquiere y útil o interesante la suya propia sobre los diarios acontecimientos.  Hay espacios en el tiempo en que se echan fuera determinadas confesiones, apenas si se menciona una palabra a modo de contraseña.

Las preguntas se armaron desobedeciendo reglas, no buscaban lo absoluto o redundante, solo abrir una hendija y dejar pasar, como si de un soplo se tratara, a Isaily.

Por eso no hablamos de su trabajo como editora en la villaclareña Sed de Belleza, ni de su libro Una tela sobre el bosque, premiado en el Calendario de 2006, tampoco de La vida en otra parte, volumen publicado por Ediciones Aldabón en el 2009. Nada de premios, antologías, apariciones públicas, menos de las maneras de concebir la poesía, pues hay procesos que no se develan ni explican, solo se ponen delante de los ojos, y apenas alcanza uno a comprender el estremecimiento que los ha provocado. 

¿Qué título de otro autor te hubiera gustado para un libro tuyo?

 “El cielo protector”, en inglés, tan bellamente sonoro, “The shelterin sky”. Es un libro de Paul Bowles y luego una película de Bertoluci.  Lo hice mío al usarlo como título de un poema.

Sabemos que las palabras tienen su propia sonoridad, su propio ritmo, pero hay quienes al convocarlas intentan seducirlas o hacerlas acompañar  con alguna armonía. En tu caso, ¿qué música escuchas cuando escribes?

Nada, solo silencio.

La urdimbre de la escritura se espesa o alarga de acuerdo con cada escritor. No podríamos dictaminar una fórmula, pues no existe. Solo queda como sabes, escribirlo todo, todo el tiempo. En este sentido, ¿dónde escribes, a qué hora, cuánto tiempo?

Nunca a diario. Generalmente en la noche, por la tranquilidad. Escribo todo el tiempo que el poema necesite. A veces he levantado la vista y han pasado cuatro o cinco horas que parecieron cinco minutos.

¿Cuáles visiones y fatigas están siendo escritas en estos momentos?

Termino, sin saber cuándo se termina, un libro que contiene poemas a las cosas sencillas, a las que acompañan desde siempre: las tazas, los muebles, las lucetas.

Hay quien desdeña leer cualquier tipo de libro mientras vive en pleno acto creativo por el deseo –a veces ingenuo- de preservar la escritura de posibles influencias, ¿en estos momentos lees algo?

Lamentablemente nada glamoroso: la Norma Editorial, que se me ha olvidado un poco. Hace unos días terminé La carretera de Cormac McCarthy, el libro mejor y más terrible que he leído en años, y ojalá no lo hubiera hecho. 

¿Qué verso nunca has olvidado?

Y sin embargo sé que son tinieblas// las luces del hogar a que me aferro, // me agarro a una mampara, a un hondo hierro// y sin embargo sé que son tinieblas. Fina García Marruz.

¿Cómo te salva la poesía de los escollos diarios?

No salva de nada, solo acompaña.

Hay lugares tan inusuales para leer como lectores existen, aunque en muchos casos la cama, como mejor sitio de lectura, gana por mayor número de adeptos,  ¿qué libro consideras ideal para leer en el baño?

Algunos prefieren leer en el baño, yo leo en la cama casi siempre.

Supongo que como filóloga y escritora tienes una relación significativa con las palabras, pero si tuvieras que elegir ¿cuál sería tu palabra favorita?

No soy muy buena con el cuestionario de Bernard Pivot, me viene a la mente “resurrección”.       

Y en caso contrario, ¿cuál es la palabra cuya connotación provoca que la quieras desaparecer del mundo?

Angustia, odio como suena y lo que significa.

Entre tantas historias leídas con denuedo o displicencia, ¿qué libro recomiendas leer y por qué?

La Biblia: tan humana, maravillosamente sobrenatural, y termina bien. ¿Qué más se puede pedir?

Con el séptimo arte, textos otros que “leemos” y nos “leen”, también establecemos relaciones de singular dependencia. Si tuvieras ahora mismo que organizar la programación de un cine,  ¿cuáles serían las películas elegidas?

Comedias. Estaba viendo anoche Lo mejor del show de Benny Hill. El que tenga más de 38 años sabrá de qué hablo.


En estos tiempos en que vivimos tan saturados sonoramente, ¿qué música recomiendas escuchar?

La que a cada cual le guste. Yo escucho de todo, omnívoramente.

¿Qué hace a un día un buen día?

Eso nadie lo sabe. Uno se levanta bien o mal y ya está. No depende de uno, pero un buen café en un lugar tranquilo puede arreglar muchas cosas.

Si pudieras compartir un buen recuerdo.

Me recuerdo de niña, en la playa, recogiendo algo en una orilla llena de piedrecitas, y de pequeños animalillos que se movían, les llamaban “agujones”. El sol calentaba tibiamente, la mañana solo estaba empezando, y todo estaba lleno de promesas.

 Publicado originalmente en la revista La calle del Medio, # 63

Mi única manera de abrazarte

Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.

Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.

(…) no sé escribir cuando algo me duele tanto, no soy, no seré nunca el escritor profesional listo a producir lo que se espera de él, lo que le piden o lo que él mismo se pide desesperadamente. La verdad es que la escritura, hoy y frente a esto, me parece la más banal de las artes, una especie de refugio, de disimulo casi, la sustitución de lo insustituible. El Che ha muerto y a mí no me queda más que silencio, hasta quién sabe cuándo (…)

JC

Yo tuve un hermano

 Yo tuve un hermano

no nos vimos nunca

pero no importaba.

 

Yo tuve un hermano

que iba por los montes

mientras yo dormía.

 

Lo quise a mi modo

le tomé su voz

libre como el agua.

 

Camine de a ratos

cerca de su sombra

no nos vimos nunca

pero no importaba.

 

Mi hermano despierto

mientras yo dormía.

Mi hermano mostrándome

detrás de la noche

su estrella elegida.

Julio Cortázar

 Audio del poema

 

Gracias por todo, Fidel

Con motivo de los cuarenta años del poema, el 5 de marzo de 1997, en Matanzas Carilda recitó los versos. Poco rato después, la creadora recibió la sorpresa de que Fidel había llegado para saludarla.

Con motivo de los cuarenta años del poema, el 5 de marzo de 1997, en Matanzas Carilda recitó los versos. Poco rato después, la creadora recibió la sorpresa de que Fidel había llegado para saludarla.

Canto a Fidel1


No voy a nombrar a Oriente,

no voy a nombrar la Sierra,

no voy a nombrar la guerra

–penosa luz diferente–,

no voy a nombrar la frente,

la frente sin un cordel,

la frente para el laurel,

la frente de plomo y uva:

voy a nombrar toda Cuba:

voy a nombrar a Fidel.

 

Ése que para en la tierra

aunque la luna lo hinca,

ese de sangre que brinca

y esperanza que se aferra;

ese clavel en la guerra,

ese que en valor se baña,

ese que allá en la montaña

es un tigre repetido

y dondequiera ha crecido

como si fuese de caña.

 

Ese Fidel insurrecto

respetado por las piñas,

novio de todas las niñas

que tienen el sueño recto.

Ese Fidel –sol directo

sobre el café y las palmeras–;

ese Fidel con ojeras

vigilante en el Turquino

como un ciclón repentino,

como un montón de banderas.

 

Por su insomnio y sus pesares

por su puño que no veis,

por su amor al veintiséis,

por todos sus malestares,

por su paso entre espinares

de tarde y de madrugada,

por la sangre del Moncada

y por la lágrima aquella

que habrá dejado una estrella

en su pupila guardada.

 

Por el botón sin coser

que le falta sobre el pecho,

por su barba, por su lecho

sin sábana ni mujer

y hasta por su amanecer

con gallos tibios de horror

yo empuño también mi honor

y le sigo a la batalla

en este verso que estalla

como granada de amor.

 

Gracias por ser de verdad,

gracias por hacernos hombres,

gracias por cuidar los nombres

que tiene la libertad.

 

Gracias por tu dignidad,

gracias por tu rifle fiel,

por tu pluma y tu papel,

por tu ingle de varón.

Gracias por tu corazón.

Gracias por todo, Fidel.

(marzo de 1957) 

 1El periodista estadounidense Herbert Mathews entrevistó a Fidel el 17 de febrero de 1957 en la Sierra Maestra; el 24 de febrero apareció en el periódico New York Times su artículo Cuban rebel is visited in hideout. La revista Bohemia publicó el 3 de marzo En la Sierra Maestra. Famoso corresponsal entrevista a Fidel Castro y el 10 de marzo Sierra Maestra. El hombre estuvo allí. De este modo, se difundió la grata noticia de que Fidel Castro estaba vivo y en ese momento de alegría surgió el poema.

Carilda ha precisado que escribió el canto romántico al leer la confirmación (en la revista Life) de que Fidel estaba vivo. Por lo mismo, puede situarse la escritura entre finales de febrero e inicios de marzo de 1957. Una versión manuscrita del poema fue llevada a la Sierra Maestra. Se leyó al inaugurarse la emisora radial del Tercer Frente Oriental Mario Muñoz (3 de septiembre de 1957) y se publicó en el periódico matancero El Imparcial, el 7 de enero de 1959. Con motivo de los cuarenta años del poema, se realizó una velada homenaje a la poeta, el 5 de marzo de 1997, en Matanzas. Se leyó una carta de Fidel Castro y Carilda recitó los versos. Poco rato después, la creadora recibió la sorpresa de que el Comandante había llegado para saludarla.