Un arcoiris para el sol

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Ahora mismo desde La Habana si miras al sol descubres que lo rodea, en un círculo perfecto, un arcoiris. Y no me interesa saber el nombre científico de la magia -halo solar-, ni de las causas que trajeron este milagro raro que nos hace mirar al cielo con una persistencia mayor que la habitual -refracción de la luz del sol provocada por  cristales de hielo en suspensión en la Troposfera-, ni de que este es un lugar raro para que ocurra este tipo de hechos – no estamos en Alaska- como si esta ciudad y sus gentes no se merecieran la oportunidad, la algarabía, la risa cómplice por las cosas pequeñas, los presagios de cosas venturosas para todos.

Y no es el fin del mundo, ni es un ovni sobrevolando la ciudad con su estómago lleno de criaturas extrañas listas para colonizarnos. Son cristales de hielo, es el sol alumbrando una ciudad con una compañía inusual, es la magia, casi el milagro, el misterio. A veces sobran las explicaciones y las advertencias. A veces basta salir a mirar el arcoiris que rodea el sol, antes de sea algo que otros te cuenten, salir a mirar el sol y quedarte ciego, porque eso es lo que hace la belleza, cegarnos un poco, dejarnos con la duda de que si todo lo que vimos pudimos llevarlo en las pupilas, con nosotros, para cuando nos haga falta ponerlo de escudo contra lo horrible.

Fotos tomadas de Cubahora