Hilos

Mi mamá y yo hemos crecido juntas, como si fuéramos hermanas y otra mujer invisible fuera nuestra madre. Creo que nos hemos esquivocado el mismo número de veces, hechuras imperfectas como somos. Nos hemos sostenido, protegido. Nos hemos amado sin mezquindad. Si hubiéramos habitado solas cualquier planeta, ese nos hubiera parecido el más hermoso porque siempre nos ha bastado la mutua compañía para saber que todo ocupa el lugar predestinado. En el cuerpo de mi madre se concentra la fuerza con que nacen los retoños de los árboles, con la que alumbra la estrella más pequeña y brillante, con la que algunos peces remontan los ríos. Y con esa fuerza ella ha alejado de mí cuánto ha podido lo terrible, aunque ese trozo de dolor le haya golpeado con saña a ella. Y yo que no sé cómo llenarle las manos por todo lo que me ha dado, solo le puedo escribir poemas como este y verla feliz.

Hilos

Le pido a mi madre rescatar el tiempo.

Ella vuelve sobre sus pasos,

se le agrandan los ojos,

y  se le pierde la risa detrás de la última guardarraya.

Finalmente recoge la jaba

que dejó colgando

en la mata de mangos,

que existió allá lejos.

Desfilan las historias

de un puñado de gente desconocida

que ella quiso,

testigos, jueces y verdugos de su vida.

Su voz llena de tiempo  

es el hilo que me va  atar definitivamente a ella.

No se me va a perder nunca más,

ella, que soy yo,

 y las mujeres anteriores,

las que no pudo o no quiso ser.

Todo estará aquí,  en mí

y en las otras mujeres

que después de mi serán.

No olvidaremos nada.

Todo estará ardiendo en nuestra sangre,

constantemente.

(Fotos tomadas de Cubahora)

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