“Estás herida por flores de papel…”

Día Naranja, NO a la violencia contra las mujeres y las niñas

Día Naranja, NO a la violencia contra las mujeres y las niñas

“Lotte Hat Blaue Augen”.

Estás herida por las hojas, por las ramas que caen.

Estás herida por los brazos ásperos del bosque
que el caballero no ha de apartar para llegar hasta tu sueño.
Estás herida por flores de papel, por rostros extraños,
por gestos, por sonrisas, por muecas sonámbulas.
Estás herida por una ciudad nocturna y por los pasos de sus hombres ebrios.
Estás herida por los doctores, por la sagrada familia, por los pastores y los ángeles.
Estás herida por los niños, por los hermanitos,
Por la mano inocente que apenas sabe empuñar un lápiz,
por las abejas, por las mariposas, por los cansados gatos.
Estás herida por las risas que suenan en tus sueños
mientras caes por un canasto sin fondo al mundo de Alicia.
No dormida: soñando. Soñando sueños espinosos y ásperos como ramas.
Caminando por las calles imposibles de una ciudad nevada.
Abriendo en el libro un pozo, hallando en el pozo el mar, buscando en el mar la perla.
Como un leming pisando tierras nómadas. (Los lagos se han helado, tienes frío)

Raúl Hernández Novás

 

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Revelaciones de las hijas de Eva

 

Yo pongo mis versos contra los puños, los gritos, las amenazas veladas, las descalificaciones o prohibiciones, las desigualdades, la falta de oportunidades, la discriminación. La violencia contra la mujer tiene disímiles rostros y lo más terrible es que lleguemos a naturalizarla.

Revelaciones de las hijas de Eva

 Las mujeres ya no guardamos

los diarios debajo de la almohada.

No nos preocupa

quién pueda venir a develar nuestros secretos

a conocernos,

a decir ella se parece a mí

o que mujer tan loca e irreverente.

Ya no sentimos vergüenza

por las palabras que utilizamos.

Decir deseo, está bien,

decir masturbación, está bien,

decir no quiero ser madre, está bien.

Ya no le tememos a los castigos

a los insultos,

a que amemos a otra mujer

u otro hombre,

a ser felices,

aunque nos hayan dicho toda la vida

que la felicidad no existe.

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Bendice a esta mujer

 Bendice a esta mujer

que no se cortó un pecho

para disparar el arco,

que cabalgó a horcajadas

sobre el centauro

y  clavó las flechas

donde pudo,

a la distancia mínima,

o llevándola en su propia mano

hasta la presa necesaria.

 

Bendice a esta mujer

que no olvidó la lengua

de las madres anteriores

que desandaron  la noche

calladas,

con la piel teñida de colores y signos

con el cuerpo más secreto

cerrado a los intrusos

y los nombres de los hijos

colgados en las bocas como alabanzas;

Y que un día, sorpresivamente,

también en silencio,

clavaron una estaca en medio de la lluvia

y abrieron un camino.