La breve duración

Orquídeas cubanas. Foto: Sheyla Valladares

Orquídeas cubanas. Foto: Sheyla Valladares

LA BREVE DURACIÓN

Leí un largo poema de William Carlos Williams

sobre el amor y los asfódelos. Entre lo que ignoro,

tampoco sé qué cosa es el asfódelo. Otras flores tuve

y de otros poemas gusté y también tuve otras ignorancias.

Es cierto que los poemas colocan cosas sobre el mundo

y que hay personas que no gustan de ellos

ni del mundo,

aunque serían mejores si tuvieran

aquello que tienen los poemas.

¿Qué tienen los poemas, William Carlos Williams?

Provocan la desazón de lo desconocido,

el deseo de asir el humo que emana

de lo que creemos conocido.

Tuve esta flor, por ejemplo, hace años,

sobre la pared de una casa en la que estuve viviendo;

en su patio las orquídeas cubrían el lugar

donde antes estuvo la caseta de madera;

en la caseta de madera, el padre de mi amigo,

una mañana nada especial

amaneció colgado de las vigas.

Las orquídeas luego cubrieron el lugar

pero no borraron su aura de tragedia.

De entonces acá esas flores no perdieron hermosura,

pero igual son materia del suicidio.

Otra flor tuve que vi crecer bajo mi agua

—el lirio perenne descrito por Aiel—;

tenía pocas cosas, paredes alquiladas me servían de hogar:

todavía me sirven.

No tuve asfódelos, tuve estas para mí.

Y de mí ellos no guardaron memoria.

Es vanidad de los poemas fijar los deseos del otro

y es vanidad de los poetas

creer que sus versos se fijan en el otro

como no lo hace la flor más que el tiempo

que le corresponde.

Si acaso guardaré algo para mí será lo mismo

que di a los otros que se me acercaron:

la breve duración de los asfódelos,

las orquídeas suicidas, los lirios de agua.

Teresa Melo*

 

*Destacada poeta cubana nacida en Santiago de Cuba, en 1961. Es graduada de Filosofía en la Universidad de la Habana. En su ya extensa trayectoria literaria destacan los títulos Libro de Estefanía (1990), El vino del error (1998), poemario este por el que recibió el Premio de la Crítica de ese año, Yo no quería ser reina (2000), El mundo de Daniela (poesía para niños, 2002) y Las altas horas (2003), libro con el que obtuvo el Premio de Poesía Nicolás Guillén. Es además autora de las antologías Mujer adentro (2000), Incesante rumor (2002) y Soy el amor, soy el verso. Selección de poesía de amor en lengua española (2004). Sus textos aparecen en numerosas antologías de poesía publicadas dentro y fuera de Cuba; entre otras: Ellos pisan el césped (1988), Poesía infiel (1989), Retrato de grupo (1989), Jugando a juegos prohibidos (1990), La isla entera (1995), Hermanos (1997), El turno y la transición. Poesía latinoamericana del siglo XXI (1997), Donde termina el cuerpo (1998), Mujer adentro (2000), La casa se mueve (2001), Incesante rumor (2002), Heridos por la luz (2003) y La estrella de Cuba (2004). Actualmente trabaja como editora en su provincia. Es miembro de la UNEAC y, entre otros reconocimientos, le fue otorgada la Distinción por la Cultura Nacional.

Datos ofrecidos por A. A. G

 

Anuncios

Las altas horas

Para conocer a la poeta santiaguera Teresa Melo no basta un poema.  Se precisan más poemas para conocer a esta mujer que escribe despacio, que se da tiempo para elegir las palabras que han de nombrar lo que duele o palpita feliz. Pero sirvan esta primeras letras suyas para tomar gusto y empezar a buscarla por las librerías, por los anaqueles de los amigos. Versos así no se paren todos los días. Versos así nos restituyen al lugar del que el mundo abrupto nos expulsó alguna vez. Acá les dejo el poema Las altas horas, que le da título al libro ganador del Premio Nacional de Poesía  Nicolás Guillén en el 2003. !Buen provecho!

Las altas horas

El día de mi padre me decía al oído:

Be careful, it´s my heart

Louis Armstrong dictaba en el oído

lo que nunca cantó.

Otro hombre perfecto fue su dueño.

Cantores, militares, ya no viven aquí.

Vive Daniela/

El eterno retorno de la canción que pide

cuida mi corazón de alturas y cemento.

Y por la suerte cuido.

Levísima es la suerte a la que doy memoria.

 

Hija mía. Sé libre

ama con esperanza/ con ingenuidad.

 

Una taza de té  empecé a tomar hace años

y hace más tiempo removía la carne temblorosa

que tomaría el té.       Desde ese temblor

escribí, escribí:

ahora cuento las palabras

que quedan sin contaminar.

Dentro de mí        el piso 23    la escuela

el corazón que cae,

Tú eres ese cuerpo sin fragmentar       intacto.

 

Hija mía       soy libre

te amo con esperanza/ con ingenuidad.

Quédate cerca de la puesta del sol:

quien la fragmenta y disecciona

no puede hacer que el sol se ponga para ti.

Quien diseca la palabra

no puede hacerte vibrar con palabra alguna.

Eso te doy      las puestas de sol que fueron

las sobre mí

las que te inquietarán y aquietarán

y esta palabra sin contaminar

para que la bebas con fruición

como la leche de las altas horas

la acunes, aprendas y mastiques

y te haga luz      en la hora violeta

cuando el sol se ponga sobre mí.

Teresa Melo, libro “Las altas horas”