The Help, la película que vi.

Los Oscar ya fueron, y aun persiste su estela.
Muchos nunca creyeron en la relevancia de las películas nominadas. Acusaron demasiada nostalgia por tiempos pasados, demasiado interés por contar historias correctas, sin riesgos y sin consecuencias que no dejen dormir por las noches.
Se sumó a la desconfianza, justificada por demás, los resultados del estudio realizado por Los Angeles Time, el cual demostró que de los 5 mil 765 integrantes de la Academia que deciden quién se lleva el Oscar, casi el 94% son blancos, de ellos el 77% son hombres y la edad promedio de los votantes es de 62 años.
Pero a mí nunca me han importado mucho los Oscar, ni otros premios, me importan las películas. Lo que me dicen o no me dicen. Lo que me mueven dentro. El sueño que aniquilan o la luz que dejan entrever entre escena y escena.
Así me sucedió con “The Help” o “Criadas y señoras” o “Historias Cruzadas”; en dependencia de la zona horaria, geográfica y hasta emocional en que hayas accedido a esta cinta.
Algunos sectores de la población negra de Estados Unidos no han estado muy conformes con la película por el papel “estereotipado” de las criadas que se personifican, ni porque la feliz idea de escribir un libro haya venido de manos de una “blanca” para su propio provecho. Por otro lado, una parte de la población blanca no ha estado muy feliz por la vuelta a las pantallas grandes de un fenómeno que tienen todos los días frente a sus narices, que persiste y cobra nuevas formas de expresión aunque quieran negarlo.
A mí me valió la historia de colaboración y de alianza entre las mujeres –sin importar sus razas o sus posiciones en la escala social- en ese Jakson infernal de la década de los sesenta del siglo XX. Porque es otra muestra de las reacciones de las mujeres contra el patriarcado que las segrega, las invisibiliza, las discrimina, las silencia.
The Help, con todos sus defectos, sus ambigüedades, sus lugares comunes, me cuenta la lucha de las mujeres contra el silencio. Su capacidad de crear finas redes, a veces vulnerables, para tejer entre todas la resistencia.
Por eso me ha gustado la historia de la escritura de un libro con las vivencias de las domésticas de Mississippi, de un pequeño territorio, como camino para descubrir y describir diversas estrategias patriarcales configuradoras de una conspiración del silencio, en una época en que se estaba gestando el movimiento por los derechos civiles de los negros en los Estados Unidos, con Martin Luther King como abanderado.
“Nadie me había preguntado que se sentía ser yo” dice casi al final de la película Aibileen Clark, una de las protagonistas. El proceso escritural les permitió nombrar una experiencia donde pesaba tremendamente el color de la piel y el género. El yo íntimo de cada una de las que participaron en este proyecto fue puesto en evidencia, dejó de ser una entelequia, un algo inexistente. A través de las palabras cada una nombró su dolor, sus temores y sus pequeñas alegrías y por lo tanto tomaron la voz que les correspondía, el espacio vedado por décadas de discriminación racial y de género.
Al mismo tiempo esta película pone en evidencia algo que muchas veces a las mujeres nos cuesta asimilar; y es que dentro de nuestras sociedades, patriarcales por excelencia, también tenemos que lidiar con otras féminas que se encargan de vigilar que los patrones sexistas, discriminatorios y diferenciadores se mantengan y se reproduzcan.
En la cinta es el personaje de Hilly, quien principalmente se encarga de esta tarea. Todo el tiempo se ocupa de estar observando, vigilando, los comportamientos de género de las otras personas. Se erige en la propia carcelera de las demás mujeres de su entorno con métodos lamentables. Asume con suma complacencia el papel de policía de género, al decir de Marcela Lagarde. Y de paso ayuda a hacer más efectivas las maniobras de un patriarcado por establecer reglas inamovibles.
La escritura frente a la dominación. La escritura como método de solidaridad, de potenciación de los propios recursos, de arma contra todo aquello que disminuye, subyuga, discrimina. La fortaleza de la palabra de la mujer contra un destino que no escogió, contra los barrotes de una jaula que a cada momento se cierra más sobre ella.
Esta fue la cinta que vi.
Coincidentemente este año el movimiento feminista cubano celebra su centenario y es un momento en que los debate de género se han revitalizado en el país, sin que se piense por ello que la palabra de la mujer cubana hoy encuentra siempre los espacios más propicios para germinar.
Ficha técnica:
Dirección: Tate Taylor
Guión: Tate Taylor basado en el bestseller de Kathrin Stockett
Reparto:
• Emma Stone como Eugenia “Skeeter” Phelan.
• Viola Davis como Aibileen Clark.
• Bryce Dallas Howard como Hilly Hoolbrook.
• Octavia Spencer como Minny Jackson. (ganadora del Oscar a mejor actriz de reparto)
• Jessica Chastain como Celia Foote.
• Allison Janney como Charlotte Phelan

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