Karla Suárez: “La escritura para mí ha sido un territorio donde yo estoy sola”

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Una de las tantas alegrías que trajo la última Feria Internacional del Libro fue la presencia en La Habana de la escritora Karla Suárez. Entre las cosas que hizo estuvo la presentación de su libro de cuentos Carrozas para actores en la UNEAC de la mano de la periodista, poeta y narradora Marilyn Bobes.  

Me moría de ganas de conocerla, de escucharla y llevarle para que me lo firmara el ejemplar que compré en la librería más hermosa que tiene la calle Obispo, y no hablo de La moderna poesía, sino de la Fayad Jamís; que como dice una amiga parece que es en divisa pero no. Ella sabrá por qué lo dice… y yo también. Pero no tuve oportunidad, porque a veces una se deja entretener y va perdiendo el rastro de las cosas verdaderamente importantes. Aún así conservo la esperanza de tropezar con ella cualquier día de estos, todas las calles y parques son propicios.

Mientras llega el día feliz les dejo una entrevista que me concedió recientemente vía Internet, que es de la manera en que los humanos burlamos los desencuentros geográficos, de usos horarios y hasta los del corazón:    

Siempre se piensa que conversar con un escritor al que se admira supone uno de los sueños más arduos de lograr. A veces porque los tiempos de vida no son los mismos -y la máquina del tiempo todavía no se inventa-; a veces porque la fatalidad geográfica e institucional impide que espacialmente autores y lectores coincidan o porque sé es esencialmente tímido y es preferible seguir admirando a los escritores en silencio, humildemente aunque los tengamos a menos de tres pasos.

Pero si un sueño de este tipo yo tenía era conocer a la escritora cubana Karla Suárez desde el instante en que leí el primer cuento de su libro Espuma. Con el tiempo Karla Suárez escribió nuevos libros, ganó importantes premios, vivió en Roma, en París, se mudó a Portugal; siguió dando clases de informática, ha sido jurado de numerosos concursos y se hizo un sitio web en Internet.  Gracias a esto último conversar con ella no siguió siendo un deseo postergado. Tras el primer intento y un corto cuestionario las respuestas regresaron a vuelta de correo electrónico.

¿En estos momentos cómo se encuentra la acogida de literatura cubana en Europa, sigue constituyendo una moda o ha encontrado otra manera de hacerse visible?

Creo que la moda de hace algunos años ya pasó, como suele suceder con todas las modas. Además, en general, Europa no está en un buen momento, hay una gran crisis y ya sabemos que, desgraciadamente, en las crisis lo primero que se resiente es la cultura. Salvan a los bancos, nunca a los libros.

¿Ha corrido el riesgo de ser encasillada y de caer en la trampa de escribir “lo interesante” en un momento en que ser mujer, escribir y tener menos de cuarenta años constituían cartas credenciales oportunas?

Ser encasillada, seguro, siempre alguien te encasilla, hay una enorme manía de clasificarlo todo como productos de supermercado. En cuanto a caer en la trampa de escribir “lo interesante”, pues mira, ojalá y de vez en cuando alguien me dijera qué es “lo interesante” (me río). La verdad es que desde que empecé a escribir, siendo una niña, la escritura para mí ha sido un territorio donde yo estoy sola, rodeada de personajes de ficción, viviendo vidas paralelas, lejos de todo ser viviente que no se parezca a un gato o a una planta. Es mi medicina y mi espacio de absoluta libertad. Y por supuesto que me encanta si a alguien le parece interesante lo que escribo, pero no escribo para que resulte interesante, porque cuando escribo soy el ser más egoísta del mundo, sólo existimos mi ficción y yo. Eso es lo que me divierte y me apasiona.    ¿Cómo ha logrado, a pesar de la lejanía geográfica, seguir perteneciendo a la literatura cubana?

Yo soy cubana, nací, me formé y he vivido la mayor parte de mi vida en Cuba, eso es un hecho,  por tanto nada tengo que hacer de especial para pertenecer a la literatura cubana. Y no es un problema de derecho por nacimiento, Italo Calvino nació en Cuba, pero no es un escritor cubano. Cuando cumpla 56 años, si aún vivo fuera de Cuba, estaré justo en la mitad del tiempo, 28 años en Cuba y 28 años fuera, entonces a los 57 años quizá tendré las ideas más claras respecto de la pertenencia o no a un sitio.

¿Se ha mantenido al tanto de lo que se publica en la isla, sobre todo lo que están publicando las escritoras? ¿Pudiera darnos su opinión?

No estoy tan actualizada como quisiera estar, porque no tengo acceso a los libros. Cuando voy a Cuba o cuando algún amigo me visita compro o me traen libros, es el único modo que tengo de saber más o menos lo que se está publicando, aunque lógicamente, primero trato de seguir a los autores que ya conozco y, en especial, a los amigos. Lo que sí sé y eso me parece magnífico, es que hay muchísima gente joven escribiendo, que las ganas de contar historias siguen estando vivas.

Usted ha declarado que el oficio de escribir es lento y necesita tiempo de maduración, sobre todo el escritor ¿ha llegado usted a esa madurez anhelada y necesaria?

¡Qué pregunta difícil! Pues no lo sé, sinceramente tengo la impresión de que mientras más años cumplo más inmadura me vuelvo, más complicado me parece escribir, no sé. Cuando tienes un solo libro escrito no tienes con qué compararlo, tu experiencia es muy corta, pero mientras más escribes, a más dificultades te has tenido que enfrentar y por tanto más difícil te parece alcanzar lo que quieres. Al menos eso es lo que me sucede a mí que siempre intento hacer cosas distintas. En general cuando era jovencita tenía más certezas sobre todas las cosas y era capaz de “dictar sentencia” con cierta facilidad, ahora ya no puedo. Ahora “sólo sé que no sé nada”. ¿Será eso un signo de madurez? Quizá.

En una de las últimas entrevistas publicadas en Cuba su novela La viajera acababa de publicarse ¿Cómo fue el viaje de este libro, cuáles satisfacciones le ha dejado?

En algunos lugares le fue mejor que en otros pero, en general, ese libro me llevó a algunos sitios que no conocía y me permitió conocer gente muy interesante. Por otra parte sucede algo raro, la novela ya no se encuentra en las librerías españolas, donde los libros duran muy poco tiempo en las estanterías y, sin embargo, con frecuencia me escriben lectores haciendo comentarios porque lo han comprado en internet. Eso es muy bonito. Otra cosa bonita que me pasó hace poco tiempo fue que encontré un librero en Nueva York y me dijo que solía recomendar La viajera y poner el disco en su librería (la edición española incluye un CD con la música de la novela).Yo ni podía imaginar que allí se encontrara el libro en español, pero los libros son así, como los hijos, salen de casa y cada cual hace su vida, yo espero que su viaje aún no haya terminado.

Con su novela más reciente Habana año cero vuelve a la Habana de los años 90. Esta es una etapa de la historia cubana que muchos escritores han abordado en sus libros ¿qué elementos distinguen su novela?

Esta novela transcurre en el año 1993, terrible e inolvidable año para casi todos los que lo vivimos allá. El año en que se hablaba de la opción cero, cuando “liberaron” el dólar y la economía empezó a ser abiertamente una doble economía con las consecuencias que todos conocemos. Un año donde, en mi opinión, se definió un cambio de valores en la sociedad y el “poderoso caballero Don Dinero” salió a la calle para decirnos que todos no éramos iguales. Un año bastante triste. Pues en ese año tengo a cinco personajes, una licenciada en matemática, un escritor, un profesor retirado de la universidad, un desempleado y una periodista italiana, todos viven situaciones difíciles y tienen la ilusión de encontrar algo que les va a cambiar la vida. Ese algo es un documento científico original que prueba que el teléfono se inventó en Cuba. Esto último es un hecho histórico que ya fue reconocido: el teléfono lo inventó el italiano Antonio Meucci estando en La Habana en 1849, aunque para la mayoría de la gente y de los libros, Graham Bell sigue teniendo el mérito. A partir de este hecho, narro las peripecias de mis personajes en busca de un documento que, según ellos, les va a cambiar la vida y, de paso, cuento la vida de Meucci. Las dos historias tienen algo en común: sus protagonistas viven situaciones desesperadas y parece que están condenados a perder. Hay algo que siempre me ha llamado la atención, cuando las personas están en una situación límite son capaces de aferrarse a cualquier cosa para sobrevivir y eso hacen mis personajes, intentar sobrevivir cueste lo que cueste. Es una novela divertida y amarga a la vez.

Sus cuentos han sido llevados a la televisión y ahora su obra Silencios ha sido llevada al teatro, ¿cómo se siente al respecto? ¿Le preocupa la manera en que sus obras son transformadas por otras visiones?

No, de ninguna manera me preocupa, al contrario. Cuando das el consentimiento para que alguien adapte un texto tuyo a la televisión o al teatro, como es mi caso, tienes que saber que ya no es tu texto. Yo soy responsable de lo que escribí, lo que está en el papel, pero no de cómo otra persona va a leerlo o a interpretarlo y si acepto que lo hagan, pues tengo que respetar el trabajo de creación del otro. De manera general me ha emocionado mucho cuando han hecho adaptaciones, es como asistir a otra cosa, de repente verles las caras a tus personajes es raro, pero puede estar muy bien. Por ejemplo, yo ahora cada vez que pienso en mi cuento El ojo de la noche veo a Tahimí Albariño y a Mijail Mulkay en la adaptación de Charlie Medina y eso me parece muy bien.

Usted ha declarado que una mala crítica puede hacerle “colgar los guantes” a cualquiera. ¿Si revisamos su trayectoria como escritora desde que publicó su libro de cuentos Espuma podemos inferir que la crítica ha sido benevolente con usted? ¿Es así?

No siempre, tengo de todo, desde críticas muy buenas que llenan de alegría hasta de las que dan ganas de llamar al periodista y preguntarle que con tanto libro bueno, por qué se tomó el trabajo de leer el mío y escribir sobre él. Pero en fin, es parte del oficio.

¿Qué viene después de Habana año cero o es muy pronto para preguntar?

Vienen varias cosas, aunque no sé en qué orden, ni cuándo ni cómo saldrán. Ya dije antes que estoy trabajando en el libro sobre Roma junto al fotógrafo Francesco Gattoni. Además tengo a medias un libro de cuentos y en proyecto dos novelas. Y para terminar, también estoy escribiendo unas historias infantiles, no sé qué saldrá de todo eso, pero me divierto. Ya te dije que la crisis ha afectado bastante al sector editorial, no corren buenos tiempos, pero al menos para mí, la creación es la mejor medicina contra las tempestades.

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