Carilda Oliver: “He ejercido mi libertad”

Carilda Oliver Labra, poeta cubana

Carilda Oliver Labra, poeta cubana

Por: Silvina Friera 

Tomado de Cubadebate

“No soy alondra, soy lechuza; por las noches estoy feliz”, dice Carilda Oliver Labra, una de las voces más importantes de la poesía hispanoamericana de la segunda mitad del siglo XX. Ahora que “el almendrón” –un taxi-colectivo– toma la vía Blanca y comienza a salir de La Habana rumbo a Matanzas, llega el recuerdo de la charla telefónica, cuando aceptó la entrevista con Página/12 con la única condición de que no fuera temprano. El paisaje, a medida que se interna en la provincia de Mayabeque, se vuelve más rural: vacas, toros y caballos pastorean tan campantes que producen un sentimiento semejante a la envidia. Un hurón cruza la ruta y esquiva el almendrón justo a tiempo. “La tierra” es un bello poema de Carilda que viene a la mente: “Cuando vino mi abuela/ trajo un poco de tierra española, /cuando se fue mi madre/ llevó un poco de tierra cubana./ Yo no guardaré conmigo ningún poco de patria:/ la quiero toda/ sobre mi tumba”. Camilo, el chofer, licenciado en matemática que hasta 1994 dio clases en escuelas secundarias, oficia de guía turístico. De pronto señala la fábrica de ron Havana Club, en Santa Cruz del Norte. La pupila levita hechizada por obra y gracia del valle del Yumurí y del puente Bacunayagua. Tiene 110 metros; es el más alto del país y divide la provincia de Mayabeque con Matanzas, “la ciudad de los puentes”, la Atenas de Cuba. En menos de lo que canta un gallo, pero después de dos horas y media de viaje y 90 kilómetros de recorrido, se llega al barrio Pueblo Nuevo, a la Calzada de Tirry 81, la calle que conduce hacia el mundo de la poeta cubana que ama “el tiempo y sus transfiguraciones cósmicas”.

La casa donde vive Carilda es de 1885. “Todos los vitrales son italianos. Este vitral –señala uno entre el comedor y el patio– es el único que queda entero en Matanzas, pero en un ciclón se rompió un poquito. Yo le pongo un papelito de los que usan los escenógrafos, del mismo color, y no se ve. Pero como ha llovido se ha caído. Todo es antiquísimo. Los canteros son de la fundación de la casa; están semidestruidos porque no los hemos querido tocar. Nos mudamos en 1926. Yo nací en el ’22. O sea que llevo 86 años viviendo acá, porque cumplí 90 en julio. Soy casi tan vieja como la casa.” Hay que ver a Carilda sonreír; sacude despacito los hombros y las mejillas se ruborizan levemente. A sus pies se acomoda un perro salchicha que tiene quince años y anda peinando canas. “Como era muy majadero y se comía los calcetines de Raydel, le puso Stalin. Pero responde al nombre de ‘Papito’”, revela Carilda. “Papito” alza las orejas y mueve la cola, festejando la oportuna aclaración. En el patio, un puñado de gatos de todos los colores y tamaños corretean, saltan por el aire y parecen los reyes del equilibro cuando caminan por los bordes de las macetas. La familia felina se agrandó: dos de las gatas tuvieron cría; ahora son 16. “Siempre tuve gatos, desde niña. Primero tenía uno solo, maravilloso, que cuando me fui a los Estados Unidos a visitar a mi familia, quince días nada más, se negó a comer y se murió. Cuando volví, mi suegra lo había enterrado en un cantero. Ghandi se llamaba. Lloré muchísimo, me puse muy mal.”

La poeta matancera presentará en la próxima Feria del Libro de La Habana Una mujer escribe (Ediciones Matanzas), una antología de su poesía prologada por Raydel H. Fernández, marido de la poeta cincuenta años menor que ella, realizada para celebrar los 90 años de Carilda. Como una maga, abre las manos y aparece el ejemplar de Desaparece el polvo, una miniatura amarilla de tapa dura con edición y prólogo de Antonio Piedra, publicada en España. “Fíjate cómo está; los tenía guardados uno pegadito con el otro. ¡Yo no sé qué ha pasado!”, se queja. La humedad, como siempre, cumplió el papel de alumna ejemplar. La tapa de la encantadora miniatura se descascara. “Este libro está relacionado con problemas personales, ¿comprendes? Estuve vetada, no se me publicó durante mucho tiempo, entre el ’63 y el ’78. En el ’78 me arriesgué a ir al Concurso 26 de Julio. Me dieron un diploma y me citaron al sitio en La Habana donde entregaban el premio. Desde el momento en que voy al premio, es porque veo una situación favorable.”

–¿Qué fue lo que pasó?

–Nada… Mira: ni el mismo Fidel creo que sepa lo que pasó. Él directamente no tuvo que ver nada con eso. Me parece a mí que fue un problema entre escritores, claro que escritores con poder político. ¡Si yo había escrito Canto a Fidel cuando Fidel estaba en la Sierra! Después del triunfo de la Revolución, estaba satisfecha; se me había cumplido un sueño, una aspiración, una necesidad de ver libre a mi país. Entonces la Revolución viene con sus reformas, sus nuevos modos; se van echando abajo muchos prejuicios. Es un nacimiento de una era totalmente nueva. A mí eso no me llama a la poesía y salto sobre eso. Pero estoy tranquila, un tiempo sin escribir o escribiendo cosas que no tenían nada que ver con la Revolución, más bien de mi vida personal, amorosa; toda la poesía erótica que, claro, desde temprano tenía esa línea. Ha pasado el tiempo y se han hecho estudios, reuniones; hemos sido convocados por la misma Revolución, por los líderes, a explicar qué pasó. En ningún momento se me ocurrió irme de mi país porque no me publicaban. Eso jamás me pasó por la mente porque Cuba siempre tiene que estar sobre todo, ¿entiendes?

–¿Por qué se queda usted, Carilda?

–Yo me quedo por amor, chica, porque amo a mi patria. Si luché y expuse mi vida, ¿cómo me iba a ir después? No me podía ir porque lo que yo quería estaba en el gobierno, ¿te das cuenta? Ahora tengo mis disensiones con distintas acciones de la Revolución. Pero no me siento capaz de discutirlas porque yo soy revolucionaria natural. No soy una persona que me rija por determinadas reglas. Yo soy muy libre siempre. He acatado todo lo que veo que ha sido maravilloso porque la Revolución ha dado cambios en la cultura y en todos los sentidos. Con Desaparece el polvo empiezo otra vez a ser reconocida. O sea que no es que ellos entiendan la Revolución, sino que la Revolución me entiende a mí. Parece una locura lo que te estoy diciendo, pero es así. Muchos de los escritores que ahora están dirigiendo estuvieron vetados. ¿Qué quiere decir? Que no hay sólo una toma de conciencia del escritor, sino de la Revolución. Y esos que parecían enemigos nunca lo fueron porque si no hoy no podrían estar en los lugares que están. Y eso, chica, es una cosa sociológica.

–Mientras escribía los poemas eróticos sabía que iba a incomodar, ¿no?

–Eso sí, he ejercido mi libertad, me he sentido mujer. Yo amaba la libertad y escribía también lo que me daba la gana. Claro que me acuerdo de que al principio escondía mis versos porque me daba como pena, pero no porque contuviera nada excesivamente atrevido. Esta es una labor de tanta intimidad con el papel, con la tinta, viene a ser un oficio que parece misterioso y que no se da siempre. Uno sabe cuando llega el verso que sirve y cuando llega el otro que hay que desechar. La poesía es una visita prodigiosa cuando se da porque a veces uno pasa mucho tiempo y no consigue nada. Un verso no siempre es poesía. Y la poesía está en todas partes, no sólo en el verso. Empecé a escribir después de los primeros libros; empecé a tener, sin darme cuenta, un idioma propio, un modo de expresarme. Sigue leyendo

El súbito vuelo con el que me salvo

"quemarse las alas es a veces la única opción posible..."  Foto: Sheyla Valladares

“quemarse las alas es a veces la única opción posible…” Foto: Sheyla Valladares

Ya le van quedando pocas horas al 2012. Un año en el que vimos casi de todo en el mundo, casi horrores todos los días, casi la muerte venciendo, poniendo su estandarte sobre los hombres, casi la ruina del amor,  casi el olvido de la hermandad que nos une a todas las criaturas del mundo, casi la desesperanza por lo que nos falta, por el silencio y la desconfianza, por todas las cosas torcidas a nuestro alrededor. A pesar de esos y tantos otros agobios casi siempre pudimos alzarnos sobre nuestros pies y reemprender la jornada, volver a reírnos, a dar abrazos, a embriagarnos de optimismo.

En los días  aciagos yo siempre busqué este poema porque de una manera misteriosa e inexplicable siempre pone fuerza en mi corazón, en mi espíritu. Por eso se los regalo, en esta nueva era, en esta nueva edad del mundo, para que les acompañe y les sirva de bálsamo con la misma eficacia que a mí.

Y no olviden regresar a este rincón en el 2013, les estaré esperando!!!

Nocturno

Las pequeñas derrotas cotidianas, los fracasos pasajeros, los

golpes del desaliento y el cansancio

hacen blanco en tu alma,

vierten sobre tus sueños unas gotas de agua turbia y amarga. Y de

ahí nacen esos pasillos de abismo,

esos ígneos parajes donde te acecha una serpiente o te acosan

babeantes endriagos de Goya,

esos soles nauseabundos que te arrancan el pellejo,

ese horror, esos terremotos,

ese humo acre del fuego invisible en el que arden seres queridos,

ciudades queridas, deseos queridos.

 

Pero también las mínimas victorias del día,

el error estrangulado a tiempo,

el poema que salió de un solo tajo,

la carta desbordando besos y buenas noticias,

la muchacha que no dijo sí pero que tampoco dijo no y dejó caer,

como de antiguo los pañuelos, una esperanza,

la artesana alegría del pan bien ganado,

el bálsamo de la mano amiga

echan sus raíces en el sueño.

Y de ellos nacen, entonces, el súbito vuelo con el que salvas

finalmente el abismo,

la puerta imprevista por la que escapas de los endriagos,

la caricia del aire sobre tu piel ardida,

y ese aguacero dulce que estrangula al fuego del mal, que lo pone

de rodillas;

esa espada que, empuñada por tu mano,

decapita a la serpiente.

 (del libro “Las palabras vuelven”, Luis Rogelio Nogueras, Wichy)

 

Revelaciones de las hijas de Eva

 

Yo pongo mis versos contra los puños, los gritos, las amenazas veladas, las descalificaciones o prohibiciones, las desigualdades, la falta de oportunidades, la discriminación. La violencia contra la mujer tiene disímiles rostros y lo más terrible es que lleguemos a naturalizarla.

Revelaciones de las hijas de Eva

 Las mujeres ya no guardamos

los diarios debajo de la almohada.

No nos preocupa

quién pueda venir a develar nuestros secretos

a conocernos,

a decir ella se parece a mí

o que mujer tan loca e irreverente.

Ya no sentimos vergüenza

por las palabras que utilizamos.

Decir deseo, está bien,

decir masturbación, está bien,

decir no quiero ser madre, está bien.

Ya no le tememos a los castigos

a los insultos,

a que amemos a otra mujer

u otro hombre,

a ser felices,

aunque nos hayan dicho toda la vida

que la felicidad no existe.

*********

Bendice a esta mujer

 Bendice a esta mujer

que no se cortó un pecho

para disparar el arco,

que cabalgó a horcajadas

sobre el centauro

y  clavó las flechas

donde pudo,

a la distancia mínima,

o llevándola en su propia mano

hasta la presa necesaria.

 

Bendice a esta mujer

que no olvidó la lengua

de las madres anteriores

que desandaron  la noche

calladas,

con la piel teñida de colores y signos

con el cuerpo más secreto

cerrado a los intrusos

y los nombres de los hijos

colgados en las bocas como alabanzas;

Y que un día, sorpresivamente,

también en silencio,

clavaron una estaca en medio de la lluvia

y abrieron un camino.

El tac-tac de la chancleta izquierda

 

Al poeta Israel Domínguez lo encuentro y lo pierdo en el tiempo. Nunca he tenido un libro suyo, completo, en las manos. Sus poemas me asaltan  en el camino de los días, se me ponen delante de los ojos y reconozco sus palabras y las hago mías. Siempre que lo hallo me sirve, me clava agujetas en la piel, no tengo que hallar otro modo de decir lo que siento. Por eso cuando me encontré este poema suyo no quise otra cosa que traerlo a mi rincón, para mi madre, una vez más.

El tac-tac de la chancleta izquierda

A Rolando Estévez

quien conversa en la cocina de mi casa

mientras Mireya hace café.

 

ponerlo a la mesa, mostrarlo a los amigos.

Alberto Rodríguez Tosca

 

Cuando mi madre arrastra su pierna

yo no me compadezco como el vecino

que cumple con su deber de buen ciudadano:

el dolor se encharca

y el alma se cubre de limo.

 

Cuando en la oscuridad del corredor imaginario

mi madre camina, y mientras avanza

retumba el tac-tac…de su chancleta izquierda

yo no me compadezco como el buen samaritano:

por mis conductos fluye un río de fuego

y las paredes se estremecen revolviendo el ácido

que se concentra en las articulaciones

 

Mi madre arrastra junto a su pierna

el alzhéimer de mi abuela

y yo no me compadezco como el espectador

que se reconforta

ante el show de la podredumbre ajena:

mi dolor es el dolor de César Vallejo:

hoy no sufro solamente.

 

Mi madre arrastra junto a su pierna

la tragedia de mi padre, la alegría estúpida

de los enemigos, la indolencia, el marabú…

y yo no me compadezco como un simple compañero:

rabia la sangre y de un manotazo

tiro las miserias.

 

Sin embargo, no siempre fue mi madre

la angustia que hoy se me atraganta.

Hubo un tiempo de epifanía inmarcesible:

un aire fresco y saludable que inundaba la casa,

un instante en que se creía en el amor

como en casi todo,

y era mi madre la línea parpadeante,

la dulce ingenua idea de que nada se iba a acabar

 

Trato de conformarme

pero la conformidad es un cuchillo de doble filo.

Trato de aceptar, y aunque sé que la vida

siempre abre una puerta

poner la cabeza donde va el corazón

es el hermoso traje de la sabiduría

que ahora no me sirve.

Si mi madre es el dolor permanente

también pudiera ser el único alivio a ese dolor.

Veo a  mi madre infatigable, dura

como el quiebra hacha,

acomodando al Abadón de su cervical

con la misma humildad con que un varentierra

resiste un ciclón.

Cuando está a punto de decir basta hasta aquí

ya me cansé

el gesto se suaviza, cobra su rostro

la dulzura habitual

Y convierte al alzhéimer en un niño pulcro y oloroso.

Veo a mi madre arrancando los coágulos

que se pegan a las hojas del marpacífico.

La veo con los zapatos gastados, las manos limpias

mientras camina por el sendero de la Gran Marcha

y sostiene el peso de un ideal

como quien soporta en sus brazos

una pila de caña quemada.

La veo sacrificarse (si es preciso, dejaría de existir)

para que su hijo vanidoso escriba versos

que probablemente no cambien nada

ni a nadie.

 

Cuando mi madre arrastra su pierna

yo me pregunto:

De qué material están hechos los seres

que arrastran el dolor

con la misma paciencia

con que ofrecen la vida.

Israel Domínguez (Placetas, Villa Clara, 1973). Miembro de la AHS y la Uneac. Ha recibido, entre otros, los siguientes premios: Calendario, José Jacinto Milanés y Dador. Algunas de sus obras publicadas son: Hojas de cal, Collage mientras avanza mi carro de equipaje y Después de acompañar a William Jones. El poema de hoy pertenece a su cuaderno Viaje de regreso(Ediciones Matanzas), Premio de Poesía de los VIII Juegos Florales de Matanzas.

De olvidos y otras enfermedades

es tan largo el olvido...

es tan largo el olvido…

Este es un post resucitado de otro lugar donde habité con palabras. Se lo debo a Leydi Torres Arias que hoy vino a salvar mi día y me habló de abrazos, de palabras queridas y de rescates. Aunque pueda ser un contrasentido de toda la maravilla que disfrutamos conversando largo sin atender a las leoninas tarifas de Etecsa, este escrito habla del olvido, del voluntario, del protector y del descorazonado que un día nos borra sin previo aviso de la vida de las personas para quienes creíamos que éramos importantes.

Después de una hecatombe, un diluvio, la muerte o la alegría, sobreviene inevitablemente el olvido. Es lo primero en asentarse sobre las cosas y las almas. Somos frágiles ante sus embates, no hemos aprendido fórmulas certeras para enfrentarlo. Y muchas veces sosegadamente nos entregamos a él, lo dejamos hacer. Con suerte un día le damos batalla, lo despedazamos, instauramos la terquedad y seguimos caminando con el fardo pesado de los recuerdos y las experiencias. No queremos olvidar o lo que es lo mismo ir dejando tirados pedazos de nosotros mismos, de las materias y sueños-no me olvides que fueron edificándonos.

Por eso traigo este olvido de la mano de Pablo Neruda -y perdónenme por andar siempre enredada entre poesías y palabras- a la luz mortecina de esta tarde de noviembre que se acaba. Para alertar pequeñamente sobre sus estragos.

Quiero que sepas

una cosa.

Tú sabes cómo es esto:

si miro

la luna de cristal, la rama roja

del lento otoño en mi ventana,

si toco

junto al fuego

la impalpable ceniza

o el arrugado cuerpo de la leña,

todo me lleva a ti,

como si todo lo que existe,

aromas, luz, metales,

fueran pequeños barcos que navegan

hacia las islas tuyas que me aguardan.

Ahora bien,

si poco a poco dejas de quererme

dejaré de quererte poco a poco.

Si de pronto

me olvidas

no me busques

que ya te habré olvidado.

 Pablo Neruda

Sobre salvajes

Hoy le dedico mi espacio a la poesía, siempre presente en mis días y mis noches, a lo largo de todo el camino recorrido hasta hoy.

El amigo Alpidio Alonso me ha presentado así al poeta venezolano Gustavo Pereira: “Nacido en Punta de Piedra, Isla de Margarita, en 1940, Gustavo Pereira cultiva también la crítica y el ensayo. Autor de más de treinta títulos desde que en 1964 publicara su primer poemario Preparativos del viaje, ha recibido, entre otros reconocimientos, el Premio Joven Poesía de las Universidades Nacionales 1965, el Premio Municipal de Poesía de Caracas 1988, el Premio Fundarte de Poesía 1993, el Premio de la XII Bienal Literaria José Antonio Ramos Sucre 1997, el Premio Nacional de Literatura de Venezuela 2001 y el Premio Víctor Valera Mora 2011. Tanto su poesía como el resto de su labor intelectual dan cuenta de un profundo compromiso con la causa y el destino de los más humildes, esos “seres invisibles” cuya voz esperanzada encuentra un sitio de genuina expresión artística en su obra.”

Acá les dejo uno de los primeros poemas suyos que he leído y el que más me ha gustado.

SOBRE SALVAJES

Los pemones de la Gran Sabana llaman al rocío Chirïké-yeetakuú,

que significa Saliva de las Estrellas; a las lágrimas Enú-parupué,

que quiere decir Guarapo de los Ojos, y al corazón Yewán-enapué:

Semilla del Vientre. Los waraos del delta del Orinoco dicen Mejo-

koji (El Sol del Pecho) para nombrar al alma. Para decir amigo di-

cen Ma-jokaraisa: Mi Otro Corazón. Y para decir olvidar dicen

Emonikitane, que quiere decir Perdonar.

Los muy tontos no saben lo que dicen

Para decir tierra dicen madre

Para decir madre dicen ternura

Para decir ternura dicen entrega

Tienen tal confusión de sentimientos

que con toda razón

las buenas gentes que somos

les llamamos salvajes.

Fidel

La estrella de Fidel, foto de Roberto Chile

La estrella de Fidel, foto de Roberto Chile

Fidel está cumpliendo hoy 86 años. Está vivo. Sigue acompañando la marcha, a veces a pasos forzados, de Cuba. Sigue aquí. Pero hoy no puedo escribir lo que él merece, siempre me ha sido díficil hablar de él. Me es más fácil sentirlo, tenerlo como resguardo, como conjuro contra tiempos convulsos y de poca fe. Por eso recurro a Juan Gelman,  él siempre ha sabido como decir las cosas más necesarias, las más urgentes. German ha traducido el júbilo y el dolor más profundo. Sabe de batallas y alumbramientos. Por eso son mías sus palabras para felicitar a Fidel.

dirán exactamente de fidel
gran conductor el que incendió la historia etcétera
pero el pueblo lo llama el caballo y es cierto
fidel montó sobre fidel un día
se lanzó de cabeza contra el dolor contra la muerte
pero más todavía contra el polvo del alma
la Historia parlará de sus hechos gloriosos
prefiero recordarlo en el rincón del día
en que miró su tierra y dijo soy la tierra
en que miró su pueblo y dijo soy el pueblo
y abolió sus dolores sus sombras sus olvidos
y solo contra el mundo levantó en una estaca
su propio corazón el único que tuvo
lo desplegó en el aire como una gran bandera
como un fuego encendido contra la noche oscura
como un golpe de amor en la cara del miedo
como un hombre que entra temblando en el amor
alzó su corazón lo agitaba en el aire
lo daba de comer de beber de encender
fidel es un país
yo lo vi con oleajes de rostros en su rostro
la Historia arreglará sus cuentas allá ella
pero lo vi cuando subía gente por sus hubiéramos
buenas noches Historia agranda tus portones
entramos con fidel con el caballo

Juan Gelman
Del poemario “Gotán” (1962).

El poema de Nara

Nara Mansur

Nara Mansur

Todavía no conozco personalmente a Nara Mansur, pero sé que un día tendré la dicha de darle las gracias, de tocar su mano, de mirarle a los ojos y tal vez verla reír, y asistir a la fiesta de oírla conversar. Lo sé.

Por el momento la he ido encontrando en las revistas, en entrevistas que ha ofrecido porque hasta antes de ganar el Premio Nicolás Guillén de Poesía en el 2011, yo nada sabía de esta mujer. Pero tal fue la alegría de tropezar con ella en el mundo, sin importar las maneras o los pretextos, cualquiera de ellos válidos, no tuve más remedio que irla rastreando por las librerías y páginas web, porque de lo que se trata es de estar cerca de la gente buena, de la gente honesta, de la gente para quienes el resto del mundo no es extraño.

Tengo conmigo sus libros Desdramatizándome, de teatro y Manualidades, de poesía; del segundo, sobre todo, perviven frases, determinada imagen, cierto sentimiento para días cruciales, para esos instantes en que miro para los lados buscando un asidero posible.

Ella no lo sospecha pero después de conocerla a través de sus palabras, me tuve que ir y de un tirón escribir este poema. No sé si bueno, no sé si malo, pero al fin y al cabo testigo de la emoción.

El poema de Nara

Me gustaría preguntarte

de dónde trajeron la arcilla

con la que te fabricaron

o si eso no importara

háblame de las manos que te moldearon,

de la sabia,

de esa fortuna.

¿Sabes que puedes ser un amuleto?

Cuando dices… Todas esas fuerzas se desvanecieron*

y sigues viva,

es como si me empujaras y dijeras,

teme, llora, pero sigue viva

a pesar de la ausencia,

de la soledad,

aunque estemos lejos de todo lo que pudiera protegernos,

aunque eso que pudiera protegernos

no fuera más que los recuerdos que se licúan

en nuestra memoria

y se acomodan según las necesidades

más perentorias,

el paño antiguo que acariciamos

y  llevamos sobre el cuerpo como escudo.

Sabes que… el orden del mundo

es despiadado con nuestras creencias*,

nadie ha venido a silbártelo al oído,

has estado acá el tiempo suficiente.

Si ahora te mirara

me devolverías la misma mirada

con la que Emilia te reconoce.

Me dirías bajito

que no quieres heroicidades

solo la pequeña resistencia, la cotidiana,

y contar nuestras propias noticias del mundo,

para que consten,

y la culpa pueda ser un día

un edificio vencido,

aunque hemos aprendido que…

las ideas sencillas (…)* son tan difíciles (…)

de volver naturaleza, segunda piel.

Los deseos a veces pueden sorprendernos

e ir de vida en vida, dándose,

creciendo y mostrando el rostro

como si estuvieran acabados de nacer.

Podemos hermanarnos en ellos,

suelen ser más importantes

que si fuéramos hijas de la misma familia.

En un tiempo determinado,

casi mágico,

las mujeres hablamos el mismo lenguaje,

es nuestro nushu,

tejido con denuedo,

tatuado en nuestro cuerpo,

partiendo el aire

como una bandera roja .

Pero lo que más quisiera es ser capaz de criar,

de educar a mi hija, que el amor dure

y yo no me convierta en lo que no quiero ser*.

Tú lo has dicho.

 * fragmentos de la entrevista “A mano: solo lo imprescindible”, La Jiribilla, del 8 al 14 de enero de 2011.  

Grafitis

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Yo siempre creí que los grafitis se escribían exclusivamente sobre los muros, las paredes, con la protección de la noche y el salto en el estómago por el posible descubrimiento in situ; o que eran la vía expedita para mostrar inconformidad, rebeldía, gritos a través del trazo.
En Cuba, como casi siempre sucede, se revierten las normas y todo queda patas arriba dentro de la surrealidad que rodea la vida cotidiana. Ahora es en un periódico, el Juventud Rebelde, donde se publican todos los jueves diversos mensajes, grafitis electrónicos que la gente tiene a bien enviarse, por la urgencia de hacer constar lo que palpita . Casi todos son señales de amor, declaraciones a cara descubierta, confesiones a los cuatro vientos de cuanto se lleva en el alma, sin pudores, ni escondrijos.
Y se dejan mensajes y poemas como estos que comparto hoy con todos ustedes. 

Es mejor decirlo así, sin tragar saliva, / sin hacer acotaciones al pie de página/ o complicarse pensando por qué lo digo, / mejor sería decirte está bien, / hagamos el amor sin ningún contrato, /sin dividir, claro está, nuestros cuerpos/ en partes iguales, todo muy legal o conyugal, / además de sedentario. /Pero no, te quiero
Y con eso me basta para que entre tú y yo/ haya una luna preciosa y domesticada, y me importe un pito si la sociedad lo aprueba o no,/ al final somos nosotros dos/ los que disfrutan el amor,/ el uno sobre el otro,/el uno cerca del otro./ y así sucesivamente hasta deshacernos/ en polvo de estrellas.
Si te lo digo sin dudarlo es para que lo sepas/ y se lo cuentes a tus amigas y amigos, / al perro y al gato, allá ellos. /Puede parecer ridículo a estas alturas, / en que me siento postmoderno, prehistórico/ e irremediablemente una especie/ de animal político.
Pero si tú me lo decías/ mordiéndome el cuello o deslizando/ tus dedos como pájaros o espuma,/ entonces posiblemente alguien no comprenda/ por qué lo escribo, y según ellos/ debiera preocuparme/ por asuntos más poéticos y trascendentes?/ que no caben en la sencillez/ con que TE QUIERO.

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Naye: Tu amor me mantiene con vida. No me mates nunca. Papá

Mi amor: Si dejo que me importe, lo único que siento es dolor. Te amo. Johnny

Mi florecita silvestre: En seca o en lluvia, de día o de noche, en esta vida o en la otra; disfrazado de lluvia, rocío o sereno mi amor te rebosará. Tu jardinero

JorgeBT: No hay herida sin dolor, ni amor sin sufrimiento, gracias por ser el hombre que eres. Tu Titi

Loge: En la alegría y la tristeza, la enfermedad y la salud, la riqueza y la pobreza… Acepto… y acepto para toda la vida, no lo dudes. Te amo. Monik

APS: Ahora soy un libro nuevo, con las páginas vírgenes. Ábreme y vive mi historia. KNR