Matar a un perro

¿Los perros callejeros irán al cielo?

¿Los perros callejeros irán al cielo?

Ya les había hablado de  Samanta Schweblinuna joven escritora argentina que me gusta mucho por las historias que cuenta y por su manera de hacerlo. Lo primero y más reciente que he leído de ella es La furia de las pestes, premio Casa de las Américas de cuento. Fue un libro prestado, de esos que me hacen pensar: “mejor no devolverlo”, para después hacerlo en nombre de las buenas costumbres -que nunca como en ese momento preferí pasar por alto- y de la fiebre lectora que consume a la amiga que me lo cedió temporalmente. Entonces terminé devolviéndolo, en honor a esa pasión que llaman leer.

Desde el mismo día que me fue presentado La furia de las pestes me hicieron énfasis en que leyera Matar a un perro, uno de los cuentos que debía guardar el volumen. Por más que lo busqué no pude encontrar en el libro la historia referida. Primero pensé que quizás la autora en la preparación de  esta nueva edición de su libro hubiera cambiado el título de algún cuento, pero después comprendí que por mucho que lo intentara no habían perros, ni “perricidios” allí.

Pasaron los días y hoy precisamente mi amiga después de tener nuevamente en sus manos el libro se percató que no era en él donde estaba el cuento que insistentemente me recomendó. A manera de desagravio me lo envió por facebook y hoy lo comparto con ustedes.  Espero lo disfruten tanto como yo.

MATAR A UN PERRO

El Topo dice: nombre, y yo contesto. Lo esperé en el lugar indicado y me pasó a buscar en el Peugeot que ahora conduzco. Acabamos de conocernos. No me mira, dicen que nunca mira a nadie a los ojos. Edad, dice, cuarenta y dos, digo, y cuando dice que soy viejo pienso que él seguro tiene más. Lleva unos pequeños anteojos negros y debe ser por eso que le dicen el Topo. Me ordena conducir hasta la plaza más cercana, se acomoda en el asiento y se relaja. La prueba es fácil pero es muy importante superarla y por eso estoy nervioso. Si no hago las cosas bien no entro, y si no entro no hay plata, no hay otra razón para entrar. Matar a un perro a palazos en el puerto de Buenos Aires es la prueba para saber si uno es capaz de hacer algo peor. Ellos dicen: algo peor, y miran hacia otro lado, como si nosotros, la gente que todavía no entró, no supiéramos que peor es matar a una persona, golpear a una persona hasta matarla. Sigue leyendo