Un mundo para Fernando

Fernando Pérez, cineasta cubano

Fernando Pérez, cineasta cubano

Hace ya varios años un amanecer -que parecía  similar a otros 100 vividos antes- trajo un encuentro placentero y me van a perdonar la exageración cuando lean lo que sigue.  Justo al bajarme del ómnibus que me acerca al trabajo avisté a Fernando Pérez, uno de los mejores directores de cine cubano, esperando cruzar la calle. Yo tenía que atravesar un gran lugar desierto pero casi me detuve solo para verlo pasar. Él iba ensimismado, con su mochila al hombro, sus gafas y su andar pausado. Podía ser confundido con cualquier otro ser humano, nada en su figura anunciaba su sensibilidad, la humildad con que ha contando historias necesarias, sobre todo, para la gente de este país. Pero era Fernando y con él toda su lucidez, sus defensas, sus batallas, su vida lejos de las cámaras y las luces, la casa donde viven sus hijas.
Tuve unas ganas inmensas de detenerlo y de darle las gracias por las imágenes y sensaciones que ha creado para los cinéfilos cubanos; pero me detuvo el pudor de interrumpir sus cavilaciones. Tal vez en ese momento estaba ideando un nuevo proyecto o persiguiendo algún sueño escurridizo o tratando de no darle demasiado espacio a los dolores cotidianos. Lo seguí con la mirada mientras cruzaba la plaza casi desierta a esa hora y se perdía, ya lejos entre los árboles.

Por aquellos días Fernando acababa de filmar una película sobre la infancia y la primera adolescencia de José Martí, el Héroe Nacional de Cuba -no los asuste el epíteto y quizá la solemnidad que entraña. En manos de Fernando este trozo de la vida de Martí vino con nuevas significaciones y latidos, con una visión menos mármol y pudorosa de lo que fue el vivir del cubano más universal, como es llamado. Al igual que en sus anteriores obras -Clandestinos, Madagascar, Hello Hemingway, La vida es silbar, Suite Habana y Madrigal- Fernando nos regaló a ese primer Martí, germinando, abriéndose al mundo, conviviendo en familia, etapas vitales que se nos pierden muchas veces entre la potencia de su obra posterior.

Hace apenas algunas tardes  volví a encontrar a Fernando. Yo iba para la casa y él iba en la misma dirección que la primera vez que sorprendí su anatomía en las calles de esta Habana. Otra vez lo capturaron mis ojos reconcentrado, caminando sin prisas, con su mochila al hombro, su camisa sencilla.  Coincidentemente por esos días supe que andaba enfrascado en la filmación de su nuevo proyecto, la película La pared de las palabras, en la que reunió a los actores Isabel Santos, Jorge Perugorría y Verónica Lynn y donde habla de la capacidad -o su reverso- que tenemos los seres humanos para entender palabras, señales, ondas, miradas que se pierden en la oscuridad de lo cotidiano.

Viéndolo tan lejos y tan cerca, volví a desearle mucha fuerza y muchas ganas para lanzarse al vacío, buscar el riesgo y las iluminaciones,  como el define el complejo oficio de hacer cine, de contar historias.  Y también volví a quedarme con las gracias atascadas en  la boca.

El escritor peruano Alfredo Bryce Echenique, según cuenta, le dedicó todo un libro -Un mundo para Julius- a Julio Cortázar después de encontrarlo paseando su recia anatomía por las calles de París. Mi tributo a Fernando Pérez es más modesto, yo sólo he podido escribir estas palabras.

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Clandestinos: la primera vez de Fernando Pérez

Cartel de la película cubana Clandestinos, de Fernando Pérez

Cartel de la película cubana Clandestinos, de Fernando Pérez

Fernando Pérez es uno de los cineastas cubanos al que nadie duda en llamar maestro, aunque él no se lo crea y su sencillez no le permita aceptarlo. Para él maestro siempre será Tomás Gutiérrez Alea o Titón, como cariñosamente le llaman él y tantos otros cubanos. 

Fernando ha confesado que sin el cine no sabe expresarse, fue el camino que escogió desde los trece años por su magia y su poder de convocatoria. Al mismo tiempo que cineasta es cinéfilo, pues ha vivido tantas vidas como películas interesantes ha visto. Su afán de contar historias persigue que el espectador reciba lo que él siente viendo otras películas.

Es un director al que le place afirmar que hace el cine que quiere, siguiendo siempre su brújula interior y con el rigor como referente ineludible.

Este año la película Clandestinos, su ópera prima, cumple 25 años de estrenada. Es una cinta por la que Fernando siente un cariño muy especial por ser la primera, por la complejidad de la producción y por las dudas, porque hasta el final de su filmación nunca supo si la iba a lograr.

La sinceridad con la que siempre ha asumido sus creaciones le permitió contar una historia veraz como resultado de nueve días de incendio creador entre él y los actores protagónicos Isabel Santos y Luis Alberto García, quienes le descubrieron la complejidad del trabajo del actor y demostraron cuánto agradece el espectador  la veracidad interpretativa.

Clandestinos es de las mejores películas que sobre esa etapa de la historia cubana le hayan podido regalar al público de la isla y en justa reciprocidad el público le ha proporcionado a su director las emociones más grandes que conserva de la realización de un filme.