Cuadernos Papiro: el arte de hacer libros

La Guerrilla Comunicacional

La sencilla y humilde casa editorial “Cuadernos Papiro” de Holguín (Cuba), no es un pequeño proyecto más que trate de poner sus libros en el mercado de la cultura. Su objetivo es confeccionar “libros-arte” utilizando para ello papeles hechos a mano, y proponiendo a artistas de la isla el diseño de cada uno de las obras.

Contra lo que pueda parecer, esta idea del siglo XXI se sirve de antiguas máquinas, del siglo XIX y del XX, y gracias a lo cual Cuadernos Papiro se constituyó en el primer museo vivo de la imprenta en Cuba. Merced a estas tecnologías pueden usar en sus libros tipografías y viñetas originales del siglo XVIII y elaborar el papel con fibras naturales y autóctonas como el arroz, el tabaco o el maíz.

El resultado son obras de arte que al abrirlas te transportan a las primeras épocas del mundo editorial, como ocurre con el siguiente reportaje que es más bien un pequeño viaje en el tiempo.

Tomado de Rebelión

Gestos pequeños

Los seres humanos somos capaces de realizar grandes actos. Epopeyas que quedarán para las edades venideras, que así podrán recordar cómo fuimos y qué hicimos, quizás sin entender nuestra desmesura o nuestro cinismo, todo a un tiempo. Lo cierto es que podemos realizar grandes actos de fe y de solidaridad, también de barbarie; pero de este último punto  hoy no voy a hablar.

Ahora mismo, cuando por Cuba ha terminado de pasar el huracán Sandy con su cola de pérdida y destrucción, no hemos terminado de llorar pero ya estamos remangándonos las camisas, recogiendo las herramientas para ayudar a miles de personas que no conocemos, pero que son cubanos y necesitan nuestra ayuda. Los de Occidente quieren ir Santiago de Cuba, Holguín o Guantánamo a construir, a edificar, a limpiar las calles y la tristeza de los que se quedaron sin nada o con muy poco. Todos queremos poner nuestro sudor para que esa tierra vuelva a la normalidad, para que otra vez sea un paisaje reconocible.

Por allá se armará un hervidero de hombres y mujeres, imprescindibles y desconocidos. Entre todos ahuyentarán el desaliento,  les iluminará el rostro el fuego que cuece la comida  en una olla en medio de la calle, con condimentos traídos de todas las casas. Habrá café para los camioneros, los electricistas, los muchachos soldados, muy jóvenes , para la gente llana de Cuba que ha ido a ayudar. Volverá a crecer la fe y la vida continuará, desbordándose, con nuevos brazos. De eso y más somos capaces los cubanos, más allá de los estereotipos y los lugares comunes que utilizan quienes creen que nos conocen. Lo cierto es que el dolor de cualquier semejante viene a lacerarnos también.

Increíblemente  los hombres y mujeres que poblamos este planeta tenemos genuina predisposición para los actos más heroicos, para ser materia de libros e historias imperecederas. Sin embargo,  a veces nos cuesta el pequeño gesto, desechamos el alivio que podemos brindar  si tocamos una mano, si miramos a los ojos, si abrazamos con ganas, si no escuchamos a todo volumen la música que nos gusta porque al vecino le molesta, si no criticamos a alguien que con desenfado puedo gritar a los cuatro vientos que es feliz. Aunque parezca sencillo dar la mano, desear una buena jornada al prójimo, no ofenderlo de hecho ni de palabra, nos cuesta ese sencillo gesto. Y por eso muchas veces nuestra cotidianidad se reciente sin esas pequeñas cosas que todos los días nos pueden hacer heroicos.

Ojalá y el huracán de solidaridad que sobre las provincias orientales se ha volcado regrese desbordado, convertido en rabo de nube que se lleve lo feo y nos deje el querube.