Romperse en siete, en mil pedazos…

Deseo de ser punk, de Belén Gopegui

Deseo de ser punk, de Belén Gopegui

En un post anterior publiqué una entrevista a Belén Gopegui sobre su novela Deseo de ser punk publicada en Cuba por la editorial Arte y Literatura. Ahora les dejo uno de los fragmentos que más releo de la novela. Espero que el padre de Vera les caiga tan bien como a mí,  que a veces tengo ganas de tropezármelo por las calles de esta ciudad. Los subrayados son míos, quise  hacer como con mis libros, dejar notas al margen, marcar palabras, volver una y otra vez sobre lo que dicen y lo que ocultan.

“El padre de Vera me caía muy bien. Era un poco desastre, bueno, más que un poco. A veces tenía que ir a recogerla a algún sitio y se le
olvidaba, aunque nunca se le olvidaba tanto como para no ir. Siempre aparecía, pero igual una hora después. Yo me he pasado muchas de esas
horas hablando con Vera, mientras le esperábamos. Luego, casi siempre me iba con ellos. Los padres de Vera estaban separados, aunque creo
que ninguno de los dos salía con otra persona. Vera decía que seguían queriéndose, pero que como su padre no estaba bien, se había ido a
otra casa para no acabar extendiendo su confusión por todas partes. No sé por qué su padre estaba confundido. Lo estaba, yo ahora me acuerdo
de él porque también estoy confundida. Y le entiendo un poco, o bastante. Porque imagina que se te rompe algo, el vaso, por ejemplo,
ese que tiras sin querer, y la gente se limita a traer una bayeta para el agua y una escoba para los cristales. Pero imagina que tú no quieres la bayeta. Querías ese vaso. Te importaba ese vaso. No entiendes que esté roto. Y entonces te pones a recoger los cristales uno a uno. Y tratas de pegarlos. Aunque, claro, mientras haces eso, se te ha olvidado secar el agua con la bayeta. Y también se te ha olvidado la hora que es. Y, encima, hay veces que las cosas se rompen en siete trozos y vale, las puedes pegar. Pero a veces se rompen en cien o más. ¿Entonces qué haces? Pues lo que él hacía era intentar pegarlas de todas formas. No abandonaba, aunque en el suelo hubiera cuatrocientos trozos. Y al final, sin querer, acababa dejando tirada a mucha gente, porque él estaba con el vaso. Que no era un vaso: era una persona.

Claro, la gente dice que hay que distinguir entre lo que es muy importante y lo menos importante. Pues el padre de Vera no distinguía.
Tenía un código. Si alguien está mal, ¿cómo voy a dejarle ahí? Eso es todo lo contrario de comparar. Comparar es una putada. Tendría que
estar prohibido, ¿o no? ¿No es mil veces peor comparar que echar el humo por la nariz? Entra en este bar, si quieres, pero que sepas que
aquí no compara nadie, y el que compara se va fuera. El padre de Vera no comparaba. Conmigo estuvo una vez. Una de esas veces que llegó
tarde, una de esas veces que, para no dejar tirada a otra persona, acabó dejando tirada a Vera durante cincuenta minutos en la puerta de
una discoteca adonde, además, se había empeñado él en ir a buscarla. Yo me quedé con Vera hablando de chorradas. Estábamos sentadas en unas
escaleras enfrente de la puerta y pasaban bastantes tíos y nos decían de todo. Pero, bah, nos reíamos. Llegó el padre de Vera y dijo que me
llevaba a casa, me hizo una caricia en el cuello y de pronto voy y me pongo a llorar, tampoco como una magdalena, pero se me saltan las
lágrimas y él se da cuenta. Ese día a Vera le tocaba ir a casa de su madre. Su padre dijo:

—Vera, te dejo a ti primero, que se nos ha hecho tarde y no quiero que mamá se preocupe.

Vera no se había dado cuenta de mis lágrimas. Ella se había sentado delante, al lado de su padre, y yo detrás. Así que dejamos a Vera. Mi
casa está como cuatro manzanas después de la suya. Pero me doy cuenta de que el padre de Vera no sigue ese camino sino que tuerce, y yo no
digo nada. Luego para el coche enfrente de un bar y me dice:
—Vamos a tomar algo aquí, ¿quieres? Sigue leyendo

Belén Gopegui: No hay que cansarse de buscar la excepción.

Belén Gopegui, autora de Deseo de ser punk

Belén Gopegui, autora de Deseo de ser punk

“Porque imagina que se te rompe algo, el vaso, por ejemplo,
ese que tiras sin querer, y la gente se limita a traer una bayeta para
el agua y una escoba para los cristales. Pero imagina que tú no
quieres la bayeta. Querías ese vaso. Te importaba ese vaso. No
entiendes que esté roto. Y entonces te pones a recoger los cristales
uno a uno. Y tratas de pegarlos. Aunque, claro, mientras haces eso, se
te ha olvidado secar el agua con la bayeta. Y también se te ha
olvidado la hora que es. Y, encima, hay veces que las cosas se rompen
en siete trozos y vale, las puedes pegar. Pero a veces se rompen en
cien o más. ¿Entonces qué haces? Pues lo que él hacía era intentar
pegarlas de todas formas. No abandonaba, aunque en el suelo hubiera
cuatrocientos trozos. Y al final, sin querer, acababa dejando tirada a
mucha gente, porque él estaba con el vaso. Que no era un vaso: era una
persona”

Este es un pasaje de la novela Deseo de ser punk, es la voz de Martina, su protagonista y también es la voz de su autora la escritora española Belén Gopegui. Al mismo tiempo es el sistema de combates de otro personaje entrañable, el padre de Vera. Un sistema de combate, una manera de vivir un tanto en desuso; quizá anacrónica, quizá olvidada pero que Gopegui insiste en poner delante de los ojos de los jóvenes, de todas las personas que leamos su libro.

Arte y Literatura es la editorial cubana que sumó este título a su catálogo. Existe el riesgo de que haya quedado diluido entre la marea de propuestas que las editoriales cubanas lanzan continuamente sobre los lectores de esta isla. Por ello – y deseando que haya ocurrido todo lo contrario- quiero proponer a manera de conjuro una conversación sostenida vía correo electrónico con su autora.

El pretexto fue la edición cubana de su libro, pero en el camino sus respuestas o proposiciones se convirtieron en la más eficaz  invitación a la lectura, a la reflexión. Porque como le gusta decir el Diablo es no pensar.

-¿Por qué tuvo la necesidad de escribirles a los adolescentes? ¿Qué elementos debe tener la literatura que se escribe para ellos? ¿Cómo hablarles?

-Quise contar una historia que también los adolescentes pudieran leer.

Te transcribo esto que escribí hace tiempo: “Todo arte es político, es la última consigna que nos atrevemos a pronunciar. Tan política es una película sobre el paro como una película sobre un tiburón. (…) Sin embargo, seguimos en la trampa. Aceptamos que la película sobre el desempleo es política de la nuestra, y que la película sobre el tiburón, política de la suya. Así, nos resignamos a que el arte comprometido y aún revolucionario sea el de ciertas materias (…) Al mismo tiempo, renunciamos, permitimos que nos hagan renunciar a un arte, a una ficción de clara intención revolucionaria que traten de abordar, refutar, construir a su modo los paradigmas propios del arte convencional, ya sean la adolescencia, la insatisfacción o el ansia de aventura”.

No pretendo saber qué elementos debe tener la literatura que se escribe para adolescentes, lo único que hice fue escribir una historia que se acercara a su mundo, y procuré buscar un estilo nítido, desnudo.

Deseo de ser punk,  publicada por Arte y Literatura

Deseo de ser punk , publicada por Arte y Literatura

-Usted ha dicho que la literatura es para disfrutar pero que llegado el momento también puede servir para combatir, ¿Cómo puede Deseo de ser punk ayudar a los jóvenes en sus combates cotidianos, frente a las amenazas y tristezas?

-Los personajes pueden llegar a ser instrumentos, herramientas, con que afrontar el mundo. Forman parte del conocimiento, como las matemáticas o la filosofía. En un personaje hay experiencia, sentimiento y razón, en Martina esa combinación produce ganas de pelear, y sirve para poner en evidencia algunas ausencias en la sociedad española, en especial la falta de espacios para los adolescentes y jóvenes, espacios que sean algo más que unos metros cuadrados, que sean puntos de partida para proyectos colectivos.

 

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