Misterio

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Hace unos día amaneció una berenjena al pie de la escalera de mi casa. No supe si su presencia allí, agazapada entre la pared y el primer escalón, respondía que se había caído de la jaba de alguien o era obra de esas dádivas a las distintas deidades sobre las que se sostiene el imaginario popular.

Esa berenjena era el misterio, la puerta a un mundo apenas avistado, del que solo me llegan referencias por lecturas, por prácticas simbólicas que me he tropezado a los pies de las ceibas o de las palmas reales, aquí, en medio de la ciudad. Casi siempre en la mañana estos árboles amanecen con sus ofrendas varias, puestas allí con fervor, con la certeza de que cumplirán su cometido, de que traerán las respuestas a las plegarias.

Una berenejena trasmutada en símbolo de una fuerza recóndita, llena de distintos deseos y esperanzas.

Nunca sabré de los deseos que abrigó. Allí estuvo su piel violeta, ya no la encontré.

Al mismo tiempo parecía una de las pinturas de Arturo Montoto; una instalación que el artista había dejado preparada para venir a pintar luego, cuando el trasiego del día fuera decayendo y nadie pudiera interrumpir el momento en que convierte en arte la posible relación entre elementos extraños: las frutas y la ciudad.

Parecía una obra suya salida del lienzo por los  peldaños, los quicios, los rincones de escaleras, las paredes engañosamente insolidarias que el pintor casi siempre eterniza en su obra, en el afán de unir las partes de un todo dispersas y lejanas.

 

Anuncios

Felicidades Habana en tu día

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Hoy La´bana cumple 493 añitos. Desde el fondo de mi corazón y bajito para que ella sola escuche, le he cantado ♫ felicidades Habana en tu día, ♪ que lo pases con sana alegría, ♫ muchos años de paz y armonía, felicidad, felicidad, felicidad ♪ De pronto se me quedan rondando en la cabeza cuatro palabras:  muchos años de paz. Ciertamente ese es el deseo más recurrente, el más ardoroso.

Posiblemente todos los días levantamos los ojos al cielo en busca de calma, de fe, de respuestas, en un gesto venido desde lejos y arraigado bien adentro de cada uno de nosotros, aunque sabemos que allí no están las respuestas o al menos las más perentorias, miramos al cielo y su limpidez, su frecuente azul, nos devuelve al suelo con un agregado de tranquilidad. No sería lo mismo, si el cielo estuviera surcado de aviones, de drones, de bombas, todas esas criaturas sombrías que dejan sobre el suelo su fruto de horror y muerte.

Es noviembre y celebramos con La´bana. Hoy tenemos oportunidad de pedir bajo la ceiba y desde cualquier rincón del mundopor su salud, por la necesaria persistencia con que tenemos que sembrarnos en esta isla -de todas la maneras buenas y posibles- y hacerla florecer.