Soy tan extraña como tú

 

«Yo solía pensar que era la persona más extraña en el mundo, pero luego pensé, hay mucha gente así en el mundo, tiene que haber alguien como yo, que se sienta bizarra y dañada de la misma forma en que yo me siento. Me la imagino, e imagino que ella también debe estar por ahí pensando en mí. Bueno, yo espero que si tú estás por ahí y lees esto sepas que, sí, es verdad, yo estoy aquí, soy tan extraña como tú.»

Frida Kahlo

Este año Frida estaría celebrando sus 107 cumpleaños.  No sé si el cuerpo de Frida y el alma de Frida –dos cosas diferentes- habrían aguantado tanto tiempo en el mundo, tantos julios, tantos hierros de toda índole maniatándola. No imagino cómo Frida celebraría sus años de vida, de burla,  de obstinación y desentendimiento de lo que  otros consideraban debía ser su manera de vivir.

Aquí estoy recordándola, viendo fotos suyas diseminadas en internet. Leyendo las frases que dicen su boca dijo o su mano escribió. No llego a ninguna conclusión, solo me siento imantada por su personalidad. El mito Frida no me subyuga, ni sus amores, ni sus creencias, ni los hombres y mujeres cuya piel más secreta conoció. Prefiero ir a buscarla al lugar más alejado de los reflectores.

Gracias a las fotografías de una amiga que estuvo en su casa en el DF mexicano entro en su casa. Husmeo en el museo que han preparado, en los objetos que tocó y que fueron de algún modo importantes para construir su rutina. Es como ir leyendo un mapa, una cartografía con sus propias leyendas y dimensiones, la configuración de una mujer.    Esta es su casa, el espacio de moda, re-visitado,  re-publicitado, re-vendido hasta el cansancio. Quizás se parece a ella, quién puede adivinarlo, quizás aquí encontró la paz o creyó que la alcanzaba cuando llenaba lienzos con su rostro y sus dolores, como queriendo burlar su destino de ser humano estrellado, como le gustaba definirse.

Lo que sigue es la impresión de mi amiga luego de su estancia en esta casa, en el espacio de Frida:

por Yuliat Acosta

Entrar a la casa de Frida Kahlo es sentir que no estamos en el interior de una casa deshabitada, que sus dueños no han muerto, que salieron por una rato y que de pronto van a llegar y nos van a encontrar hurgando entre sus cosas destapando las cazuelas para oler lo que hay puesto en el fogón, tocando aquel tejido de la sobrecama, abriendo aquel pomo de perfume a medio usar, exprimiendo los tubos para derramar un poco de pasta de óleo y con el frotar de los dedos sentir su textura al tacto.  Uno lo mira todo como si quisiera saberlo todo, abrir las gavetas como quien se presiente que va a descubrir algún secreto de la vida ajena, ponerse aquellos vestidos con corsés raros y sentir qué se siente al roce de la carne apretada por las tiras de cueros, y con una sensación de que se nos va apretando el torso  y se va viviendo el dolor de las varillas enterradas en la piel.

De las paredes sale un halo de pasiones turbulentas mezcladas con infidelidades y amor infinito que traspasa las fronteras de lo convencional, de las leyes permitidas por los hombres de hoy.

Entrar en la casa de Frida y Diego significa también transgresión, transgredir los límites de lo íntimo, de ese espacio pactado donde dos, suelen ser dos, tal cuan son, sin parecerse a nada, ni a nadie, con sus propias leyes como si al traspasar la puerta el mundo comenzara de nuevo;  y entonces se redefine el concepto de universo,  sin importar las heridas, ni las deformidades, pura aceptación, no más,  porque los seres humanos no nacen salidos de un molde, y lo establecido lo inventó alguien con ansias de dominación.

 Todo es diverso y la vez coherente, todo encaja con todo y nada se parece a nada, es como si los objetos estuvieran dotados de una organicidad natural. Y uno también siente el llanto mezclado con la paz, con el perdón por el sufrimiento, ese perdón no dicho,  pero gritado a voz de besos y sexo entre dos amantes que no encuentran fronteras más allá de las suyas.

Es también la oda a la muerte a sabiendas de que algún día el fin va a llegar, pero confiando en el encuentro póstumo, en el romance último y postrero que queda inmortalizado en objetos, en lienzos, donde se pinta el desahogo y lo desgarrante, sin tiempo para conflictos, ni insalubridad. Y uno lo mira todo, y se respira azul la paz, y se respira verde, como quien hubiera querido al pintar, juntar en las mismas paredes, el cielo con la tierra. Y surge de pronto, al observarlo todo, un paralelismo o tal vez, aquella empirista convicción, de que ciertamente las casas se parecen a sus dueños.

Alicia Leal: “Un lenguaje para rasgar la superficie”

La artista de la plástica cubana Alicia Leal. Foto: Roberto Chile

La artista de la plástica cubana Alicia Leal. Foto: Roberto Chile

Por Roberto Chile, de la serie Sencillamente ARTE

Alicia Leal es una artista auténtica nacida en Sancti Spíritus y crecida en La Habana, quien a través de sus creaciones, esencialmente pictóricas, nos revela un mundo de fabulaciones cargado de lirismo, fantasía y aparente ingenuidad. Su obra provoca, sugiere, advierte, estremece. Cada una de sus piezas es por si sola un acto de íntima libertad. He llegado a pensar que los cuerpos desnudos que andan y desandan sus circos, sus ciudades y sus montes, son las almas de los ángeles que habitan en ella. Porque Alicia no es una mujer ni un ángel, es muchas mujeres, muchos ángeles dentro de una misma mujer.

-Alicia, en tu obra se percibe una honda preocupación por la problemática de la mujer. ¿Es una intención premeditada o es simplemente la inspiración?

-En mi obra se inserta la naturaleza, con sus señales y guiños de misterio y vida y este lenguaje consciente desde el protagonismo del cuerpo femenino. Percibo el  mundo como una casa donde se reafirma la naturaleza. La mujer está en el centro de un conflicto existencial, con todas estas referencias, donde lo aparente no es más que un pretexto para profundizar y ensanchar el sentido genérico de la percepción artística; añadiendo nuevos matices al universo representativo de la experiencia, pero sin extrañamientos, descubriendo sentimientos anímicos desde un lenguaje con el que trato de rasgar la superficie.

-¿Como mujer, cuánto te ha costado insertarte en el ámbito artístico nacional y llevar adelante una obra que sobrepasa las fronteras cubanas?

-No se trata sólo de como mujer insertarse en el ámbito artístico nacional y llevar adelante una obra; se trata ante todo, de salvar los obstáculos con que la sociedad y sus perjuicios rivalizan con un pensamiento que es incomprendido, en muchos casos, hasta por especialistas que dictan y enjuician la obra del artista.

A pesar de todas las soledades, los aislamientos puestos e impuestos, creo que la determinación por seguir es mucho más fuerte que todos los miedos. La misma riqueza de la vida y la naturaleza hace que lo  más importante sea la obra misma. Claro que el esfuerzo es mayor: Tener que vencer la cotidianidad, no es fácil; si además como mujer tienes que ser madre, esposa, llevar la casa.

A la hora de crear siempre recibimos la incertidumbre y la presión de toda la historia del arte, de los grandes maestros: Picasso, Lam, Antonia Eiriz, Amelia Peláez. Nos imponemos el reto de no repetirnos, de ser auténticos, con un lenguaje propio. Es muy difícil de explicar; pero a pesar de todo uno vuelve a entrar al taller, y a retomar el trabajo, porque la obra es más importante que todas las incomprensiones y ya se ha convertido para mí en un acto de vida, un desafío al tiempo, a la muerte, que supera el ámbito personal.

-¿Erotismo o catarsis?

-El artista vive en una catarsis constante. Hacer la obra no es más que dar rienda suelta a los sentimientos, a las ideas, a lo más secreto de uno mismo desde el subconsciente al mundo exterior – dejar lo superfluo -, encontrar las llaves de la creación, hacer la parte artesanal del trabajo, del modelado, traducir las relaciones que existen alrededor del artista y la obra, para ir tejiendo un entramado que sea capaz de comunicar un estado de ánimo, ya sea desde la sexualidad, la ira, el odio o la desesperanza. Todo toma un sentido, una armonía, no hay ambivalencias porque se convierte en comunicación, en discurso.

El erotismo es el condimento con que todos los seres humanos aderezamos la vida, sublimando el acto más natural y maravilloso de la creación, en un viaje desde el subconsciente al acto de reflejarlo, plasmarlo en una tela, un poema, una representación o una melodía.

-¿Cuáles son tus proyectos actuales y tus sueños futuros?

-Ahora mismo el proyecto más inmediato es la obra en la que estoy trabajando, en esto estoy concentrada y es lo más importante.

Tengo propuestas de exposiciones personales y otras colectivas, un libro en el que estamos trabajando que espero que se publique el próximo año. Este libro lo conforman los relatos de las impresiones de un señor francés que vive en Luxemburgo y está enamorado de Cuba, de su pueblo y su arte; y me ha pedido que ilustre las vivencias de sus viajes por el país.

Quiero trabajar sin presión, darle tiempo a los proyectos, escogerlos bien para que fluya un pensamiento coherente y que cada exposición sea diferente a las otras. Ahora mismo no me interesa forzar nada, ni buscar soluciones, quiero que esto suceda, pero en el taller, con el trabajo diario.

No creo válido hacer exposiciones sólo por hacerlas; me gusta mostrar algo diferente, que la exposición sea el resultado y no lo contrario. Para esto hay que ser disciplinado y trabajar diariamente, concentrarse, porque no hay tiempo que perder. No creo en el arte como maratón; aunque cada artista es diferente y los mecanismos de la creación y la concepción del trabajo, también.

Tomado de Cubadebate

 

Visitando a Martha

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Irrumpir en el taller o estudio de un artista, sin previo aviso, puede ser un acto desafortunado. Sin proponértelo puedes tronchar una idea, mandar a volar  un gesto que hubiera podido ser el principio de un camino prometedor,  el final feliz de la persecución de una imagen, una palabra, el hallazgo del hilo que trajera a tierra lo que tantas noches se ha entrevisto.

Una tarde cualquiera, a sabiendas del riesgo, quise conocer a la artista de la plástica Martha Jiménez en el lugar donde crea, después de disfrutar las criaturas (La Chismosa, el vendedor de agua, el lector de periódico, la pareja de enamorados), vecinos o transeúntes, que sedujeron su pupila y sus manos y quedaron para siempre en la Plaza del Carmen de la ciudad de Camagüey, donde esta artista habita, funda, enseña.

Pero Martha es una mujer inteligente. Antes de que uno pueda acceder a sus predios debe pasar por varias habitaciones donde se exponen sus obras. Y allí quedas varado, entre sus creaciones, desentrañando los símbolos con los que nos habla de la identidad, la nación, de las mujeres y sus batallas cotidianas, pequeñas y trascendentales, todo a un tiempo.

Encuentras lienzos que corresponden a las diversas series que ha preparado, entre ellas “Anhelos” o “Mujeres que vuelan”, donde las mujeres rotundas, gruesas, de amplias caderas, soñadoras y con los pies puestos sobre la tierra, son el principio y fin de su discurso expresivo. Al mismo tiempo aparecen otros objetos, puntos clave de sus reflexiones, como las máquinas de coser, los botes y los remos, que nos hablan de las búsquedas, de los caminos que escogemos para ser, del destino apenas entrevisto que nos aguarda.

En las salas expositivas conviven también sus creaciones en cerámica esmaltada, en barro, que vuelven sobre los mismos temas y otros, relacionadas con el lugar de la mujer, desde el que mira y crea, con la nación, con otros textos como los poemas de José Martí.

Y ya casi al final de la casona, se encuentra Martha, entre un amasijo de tubos de pintura, lienzos, cartulinas, libros. También está la mecedora donde debe sentarse para pensar, para mirar desde la distancia algún nacimiento, para descansar de los rigores que impone la creación.

El estudio se abre al patio de diseño colonial, donde cohabitan sin complejos el añejo tinajón, símbolo de una ciudad, y una de sus mujeres que tiene en la mano una jaula donde está encerrada otra mujer, como queriendo decirnos que los enclaustramientos no siempre vienen de los otros, de sus imposiciones y creencias. Pero Martha no nos responderá la pregunta, dejará que nosotros solos busquemos la respuesta.

Rostros

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Todavía por las calles están su fotografías enormes, en blanco y negro. Doblas en una esquina y de pronto te tropiezas con sus ojos, con sus maneras de bajar la cabeza, de reír, de existir, con las huellas que la vida dejó sobre ellos, con su entereza.

Son los ancianos del Convento de Belén de la Habana Vieja. Quedaron retratados sobre las paredes habaneras gracias al proyecto Arrugas de la ciudad con fotos del francés JR y el puertorriqueño José Parlá, que se presentó en la  XI Bienal de La Habana de hace unos meses.

Estas fotografías están cerca de mi casa, las veo a cada rato. Sobreviven en las fachadas de los edificios, de las casas de los vecinos a pesar de los estropicios del tiempo y la rapacidad de los hombres. La ciudad y los ancianos mismos son sobrevivientes. Cuando los miro es lo que más me impacta, la reciedumbre, la dignidad. No importa la historia que tejieron, están aquí, todavía, viviendo.

Caminando por la “Tierra oscura” de Mario García Portela

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“El paisaje es la casa grande del hombre, de todos los hombres. Allí anidan sus sueños y también sus vidas, las alegrías y las tristezas, los recuerdos y el tiempo, visto desde una dimensión mayor. Pintarlo es pintarnos a nosotros mismos, porque lo que hacemos es reconstruir parte de la historia personal y colectiva.”

Con estas palabras abrió el catálogo de la exposición del pintor cubano Mario García Portela “Retratos del bosque” de 2007, escritas por Toni Piñera y que sirven para definir sin estereotipos  el trabajo de este maestro del movimiento paisajístico cubano.  Al mismo tiempo son el pretexto ideal para invitarlo a conversar sobre sus proyectos inmediatos y sobre algunas peculiaridades de su obra pictórica, que es lo mismo, que su relación con la naturaleza.

Cinco años después de su última presentación, el artista prepara una nueva muestra de su pintura, en la que viene trabajando hace algún tiempo. “Tierra oscura” es el nombre que llevará el conjunto que podrá ser apreciado en la segunda mitad del año en la galería El reino de este mundo de la Biblioteca Nacional José Martí. En ella García Portela vuelve sobre sus temas de siempre, el entorno natural, el bosque, y fundamentalmente, los árboles, para con su habitual manera de utilizar los colores hacernos “mirar mirándonos” a través de los fragmentos del paisaje que nos propone.  

“Tierra oscura  es otra muestra de las formas de mi trabajo. En ella está presente nuevamente la tierra, desde una perspectiva muy barroca, pues utilizo mucho el contraste de luz y sombra. De igual modo es una visión de la  tierra como planeta para llamar de algún modo la atención sobre la «oscuridad»  que se cierne sobre ella.” Sigue leyendo

Aquí se construye una ciudad generosa

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Una ciudad generosa siempre está abierta. Una ciudad generosa tiene la capacidad de expandir sus lindes y cobijar en ella a todos los recién llegados de ayer, de ahora y de mañana. Una ciudad generosa da la bienvenida en las más múltiples lenguas y late acompasadamente al ritmo de las criaturas que la habitan.  Una ciudad generosa  presta su espacio para la concreción de los sueños, el mayor anhelo de los hombres. No se levanta sola sobre sí misma. Emplea manos de todo tipo para alzarse sobre la tierra, para ser visible y existir.

 Y dentro de la ciudad habitan otras, reconocibles u ocultas, efímeras y perdurables. Todas legítimas. De este misterio se nutre el proyecto “Ciudad generosa” que lidera el  artista René Francisco Rodríguez junto a la 4ta Pragmática Pedagógica, un grupo de estudiantes de tercer año del Instituto Superior de Arte (ISA).  

René Francisco, Premio Nacional de Artes Plásticas 2010, y sus estudiantes son invitados de la Oncena Bienal de la Habana. Para participar en el evento escogieron levantar entre todos una ciudad dentro de los límites de un parque en la esquina de 3ra y D, en el barrio del Vedado. Diversas son las casas edificadas en ella, desde una campana de fibrocemento, una casa en un árbol, una casa molino de viento; según las necesidades expresivas de sus ejecutores, pero sobre todo pensadas para los visitantes, para que en ellas encuentren cobijo.   

Más allá del resultado final, la construcción de la obra responde a la concepción con la que el profesor René Francisco acomete estos proyectos, a partir de una labor de integración entre sus participantes. La creación colectiva, la imbricación de las más disímiles subjetividades y necesidades artísticas muchas veces importa más que la autoría de las piezas. Es más gratificante el trabajo cohesionador y el debate colectivo, que en este caso ha hecho posible el surgimiento de una ciudad sui géneris dentro de la Habana.

La generación que escala el muro (en el estudio de Alfredo Otero)

 

Alfredo Otero

Alfredo Otero

Tomado del blog de Wendy Guerra, Habáname

Una conga que baila en reversa con ‘Los Carpinteros’, un preciso proyecto de transparencias ultravioletas proyectada por Carlos Garaicoa,  manos cargando  ‘Un poco de nada’ de Alexander Arrechea, ‘Los Saris’ de Leandro Soto, ‘El circo Triste’ que interpreta la dramaturgia de Wilfredo Prieto, otro muelle desecho y reconstruido por Kcho, una ‘Jaba de arena’ como huella de Liset Castillo, excepcional proyecto de caballete y arte digital de René Francisco y el gran sofá aéreo de Esterio Segura, son  parte del amplio recorrido que se puede hacer desde ya en la Bienal de La Habana 2012.

La Cabaña, El Centro Wifredo Lam, Pabexpo,  La Lavandería, una Zapatería y las propias calles de La Habana se abren para dejar pasar obras cubanas fabricadas por estos meses en la isla y otras hechas lejos de aquí  llegando a tiempo y con exceso de equipaje.

Lo interesante de esta 11ª edición es la cantidad de artistas que retornan y la importancia que se les concede, tanto a las sedes oficiales como a los espacios privados. La connotada y respetada presencia de los invitados a sitios alternativos y la apertura de estudios durante el evento;  atractiva idea que agradecemos para movernos en la ciudad como quien navega en una inmensa galería. Y aquí estamos los habaneros mezclados con los visitantes que esperamos dos largos años para ver  (desde adentro) como se reúne el arte cubano hecho desde cualquier punto del mundo.

Alfredo Otero es otro de los jóvenes artistas que expone para uno de estos espacios públicos, pero si entras a su estudio verás el desarrollo de su trabajo, que alcanza- a grandes brazadas- y con rigor, el eje medular de una generación difícil de abordar en cuanto a técnica, mercado y sagaces tópicos, pero que en mi opinión, y sin comparaciones, tienen un centro que les comunica: El pormenorizado aprendizaje para escalar hacia el otro lado del muro. Abren espacios antes lacrados y saltan de allá para acá y de acá para allá considerando esta ruta como parte del gesto. Muros de agua, muros de ladrillos, muros de ideas. MUROS  para escaladores ilustrados.

Otero, egresado de la histórica Academia San Alejandro, transitó sus años adolescencia siendo un conocido y respetado modelo que aprendió y entrenó su ojo durante las noches de pasarela y los días de largas y exigentes sesiones expuestas a la impresionante luz de Cuba. Tal vez es ese mismo manejo de la luz lo que hace que la amplitud de sus telas “nos dejen ser”, sin ego, en nuestros propios estados, un testigo esencial de la asfixia o la libertad que otorga el telón de fondo de este particular show que es hoy la vida sincrónica de su imaginario.

Como si nos encontráramos en un retablo, Alfredo mancha y construye todo lo que pueda asfixiarnos, con una técnica exquisita se atreve a “pintar” y es esto lo que más agradezco de una buena mano, una mano suelta que dibuja sin temor el sitio donde nosotros nos detenemos para ser juzgados por la morfología que propone. Agradezco a Carlos Quintana y Alfredo Otero el paso de tirarse contra la tela, remangarse las manos y actuar, manchando, cada cual en su canon.

Desde su estudio  situado en la zona de Siboney le entrevisto para Habáname, tras saber la grata noticia de que en este momento se subasta una de sus obras en la conocida casa Christie´s. Sigue leyendo

Pintar la tolerancia para que navegue lejos.

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Saint-Exupéry supo que lo esencial es invisible para los ojos. Su Principito lo nombró para nosotros y así pudimos cargar con este axioma por la vida a manera de armadura o aviso ante inevitables despistes. Como parte de la fiesta del alma que es la Oncena Bienal de la Habana, los artistas Emilia e Ilya Kabakov, trajeron a la Habana un barco sin velas, porque éstas habrían de construirse-pintarse aquí por niños rusos, estadounidenses y cubanos.

Pero la tarea no era sencilla, ¿cómo se pinta la tolerancia? ¿Cómo asirla, seducirla para que se dejara atrapar en un pedazo de tela? Más allá de un nombre o de un apelativo por el que nos gustaría ser señalados, ser tolerantes, es un modo de vivir la vida, de homenajearla por encima de nuestras diferencias y de la mano de los principios que nos hacen comunes a todos los seres humanos.   

 Y los niños lo lograron. Hicieron real el amor. Desde ayer viernes navega otra vez en la Habana, el Barco de la Tolerancia, con nuevas fuerzas, con distintas y similares significaciones. Porque  en Venecia, Suiza, Inglaterra, Egipto o Estados Unidos, lugares donde la nave de los artistas rusos también ha recalado, el respeto por el otro encuentra un lenguaje común.

Blanca Haddad y su manera de exorcizar la violencia

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En su obra ocupan lugares predominantes las imágenes y los poemas, los cuales fusionados se convierten en textos que hablan de la cotidianidad, lo social, la religión, los elementos sagrados, la relevancia de lo urbano-marginal dentro de la vida contemporánea, todo ello como parte del proceso de apropiación y reconversión desarrollada por el sujeto en su relación con la realidad circundante.

Esta creadora que destaca dentro del universo creativo venezolano por la fuerza y expresividad en el dominio de la pintura y la palabra trae trae a la Oncena Bienal de la Habana la propuesta Tropipunk, talismanes marginales, o como también se le conoce, Nada es eterno; una pintura mural de grandes dimensiones que realizará a la vista de los espectadores en la Casa del Alba el 12 de mayo a partir de las tres de la tarde, acompañada por la música de Leo Cayuela. Al mismo tiempo la artista se apropiará de otros recursos artísticos como el performance para hacer su particular invitación a repensar lo cotidiano, sobre todo la  “legitimación” de conductas excluyentes y discriminatorias.

Sobre su trabajo la especialista María Luz Cárdenas ha dicho: “es denso, intenso, intimidante. En esta artista interesa especialmente su forma de recoger el universo de imágenes que brotan del ejercicio y los abusos del poder dentro de la tensión femenino-masculino”.

Blanca Haddad ha conversado con Criatura de Isla en exclusiva sobre su participación en la XI Bienal de la Habana.

¿Qué características tiene el trabajo que compartirá con los cubanos en esta Oncena Bienal de la Habana?

Mi trabajo es entre el performance y la pintura, es como una transición, yo lo llamo acción pictórica. Es un trabajo muy punk, muy underground, muy marginal y  tiene que ver con las dinámicas de la violencia, particularmente, con el machismo y la representación de la masculinidad.  Voy a encarnar diferentes roles, como el rol de un prisionero, de un soldado, de un líder político, y a través de ese personaje, que yo me he inventado, voy a analizar la imagen que de ellos nos hacemos.

La Bienal como laboratorio de ideas, conceptos, visiones del arte y de la vida.

Creo que la discusión en la Bienal es importantísima, se puede hablar, se puede discutir de una manera que no es narrativa porque la violencia es mucho más caótica, las dinámicas son mucho más complejas. En mi caso es desde una manera más visual. Se puede reflexionar sobre el por qué ocurren estos mecanismos violentos, por qué el poder se torna tan salvaje, tan egocéntrico. Entonces me parece que la Bienal da espacio para esas reflexiones, que son bastantes arriesgadas y ojalá, de verdad arranquen y vuelen alto.

Su exploración desde lo femenino del posible juego entre masculinidad y poder viene a enmarcarse en la celebración este año del centenario del movimiento feminista cubano.  

Más feminista que mi trabajo creo que va a haber poco en la Bienal. Además es un feminismo activo en el sentido que también me cuestiono a mí misma. Busco cómo la mujer ve al hombre, cómo lo entendemos y también la responsabilidad que le damos para que luche por nosotras, para que asuma y después nos quejamos. Por eso es que yo misma me disfrazo de hombre y juego a serlo para ver lo que pasa, para tratar de entenderlo. Es muy lúdico, muy juguetón, el trabajo mío.

 

 

Steven Cohen: un judío errante en la Habana

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Steven Cohen nos sorprendió a todos ayer en el Museo de Bellas Artes de la Habana, mientras esperábamos el comienzo de la conferencia de prensa sobre la Oncena Bienal que dará inicio este viernes 11 de mayo. Llegó sin anunciarse, ataviado con los elemntos de la cultura dragqueen que caracteriza su trabajo, y nos regaló entre sonrisas y en silencio lo que sería un adelanto del performace que trae a Cuba: “Un judío errante”

Este artista nació en Sudáfrica en 1962 y lleva más de dos décadas desarrollando una labor artística desde la pintura, la escultura, así como trabajos plásticos. Es hacedor de interesantes y polémicos performances  que presenta lo mismo en el universo galerístico que en otros tan poco convencionales como paradas de taxi, centros comerciales o concursos caninos, en los que Cohen aparece sin previo aviso, tal como hizo en la mañana del martes para sorpresa de la prensa cubana y extrnajera que cubrirá las actividades de la Bienal. 

Es un creador comprometido y polémico, que no  suele dejar indiferente a los que se tropiezan con su arte, por su sinceridad en la escena, a partir de la asunción de una estética radical y activista.

Steven Cohen estará desandando la Habana por estos días, con sus tacones, sus largas pestañas, sus labios pintados a lo Betty Boop, haciéndonos repensar todo el universo alegórico del que se apropia.

El próximo viernes lo podremos encontrar en la Galería Orígenes, como parte de la Bienal en su circuito de la Habana Vieja. Les convido a no perdérselo.

Para mayor información:

Cuenta de la Bienal en Twitter: @11bienalhabana

Canal de la Bienal en You Tube: http://www.youtube.com/user/11bienalhabana

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