Los calendarios mienten

 

Los calendarios a veces son crueles sin necesidad. Ayer dijeron que otra vez Cortázar se nos había muerto, como si eso pudiera ser posible. Ese hombre debe andar jugando por algún lugar, acariciando un gato escurridizo, ensayando un solo de trompeta que deje mudo a su querido Louis Armstrong, escribiendo, proponiendo el caos, la desobediencia frente a los estamentos de los aburridos, de los que no se arriesgan, de los que prefieren las cosas grises, fáciles, inamovibles. Pero nunca muerto, eso no.

Cómo yo no voy a esperar encontrármelo desandando su querida Habana, del brazo del inconmensurable Lezama, dejando palabras que han signado la vida de las personas que hemos venido después a encontrar sus huellas por esta parte del mundo. O paseando por París, provocando sobresaltos en los jóvenes escritores, de tal magnitud, que deje tras su paso libros enteros dedicados a ese recuerdo.

Los calendarios pueden mentir. Ya lo vemos. Cortázar anda por ahí y  de puro distraído no ha podido enmendar semejante error. Cómo si le importara. Seguramente se dobla de la risa porque lo creemos fantasma. Dirá que no ha podido planearlo mejor, que ni en uno de sus cuentos ha podido imaginarse una aventura semejante.

Es otro el que se ha muerto. Uno que tenía su mismo nombre, su misma estatura, la manera de ladear la cabeza y de mirar al mundo como un misterio extraño y fascinante a un tiempo, digno de ser develado.

No puede morir quien dejó escrito algo como esto:

“Cronopios de la tierra americana, muestren sin vacilar la hilacha. Abran las puertas como las abren los elefantes distraídos, ahoguen en ríos de carcajadas toda tentativa de discurso académico, de estatuto con artículos de I a XXX, de organización pacificadora. Háganse odiar minuciosamente por los cerrajeros, echen toneladas de azúcar en las salinas del llanto y estropeen todas las azucareras de la complacencia con el puñadito subrepticio de la sal parricida. El mundo será de los cronopios o no será, aunque me cueste decirlo porque nada me parece más desagradable que saludarlos hoy cuando en realidad me resultan profundamente sospechosos, corrosivos y agitados. Por todo lo cual aquí va un gran abrazo, como le dijo el pulpo a su inminente almuerzo”. 

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4 comentarios en “Los calendarios mienten

  1. No te preocupes, Sheyla, estás en lo cierto: todo se debe a un error en los papeles… murió otro Cortázar porque los genios son inmortales…Un beso y feliz San Valentín!!!

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