Poesía para abrazar

Este poema lo escribí de un tirón, casi sin respirar, después de leer los mensajes de Adis López González, una amiga santiaguera. Otros amigos me han pedido lo comparta en el blog y lo haga extensivo para todas las personas que sufren los daños del huracán Sandy en el oriente del país. Espero que la poesía sea también un modo de abrazarlos y de estar con ellos.

Para Adis  

Sembraremos rosas entre las ruinas de la casa

De ser preciso

Los mantendremos abrazados toda la noche

Para que al día siguiente

La Luz caiga menos oblicua sobre las cosas y los hombres

Pintaremos el pan, le dibujaremos estrellas azules

La risa vendrá de súbito

A inundarles el cuerpo

Y rápido pedirán perdón a los muertos, por la súbita alegría

De saber que están vivos.

Leeremos cartas,

Y bajito sin escandalizar

Nos contaremos historias alegres y prohibidas.

Apartaremos los escombros

Con un lápiz,

Con alguna palabra escrita con entusiasmo, profusamente

No adivinaremos siquiera el aluvión,

El miedo que se les metió entre los huesos y duró toda la noche

Y ya dura varios días

Cuando recorren esta ciudad que no parece la suya.

Sembraremos girasoles entre las ruinas de la casa,

Apartaremos un bloque gigante

Que no quiso caer sobre sus cabezas,

Respiraremos aliviados

Escondidos detrás de la pared sobreviviente.

No sabremos qué hacer con las manos,

Las miraremos sin saber para qué son buenas en esta hora.

Y cuando se vayan a dormir bajo la noche estrellada

En una casa sin ventanas

Ni techos,

Ustedes recordarán

también nuestra angustia

Y nuestra impotencia

Y se sentirán de alguna manera

Menos solos.

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Gestos pequeños

Los seres humanos somos capaces de realizar grandes actos. Epopeyas que quedarán para las edades venideras, que así podrán recordar cómo fuimos y qué hicimos, quizás sin entender nuestra desmesura o nuestro cinismo, todo a un tiempo. Lo cierto es que podemos realizar grandes actos de fe y de solidaridad, también de barbarie; pero de este último punto  hoy no voy a hablar.

Ahora mismo, cuando por Cuba ha terminado de pasar el huracán Sandy con su cola de pérdida y destrucción, no hemos terminado de llorar pero ya estamos remangándonos las camisas, recogiendo las herramientas para ayudar a miles de personas que no conocemos, pero que son cubanos y necesitan nuestra ayuda. Los de Occidente quieren ir Santiago de Cuba, Holguín o Guantánamo a construir, a edificar, a limpiar las calles y la tristeza de los que se quedaron sin nada o con muy poco. Todos queremos poner nuestro sudor para que esa tierra vuelva a la normalidad, para que otra vez sea un paisaje reconocible.

Por allá se armará un hervidero de hombres y mujeres, imprescindibles y desconocidos. Entre todos ahuyentarán el desaliento,  les iluminará el rostro el fuego que cuece la comida  en una olla en medio de la calle, con condimentos traídos de todas las casas. Habrá café para los camioneros, los electricistas, los muchachos soldados, muy jóvenes , para la gente llana de Cuba que ha ido a ayudar. Volverá a crecer la fe y la vida continuará, desbordándose, con nuevos brazos. De eso y más somos capaces los cubanos, más allá de los estereotipos y los lugares comunes que utilizan quienes creen que nos conocen. Lo cierto es que el dolor de cualquier semejante viene a lacerarnos también.

Increíblemente  los hombres y mujeres que poblamos este planeta tenemos genuina predisposición para los actos más heroicos, para ser materia de libros e historias imperecederas. Sin embargo,  a veces nos cuesta el pequeño gesto, desechamos el alivio que podemos brindar  si tocamos una mano, si miramos a los ojos, si abrazamos con ganas, si no escuchamos a todo volumen la música que nos gusta porque al vecino le molesta, si no criticamos a alguien que con desenfado puedo gritar a los cuatro vientos que es feliz. Aunque parezca sencillo dar la mano, desear una buena jornada al prójimo, no ofenderlo de hecho ni de palabra, nos cuesta ese sencillo gesto. Y por eso muchas veces nuestra cotidianidad se reciente sin esas pequeñas cosas que todos los días nos pueden hacer heroicos.

Ojalá y el huracán de solidaridad que sobre las provincias orientales se ha volcado regrese desbordado, convertido en rabo de nube que se lleve lo feo y nos deje el querube.