Historia salida de mi mano

 

Esta vez soy la autora que les propongo. Espero que esta historia les guste. Gracias por pasarse por acá.

LA PEQUEÑA HISTORIA DE CUCA VALERO

 Para Ela Calvo, por la idea y la emoción; aunque sin saberlo.

   La cantante abre la puerta de su camerino y mira alrededor como cada noche durante los últimos treinta y siete años. Respira hondo y se sienta en el butacón que heredara de la Carlota, la antigua vedette, para sacar el maquillaje de la bolsa de mano. Después de disponerlo todo frente a sí, piensa que sería bueno fumarse un cigarro mientras escoge el vestuario de esa noche. Mira con lástima los vestidos, tan ajados como ella misma, pero que aún sirven para recordar las pasadas glorias; sobre todo si Charlie mueve las luces sobre el escenario como ella le ha indicado. Repite el nombre del luminotécnico nuevo, nombre de gángster y de chulo, se dice. Recuerda sus jeans ajustados y las camisas donde no caben los bíceps. Lindo pero bruto, se burla, pues tiene que repetirle todo cada día y encima soportar que la mire como si ella fuera una vieja decrépita. Eso mismo pensarán los que van a verla todavía al cabaret o la ven por el televisor, cargando con el cuerpo como si fuera una maleta pesada y la voz ni se diga, como una bufanda que se deshilacha. Nadie imagina que ella misma se hace esos reproches, que se promete dejarlo todo. Con lo que tiene ahorrado y la jubilación le alcanza para vivir un tiempo. También puede dar clases de piano o enseñar a cantar con cierta afinación a las niñas del barrio, si no están más interesadas en mover las cinturas con cualquier ritmo en el contén de la acera.

   De golpe recuerda las paredes cascadas de la casa y la soledad tras la puerta y no tiene valor para enfrentarse a tanto estropicio. La verdad le duele como un puñetazo en medio del estómago, pero le gusta pronunciar esa palabra, estropicio. Se enamoró de ella después de leer el libro de una chilena pariente del presidente que mataron; que hablaba de espíritus y amores desencontrados. Como no quiere encontrarse con toda esa tristeza prefiere mantenerse cantando mientras pueda y la gente la soporte, y hasta de vez en cuando se lo agradezcan. Esa es la única forma de vivir que conoce.

   Salta del butacón y se habla desde el espejo. Tienes el ánimo hecho una mierda, vieja lacrimosa. Luego suelta la risa, se alborota el pelo y va hacia el perchero donde cuelgan las ropas. Hoy se pondrá el vestido más nuevecito, el que le disimula mejor la barriga. Satisfecha con su elección se le antoja hacer volutas de humo. Prende un nuevo cigarro y parece una locomotora esparciendo el humo por la habitación. No aguanta la risa y no se permite dudar un instante de su cordura. Después, mirando mejor el vestido cuyo modelo no es muy actual, se alienta con un pensamiento positivo. Ya no tienes años para la liposucción ni ganas de embutirte en fajas que oculten lo inocultable. Recuerda cómo le gustaba pararse desnuda frente al espejo y en cada arruga, doblez o cicatriz, descubrir las huellas de las batallas que perdió o ganó en la vida. Lo dejó de hacer cuando su cuerpo desnudo escandalizaba al vecindario, nunca habituado a sus ventanas abiertas en cualquier momento del día o de la noche.

   Tocan a la puerta. Es Pedro, el director del conjunto, viene a preguntar por el repertorio que cantará esta noche. Como si de pronto hubiera olvidado que los jueves no canta más que las canciones de Tania Castellanos. Lo despide con un chiste sobre los calvos, sin dolerle la calvicie de quien fuera uno de sus mejores amantes. Esos eran otros tiempos, rememora, y ante sí desfilan todos los hombres cuyos requiebros de amor atendió sin mezquindades.

   Hoy sí tiene ganas de cantar a la Castellanos. Hoy tiene ganas de dejar la vida en el escenario, de cantar, de chillar, da lo mismo. Hoy quiere vivir. Probó todos los remedios para mantener limpia la voz, pero no se abstuvo de tomarse dos tragos de ron para calentar el alma. Total que una tiene sus días, piensa mientras se pone polvo en las mejillas y mira de reojo la cuchilla que se ha deslizado fuera del bolso del maquillaje. La odia y a todas las escenas de películas con muñecas colgando fuera de las bañaderas, chorreando sangre, ensuciando el piso. Las aborrece, como también la desnudez de los cuerpos mojados, el riesgo inútil, la profanación. También intentó no estar más, despedirse sin campanas, allí mismo, en el camerino, pero después le dio miedo que a su alma le negaran el reposo eterno.

   De la última gira internacional del cabaret Tropicana la nieta le trajo pestañas postizas y creyones. Siempre que piensa en la muchacha le sucede lo mismo, reclina la cabeza en el sillón y se alegra del destino de la niña que crió entre los bastidores de casi todos los cabarets de la Habana. Ahora que lo piensa, la niña no tenía otro camino sino ser lo que su abuela y su madre: cabaretera. Torció el rumbo justo a tiempo, en lugar de los cabaretuchos habaneros, escogió el paraíso bajo las estrellas. Na´, hijo de gato nace pintico, se consuela.

   Al lápiz delineador de ojos casi no le queda punta, por eso no abusa alargándose la pintura más allá de lo imprescindible. Para vieja y tuerta basta la que cuida el baño. No aguanta la risa y le sale una carcajada sonora y larga.

   Cuando termina de maquillarse se pone los zapatos a los que ha tenido que recortar el tacón. A su edad no puede darse el lujo de una fractura de tobillo. Mucho menos regalarles un resbalón a las brujas que vienen a verla con la esperanza de presenciar algún día su derrumbe. Por último, se pone el vestido y toda la bisutería complementaria, mucha fantasía, mucho brillo para encandilar y distraer de otras zonas de su geografía no tan esplendorosas.

   Mira una última vez hacia el espejo y se hace un guiño. Como cada una de las noches en la piel de Cuca Valero, la gran vedette, le envía un beso con la mano a la imagen que le devuelve una mirada burlona. Y sale del camerino cuando escucha la voz de Alfredito, el animador, anunciándola.

 

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6 comentarios en “Historia salida de mi mano

    • Gracias Isa, cada palabra de los amigos funciona como el aliento necesario para seguir adelante con los sueños. Es un gusto que te haya gustado. A esta historia yo le tengo mucho cariño, sobre todo porque la escribí de un tirón un día que necesitaba sacármela de adentro. Gracias otra vez y otro abrazo para ti.

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