Muere una lengua y morimos todos un poco más

Las lenguas del mundo

Las lenguas del mundo

El 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón escribió en su diario que él quería llevarse algunos indios a España para que aprendan a hablar (“que deprendan fablar”). Cinco siglos después, el 12 de octubre de 1989, en una corte de justicia de los Estados Unidos, un indio mixteco fue considerado retardado mental (“mentally retarded”) porque no hablaba correctamente la lengua castellana. Ladislao Pastrana, mexicano de Oaxaca, bracero ilegal en los campos de California, iba a ser encerrado de por vida en un asilo público. Pastrana no se entendía con la intérprete española y el psicólogo diagnosticó un claro déficit intelectual. Finalmente, los antropólogos aclararon la situación: Pastrana se expresaba perfectamente en su lengua, la lengua mixteca, que hablan los indios herederos de una alta cultura que tiene más de dos mil años de antigüedad. (Eduardo Galeano)

A veces pasamos los ojos por encima de los titulares de la prensa sin siquiera reconocer lo que estamos leyendo. A veces nos tropezamos con una noticia como esta y no podemos permanecer impasibles: “Cada dos semanas muere una lengua. Es probable que a finales de siglo hayan desaparecido casi la mitad de las cerca de 7.000 lenguas que se hablan hoy en el mundo”.

Cuando muere un lengua, cuando es intervenida por los actores de otra lengua más fuerte y con más recursos desaparece todo un universo de significados, toda una manera de entender la existencia, de relacionarse con los semejantes y con la naturaleza, una manera de mirar al mundo, de dialogar con él. Al morir una lengua originaria, las palabras con que nombran el mundo, los sentimientos y acciones de los hombres, sus cánticos y sus ritos, el ser humano se va quedando un poco más huérfano y va perdiendo la oportunidad de salvaguardar una diversidad que funciona como fuente de vida. En esas culturas ancestrales, cuyas prácticas vitales son un ejemplo extraordinario de respeto al ser humano y al entorno en el que habitan muchas veces están las claves para saber más del mundo en el que vivimos y al mismo tiempo de rescatarlo antes de que la tierra cansada se niegue a renacer de ella misma.

Muere una lengua y morimos todos un poco más.

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