Lo que trajo la lluvia

Otra manera de navegar

Otra manera de navegar

Ayer llovió muchísimo en La Habana, tanto que la inauguración del  Carnaval, prevista para un segundo después del cañonazo de las nueve,  tuvo que ser pospuesta. Los habaneros tuvieron que suspender el jolgorio y correr a guarecerse debajo de los portales cercanos al Malecón.

La lluvia es así, a veces inoportuna.

Pero también trae sus regalos. Es su manera de desagraviar. Ayer después de mucho tiempo volví a ver barcos de papel navegando por las cunetas de las aceras.  Barcos blancos, construidos sin buscar la perfección, hechos también de papel periódico, en fila india, atropellándose para  alcanzar el primer lugar, impulsados por la corriente de agua y por los gritos alborozados de los niños. Hacía tiempo que no veía niños divertirse así, de una manera tan natural, casi inconscientemente. Pero allí estaban ellos, en medio del ajetreo de la ciudad, casi cuando caía la tarde, cuando ya nadie prestaba mucha atención a la posible magia que podría salir de cualquier rincón. Y su alegría fue la mía.

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4 comentarios en “Lo que trajo la lluvia

  1. La primera impresión que me dió el titulo fue le tema de Serrat, “Barquito de papel”, y cuando empece a leer…. que fantástica descripción!!!!!!!!!!!…hasta llegue a escuchar el alboroto de esos chiquitos..volver a ser a otra vez niña …

    • Hola Marita:

      Fue un hecho pequeñito el que me provocó el texto, pero no quería despedir la semana sin contar esta historia de viernes en la tarde. Yo fui una hacedora de barquitos de papel, por eso mis letras, por la rescatada alegría. Gracias por pasar.
      Abrazos.

  2. Si hubiera estado ahí también mi barco de papel hubiera desandado esas aguas de agosto. Gracias por este post que nos hace ver que después de la lluvia viene la fiesta y q dentro de cada adulto hay un niño escondido que de vez en cuando hay que dejarlo salir. Un abrazote

    • Así mismo, yo deseé correr a buscar un trozo de papel para hacer mi barco y sumarme a la alegría, pero he crecido y otros afanes roban mi tiempo. A pesar de ello los niños y sus gritos y sus barcos, me robaron una sonrisa y la tarde no se fue sin valer la pena.

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