Montañas

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Nos fuimos a las montañas ilusionados. Creímos que seríamos bienvenidos y que podríamos confundir nuestros pasos de ciudad y nuestro ritmo extraño con el sonido del río cuando choca contra las piedras y se despeña por el valle o con el viento que baja de la sierra y se arremolina en las crestas de las olas de un mar bravo y caliente. Creímos que venceríamos y que como a conquistadores tardíos  la montaña nos abriría sus puertas y nos confiaría sus secretos, los modos de sujetarla.

Pero la montaña es sabia, siempre lo ha sido. Nos permitió el paso, dejó que nos adentráramos en ella sin pedirle excesivos permisos, con la algarabía del recién llegado, del que se cree poderoso. Y poco a poco fue mostrándonos quién tenía realmente el poder. Y la cuesta se hizo demasiada empinada, el aire se volvió escaso en los pulmones, mirar los acantilados podía ser la perfecta acción suicida, el verde comenzaba a abrumar, el olor a tierra mojada dejó de ser en ese momento una buena sensación. Todos estábamos muy agotados y la montaña continuaba imperturbable, dueña de nuestra voluntad.

Seducir a una montaña puede ser una tarea imposible. Tienes que tener el don, llevarlo en la sangre, hablar su lenguaje, dejar que ella te reconozca y te adopte como a un hijo. En el intento de domeñarla el resultado más probable es que quedes seducido y exhausto.  Ella ha estado ahí demasiados años, ha visto demasiados intrusos, los ha devorado, los ha salvado.

Subir el Pico Turquino puede formar parte de la educación vital de cada cual, a veces es necesario asumir la aventura. Y no solo debes ser bueno poniendo un paso delante del otro, administrando el aliento. Tampoco es imprescindible tener una óptima capacidad física para llegar a su cima lo suficientemente lúcido para disfrutar el ascenso y enfrentar la bajada. Para subir una montaña, cualquiera que esta sea, es indispensable que sepas elegir a los compañeros de viaje. Esa es la clave.

Al final la montaña te prueba y no se deja vencer. Pero antes de irte, de recibir para siempre tu mirada de respeto te deja saber si hiciste una buena elección, si te rodeaste de la gente necesaria, si fueron la ayuda esperada, si hicieron suyo tu cansancio y no te dejaron abandonar. Ese es su regalo.

La montaña siempre sabe, ha estado ahí demasiado tiempo.

Pico Turquino. También conocido como Pico Real del Turquino, es el punto más elevado sobre el nivel del mar de la isla de Cuba, con una altura de 1974 metros. Fue mencionado ya en el siglo XVI por el geógrafo flamenco Gerardo Kramer. El primer ascenso registrado a su cumbre data de 1915.

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14 comentarios en “Montañas

    • Gracias por pasar. Algo así sucedió. Llevaba días queriendo escribir pero debía dejar que todo lo vivido se asentara y esto es lo que ha salido. La experiencia valió la pena, aunque casi muero en el intento de llegar al punto más alto de Cuba. Un abrazo para ti también.

  1. Gracias Sheyla por estas palabras, escribes muy bien amiga, gracias también por la compañía, un abrazo para ti y para Reynier, fueron muy buenos compañeros de “apartamento”, jajajaja, abrazo desde Holguín

    • Gracias Chely querida. Abrazos para ti, para Carlos y para la pequeña Yoana, a quien espero conocer un día. Ya sabes, para las próximas aventuras si necesitas compartir “apartamento”, “bohío”, tienda de campaña, “cueva”, un pedacito de tierra, puedes contar con Rey y conmigo. Un beso

  2. Sheyli: me encantó… he revivido la experiencia a través de las letras y las fotos de los que la subieron esta vez… pero quizás no se trate de una historia de vencedores y vencidos, sino de esa seducción, de ese dejarse atrapar y llenar los pulmones con el escaso, pero definitivamente puro, aire. Quizás es más la historia del misterio, de la comunión entre los caminantes, de la aventura… llegar es la meta, pero el premio es no perderse un detalle de tanta maravilla.

  3. Pingback: Del Bloguerío al Turquino… y de ahi al llano | Visión desde Cuba

    • Mariposa:

      Porque al final eso eres,es que a veces me costaba trabajo nombrarte por tu nombre. Así que te quedaste alada y frágil para mí. Gracias por pasar y es como dices … la compañía fue el mejor regalo del viaje, encontrarnos, reconocernos y comprender que somos tan parecidos en nuestras diferencias. Un beso isleño de esta criatura.

  4. Pingback: PostTurquino VI: Epílogo « Espacio libre

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