Historias

Soy una contadora de historias de otros. Presto oídos a esos sonidos rutilantes que pasan cerca de mí y me seducen. A veces me sobresaltan en las noches, me sorprenden al doblar las esquinas o me asaltan tras una mirada.     

Y las historias me instan, tal como los sueños a  Galeano, que le piden que los sueñe. Mis historias o sea aquellos relatos de los que me apropio porque son bellos y merecen decirse, me zarandean las ropas pidiendo, casi exigiendo: ¡Cuénteme,  cuénteme, que no se va a arrepentir! Entonces, obedientemente las traduzco, las paso en blanco y negro, las hecho a volar para que aniden en los mejores rincones de nuestras vidas.  

Esta es la historia de Leticia, sin apellidos ni otros aditamentos. Ella la escribió en otro lugar, para otros ojos, pero son palabras para regalar, para poner de ventana ante nuestros rostros.

Yo soy una emigrante de Argentina y una inmigrante en España. Mis abuelos lo fueron al revés. Se fueron sin poder volver nunca más.
Mi abuela se murió a los noventa y tantos planeando su viaje de regreso: “cuando yo vuelva iré a la plaza de mi pueblo y gritaré: ¡Ya llegó la Piedad! y todos mis amigos vendrán a verme”…
Fui yo por ella a su pueblo de Baza, escribí en un papel: “Ya llegó la Piedad” y lo enterré en el árbol más hermoso de la plaza que inmediatamente se llenó de pájaros. Quiero creer que los amigos de mi abuela fueron a su encuentro.

Esta es otra historia para atesorar: Un amigo recorriendo España llegó hasta Sevilla y supo que allí estaban aplicando el método cubano Yo sí puedo para enseñar a leer y a escribir a las personas de los alrededores, muchos de ellos ya ancianos, que se habían pasado casi toda la vida sin poder leer una letra impresa, o lo que es lo mismo, viviendo a medias. Entre todas las historias que escuchó se quedó fascinado con esta que ahora les regalo. Cuando me la contó no recordaba los nombres de sus protagonistas, por lo que yo los nombraré para ustedes a fin de que su historia no se pierda. Ellos serán María y Antonio.

María  y Antonio se quisieron desde siempre. En cuento pudieron se casaron, pero la guerra  los separó al poco tiempo -la guerra Civil española o la II Guerra Mundial, cualquiera de ellas cruenta, implacable y necesaria. En ese tiempo Antonio no dejó de escribir cartas a María,  todos los días. Ellas las fue guardando, una a una,  sin abrirlas porque no sabía leer. Nunca dejó que nadie las leyera por ella. Las palabras de Antonio solo eran para sus ojos y su corazón. Antonio fue de los afortunados que regresó del frente. Entonces María y él vivieron el amor que habían postergado. Antonio había muerto hacía muchos años  y María, ya anciana,  seguía guardando amorosamente sus cartas. En ese tiempo comienza a aplicarse en Sevilla el método cubano  Yo sí puedo para erradicar el analfabetismo. María fue de las beneficiadas. En cuanto pudo reconocer los sonidos, pronunciarlos, escribirlos se fue corriendo al arcón donde guardaba su tesoro más preciado: las cartas que le confirmaron todos los días que Antonio seguía vivo y las leyó de un tirón. Lloró mucho, lloró como hacía años no lo hacía, vivió todo de nuevo, y volvió a enamorarse de Antonio, a escogerlo entre todos los hombres posibles para compartir su vida.     

 

 

 

 

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16 comentarios en “Historias

  1. Sheyla, tú hazle caso a lo que te dicen esas historias y cuéntalas siempre, que se te da muy bien. La segunda me conmovió particularmente. Sigo al borde de tus letras y gestionándote otros lectores asiduos. Cariños.

    • Ojalá siempre tuviera este tipo de historias para regalar, !son mis preferidas!, pero no te preocupes que en cuanto lleguen a mí vendrán a poblar las páginas de este blog. Gracias miles por la promoción, aunque me doy por satisfecha con que vengas tú de vez en cuando a curiosear por acá. Cariños para ti también.

  2. Sheyla, hace tiempo que rondo tus criaturas, no soy muy de comentar. Me encantó esta. Con tu permiso, me la robó para blogalidad (periodistascamagueyanos.wordpress.com) un espacio donde compartimos los decires de buenos blogueros, también me llevo tu blog para el sitio. mariposas

    • Hola Mariposa: un placer que hayas pasado por acá, yo también rondo tu reino aunque como tú tampoco soy de mucho comentar, pero me llevo tus palabras conmigo siempre. Ya sabes que aunque estas historias estén en mi blog, en realidad no me pertenecen una vez que aquí quedan expuestas, así que con mucho gusto te las regalo. No dejes de volar cerca de estás páginas. Sabes que siempre eres bienvenida. Abrazos…

  3. Pingback: Historias « Blogalidad Camagüey

  4. Yo se lo que experimenta alguien que cuenta historias de otros, Sheila, llevo 16 años en ese oficio, que retomaré luego de unos meses sin publicar en papel por mi alejamiento de un medio de mi ciudad argentina. Cada cual tiene su color en la mirada y en la forma de escribir, aprecio lo que haces muy bien y cuando quieras, allí están mis blog para que los visites si es tu agrado. Saludos (Tengo un cuento en un blog amigo de Camagüey, luego te lo paso)

    • José: muchas gracias por visitar mi blog y por tus palabras de aliento. Desde ya eres bienvenido a conocer mis criaturas siempre que quieras. Espero que el retorno a este mundo sea pronto porque este oficio es de los que atan y dejan huellas indelebles. Si pasas nuevamente por aquí déjame la dirección de tu blog para pasarme por allí. Otras vez, gracias.
      Saludos para ti también.

  5. Supercuba es el blog donde colaboré, por aprecio a la isla, con un cuento imaginando a Ernesto Guevara anciano, viviendo en su ciudad natal de mi país. Disculpa, ya está.

  6. Pingback: Yo sí puedo | La puerta entornada

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