Criatura de Isla

un sitio para descubrir las palabras que construyen una isla.


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Huevo y porcelana

Para R

Andaban distraídos por el mundo. Ocupaban lugares distintos en la geografía que componen los días. Nunca habían coincidido sus lenguajes. Tampoco sabían de las maneras en que sus cuerpos reflejaban la luz, la atrapaban. Útiles los dos, vulnerables, rompibles, blancos, recipientes de vida. Vinieron a tropezar en una misma fotografía. Sus pieles tan duras y tan frágiles a un tiempo, siempre pendientes de la necesidad del equilibrio, de mantenerse a salvo de cualquier precipicio, del más pequeño. Y se hablaron. Sorprendidos conocieron que provenían de fuegos similares, de interiores crepitantes, de gestación, de parto. Y allí quedaron para siempre, inmóviles, más cercanos. A veces las diferencias son solo aparentes. Tiene un poco de magia el instante en que se reconoce el punto a donde llegan dos caminos extraños, la marca a partir de la que los pasos se juntan y empiezan, dos que andaban desconocidos, a completar las escalas de un solo mapa.   


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Mayo 23

la tarde a veces se muere de esta manera, en este lugar. Foto: Sheyla Valladares

la tarde a veces se muere de esta manera, en este lugar. Foto: Sheyla Valladares

Rosana Berjaga amaneció regalando barcos, amarres, el mar, y yo que estaba desde hace días intentado anclar alguna palabra me quedé rondando estas imágenes.  Y recordando esta otra fotografía que una tarde ya lejana le robé al Malecón de La Habana, salió este poema que ha venido a equilibrar el jueves.

Mayo 23

Hay quien sale a pescar

al borde del mar,

sin otra suerte

que la de marchar solo

a encontrar lo inesperado

o precisamente

lo que sabía detenido

esperando el tropiezo.  

Y a la certidumbre

de cargar

a una misma hora

con el necio, el ruin y el benevolente,

se une el miedo

por ser devorado

antes de resarcir las deudas,  

coserse la piel,

eructar un puñado de palabras difíciles e

impostergables.

Y el mar lo mira a uno

en su aparente docilidad,

acechante,

con los abismos listos para engullirnos,

con una tumba que no llevará nuestro nombre.  

Así, quién arriesgue un día recordarnos

solo tendrá que mirar el horizonte

y creer que siempre se vuelve,

que ningún destino está la suficientemente lejos.  

©Sheyla Valladares


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Hilos

Mi mamá y yo hemos crecido juntas, como si fuéramos hermanas y otra mujer invisible fuera nuestra madre. Creo que nos hemos esquivocado el mismo número de veces, hechuras imperfectas como somos. Nos hemos sostenido, protegido. Nos hemos amado sin mezquindad. Si hubiéramos habitado solas cualquier planeta, ese nos hubiera parecido el más hermoso porque siempre nos ha bastado la mutua compañía para saber que todo ocupa el lugar predestinado. En el cuerpo de mi madre se concentra la fuerza con que nacen los retoños de los árboles, con la que alumbra la estrella más pequeña y brillante, con la que algunos peces remontan los ríos. Y con esa fuerza ella ha alejado de mí cuánto ha podido lo terrible, aunque ese trozo de dolor le haya golpeado con saña a ella. Y yo que no sé cómo llenarle las manos por todo lo que me ha dado, solo le puedo escribir poemas como este y verla feliz.

Hilos

Le pido a mi madre rescatar el tiempo.

Ella vuelve sobre sus pasos,

se le agrandan los ojos,

y  se le pierde la risa detrás de la última guardarraya.

Finalmente recoge la jaba

que dejó colgando

en la mata de mangos,

que existió allá lejos.

Desfilan las historias

de un puñado de gente desconocida

que ella quiso,

testigos, jueces y verdugos de su vida.

Su voz llena de tiempo  

es el hilo que me va  atar definitivamente a ella.

No se me va a perder nunca más,

ella, que soy yo,

 y las mujeres anteriores,

las que no pudo o no quiso ser.

Todo estará aquí,  en mí

y en las otras mujeres

que después de mi serán.

No olvidaremos nada.

Todo estará ardiendo en nuestra sangre,

constantemente.

(Fotos tomadas de Cubahora)


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Preguntas de un obrero que lee

Foto: Ismael FranciscoAyer fue primero de mayo y en muchos lugares del mundo los trabajadores tomaron las grandes avenidas para dejar constancia de su sudor, del  dolor de sus  espaldas, del sueño que se les va acumulando en forma de ojeras violáceas que cercan sus ojos, de las madrugadas en las que tienen que abandonar la cama caliente, besar fugazmente a los hijos dormidos y sumarse a la corriente humana que hace funcionar la vida.

Este miércoles muchos de los trabajdores del mundo también salieron a enfrentar la  indiferencia con que los gobiernos y las empresas  aniquilan sus saberes, el poder de sus manos, el sustento de las familias, el orgullo de saberse útiles,  la dádiva gustosa  que hacen cada jornada para sostener anónimamente la vida de sus semejantes y la suya propia.

En Cuba también los trabajadores celebraron su día. Las plazas fueron ríos humanos porque indudablemente los obreros tienen mucho que festejar, aunque todavía en los colectivos laborales, los de la base no tengan toda la incidencia necesaria en la toma de decisiones que atañen a todo el colectivo, los salarios muchas veces no se correspondan con la couta de saberes y esfuerzos que se ponen a disposición de los demás o la inoperancia de algunos decisores  y otros intermediarios eche por la borda proyectos importantes que influyen directamente en la calidad de vida de los cubanos.

Pero lo que más tristeza me da en el marco de esta fiesta es que aun nos detengamos un tiempo sospechoso y vacilante a sopesar la medida del respeto con el que trataremos a las personas -por poner un solo ejemplo- que limpian las calles, las escuelas, los hospitales, que en muchos de los casos, sin conocernos y como si de nuestros padres se tratara, nos cuidan y nos  regalan salud. La importancia de un trabajo y de su bien, no es una cota que deba ponerse en balanza.

El culpable de toda esta reflexión es este poema de Brecht que les regalo.

PREGUNTAS DE UN OBRERO QUE LEE

¿Quién construyó Tebas, la de las siete puertas?
En los libros se mencionan los nombres de los reyes.
¿Acaso los reyes acarrearon las piedras?
Y Babilonia, tantas veces destruida,
¿Quién la construyó otras tantas? ¿En que casas
de Lima, la resplandeciente de oro, vivían los albañiles?
¿Adónde fueron sus constructores la noche que terminaron la Muralla China?
Roma la magna está llena de arcos de triunfo.
¿Quién los construyó?
¿A quienes vencieron los Césares? Bizancio, tan loada,
¿Acaso sólo tenía palacios para sus habitantes?
Hasta en la legendaria Atlántica, la noche que fue devorada por el mar,
los que se ahogaban clamaban llamando a sus esclavos.
El joven Alejandro conquistó la India.
¿Él sólo?
César venció a los galos;
¿no lo acompañaba siquiera un cocinero?
Felipe de España lloró cuando se hundió su flota,
¿Nadie más lloraría?
Federico Segundo venció en la Guerra de Siete Años, ¿Quién más venció?

Cada página una victoria
¿Quién guisó el banquete del triunfo?

Cada década un gran personaje.
¿Quién pagaba los gastos?

Tantos informes,
tantas preguntas.

Bertolt Brecht


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Recuerdos

Del lugar donde viví solo es importante el silencio y el sol poniéndose sobre el cañaveral en las tardes de verano. Nunca he visto atardeceres mejores que esos. Ni los colores, ni la manera en que el sol se va yendo casi con desgana. También hay un viejo molino de viento, medio torcido y herrumbroso, casi sin aspas, que debajo tiene un pozo de agua, que tapan con unas planchas de zinc para que nadie cometa la estupidez de caerse dentro, los niños o los adultos. Cada vez que sopla un poco de viento el molino intenta moverse y lo que logra es soltar unos alaridos quejumbrosos que ponen los pelos de punta, más si es de noche y en medio de la quietud se dejan oír esos sonidos extraños. Cuando no tienes el oído entrenado pueden parecer cualquier cosa, hasta el alarido de una criatura maldita por algún encantamiento, que quiere vengar su destino espantando los sueños de los vecinos, asustando a los más cobardes como yo.  Las primeras noches de vivir bajo el acecho del molino quejumbroso, podían torcerse por un buen rato, después que pasaba el viento y el quejido se quedaba suspendido en el tiempo. Después cuando logré  identificarlo entre los distintos sonidos que tiene la noche en el campo,  ya no me asustaba tanto, como pasa con todo a lo que podemos darle alguna explicación por más disparatada que sea.

 


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Un canto que tiene color de violetas húmedas (+ Fotos)

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Sé que es fin de semana, que son días estos de fiesta y salutaciones. Pero no quería seguir dejando guardadas estas imágenes del Cementerio de Colón de la Habana que tomé hace algunos días como ejercicio de clase. En esta ciudad donde todos habitan en silencio también tiene su lugar la belleza.

Solo la muerte

Pablo Neruda

Hay cementerios solos,
tumbas llenas de huesos sin sonido,
el corazón pasando un túnel
oscuro, oscuro, oscuro,
como un naufragio hacia adentro nos morimos,
como ahogarnos en el corazón,
como irnos cayendo desde la piel del alma.

Hay cadáveres,
hay pies de pegajosa losa fría,
hay la muerte en los huesos,
como un sonido puro,
como un ladrido de perro,
saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas,
creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia.

Yo veo, solo, a veces,
ataúdes a vela
zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas,
con panaderos blancos como ángeles,
con niñas pensativas casadas con notarios,
ataúdes subiendo el río vertical de los muertos,
el río morado,
hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte,
hinchadas por el sonido silencioso de la muerte.

A lo sonoro llega la muerte
como un zapato sin pie, como un traje sin hombre,
llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo,
llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta.

Sin embargo sus pasos suenan
y su vestido suena, callado como un árbol.

Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo,
pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas,
de violetas acostumbradas a la tierra,
porque la cara de la muerte es verde,
y la mirada de la muerte es verde,
con la aguda humedad de una hoja de violeta
y su grave color de invierno exasperado.

Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba,
lame el suelo buscando difuntos;
la muerte está en la escoba,
en la lengua de la muerte buscando muertos,
es la aguja de la muerte buscando hilo.

La muerte está en los catres:
en los colchones lentos, en las frazadas negras
vive tendida, y de repente sopla:
sopla un sonido oscuro que hincha sábanas,
y hay camas navegando a un puerto
en donde está esperando, vestida de almirante.


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Poesirespirando

Hoy atardecí con ganas de poesía por eso les dejo un pequeño poema que escribí hace algún tiempo. Fue escrito en una época fecunda. Nació en la sala de espera de una oficina, en las páginas finales de mi agenda, el lugar preferido para estos partos intempestivos y febriles. También les regalo la Gymnopédie No.1 de Erik Satie , para que si gustan acompañen los versos con las notas de este piano que en ciertas tardes me trae mucha paz.

Blindness

Delante de mí

puede haber ahora mismo

un faro

una larga constelación

de Perseidas

un tigre de Bengala

con las fauces listas para mi carne

y  no vería nada.

 

Delante de mí

cien puertas abiertas

una  ventana en clausura

el huso y la rueca

un gorrión muerto

los designios de Elegguá

el torrente.

 

Y nada será dicho antes de tiempo.

Nadie me mirará a los ojos

y  descubrirá para mí el camino.


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Chávez

Hugo Chávez (1954 - Siempre)

Hugo Chávez (1954 – Siempre)

No voy a emborronar cuartillas para hablar de la ida de Chávez. El dolor se dice callando muchas veces. Les dejo palabras escritas, lloradas, sentidas en otras muertes, iguales de dolorosas e  irrevocables.

Consternados, rabiosos

Así estamos, consternados, rabiosos, claro que con el tiempo la plomiza consternación se nos irá pasando, la rabia quedará, se hará más limpia. Estás muerto, estás vivo, estás cayendo, estás nube, estás lluvia, estás estrella… Donde estés … si es que estás … si estás llegando… aprovecha por fin a respirar tranquilo, a llenarte de cielo los pulmones. Donde estés … si es que estás … si estás llegando … será una pena que no exista Dios. Pero habrá otros, claro que habrá otros dignos de recibirte comandante (Mario Benedetti)

**********

El otro

Nosotros, los sobrevivientes,
¿A quiénes debemos la sobrevida?
¿Quién se murió por mí en la ergástula,
Quién recibió la bala mía,
La para mí, en su corazón?
¿Sobre qué muerto estoy yo vivo,
Sus huesos quedando en los míos,
Los ojos que le arrancaron, viendo
Por la mirada de mi cara,
Y la mano que no es su mano,
Que no es ya tampoco la mía,
Escribiendo palabras rotas
Donde él no está, en la sobrevida?( Roberto F. Retamar)

**********

Los Heraldos Negros

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… ¡Yo no sé!
Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.
Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.
Y el hombre… Pobre… ¡pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.
Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé! (César Vallejo)

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CHÁVEZ POR GALEANO

Hugo Chávez es un demonio. ¿Por qué? Porque alfabetizó a 2 millones de venezolanos que no sabían leer ni escribir, aunque vivían en un país que tiene la riqueza natural más importante del mundo, que es el petróleo. Yo viví en ese país algunos años y conocí muy bien lo que era. La llaman la “Venezuela Saudita” por el petróleo. Tenían 2 millones de niños que no podían ir a las escuelas porque no tenían documentos. Ahí llegó un gobierno, ese gobierno diabólico, demoníaco, que hace cosas elementales, como decir “Los niños deben ser aceptados en las escuelas con o sin documentos”. Y ahí se cayó el mundo: eso es una prueba de que Chávez es un malvado malvadísimo. Ya que tiene esa riqueza, y gracias a que por la guerra de Iraq el petróleo se cotiza muy alto, él quiere aprovechar eso con fines solidarios. Quiere ayudar a los países suramericanos, principalmente Cuba. Cuba manda médicos, él paga con petróleo. Pero esos médicos también fueron fuente de escándalos. Están diciendo que los médicos venezolanos estaban furiosos por la presencia de esos intrusos trabajando en esos barrios pobres. En la época en que yo vivía allá como corresponsal de Prensa Latina, nunca vi un médico. Ahora sí hay médicos. La presencia de los médicos cubanos es otra evidencia de que Chávez está en la Tierra de visita, porque pertenece al infierno. Entonces, cuando se lee las noticias, se debe traducir todo. El demonismo tiene ese origen, para justificar la máquina diabólica de la muerte. (Eduardo Galeano)


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Es como una flor

 

Hoy es el primer día de marzo. La primavera debe estar rondando por algún lugar, pero en La Habana un cuasi invierno dan ganas de recogerse, de administras los gestos, porque todo está gris y húmedo. Pero por suerte uno se sobrepone a los golpes del desaliento y atrae sobre sí la posible benevolencia de las constelaciones, de los albures instaurados, y tiene la suerte de merecer el abrazo de las personas buenas que desbaratan con su ternura toda desesperanza. Es lo que siempre me sucede cuando “Niñita”  y yo coincidimos en esta ciudad. Ella recompone mi paisaje interior y me hace preguntarme invariablemente: ¿cómo hace para ser tan clara y tener siempre las manos llenas de cariño? Es su don y la suerte de todos los que la conocemos.  Y cuando me voy hacia los lugares que habito no puedo evitar la alegría por haber encontrado a esta cronopio, esa criatura que todos creíamos extinta o inexistente, como si  Cortázar pudiera mentirnos.

Flor y cronopio

Un cronopio encuentra una flor solitaria en medio de los campos. Primero la va a arrancar, pero piensa que es una crueldad inútil y se pone de rodillas a su lado y juega alegremente con la flor, a saber: le acaricia los pétalos, la sopla para que baile, zumba como una abeja, huele su perfume, y finalmente se acuesta debajo de la flor y se duerme envuelto en una gran paz. La flor piensa: «Es como una flor».

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