Criatura de Isla

un sitio para descubrir las palabras que construyen una isla.


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El poema de Nara

Nara Mansur

Nara Mansur

Todavía no conozco personalmente a Nara Mansur, pero sé que un día tendré la dicha de darle las gracias, de tocar su mano, de mirarle a los ojos y tal vez verla reír, y asistir a la fiesta de oirla conversar. Lo sé.  

Por el momento la he ido encontrando en las revistas, en entrevistas que ha ofrecido porque hasta antes de ganar el Premio Nicolás Guillén de Poesía en el 2011, yo nada sabía de esta mujer. Pero tal fue la alegría de tropezar con ella en el mundo, sin importar las maneras o los pretextos, cualquiera de ellos válidos, no tuve más remedio que irla rastreando por las librerías y páginas web, porque de lo que se trata es de estar cerca de la gente buena, de la gente honesta, de la gente para quienes el resto del mundo no es extraño. 

Tengo conmigo sus libros Desdramatizándome, de teatro y Manualidades, de poesía; del segundo, sobre todo, perviven frases, determinada imagen, cierto sentimiento para días cruciales, para esos instantes en que miro para los lados buscando un asidero posible. 

Ella no lo sospecha pero después de conocerla a través de sus palabras, me tuve que ir y de un tirón escribir este poema. No sé si bueno, no sé si malo, pero al fin y al cabo testigo de la emoción.

El poema de Nara

 Me gustaría preguntarte

de dónde trajeron la arcilla

con la que te fabricaron

o si eso no importara

háblame de las manos que te moldearon,

de la sabia,

de esa fortuna. 

 

¿Sabes que puedes ser un amuleto?

Cuando dices… Todas esas fuerzas se desvanecieron*

y sigues viva,

es como si me empujaras y me dijeras,

teme, llora, pero sigue viva.

a pesar de la ausencia,

de la soledad,

aunque estemos lejos de todo lo que pudiera protegernos,

tú en Argentina

y yo en medio de una habitación enla Habana

de frente al horizonte,

a mi computadora,

a la vida,

o lo que sea que me esté inventando

para seguir aquí.  

 

 Sabes que… el orden del mundo

es despiadado con nuestras creencias*

nadie ha venido a silbártelo al oído,

has estado acá el tiempo suficiente.  

Si ahora te mirara

me devolverías la misma mirada

con la que Emilia te reconoce.

Y me dirías bajito

que no quieres heroicidades,

solo la pequeña resistencia, la cotidiana,

y contar nuestras propias noticias del mundo,

para que cuenten,

y no dejen dormir la culpa,

para que algún día se haga añicos.

También hemos aprendido que…

las ideas sencillas (…) son tan difíciles (…)*

de volver naturaleza, segunda piel.

Los deseos a veces pueden sorprendernos

e ir de vida en vida, dándose,

creciendo y mostrando el rostro

como si estuvieran acabados de nacer.   

Podemos hermanarnos en ellos,

suelen ser más importantes

que si fuéramos hijas de la misma familia.

En un tiempo determinado,

casi mágico,

las mujeres hablamos el mismo lenguaje,

es nuestro nushu,

tejido con denuedo,

en manteles,

tatuado en nuestro cuerpo.

Pero lo que más quisiera es ser capaz de criar,*

de educar a mi hija, que el amor dure

y yo no me convierta en lo que no quiero ser.

Tú lo has dicho.

 * Entrevista A mano: solo lo imprescindible”, La Jiribilla, del 8 al 14 de enero de 2011.  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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Una mujer como yo, por ejemplo.

Imagen

Una mujer como yo, por ejemplo.

Una mujer
no merece
su tiempo
para dedicarse
a las cosas que le interesan.

Porque…
¿Es que las cosas que le interesan a una mujer
no son interesantes?
O que…
¿Una mujer no demuestra el suficiente interés
en lo que le interesa como para que a los demás
le resulte interesante y le den su tiempo?
O es que…
¿Lo interesante que ella haga es lo que al otro no le resulta interesante hacer?

Todas estas preguntas
se las hace una mujer…
Una mujer como yo, por ejemplo
cuando tiene un tiempo breve
para hacer algo que le interesa.

Y mientras transcurre su tiempo
se pregunta
¿Era esto lo que quería hacer?
¿Preguntarme acerca de estos temas?
¿Desperdiciar esta hora que me han permitido tener
en pensar en esto que ni siquiera sé si es en lo que quiero pensar?
¿En realidad merece una mujer
ese tiempo para hacer lo que ella quiere hacer
si en realidad ella no sabe lo que quiere hacer?
¿Ella merece tiempo para creer
que quiere hacer algo?
¿Tiene sentido seguir pensando en esto?
No importa,
ese tiempo perdido es ser una mujer.
Una mujer como yo,
por ejemplo.

Así es y así debe y no debe ser.

Cuando una ser humano mujer se piensa
piensa
si realmente es un ser humano o no.
Una mujer cree que es tan lista
que por eso no sabe lo que quiere.
Una mujer cree que tiene que ser tan lista
que los demás se tienen que convencer de que es una estúpida
porque en el fondo cree que cuanto mas dejada de lado sea
mas libre y feliz será,
en el lado de la vida dejado de lado por la productividad.
El fabuloso lado donde se haya todo lo ingobernable,
todo lo inaprensible,
como la vida y la muerte,
el tiempo, el amor, lo misterioso,
la belleza, lo intuitivo,
el universo (con todo lo contenido en él),
lo simple, lo sin importancia…
entre otras “cosas”.

O algo así… Creo.
Bueno…es muy difícil terminar un poema
y darle un sentido determinado.
Pero venía bien ¿No?
Una mujer es alguien como yo, por ejemplo.

Este es un poema de Fernanda Laguna, a quien encontré mientras leí a otra poeta entrañable para mí, Nara Mansur, por su traducción de lo cotidiano, por su alquimia. Entonces me traje a Fernanda, un feliz hallazgo, la doble voz que todas las mujeres solemos tener cuando miramos sin mirar una nube o a la desconocida del espejo. 

Ernesto García Peña es otra criatura entrañable, por sus trazos, por los seres que crea en cada lienzo, por su magia traslúcida. 

Por eso los uno, los traigo, hago mi declaración en voz alta por mi mujer, por las mujeres que antes de mí han sido, las que son y las que vendrán fulgurando por los caminos.

 

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