Criatura de Isla

un sitio para descubrir las palabras que construyen una isla.


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Poesirespirando

Hoy atardecí con ganas de poesía por eso les dejo un pequeño poema que escribí hace algún tiempo. Fue escrito en una época fecunda. Nació en la sala de espera de una oficina, en las páginas finales de mi agenda, el lugar preferido para estos partos intempestivos y febriles. También les regalo la Gymnopédie No.1 de Erik Satie , para que si gustan acompañen los versos con las notas de este piano que en ciertas tardes me trae mucha paz.

Blindness

Delante de mí

puede haber ahora mismo

un faro

una larga constelación

de Perseidas

un tigre de Bengala

con las fauces listas para mi carne

y  no vería nada.

 

Delante de mí

cien puertas abiertas

una  ventana en clausura

el huso y la rueca

un gorrión muerto

los designios de Elegguá

el torrente.

 

Y nada será dicho antes de tiempo.

Nadie me mirará a los ojos

y  descubrirá para mí el camino.


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Atrapar peces dorados

Atrapar la escritura de Eliseo Diego es como ir con finas redes a buscar peces dorados. A veces esquivos e inatrapables. Solo queda el consuelo de haber estado ahí, mirándolos, viéndolos aletear nerviosamente dentro del agua y sentir ese instante una paz con la que podrías llenar una noche de soledad.

Y esos son los caminos de Eliseo. Las columnas de la ciudad, el polvo de las calles que conducen a la casa, las sombras bajo los portales, los nombres de las cosas sencillas, su fuga hacia lugares discretos, los juegos, la mansedumbre con que pueden discurrir los días entre gestos precisos,  lo perdurable, lo esencial, el lugar que habitamos entre otras criaturas, lo mismo en el mundo agreste y vasto que en los pasillos donde vamos sin maquillaje y con los ojos pesados de sueño. El amor y todas las formas que asume para ser.

Acá les dejo a Eliseo.

DEL OBJETO CUALQUIERA

Un ciego de nacimiento tropezó, por casualidad, con cierto objeto que llegó a ser su única posesión sobre la tierra. No pudo nunca saber qué cosa fuese, pero le bastaba que sus dedos lo tocasen en un punto y, a partir de este principio, recorriesen el maravilloso nacer las formas unas de otras en sucesivos regalos de increíble gracia. Pero en realidad no le bastaba porque la parte que sabía no era más que la sed de lo perdido, y comprendiendo que jamás llegaría a poseerlo enteramente, lo regaló a un sordo amigo suyo de la infancia, que lo visitó por casualidad una tarde.

“¡Qué hermosas muchachas!” – vociferó el sordo. “¿Qué muchachas?” – gritó el ciego. “¡Ésas!” – aulló el sordo, señalando el objeto. Al fin comprendió que no se entenderían nunca de aquel modo y le puso al ciego el objeto entre las manos. El ciego repasó el peso familiar de las formas. “¡Ah, sí, las muchachas!” – murmuró. Y se las regaló al sordo.

El sordo se las llevó a la casa. Eran tres muchachas, cogidas de las manos. Gráciles e infinitas respondíanse las líneas de los cabellos, los brazos y los mantos. Eran de marfil casi transparente. Vetas de lumbre atravesábanlas por dentro. El sordo, cuyos ojos eran de águila, sorprendió en el pedestal un resorte. Al apretarlo comenzaron a danzar las doncellas. Pero luego el sordo comprendió que jamás llegaría a poseerlas enteramente y regaló las tres danzantes a un amigo que vino a visitarlo.

“¡Qué hermosa música!” – dijo el hombre, señalando a las doncellas. “¿Cómo?” – dijo el sordo. “¡La música de la danza!”- explicó el hombre. “Sí – dijo el sordo -, música entendí, pero no sabía que la hubiese”. Y regaló al hombre las tres danzantes.

                El hombre se las llevó a la casa. Era la música como el soplar del viento en las cañas: agonizaba y nacía de sí misma, y su figura eran las tres danzantes. Maravillado el hombre contemplaba la perfecta unidad de la figura, la música y la danza. Pero luego comprendió que jamás llegaría a poseerlas enteramente y las regaló a un sabio que vino a visitarlo.

“¡Las Tres Gracias!” – exclamó el sabio. “¿Sabe usted lo que tiene? ¡Son las Tres Gracias que hizo Balduino para la hija del duque de Borgoña!”. El hombre comprendió que aquéllos eran los nombres del misterioso apartamiento que había en los rostros de las danzantes. “Usted piensa en ellas” – confirmó, señalándolas. Y el sabio se llevó las Tres Gracias a su casa.

 Allí, encerrado en su gabinete, las hacía danzar y pensaba en alta voz los nombres verdaderos, las secretas relaciones de sus cuerpos en la danza y de la danza y los sonidos, el mágico nacimiento de sus cuerpos, hijos de la divinidad y el amor del artesano. Pero a poco murió el sabio, llevándose la angustiosa sensación de que jamás, por mucho que viviese, las poseería enteramente.

Su ignorante familia vendió las Tres Gracias a un anticuario, no menos ignorante, que las abandonó en el escaparate de los juguetes. Allí las vio un niño, cierta noche. Con la nariz pegada al vidrio se estuvo largo tiempo, amargo porque jamás las tendría. Así había de ser, porque, a poco de marcharse el niño a su casa, un incendio devoró la tienda, y, en la tienda, las Gracias.

Esa noche el niño la soñó al dormirse. Y fueron suyas, enteras, eternas.

 

Días de libros

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Tenemos Feria del Libro en la Habana desde el 14 hasta el 24 de febrero. Aunque ya los lectores no somos tantos como en otros años, seguimos alentando el placer de la lectura. Porque no hay mayor aventura que la que proponen las páginas de un libro querido.

“Quiero quedarme en medio de los libros. En ellos he aprendido a dar mis pasos, a convivir con mañas y soplidos vitales, a comprender lo que crearon otros y a ser, por fin, este poco que soy”.
Mario Benedetti

“El verbo leer, como el verbo amar y el verbo soñar, no soporta “el modo imperativo”. Yo siempre aconsejé a mis estudiantes que si un libro les aburre lo dejen. Que no lo lean porque es famoso o porque es moderno o porque es antiguo. La lectura debe ser una de las formas de la felicidad y no se puede obligar a nadie a ser feliz”.
Jorge Luis Borges


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De bibliotecarias y otros agradecimientos.

7 de junio: Día del Bibliotecario cubano

7 de junio: Día del Bibliotecario cubano

Cuando yo era pequeña sólo habían para mí dos profesiones: lectora de tabaquería o bibliotecaria. No quería saber de otros mundos. Me bastaban esos, porque sin libros, sin que me rodearan, no quería vivir.En ese tiempo no importaban el status quo, los salarios, las pequeñas cárceles en las que entras  a medida que creces y el mundo de afuera impone sus reglas.  

Pero antes de ese momento no había lugar al que más le conociera los entresijos que las bibliotecas. Y si un camino yo jamás eludía era ese. Lo mismo las de todas las escuelas en las que estudié, como las de los pueblos donde viví. Siempre supe distinguir estos edificios del resto del conjunto arquitectónico. Traspasar su umbral era el inicio de un rito sagrado. Amaba, y ese sentimiento prevalece, ir de pasillo en pasillo, registrando los anaqueles, rogando por una sorpresa, por el tropiezo imprescindible con el libro querido.

Gran parte de esos hallazgos felices deben su éxito a las bibliotecarias que acompañaron mi gusto por la lectura. Hay dos nombres, dos rostros que sobresalen entre la multitud de gente conocida o apenas entrevista una vez en la vida. Barbarita y Margarita. Ellas conocían la importancia del gesto, de traer entre las manos el libro, de ofrecerlo como quien le resta importancia a su misión.  Gracias a ellas llegaron los viajes más audaces, los desvelos, mi gusto por trasnochar amarrada a un libro, tirada de cualquier forma sobre la cama. 

Todavía hoy cuando vuelvo a mi pueblo regreso a encontrar a Margarita para conversar y tener noticias suyas, y sobre todo para que me presente un libro, aunque el tiempo no me sobre. Es una relación de la que no puedo prescindir. Ella fue mi Ariadna y su hilo tan imprescindible para mí como lo fue para Teseo, para encontrar el camino justo dentro del laberinto.

Hoy todavía me sigue rondando la fascinación. No quisiera morirme sin leerle a los tabaqueros un día, aunque sea de juego, por un instante. También creo que cuando recomendamos un libro, lo regalamos, somos algo así como la extesnión, la sobrevida de aquellos que en una biblioteca esperan por el que será  seducido.

Mi agradecimiento infinito a los bibliotecarios del mundo, que preservan su lugar del olvido y la desidia, del polvo, de todos los polvos. Gracias por todas las iniciaciones.


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Belén Gopegui: No hay que cansarse de buscar la excepción.

Belén Gopegui, autora de Deseo de ser punk

Belén Gopegui, autora de Deseo de ser punk

“Porque imagina que se te rompe algo, el vaso, por ejemplo,
ese que tiras sin querer, y la gente se limita a traer una bayeta para
el agua y una escoba para los cristales. Pero imagina que tú no
quieres la bayeta. Querías ese vaso. Te importaba ese vaso. No
entiendes que esté roto. Y entonces te pones a recoger los cristales
uno a uno. Y tratas de pegarlos. Aunque, claro, mientras haces eso, se
te ha olvidado secar el agua con la bayeta. Y también se te ha
olvidado la hora que es. Y, encima, hay veces que las cosas se rompen
en siete trozos y vale, las puedes pegar. Pero a veces se rompen en
cien o más. ¿Entonces qué haces? Pues lo que él hacía era intentar
pegarlas de todas formas. No abandonaba, aunque en el suelo hubiera
cuatrocientos trozos. Y al final, sin querer, acababa dejando tirada a
mucha gente, porque él estaba con el vaso. Que no era un vaso: era una
persona”

Este es un pasaje de la novela Deseo de ser punk, es la voz de Martina, su protagonista y también es la voz de su autora la escritora española Belén Gopegui. Al mismo tiempo es el sistema de combates de otro personaje entrañable, el padre de Vera. Un sistema de combate, una manera de vivir un tanto en desuso; quizá anacrónica, quizá olvidada pero que Gopegui insiste en poner delante de los ojos de los jóvenes, de todas las personas que leamos su libro.

Arte y Literatura es la editorial cubana que sumó este título a su catálogo. Existe el riesgo de que haya quedado diluido entre la marea de propuestas que las editoriales cubanas lanzan continuamente sobre los lectores de esta isla. Por ello – y deseando que haya ocurrido todo lo contrario- quiero proponer a manera de conjuro una conversación sostenida vía correo electrónico con su autora.

El pretexto fue la edición cubana de su libro, pero en el camino sus respuestas o proposiciones se convirtieron en la más eficaz  invitación a la lectura, a la reflexión. Porque como le gusta decir el Diablo es no pensar.

-¿Por qué tuvo la necesidad de escribirles a los adolescentes? ¿Qué elementos debe tener la literatura que se escribe para ellos? ¿Cómo hablarles?

-Quise contar una historia que también los adolescentes pudieran leer.

Te transcribo esto que escribí hace tiempo: “Todo arte es político, es la última consigna que nos atrevemos a pronunciar. Tan política es una película sobre el paro como una película sobre un tiburón. (…) Sin embargo, seguimos en la trampa. Aceptamos que la película sobre el desempleo es política de la nuestra, y que la película sobre el tiburón, política de la suya. Así, nos resignamos a que el arte comprometido y aún revolucionario sea el de ciertas materias (…) Al mismo tiempo, renunciamos, permitimos que nos hagan renunciar a un arte, a una ficción de clara intención revolucionaria que traten de abordar, refutar, construir a su modo los paradigmas propios del arte convencional, ya sean la adolescencia, la insatisfacción o el ansia de aventura”.

No pretendo saber qué elementos debe tener la literatura que se escribe para adolescentes, lo único que hice fue escribir una historia que se acercara a su mundo, y procuré buscar un estilo nítido, desnudo.

Deseo de ser punk,  publicada por Arte y Literatura

Deseo de ser punk , publicada por Arte y Literatura

-Usted ha dicho que la literatura es para disfrutar pero que llegado el momento también puede servir para combatir, ¿Cómo puede Deseo de ser punk ayudar a los jóvenes en sus combates cotidianos, frente a las amenazas y tristezas?

-Los personajes pueden llegar a ser instrumentos, herramientas, con que afrontar el mundo. Forman parte del conocimiento, como las matemáticas o la filosofía. En un personaje hay experiencia, sentimiento y razón, en Martina esa combinación produce ganas de pelear, y sirve para poner en evidencia algunas ausencias en la sociedad española, en especial la falta de espacios para los adolescentes y jóvenes, espacios que sean algo más que unos metros cuadrados, que sean puntos de partida para proyectos colectivos.

 

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