Criatura de Isla

un sitio para descubrir las palabras que construyen una isla.


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Mudez

… en ellas se sostiene

el corazón de las transformaciones

Mario Benedetti

Estoy más flaca. Las ropas me quedan livianas.  Nadie se percata, sólo yo. Todos me miran el cuerpo y no saben de cuántos kilogramos me he deshecho.  Nada parece faltar. No he perdido el apetito, voy a la mesa sin falta todas las horas convenidas y también a destiempo. Tengo la cara llena, no sé si parece pandereta o luna llena, pero no hay indicios de que pueda estar famélica.

Estoy más flaca. Estoy vacía de palabras. Se fueron una a una por algún orificio que aun no encuentro. Me abandonaron cuando estaba mirando hacia otro lado. Alguien me las robó en medio de algún sueño azaroso y yo que estaba preocupada por despertar antes que llegara el fin del mundo me he quedado sin posibilidades de decir. Les tiendo trampas, les pongo azúcar, dejo libros abiertos sobre la cama, voy mirando el mundo con más atención, me asusto con facilidad, doy abrazos, busco chellos con insistencia, dibujo peces de agua en las azulejos del baño, canto alto y desafinado en el patio del vecino, pero nada ha dado resultado.

Estoy más flaca y muda. No creo sea una buena combinación, pero es la fórmula que en esta hora me describe. No sé a quién pagarle el rescate de mis palabras. En cuál dirección buscarlas para rogarles que vuelvan a mi casa y se dejen mimar. Prometo hacer concesiones: escribir o hablar de lo que ellas exijan, de temas trascendentales y de interés nacional o solo del gesto amargo que provocó mi ira o mi dolor. Ellas decidirán.  Solo quiero que regresen.

Hago un último intento. Les ofrezco poesía, con ella convido a mis palabras. Puede resultar un recurso desatinado, lo sé. Tengo conciencia de que hay palabras que no se dejan atrapar, que no aceptan dádivas ni chatajes. Ellas se dan en la urgencia de ciertos actos, cuando su presencia viene a poner orden o caos al mundo. Ellas cuentan nuestras historias. Espero vengan a llenar mis páginas en blanco.

La palabra

…Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen… Vocablos amados… Brillan como perlas de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío… Persigo algunas palabras… Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema… Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas… Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto… Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola… Todo está en la palabra… Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció. Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces… Son antiquísimas y recientísimas… Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada… Que buen idioma el mío, que buena lengua heredamos de los conquistadores torvos… Éstos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo… Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas… Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra… Pero a los bárbaros se les caían de la tierra de las barbas, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras. Pablo Neruda, Confieso que he vivido


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Ismael Serrano: Todo empieza y todo acaba en La Habana

Tomado de El Diablo Ilustrado

Yo sabía que mi gente no fallaba. Un abarrotado teatro de Bellas Artes emprendió un intenso vuelo espiritual de más de dos horas y media en el primer concierto en Cuba de Ismael Serrano. Muchos quedaron sin poder entrar, no bastante a que llenaron hasta los pasillos (yo me “acomodé” en un pedazo de peldaño de escalerita gracias a la gestión de Frank Delgado y Mildrey, quienes obtuvieron para mí una invitación —argumentando la promoción que había hecho).
La movida hacia Bellas Artes demostró que crece la conexión con la canción de autor auténtica underground, lo cual me llena de regocijo. Creo firmemente en los jóvenes nuestros (inmensa mayoría del público que asistió) y su capacidad para buscar una poética que rompa con la pobreza que impera en el contaminado medioambiente sonoro.
Ayer nos confabulamos los soñadores (con el alborozo de saber que no somos pocos) a pesar la hiperdeficiente promoción, ya instaurada como toda una tradición en Cuba. Sabemos que la canción de autor no está de moda en los grandes circuitos del mercado, sin embargo vivimos tiempos de un movimiento de la canción pensante, especialmente en América, muy fuerte, que lógicamente es “clandestino”, como todo arte auténtico que se respeta. Harto sabido es que los dueños de los grandes circuitos de la información y la divulgación en el mundo son enemigos, por naturaleza de la cultura de los pueblos. Lo increíble e inaceptable es que en nuestro país, impere ese entreguismo mimético a los cánones que establecen los enemigos del espíritu humano: seguimos arrastrando la maldición de Malinche.  Cualquier mequetrefe de la seudocultura banal es seguido por nuestros medios con ignorante entusiasmo. A ver, aflojemos un poco, cualquier cantante comercial, desde que desembarca en el país, dígase, por ejemplo el Juanes aquel de la bobería de la camisa negra, protagonista del tristemente célebre (según mi visión —confieso que extremista) “Concierto por la paz”, o la Beyonce (¿se escribirá así? Soy un ignorante mediático) la que seguramente tiene grandes méritos gran-mysticos y supongo que buena voz… En fin, ya desde los legendarios Festivales de Varadero padecemos de esa promoción de pasarela que siempre se va por los fuegos fatuos, de tal manera que podían estar (y esto es un suponiendo, basado en hechos reales) un Djavan, un Milton Nacimento, o el mismísimo Chico Buarque en Cuba, y las cámaras perseguir (se podría decir que hasta con saña) a un Dyango o un Peret.
Pero bien, nada de eso impide que Chico sea Chico, o que Luis Eduardo Aute (uno de los autores más importantes de la lengua hispana —quien pasó inadvertido en el concierto de la Plaza del millón de personas—) sigan su paso por el tiempo, y hasta creciendo en él, mientras los cantorzuelos de atrezzo pasan al olvido.

Pero ¡Suéltenme penas añejadas, que la cosa está buena!: Llega Ismael Serrano y casi a base de correitos se riega la bola, por el boca a boca, y la juventud toma el Teatro de Bellas Artes. Ismael habrá comenzado sobre las 7 y 15 minutos, y yo miré el reloj al salir, y eran las 9:52 pm. Quitando el tiempo que quedamos como flotando tras el final, debe haber cantando al menos 2 horas y media.
Ocho cálidas lámparas como única escenografía le daban un toque de sala hogareña al escenario, lo que se ajusta exactamente a la idea de presentación del cantautor español. Desde que salió a escena, Ismael Serrano fue el viejo amigo que llega a casa y con acumulada ternura y toques de humor te cuenta cómo le ha ido, cómo va el mundo, los romances y decepciones que ha vivido, los sueños que quiere abrazar ante un sistema en crisis que no deja vivir, ni abrazar, ni amar. Canciones y charla hicieron pasar el tiempo en complicidad absoluta; uno sentía lágrimas ante un verso, sonrisas ante otros, cantos susurrados en muchas de las canciones, palmas cuando el momento lo pedía, un silencio religioso ante cada expresión del cantor. Me asombró que en el público fueran tan conocidas no solo las canciones del disco Atrapados en azul, sino también las de su disco más reciente Todo empieza y todo acaba en ti. Si tenemos en cuenta que en los medios masivos nuestros es bien baja la cuota de cantautores que se difunden (increíble, pero especialmente Latinoamérica, se vive un momento de revolución musical en la canción poética al que vivimos casi de espaldas), no puedo menos que aplaudir con toda la admiración y optimismo del alma, lo que ocurrió anoche entre Ismael Serrano y el público tan joven que desbordó la sala. Uno se pregunta: ¿qué habría sido, cuántos jóvenes más, habrían aprovechado esa presentación, si se promoviera la cultura como se debe —y más en un país como el nuestro, en el que los medios no obedecen (o no deben obedecer) a operaciones mercantiles, sino al crecimiento cultural de la población? ¡Suéltame ya, criticón!
Ismael Serrano: íntimo, sin artificios, acompañado de su guitarra y un tecladista que con su maquina de sonido, es una sutil orquesta, hurgando en el acontecer social, en los días que vivimos desde pasajes cotidianos, desde un momento de soledad, desde una duda o desaliento, desde esa mujer que soñamos o que perdemos en la angustia cotidiana de un paro laboral. Leer más →


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Huevo y porcelana

Para R

Andaban distraídos por el mundo. Ocupaban lugares distintos en la geografía que componen los días. Nunca habían coincidido sus lenguajes. Tampoco sabían de las maneras en que sus cuerpos reflejaban la luz, la atrapaban. Útiles los dos, vulnerables, rompibles, blancos, recipientes de vida. Vinieron a tropezar en una misma fotografía. Sus pieles tan duras y tan frágiles a un tiempo, siempre pendientes de la necesidad del equilibrio, de mantenerse a salvo de cualquier precipicio, del más pequeño. Y se hablaron. Sorprendidos conocieron que provenían de fuegos similares, de interiores crepitantes, de gestación, de parto. Y allí quedaron para siempre, inmóviles, más cercanos. A veces las diferencias son solo aparentes. Tiene un poco de magia el instante en que se reconoce el punto a donde llegan dos caminos extraños, la marca a partir de la que los pasos se juntan y empiezan, dos que andaban desconocidos, a completar las escalas de un solo mapa.   


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Mayo 23

la tarde a veces se muere de esta manera, en este lugar. Foto: Sheyla Valladares

la tarde a veces se muere de esta manera, en este lugar. Foto: Sheyla Valladares

Rosana Berjaga amaneció regalando barcos, amarres, el mar, y yo que estaba desde hace días intentado anclar alguna palabra me quedé rondando estas imágenes.  Y recordando esta otra fotografía que una tarde ya lejana le robé al Malecón de La Habana, salió este poema que ha venido a equilibrar el jueves.

Mayo 23

Hay quien sale a pescar

al borde del mar,

sin otra suerte

que la de marchar solo

a encontrar lo inesperado

o precisamente

lo que sabía detenido

esperando el tropiezo.  

Y a la certidumbre

de cargar

a una misma hora

con el necio, el ruin y el benevolente,

se une el miedo

por ser devorado

antes de resarcir las deudas,  

coserse la piel,

eructar un puñado de palabras difíciles e

impostergables.

Y el mar lo mira a uno

en su aparente docilidad,

acechante,

con los abismos listos para engullirnos,

con una tumba que no llevará nuestro nombre.  

Así, quién arriesgue un día recordarnos

solo tendrá que mirar el horizonte

y creer que siempre se vuelve,

que ningún destino está la suficientemente lejos.  

©Sheyla Valladares


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Planeta planetario: el mundo de Diana Fuentes

Será sol, es el primer sencillo que promocionará el nuevo disco de Diana Fuentes.

Será sol, es el primer sencillo que promocionará el nuevo disco de Diana Fuentes.

Por estos días Diana Fuentes está enfrascada en los toques finales de su nueva producción discográfica Planeta Planetario. Esta entrevista es un fragmento de la conversación que sostuvimos en La Habana el año pasado y que salió publicada en el no. 51 de la revista La Calle del Medio.

La cantante Diana Fuentes lleva un tiempo sin presentarse en los escenarios cubanos. Aún así su música sigue estando en la banda sonora que escuchan diariamente muchos de sus seguidores.

En este tiempo de ausencia la artista ha probado su talento como actriz en el filme ecuatoriano-cubano “Criaturas abandonadas” y se enfrascó en la preparación de una nueva producción musical.

Lo que a la altura de febrero todavía era un proyecto en ciernes, hoy es una realidad. Con su nuevo trabajo discográfico, Diana Fuentes vuelve sobre algunos de los temas que ha abordado a lo largo de su carrera y a la vez presta atención a elementos identitarios de las culturas cubana y latinoamericana, para sumarlos a su forma de expresarse y de entender la música.

En este sentido, el nuevo disco, al decir de la artista, es un reflejo de la etapa vital que está viviendo en estos momentos.

-En febrero anunciabas que estabas preparando un nuevo disco. A seis meses de esa declaración, ¿qué noticias nos puedes dar al respecto?

-Estoy terminando el disco, que ha tomado un año de realización. Nos hemos dedicado a ser bastante minuciosos, detallistas, por el itinerario de trabajo de Eduardo, que es bien apretado. Pero nosotros, en vez de ir al cine, de salir y de ir a fiestas, nos quedamos trabajando en la casa. Ha sido superinteresante. El disco se va a llamar Planeta planetario.

-¿Por qué Planeta planetario?

-Yo estoy compartiendo mi vida y mi tiempo en dos islas. Dos islas que se parecen muchísimo, porque la gente es similar y me encanta estar rodeada por agua. Creo que nunca pudiera estar en un lugar por más de 20 días sin ver el mar o sin que lo pueda oler al menos. Creo que me daría un ataque de claustrofobia.

Siento mucho a Cuba en Puerto Rico. Entonces, ¿por qué Planeta planetario? Porque a pesar de todo esto, que es tan maravilloso, también está la cuestión de que yo estuve alejada de aquí un tiempo, alejada de mis padres, de mi familia, de mi país, alejada también un poco de mi música, y me he dado cuenta de que no importa dónde estés si tú te tienes a ti, si tienes tus cosas bien fuertes, arraigadas. No hay nada que a mí me quite el amor a mi país, ni el amor a mis padres, dondequiera que esté. Cuando estuve en Puerto Rico, que está a dos horas y tanto de aquí, tuve momentos de pensar que no podría estar allá, y me decía: qué yo hago aquí, me quiero ir. Y me creé este «planeta planetario» que lo forman mi música, toda la gente que yo amo, el amor que me da mi esposo, millones de cosas que me inventé, todo un mundo. Ese es mi “planeta planetario”.

-¿Cuántos temas tiene el disco?

-El disco tiene diez cortes musicales, con una introducción, un interludio y un autro. Eso yo no lo había hecho en mi primer disco, va a ser bien interesante porque lo queremos comenzar narrando qué es el Planeta planetario. También los planetarios pueden ser estos personajes que me pudieron habitar en algún momento para escribir las canciones, o sabrá Dios si es un ángel guardián que me cuida cuando estoy sola. No sé. Pero también queremos que sea medio mágico, fantasioso, onírico, que tenga estos elementos. Entonces de eso sería la intro. El autro es un tema que tenemos medio armado, medio vocalizado. Realmente el disco es un planeta, no estamos trabajando un solo género como tal.

-En una ocasión mencionaste que componer canciones es una tarea ardua. ¿En este disco vuelves a probarte como compositora?

-Hay un tema de Carlos Varela, que para mí es un compositor que toda la vida tendré en mis proyectos musicales porque amo su trabajo, amo su música, amo las imágenes que me dan sus letras y entiendo perfectamente todo lo que él quiere decir. Hay una canción de Kelvis Ochoa, que es la primera vez que lo interpreto, y todo lo demás ha sido coautoría, con William Vivanco, con el compositor argentino Vati, que conocí en Puerto Rico y que me deja un tema que quizás le da un giro completo al disco y es como una especie de tango sin serlo, porque tiene un bandoneón. Es un tema bien particular. Me he puesto a escribir mucho. Yo creo que nunca va a dejar de ser un trabajo complicado. De hecho tú ves que los escritores están a punto de terminar su libro y lo vuelven a repasar, a quitar y a poner cosas. Esto de escribir letras es bien complicado, porque estás hablando, estás diciendo, son palabras que van a quedar plasmadas ahí para siempre. Sí cuesta, pero he fluido un poco más.

-¿Cuáles son los temas de los que hablas en esta nueva producción discográfica?

-Hablo del amor, porque para mí el amor lo mueve todo. También hay una sátira a los chismosos, a las malas lenguas, y lo digo así: “qué escucho, una ráfaga de intrusos, que arrastran por debajo“, como si fuera muy poético; pero al final lo que estoy es diciéndoles: “compadre, métete en tu vida”. El disco va también sobre el poder de la mujer, de nosotras. Creo que es un tema al que se le está dando fuerza aquí y yo no me quería quedar tampoco con el deseo de hacerlo. Hablo sobre adónde podemos llegar en todos los aspectos, de ir sin miedo. Es verdad que siempre estamos acompañadas por ellos, nos encantan, los disfrutamos, pero nosotras tenemos todo para hacer lo que queramos solas. Este tema va abierto, lo puedes cantar tú misma, te lo puedes adjudicar a ti que eres la reina de tu casa, la reina de tu vida, la reina de tu espacio, con toda tu sensualidad, con toda tu inteligencia, pues lo tienes todo y lo das todo. Vas dejando flores por todas partes. Tengo una conga y hay unas ideas bien interesantes con el video que queremos hacer con ella. Son temas sociales, porque es lo que siento ahora. Estoy escribiendo un tema más, que queremos incluir y sería el diez. Me senté a hablar sobre estos días que son complicados, en los que de momento puede cambiar una vida por una decisión, una forma de verla, y porque a veces para molestar a los otros haces algo, y no, porque después de un día nublado va a venir uno soleado; es como el dicho este que dice que después de la tormenta siempre sale el sol y viene la calma. Pues es más o menos eso.

-¿Planeta planetario tendrá un concierto de presentación?

-Sí. Queremos organizar una serie de conciertos, porque yo nunca he hecho una gira nacional. Nunca he tocado fuera de La Habana, salvo en Matanzas. El disco debe de estar saliendo entre septiembre y octubre, con un sencillo que vamos a sacar primero con un video, y esperamos que se pueda rotar en la radio de la Isla. Entonces organizaremos esta gira nacional que debe estar comenzando a principios del año que viene. Empezaríamos por el oriente del país y terminaríamos en La Habana, para hacer el lanzamiento del disco.

-¿Cómo crees que reciba el público esta nueva propuesta que le vas a ofrecer?

-Creo, con toda modestia, que les va a encantar. A mí me encanta. Hemos hecho la prueba con mi familia, que para mí es el mejor público, el más crítico que yo tengo. Hemos hecho también como unos ejercicios de audición con algunos amigos y todo el mundo está supercontento. Yo estoy feliz y confío en que si yo me siento cómoda y me siento bien con lo que estoy haciendo, a la gente le guste también. Sé que va a funcionar. Obvio, tengo un refrán de mi abuela que no olvido nunca: “No todo el mundo es dulce de guayaba para gustarle a la gente”. Hay a quienes les gusta más la mermelada de mango, entonces, ¿qué vas a hacer? Estoy segura de que sí va a gustar, de que le va a ir bien y el primer single va a ser Planeta planetario, un tema bien interesante.

Publicado originalmente en Cubahora


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Lunes

Los lunes a la ciudad la secuestran de sí misma. La cancelan como la puerta del cuarto del loco que cada familia intenta esconder en vano. Y obedientemente va aletargada a dormirse temprano, con todos los deseos febriles puestos en espera, titilando en intermitentes fogonazos de luz hasta que, quizás en la madrugada en la que hace entrada el lujurioso martes, echen a andar nuevamente. El ladrón que venía a marcar algún cuello con su cuchillo pospuso el ultraje, ni siquiera el mismo entendió el temblor de su mano, la opresión que sintió en el pecho, ni siquiera la posibilidad del grito expandido por el silencio prematuro de la noche lo sedujo lo suficiente.

Mucho menos armoniza con las calles vacías el camino previsible de una mujer que va desnuda a ofrecer los ropajes con los que ha salido a la vida este día. Los árboles que el ligero aire bambolea apenas, callan, nada hablan a la luz mortecina de la noche segunda de la semana. Dos mujeres y un hombre entre alcohol y el lenguaje duro de las once de la noche intentan ponerle un sabor prohibido a este lunes agreste, pero lo único que consiguen es que algo bien adentro se empoce denso, sin desviaciones. No hay risas que expulsen de su trono al domador de la ciudad vestida de lunes. Voy a morirme un día así, tantos como hay en los calendarios venideros, y quizás nadie me extrañe demasiado.


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Miguel Barnet escondió la arena en un reloj

Por Marilyn Bobes

Si algo he admirado siempre a Miguel Barnet es esa capacidad de convertir en poesía cada instante de su vida, por muy insignificante que parezca. Lo que podríamos llamar su “inspiración” parece inagotable.

Es muy poco el tiempo que media entre cada colección de sus poemas, de modo que en la última Feria del Libro, la editorial holguinera Ático presentó a los lectores el más reciente libro de este autor: Reloj de arena, un ejemplo innegable de cómo un autor dotado de sensibilidad y talento no necesita más que ojo acucioso e imaginación para transformar en literatura lo que le rodea.

Como bien afirma Eugenio Marrón en su breve pero exquisito prólogo, resalta en Barnet «una singularidad que bien puede ser tomada como santo y seña de su biografía en clave de poeta, al entender el desempeño de tal condición […] como el más hondo de los ríos en el cuerpo abierto de la vida».

Dos secciones tituladas Graffiti I y Grafitti II, además de una tercera que da título también al volumen, se regodean en constantes homenajes a escritores frecuentados, pero siempre interpretados de manera muy personal por el poeta, quien busca de ellos, más que una apoyatura formal o conceptual, una esencia que trasciende el referente para devenir particular apropiación, trascendiendo tanto lo temporal como lo espacial en el nuevo texto, siempre iluminador.

El procedimiento puede advertirse ya en el poema que da inicio al volumen, “Moscas”, bajo la advocación de Charles Bukowsky, peculiarísimo, tanto en su factura, como en el poder de sugerencia y la polisemia, que se desprende de ese futuro en el que los amantes tendrán «un jardín con una fuente de aguas iridiscentes» desde donde da rienda suelta a su erotismo.

Severo Sarduy o Juana Borrero son otros de los escritores utilizados por Barnet en estos primeros Grafittis, textos en que bien sea por la vía de la identificación o de la reinterpretación se consigue una suerte de reescritura dominada por una nostalgia que muy bien pudiera ser la del futuro, cuya referencia hizo alguna vez Ernesto Cardenal.

Si comparamos este con los numerosos cuadernos anteriores del autor, advertiremos que, sin perder la cualidad de su poder comunicativo, hay en Reloj de arena un tono mucho más enigmático.

El poeta se encuentra en un momento donde «todo es más real y más efímero, donde el deseo es un huésped lejano, donde el rostro de la noche aparece a diario como un fantasma» y no cuenta más que con un reloj de arena para conjurar sus paradojas y sus certezas.

Hay en este libro poemas antológicos, como el titulado “De todos los días” o el ya citado antes, pero no hay un solo texto en el que no sobresalga esa limpieza y ese poder de síntesis y captación que caracterizan toda la obra de Barnet.

Como bien afirma el autor: «se trata también de respirar en la roca más alta», fusionando toda la alta cultura universal y nacional con lo cotidiano, con las obsesiones interiores y las inquietudes socioculturales del escritor.

Las “Confesiones de Miguel Barnet” que sirven de colofón al volumen, constituyen sabias lecciones escritas con mano maestra. Ya se quieran considerar otro poema o simplemente prosa, la calidad artística de la escritura puede obviar las clasificaciones genéricas como siempre ha sucedido con toda la obra del creador de Biografía de un Cimarrón.

Mucha razón hay en esta conclusión: «El poeta es, al final, un resultado. Y nadie es tan original. Desandamos los días sobre las huellas de los demás. Y lo mejor es no mentir, después de todo nunca vamos a quedar bien con nadie, ni siquiera con nosotros mismos».

Después de tamaña lectura me he encontrado plena —como muy pocas veces me sucede— frente a un poeta que cumple con los presupuestos que, considero, deben estar presentes en cualquier obra literaria: la autenticidad. Y de nada valdría si ella no viene asociada, más que con el oficio, con ese raro don que la gente suele llamar talento.

(Tomado de Cubaliteraria)

“Moscas”

Para Charles Bukowsky

Este cuarto está lleno de moscas,

aquí no podemos quedarnos,

pero yo vi tus muslos pulposos

y pensé que era el momento

aun con las moscas y el olor a esencia dulzona

No solo era el momento sino que te abracé

para decirte algo que no ibas a entender

y me fumé un cigarro

porque tú solo veías moscas

Algún día será diferente

y no me sentiré culpable

Algún día no habrá moscas

y será como celebrar un cumpleaños

en un jardían con una fuente de aguas iridiscentes

Algún día no habrá moscas…

 

 


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Hilos

Mi mamá y yo hemos crecido juntas, como si fuéramos hermanas y otra mujer invisible fuera nuestra madre. Creo que nos hemos esquivocado el mismo número de veces, hechuras imperfectas como somos. Nos hemos sostenido, protegido. Nos hemos amado sin mezquindad. Si hubiéramos habitado solas cualquier planeta, ese nos hubiera parecido el más hermoso porque siempre nos ha bastado la mutua compañía para saber que todo ocupa el lugar predestinado. En el cuerpo de mi madre se concentra la fuerza con que nacen los retoños de los árboles, con la que alumbra la estrella más pequeña y brillante, con la que algunos peces remontan los ríos. Y con esa fuerza ella ha alejado de mí cuánto ha podido lo terrible, aunque ese trozo de dolor le haya golpeado con saña a ella. Y yo que no sé cómo llenarle las manos por todo lo que me ha dado, solo le puedo escribir poemas como este y verla feliz.

Hilos

Le pido a mi madre rescatar el tiempo.

Ella vuelve sobre sus pasos,

se le agrandan los ojos,

y  se le pierde la risa detrás de la última guardarraya.

Finalmente recoge la jaba

que dejó colgando

en la mata de mangos,

que existió allá lejos.

Desfilan las historias

de un puñado de gente desconocida

que ella quiso,

testigos, jueces y verdugos de su vida.

Su voz llena de tiempo  

es el hilo que me va  atar definitivamente a ella.

No se me va a perder nunca más,

ella, que soy yo,

 y las mujeres anteriores,

las que no pudo o no quiso ser.

Todo estará aquí,  en mí

y en las otras mujeres

que después de mi serán.

No olvidaremos nada.

Todo estará ardiendo en nuestra sangre,

constantemente.

(Fotos tomadas de Cubahora)


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Nenúfar al borde del silencio

En cualquier lugar puede suceder el milagro, ya lo sabemos. Por eso ayer, estando sentada en un banco del jardín de la Quinta de los Molinos, me brotó este poema. Ya sabía yo que cualquier cosa puede hablarnos en su lengua muda y  subterránea, pero igual siempre me sorprendo.

Nenúfar al borde del silencio

El nenúfar no mira otra cosa

que su reflejo

en las aguas lentas del estanque.

Debajo de él

la piedra y el pez,

los pasos turbulentos

de los hombres, 

distraídos,

admiradores efímeros de la flor.

Todos vienen a preguntar

el nombre del árbol bomba,

intriga su carga de frutos

redondos, oscuros,

la exhuberancia tardía y lejana

de sus flores.

Nadie mira más de tres veces

al nenúfar, 

habita solo en el paso de sus días breves.

No lo doblegan

el ruido de la ciudad,

sus animales,

las leyendas tejidas

sobre sus pétalos.

El estanque no va hacia ninguna parte.

Sheyla Valladares


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Preguntas de un obrero que lee

Foto: Ismael FranciscoAyer fue primero de mayo y en muchos lugares del mundo los trabajadores tomaron las grandes avenidas para dejar constancia de su sudor, del  dolor de sus  espaldas, del sueño que se les va acumulando en forma de ojeras violáceas que cercan sus ojos, de las madrugadas en las que tienen que abandonar la cama caliente, besar fugazmente a los hijos dormidos y sumarse a la corriente humana que hace funcionar la vida.

Este miércoles muchos de los trabajdores del mundo también salieron a enfrentar la  indiferencia con que los gobiernos y las empresas  aniquilan sus saberes, el poder de sus manos, el sustento de las familias, el orgullo de saberse útiles,  la dádiva gustosa  que hacen cada jornada para sostener anónimamente la vida de sus semejantes y la suya propia.

En Cuba también los trabajadores celebraron su día. Las plazas fueron ríos humanos porque indudablemente los obreros tienen mucho que festejar, aunque todavía en los colectivos laborales, los de la base no tengan toda la incidencia necesaria en la toma de decisiones que atañen a todo el colectivo, los salarios muchas veces no se correspondan con la couta de saberes y esfuerzos que se ponen a disposición de los demás o la inoperancia de algunos decisores  y otros intermediarios eche por la borda proyectos importantes que influyen directamente en la calidad de vida de los cubanos.

Pero lo que más tristeza me da en el marco de esta fiesta es que aun nos detengamos un tiempo sospechoso y vacilante a sopesar la medida del respeto con el que trataremos a las personas -por poner un solo ejemplo- que limpian las calles, las escuelas, los hospitales, que en muchos de los casos, sin conocernos y como si de nuestros padres se tratara, nos cuidan y nos  regalan salud. La importancia de un trabajo y de su bien, no es una cota que deba ponerse en balanza.

El culpable de toda esta reflexión es este poema de Brecht que les regalo.

PREGUNTAS DE UN OBRERO QUE LEE

¿Quién construyó Tebas, la de las siete puertas?
En los libros se mencionan los nombres de los reyes.
¿Acaso los reyes acarrearon las piedras?
Y Babilonia, tantas veces destruida,
¿Quién la construyó otras tantas? ¿En que casas
de Lima, la resplandeciente de oro, vivían los albañiles?
¿Adónde fueron sus constructores la noche que terminaron la Muralla China?
Roma la magna está llena de arcos de triunfo.
¿Quién los construyó?
¿A quienes vencieron los Césares? Bizancio, tan loada,
¿Acaso sólo tenía palacios para sus habitantes?
Hasta en la legendaria Atlántica, la noche que fue devorada por el mar,
los que se ahogaban clamaban llamando a sus esclavos.
El joven Alejandro conquistó la India.
¿Él sólo?
César venció a los galos;
¿no lo acompañaba siquiera un cocinero?
Felipe de España lloró cuando se hundió su flota,
¿Nadie más lloraría?
Federico Segundo venció en la Guerra de Siete Años, ¿Quién más venció?

Cada página una victoria
¿Quién guisó el banquete del triunfo?

Cada década un gran personaje.
¿Quién pagaba los gastos?

Tantos informes,
tantas preguntas.

Bertolt Brecht

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